El circo electoral
Actualmente nos encontramos –ya por quinta ocasión- enmarañados en uno de los juegos de la burguesía para seguir sometiéndonos dentro de sus lógicas, y perpetuarse como clase que domine nuestras vidas. Por un lado, el circo electoral se ha puesto en marcha: diversos grupos económicos de poder se disputan el control del poder político o –por lo menos- buscan asegurarse una parte de éste. Por otro, nos vemos bombardeados continuamente por discursos demagógicos y neo-populistas que se expresan de las formas más variadas. Somos nosotros como pueblo quienes nos oponemos a entrar en el juego de los explotadores. Estamos concientes que las conquistas de las y los trabajadores, y las aspiraciones populares, se logran mediante la movilización y la lucha, mediante la organización autónoma e independiente, y no a través de su vinculación y coparticipación de los instrumentos de dominación de la clase explotadora.
Por eso manifestamos nuestro rechazo a la democracia capitalista, democracia de los terratenientes, agro-exportadores, banqueros e importadores, que desde hace más de 25 años es incapaz de resolver las aspiraciones populares, y siempre lo será. Democracia que no es más que la dictadura de los ricos sobre los pobres.
Elecciones: Pugna inter-burguesa por el control del Estado y su aparato
En el año de 1932, cuando la burguesía comercial de la Costa estaba debilitada (principalmente a causa de la Gran depresión capitalista de 1929), el latifundismo serrano se lanzó a la conquista del poder, logrando el triunfo presidencial de Neptalí Bonifaz. Su descalificación por el Congreso provocó la llamada Guerra de los cuatro días, en la que grupos armados de la Costa y Sierra se enfrentaron, representado un capitulo más de las pugnas entre las clases dominantes.
Mas de cuarenta años después (en 1972) las Fuerzas Armadas, presididas por el General Rodríguez Lara, retiraron el apoyo a Velasco Ibarra, y se tomaron el control político del país por siete años. A diferencia de  Colombia y Venezuela, donde se dieron el ‘Pacto Nacional’ (entre liberales y conservadores) y el ‘Pacto de Punto Fijo’, como acuerdos entre los dos grandes grupos económicos de cada país, respectivamente, en Ecuador y otros países de Sudamérica, tuvieron que ser formas autoritarias del Estado burgués, es decir dictaduras militares, las encargadas de cohesionar los intereses de la clase dominante.
Es necesario comprender que la burguesía no es homogénea, sino que dentro de ella hay varias capas, varios grupos de poder económico que en ocasiones tienen distintos intereses y se disputan entre ellos el control del Estado y sus instituciones para, mediante políticas públicas, acuerdos comerciales y negociados, alcanzar una preeminencia ante los demás mejorando su condición de explotadores.
El proceso electoral es la forma más refinada y “civilizada” que tiene la burguesía para disputarse internamente el control político del Estado, con el objetivo de maximizar sus beneficios económicos. En la actualidad, fracciones de la burguesía (adscritas a diferentes rutas de circulación del capital internacional) aspiran a obtener la hegemonía dentro de su misma clase, aumentando su acumulación del capital.
Los medios de comunicación y las cuñas publicitarias, financiadas indirectamente por el pueblo ecuatoriano a través del Consejo Nacional Electoral, plasman en la mente de la gente la idea de que las opciones políticas responden a tres corrientes supuestamente diferentes: a) el oficialismo representado por Alianza País y sus aliados; b) la oposición no oficialista de derecha, donde se ubican Lucio Gutiérrez, Álvaro Noboa, Carlos Gonzáles, Carlos Sagñay, entre otros; y c) quienes se autodenominan como representantes de izquierda, donde encontramos a la alianza RED - Polo Democrático.
