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Vuelven los horrores: Europa tras la Alambrada
el Fascismo global, a gran escala y sin caretas. Europa como fortaleza y campo de concentración. Tendencia universal de la burguesía a destruir la extensión de los derechos. Apartheid general.
Carlos X. Blanco | Para Kaos en la Red | 2-10-2008 a las 8:43 | 626 lecturas
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Vuelven los horrores, porque lo que regresa es el Fascismo. Un Fascismo Global. Hoy ya todo es global, y el Fascismo no lo va a ser menos. Vuelven los campos de concentración. Pero ¿es que dejó de haberlos? Se hacinan los cuerpos de los no deseados. Los judíos no fueron deseados por los nazis. Los palestinos son los no deseados de los israelitas. Los sub-saharianos no son deseados en Canarias, ni en la Costa del Sol, o tras las vallas de Ceuta y Melilla, donde se les abre fuego en esas alambradas con espinos, tendidos eléctricos: militarización de las fronteras. Todos los horrores vuelven. Mensajes claros: no vengáis, pero ya que habéis venido, ahora vais a ver. Sólo hay diferencias de grado entre la decisión final hitleriana y la directiva europea de la vergüenza. Los elementos disuasorios, limitativos, y de confinamiento se parecen mucho, cada vez más. La Europa fortaleza se parece cada vez más al Imperio Romano decadente. Las aristocracias barrigonas sienten miedo al bárbaro y esparcen ese mismo miedo a las castas inmediatamente inferiores. El que hace apenas una generación fue “bárbaro” hoy ya quiere lucir los oropeles de la ciudadanía. Nunca se habló tanto de ciudadanía. Ya no hay proletariado, ni luchas de clases. Todo el mundo ya tiene la boca llena con la ciudadanía. Pero el burgués y el ciudadano se confunden como conceptos en su origen. El poseedor de capital y comprador de fuerza de trabajo, el burgués, fue el “primer ciudadano” moderno, luchador por sus derechos pero explotador en su raíz. La extensión de unos derechos formales a partir de 1789 sólo se realizó a partir de la lucha de los no-ciudadanos (campesinos, proletarios) contra lospatronos recién venidos como ganadores. El burgués fue reconociendo a regañadientes esa “ciudadanía” a las masas sin rebajarles un ápice su condición de nuevos esclavos, su condición de explotados y explotables. Hoy, tras las enormes convulsiones de capital globalizado, deslocaciones locas, terrorismo financiero y de transnacionales, los contingentes explotables están en todas partes, y al modo clásico, al modo aprendido en 1789, también reclaman justamente sus “derechos”. La situación mundial actual –la situación propia de un fascismo global- mostrarámañana hasta qué punto la concesión “formal”, si quiera, va a concederse o no. Hasta hace poco valía el truco de tratar al “bárbaro” formalmente como un ser humano más, que debidamente “legalizado” tendría que “aportar a la sociedad que le acogía”. Formalmente, porque materialmente se le quiso y se le aceptó en la medida en que se trataba de un neo-esclavo del capitalismo decadente de hoy. Pero es interesante, y muy triste, observar los elementos de cinismo fascista que asoman por el horizonte. Campos de internamiento, deportaciones masivas, cárceles secretas, infiltración policíaca en sus asociaciones. También será de interés, y motivo para horrorizarse, según se vea, ver cómo caminamos hacia un apartheid global. Una “extensión” de derechos formales a dos velocidades. Un “comunitarismo” hipócrita que, bajo la excusa de proteger “identidades” y “comunas” segmentariamente insertas en Occidente, esconda en realidad el proyecto subterráneo de una futura deportación masiva. Mientras tanto, el mercado de votos que dice llamarse “democracia liberal”, se pliega sin máscaras a los dictados empresariales de “que vengan emigrantes ahora” o “que se larguen ya, rápido” según sus bolsillos, bolsillos que han de pasar por conveniencias para toda la sociedad. Es la propia realidad de la historia, la testaruda lucha de clases, la que humilla nuevamente a todas las teorías tontunas de socialdemócratas o de liberales. Su “estado ético” o su “estado paternalista” solo sirven para períodos de bonanza y vacas gordas. Ah, nos dicen hoy, ya estamos en las vacas escuálidas. Tomemos medidas. Sobra gente.

¿Cuánta gente llegará a sobrar? La solución final , entonces, será el fin de la lucha de clases.

 
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