Me enojas cuando callas porque estás como ausente,
y huele como a cieno, tu disfraz parlamentario.
Parece que la justicia te la hubieran robado
y que tus dueños no te dejaran salir del armario.
Me enojas cuando callas y estás como distante.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Me regalas el voto… campañas electorales,
políticos amables… me toman por masoca.
Pero ocultan que escondes el averno,
que tan bien pintó el divino Dante:
“
Oh, selva selvaggia e aspra e forte
che nel pensier rinova la paura”.
Eres la menos mala de las formas de gobierno,
pero te pareces a la palabra hipocresía.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza.
Déjame al menos también que te mande al cuerno.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Y te pareces a la palabra tiranía.
Una palabra entonces, una tiranía tapa.
Y estoy triste, triste esta noche de que sea cierto.
(Gracias a Pablo Neruda y a Dante –o Durante- Alighieri por su desinteresada colaboración. Al último le debo dos versos, al primero la otra parte del poema).
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