A diferencia de lo que dice cada bando electoral, esta pugna implica el posicionamiento de una capa de la burguesía o de algunas capas sobre otras, ya que los grupos dominantes tienen confrontaciones internas que llegan a ser agudas, pero no irreconciliables. Si bien en este momento pueden estar separados, cuando la organización y resistencia de la clases explotadas es importante, se agrupan y se unen para enfrentar al enemigo en común, al enemigo de clase.. 
Representatividad: Mito reaccionario
Las elecciones son una herramienta capitalista para generar un sentimiento de participación y decisión en las masas, presentando a estos procesos como neutrales y amplios, justos y diversos, cuando en realidad no son más que la fiesta de la tolerancia entre los que lo tienen todo y quienes nada tienen. Las elecciones –y en general la institucionalidad capitalista- desvían la lucha del pueblo, despojándole de su contenido revolucionario y enmarcándola dentro de los límites permitidos por la democracia. Las luchas populares son canalizadas a espacios electorales donde pierden su razón de ser como contradicción y se vuelven parte del mismo sistema.
El gobierno de Correa recompuso toda la desconfianza que existía en las instituciones capitalistas, y construyó un nuevo imaginario sobre ellas con el apoyo de organizaciones autodenominadas de izquierda. En este sentido, las organizaciones políticas populares deben tomar en cuenta que si sus métodos o formas de lucha no son lo suficientemente coherentes, su esencia se perderá y desvirtuará. Por ejemplo: vemos varios grupos cooptados por el gobierno o el municipio, trabajando para ellos y viciando los intentos de llevar un camino político ético; o partidos y movimientos que cuando sacaron su brazo electoral –con la excusa de que hay que usar todos los métodos- su camino se desvió de los objetivos para los que fue creado, asumiendo una postura débil y una aceptación explícita de las reglas del juego de los poderosos.
Nosotros identificamos –como lo dijimos anteriormente- tres actores que contribuyen a reformular el engaño al pueblo y el desvío de su lucha.
El oficialismo representado por el gobierno, su partido y los sectores que lo apoyan:
•El gobierno representa los intereses de un sector de la burguesía y la pequeña burguesía del país (especialmente de Quito) alineado a diferentes rutas de circulación del capital que las que han antecedido a este gobierno. Estamos ante un gobierno que maneja un discurso radical y demagógico, pero que con sus acciones antipopulares y proimperialistas demuestra de qué lado del tablero social se encuentra. La defensa de los intereses de las transnacionales mineras como punta de lanza de un neo-desarrollismo apegado a los dictámenes del mercado mundial; la renovación de las concesiones a Porta y Movistar; el atentado a los derechos de los trabajadores –contratación colectiva y organización-; el avance en las negociaciones de un Acuerdo de Asociación con Europa (un nuevo Tratado de Libre Comercio, pero con la Unión Europea); el impulso del proyecto IRSSA; la consolidación de las autonomías; el pago de la deuda externa y el alto costo de la vida, nos dan cuenta del carácter de clase de la “revolución ciudadana” y los “amplios” sectores que lo apoyan. Defiende el proceso de acumulación de las corporaciones y determinados grupos de poder del país, sea mediante la represión más brutal de la policía nacional o el ejército -como ocurrió para la aprobación de la ley minera-; o a través de la fragmentación y la cooptación de las organizaciones políticas de “izquierda” hacia dinámicas legalistas e institucionales que corrompen sus objetivos y las adaptan como organizaciones funcionales al sistema.
• La composición social del gobierno delata la ideología que defiende. Personajes reciclados de partidos políticos tradicionales (de la ‘partidocracia’) sumados a “nuevas figuras” que tienen tendencias cercanas a la socialdemocracia y a la democracia cristiana, definen sus derroteros ideológicos y prácticos. Algo que es importante señalar es que en estas elecciones el gobierno ha usado la estrategia de cooptar también a figuras locales e incluirlos dentro de su lista de candidatos para asegurarse aún más control político. No resulta extraño ver personajes ligados históricamente a partidos como la Izquierda Democrática, la Democracia Popular, el PRE o Sociedad Patriótica ahora junto al gobierno. Por eso, señalamos que no es un gobierno “nuevo”, sino que dentro de su variada composición están grupos de explotadores y oportunistas que no defienden el interés popular y que ya han sido parte y se han beneficiado del poder político.
