Estamos en CRISIS señores, no sé si se habrán enterado. No se trata de una simple recesión cíclica propia de los reajustes de mercado. Se trata de una crisis con todas las de la ley, de las que luego aparecen en los libros de Historia. Y si aparecen en los libros de Historia es porque sus repercusiones van mucho más allá de las ganancias o pérdidas financieras. Muchísimos aspectos son los que pueden abordarse sobre ese asunto, pero yo sólo trataré de llamar a la reflexión sobre algunos de ellos.
Lo primero que debemos hacer es preguntarnos si esta crisis era imprevisible o no. ¿Acaso no lo sabían todos esos expertos económicos que hoy se llevan las manos a la cabeza?. Hombre... uno por uno... no puedo saberlo.... pero sí puedo responder que llevo más de 2 años leyendo artículos económico-políticos, evidentemente no escritos por periódicos de los grandes grupos de poder (El País, EL Mundo, ABC, etc), anunciando con pelos y señales la actual situación financiera americana. Esto quiere decir, que, al menos, un sector más o menos importante de los analistas económicos la preveían. ¿Y por qué no hicieron nada?. ¿Acaso no se podía?. En menos de 2 semanas se han tomado toda una serie de medidas internacionales de carácter radical, con lo que el argumento de la imposibilidad queda totalmente descartado. Está claro que ha sido cuestión de voluntad, es decir, no se ha querido hacer nada. ¿Por qué?. La complejidad de esta respuesta es tan grande que no hay espacio en este pequeño artículo de opinión para darle explicación. Sí diré a los que leen que las respuestas llevan escritas desde el siglo XIX. Marx y Engels dejaron perfectamente definidas en sus obras las principales reglas del juego, es decir, las principales fórmulas y mecanismos que definían al sistema económico capitalista y sus repercusiones en el sistema político-social. Ellos ya explicaron, a grandes rasgos, la concentración empresarial, la formación de las multinacionales y el funcionamiento del sistema financiero, la globalización y hasta las repercusiones negativas sobre el medioambiente. No fue cuestión de “videncia” sino de “ciencia”. Ellos aplicaron métodos científicos al estudio de la sociedad y llegaron a una serie de conclusiones y predicciones “científicas” que día a día se van cumpliendo. Ellos aplicaron el razonamiento lógico y mostraron el efecto dominó que conllevaba el sistema. Señores lectores, no quieran verme como un fanático discípulo de una fe o creencia absoluta. La teoría económica de Carlos Marx se estudia en todas las facultades de Económicas y Empresariales.
El sistema capitalista genera este tipo de crisis. No se trata de algo cíclico, sino más bien espiral, puesto que cada una de ellas acumula estructuras heredadas de las anteriores. Es decir, el globo se sigue hinchando pero acumula todos los parches que en su momento se fueron poniendo. Es como si ante la explosión de una bomba, se retocara el mecanismo para retardarla, pero convirtiendo esa futura y retardada deflagración en otra más potente, que pudiera ser retardada de nuevo y reconvertida en una aún mayor.
La última de esas grandes crisis fue la que siguió al crack del 29, es decir, la crisis de los años 30. Los economistas pretenden convencernos de que de ella se salió gracias a la aplicación de las nuevas teorías de Keyness ,que abogaban, entre otras cosas por una mayor intervención del estado en la economía, en lo básico, recurrir a la filosofía de las medidas que actualmente se están tomando y que demuestran que eso del Liberalismo no es sinónimo de Capitalismo y que sólo es una de sus caras o herramientas de funcionamiento.
Pero lo que no dicen los economistas, es que las crisis económicas tienen repercusiones sociales y políticas. Ellos hacen cuentas, números y gráficas en los aparecen los medios de fabricación, los productores, los consumidores, las pérdidas, las ganancias, las previsiones, etc, pero no aparecen los seres humanos, sus sentimientos, sus necesidades sociales, intelectuales o espirituales, sus anhelos, sus deseos, sus experiencias, sus decepciones, sus odios, sus envidias, sus iras, las relaciones políticas y sociales entre ellos establecidas... como si acaso eso no existiera. Pero si existen, como también existían en los años 30, y no hay que olvidar que la salida de la crisis no fue gratuita. El triunfo de las ideas comunistas ante el reciente triunfo de la revolución bolchevique de 1917, el nacimiento de los fascismos, la implantación de una República, una guerra civil y la imposición de una dictadura durante 40 años en España, una guerra mundial con 60 millones de muertos, bomba atómica incluida, que destrozó Europa y que obligó a su reconstrucción (destrucción que abonó la recuperación económica a través de la inversión de capital), una guerra fría que obligaba al mantenimiento del “Estado del bienestar” para que el proletariado no se pasara al otro bloque y que también obligaba a la siempre rentable inversión armamentística.... ¿me dejo algo?.
Las crisis económicas no sólo generan noticias para las páginas naranjas de los periódicos, sino también son caldo de cultivo de cambios sociales y políticos. Ciertamente no estoy en condiciones de adelantar cual es el alcance de la actual pero si estoy obligado a estar alerta. Y lo peor de todo es que, al contrario que en 1929, no existe una alternativa ideológica aceptada que sirva de contrapeso (o de arma) para lo que se nos cae encima. Hoy no existe la izquierda organizada. Se la cargaron entre la socialdemocracia y las izquierdas verdes ytambién “socialdemocratizadas” completamente vacías de contenidos de clase (llámese en España PSOE e Izquierda Hundida), y ayudaron lo sindicatos apoltronados y con la barriga llena, los intelectuales enredados en la retórica y los obreros enajenados y “jartos de pan”. Por eso la pregunta que toca es... ¿Y ahora Qué?.
Pues ahora toca reorganizar la izquierda, porque esa alternativa sigue existiendo y porque es imposible extinguir la llama de la lucha de clases mientras sigan sin acabarse las diferencias entre las mismas. Reorganizarnos todos, incluidos sindicatos apoltronados, intelectuales enredados y obreros enajenados, TODOS, queramos o no queramos. Es la única salida, es la única solución. La otra alternativa es dejarnos llevar por la marea del capitalismo, la barbarie de sus guerras que nos enfrentan a disparos a los trabajadores de cada país y región mientras los responsables firman acuerdos, pactos y concordatos.
Socialismo o Barbarie, os invito a leer algunos de esos escritos del siglo XIX que ya mencioné antes, y que anticiparon fenómenos y circunstancias que hoy son actualidad y que también pregonan, grosso modo, que es lo que nos queda por ver.
Salud.
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