• Entonces podemos manifestar que el papel histórico de la Revolución Ciudadana es posicionar a un sector de la burguesía para ser la capa hegemónica de su clase, mediante la conquista del poder político. Ese sector de la burguesía al que nos referimos busca utilizar las mismas lógicas de acumulación y dependencia que la oligarquía tradicional. Si antes fueron el boom cacaotero, bananero y petrolero, ahora pretenden dirigir al país hacia el boom minero y los devastadores efectos sociales y ambientales que éste produce. Además de recomponer y relegitimar la democracia burguesa y sus instituciones. 
La oposición no oficialista de derecha
• La oposición no logró ‘unirse’ para disputarle la hegemonía al gobierno. Existen grupos económicos de poder tradicionales (el grupo de Álvaro Noboa, Nebot…) y otros que se han consolidado en los últimos años –como es el caso de Gutiérrez-. La oposición confronta al gobierno no porque vea en él un enemigo de clase, sino que sus políticas afectan en cierta medida a sus planes de acumulación.
• El gobierno de Lucio ya lo vivimos. Recordemos la corrupción y su manejo mafioso, la represión y los planes proimperialistas (TLC y Plan Colombia) con el ‘hermano mayor’. Ahora mediante una publicidad que se disfraza de más seria, y bajo el argumento de que en su periodo de gobierno no subieron los precios, busca efectivizar el descontento que algunos tienen del gobierno de Correa.
• A Noboa ya lo conocemos todos. Intento tras intento -desde su notoria incapacidad- pretende conquistar el poder político y mejorar los beneficios de sus empresas. Se burla de la inteligencia de la gente diciendo que va a incrementar el sueldo básico a 2000 dólares (!), mientras los empleados (incluyendo niños) de sus empresas reciben sueldos de miseria, son reprimidos brutalmente cuando intentan organizarse. Es parte del sector más explotador y retardatario de la burguesía.
• La derecha tradicional, oligárquica, financiera y comercial, ha manejado el control del Estado en los últimos 25 años y no ha podido resolver las necesidades y los problemas de los sectores populares, sino que siempre impulsó políticas que afectaron sus condiciones sociales y económicas, minaron su organización, y usaron la represión frecuentemente.
• Existe sólo un recambio generacional, un reciclaje de figuras políticas nuevas que defienden los viejos intereses. Ahí están Eduardo Maruri, Santiago Rivadeneira, Dalo Bucaram, representantes de los mismos grupos económicos de poder de la sierra y la costa. Claro, como los otros están tan desgastados por su práctica corrompida, ahora salen los nuevos: empresarios exitosos, ‘buena pinta’ y amables.
Los reformistas
• El papel histórico de los reformistas consiste en despojar y desviar los intentos de organización revolucionaria del pueblo hacia espacios legalistas e institucionales, hacia luchas que no sobrepasen el aspecto reivindicativo. El reformista no lucha por organizar al pueblo, sino por fragmentarlo y desviarlo hacia posiciones que no afecten o sean una crítica total al sistema..
• RED y Polo Democrático son la expresión más clara de esta corriente. Personajes como Martha Roldós y Mónica Chuji utilizaron la lucha antiminera para encaramarse como actores políticos de oposición. Preguntamos ¿acaso la señora Roldós o Mónica Chuji estuvieron peleando contra las transnacionales mineras hace tres años? La práctica del oportunista es aprovecharse de una situación conflictiva para hacerse visible y sacar rédito de ello. Y qué decir de quienes manifiestan que van a cambiar las cosas desde las concejalías, la asamblea o las juntas parroquiales.
• Creemos que es una necesidad histórica desenmascarar a los reformistas porque son quienes barnizan la explotación, legitiman el sistema y sus instituciones, y frenan la organización del pueblo. Ahora hay que denunciarlos, mostrar quienes son, sus prácticas e intereses. El reformismo es anticomunista, defiende la explotación y se enriquece con la lucha del pueblo. 
El accionar de la izquierda revolucionaria
Las excusas de los ex-revolucionarios y algunos reformistas es que este gobierno es progresista, es revolucionario y se enfrenta a los tradicionales grupos de poder para derrotarlos. La pregunta surge sola ¿derrotarlos para favorecer a quién? No busca derrotarlos para acabar con las relaciones capitalistas, sino que busca derrotarlos para posicionar a su grupo económico como el dominante dentro de toda la clase explotadora –la burguesía-. Por eso a veces hablamos de que ¿o hay un extravío ideológico muy fuerte en gente e intelectuales de izquierda que respaldan este régimen, o tienen intereses que van más allá de la ideología?
La izquierda radical demuestra con su práctica política y su concepción ideológica la coherencia en la acción. Estamos convencidos que a los dueños del país no se los vence en su mismo terreno (las urnas, lo legal, ‘la ley’). Las elecciones son una farsa que generan un espejismo de participación, olvidando que desde los mismos espacios legales e institucionales el pueblo no puede cambiar su situación. Tenemos el ejemplo de Chile en nuestra memoria. El pueblo organizado es el único que puede cambiar su situación, pero no cayendo en las trampas burguesas, sino defendiendo la independencia de clase y construyendo su propia organización.
Es en el trabajo popular, permanente y planificado, donde la izquierda revolucionaria genera conciencia y construye procesos, diferenciándose de los oportunistas y la derecha; quienes sólo van a visitar los barrios y las comunidades en época de elecciones, para luego en el poder, ni acordarse de ellos.
Llamamos a votar NULO en las próximas elecciones porque:
1.- Las elecciones son una disputa entre grupos de poder para conquistar el Estado y beneficiarse de él para incrementar sus ganancias y convertirse en capa hegemónica dentro de su clase.
2.- No nos creemos el cuento de la representatividad y la canalización de la lucha popular hacia espacios que no debilitan al sistema sino que lo legitiman y fortalecen.
3.- Rechazamos las prácticas reaccionarias del gobierno, su apoyo a las transnacionales y a ciertos grupos económicos de poder del país.
4.- Nos oponemos a las fracciones de la burguesía tradicional que han manejado el país históricamente, sumiéndolo en la dependencia económica y política más indignante.
5.- Acusamos a los reformistas, y a sus intentos desesperados por una migaja de poder, de engañar al pueblo, desviarlo de su lucha mediante su práctica oportunista y anticomunista.
6.- Ya estamos cansados de que otros decidan por nosotros, porque es el momento de crear organización popular en cada rincón del país.
7.- Llamamos a votar nulo no sólo como un principio moral, sino como una postura que desde el análisis histórico demuestra que los explotadores usan el poder político para conservar su estatus.
8.- Las conquistas de los trabajadores y de todos los sectores de explotados/oprimidos se han logrado mediante la movilización y la lucha popular y no mediante elecciones o constituciones.
Por estas razones decimos que el NULO es una forma de rechazo a la democracia burguesa, a las formas de representación capitalista, a los grupos de poder y a los oportunistas, y es un llamado al pueblo a organizarse para mejorar sus condiciones de vida.
¡A desenmascarar la pugna interburguesa por el poder político!
¡A confrontar abiertamente a los reformistas y sus prácticas oportunistas!
¡Defendiendo la independencia de clase y la lucha popular VOTA NULO!
¡VIENTOS DEL PUEBLO PARA LA ORGANIZACIÓN POPULAR!
| Paypal (seguro y permite diferentes formas de pago) | |
| Microdonación de 2 euros | Donación de importe libre |





