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Con la verdad a las puertas. Sobre el juicio del 11-M
Frente a la arrolladora fuerza de la verdad, todavía hay quien, cruzando todas las líneas rojas imaginables, ha intentado llevar a la sala del juicio las alucinadas mentiras con las que el bunker aznarista del Partido Popular y su banda de predicadores pirómanos está intentando envenenar la vida pública de este país.
Jónatham F. Moriche | Para Kaos en la Red | 22-4-2007 a las 12:09 | 493 lecturas | 1 comentario
www.kaosenlared.net/noticia/verdad-puertas-sobre-juicio-11-m
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Resulta admirable ver cómo, a pesar del estruendo político y mediático, el juicio del 11-M encara su tramo final con implacable rectitud procesal. La democracia española es joven, y no pocas veces en su corto trayecto ha dado muestra de su inmadurez y su fragilidad. Pero hoy, con el juicio del 11-M, España está haciendo la más espectacular demostración de fuerza democrática de su historia entera: pocas veces puede este torturado país nuestro dar lecciones de democracia al mundo, pero esta es una de esas felices ocasiones. Los acusados de masacrar a doscientos conciudadanos asisten a su juicio tras la segura protección de un grueso cristal blindado. Están asistidos por abogados que han dispuesto de tiempo y medios para preparar convenientemente sus defensas. Ni uno sólo de los acusados ha tenido la menor oportunidad de alegar torturas, vejaciones o malos tratos. Es la primera vez que en Occidente una trama de terrorismo integrista es desmantelada hasta la raíz por las Fuerzas de Seguridad y sus estructuras y planes enteramente desveladas por la instrucción judicial (tanto, que la vista oral aún no ha aportado ni una sóla prueba que corrija ni amplíe las conclusiones del sumario). Por añadidura, una comisión parlamentaria realizó una exhaustiva encuesta cuyas conclusiones fueron apoyadas por el pleno del Congreso. Así y sólo así vence una democracia al monstruo terrorista. Hay una banda terrorista disuelta y enjuiciada en Madrid que lo demuestra. Y hay un millón de muertes brutales e inútiles en Iraq que demuestran el error y el crimen tremendos que supone actuar de otra manera.

Y hablemos ahora del resto, del estruendo, del ruido de murmullos y la furia de papel. Porque, frente a la arrolladora fuerza de la verdad, todavía hay quien, cruzando todas las líneas rojas imaginables, ha intentado llevar a la sala del juicio las alucinadas mentiras con las que el bunker aznarista del Partido Popular y su banda de predicadores pirómanos está intentando envenenar la vida pública de este país. Pero esas mentiras, afortunadamente, estallan como las olas contra el espigón de cemento armado de unos jueces inflexibles frente a la insinuación y la propaganda. La espuma del choque llega al día siguiente aún parduzca y venenosa a las portadas de un puñado de medios que dentro de muy pocos meses, con la verdad judicial sobre la mesa, van a tener que dar muchas explicaciones a los españoles: El Mundo, COPE, Intereconomía, Telemadrid, Popular TV o Libertad Digital, entre otros. En esos medios hay personas –me niego a llamarles periodistas- que están insinuando todos los días que los atentados del 11-M se produjeron con la complicidad, no sólo de ETA, sino de policías y políticos españoles. Eso no es sólo un disparate, es un delito. Pilar Manjón, madre de un asesinado en los trenes de Madrid y portavoz de una de las asociaciones de víctimas, lleva escolta desde hace meses por estar amenazada de muerte, no por ninguna banda terrorista, sino por fanáticos envenenados por esas mentiras. ¿Pero en qué clase de país quiere esta gentuza convertirnos? Todo esto es la desesperada y trágica defensa de una pandilla de mentirosos con la verdad llamando a las puertas de su zahúrda, y que irán cayendo como fichas de dominó, desde Díaz de Mera hasta su último superior. En cualquier caso, a todos ellos la Historia los ha condenado ya irrevocablemente como lo que son: una vergüenza para nuestro país y para nuestra democracia.

Afortunadamente, hay un amplio sector de la derecha española (de la que está siendo elocuente portavoz el veterano diario ABC) que no se está dejando arrastrar en esta vorágine escalofriante. La democracia española exige ahora un esfuerzo excepcional a esos hombres y mujeres que constituyen la derecha genuinamente democrática de este país. Cabe preguntase si son conscientes de la enorme responsabilidad que pesa en este momento sobre sus espaldas, y si tendrán el coraje y la inteligencia para afrontarla, como lo tuvieron hace treinta años.

Jónatham F. Moriche, abril de 2007
http://jfmoriche.blogspot.com


[Este texto se publicará en las páginas de opinión del próximo número del mensual La Crónica del Ambroz]

 
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Comentarios (1)

Certezas....

Simón|27-04-2007 16:56

“... frente a la arrolladora fuerza de la verdad, todavía hay quien, cruzando todas las líneas rojas imaginables, ha intentado llevar a la sala del juicio las alucinadas mentiras con las que el bunker aznarista del Partido Popular y su banda de predicadores pirómanos está intentando envenenar la vida pública de este país”

 

Resulta curioso que después de glosar las supuestas virtudes de nuestra democracia para concluir resaltando la fortaleza y seriedad de nuestro sistema judicialse desprenda de lo escrito que ninguna de ambas es necesaria en el caso de este atentado. ¿Para qué un sistema tan perfecto si ya está claro quién propala “alucinadas mentiras”? No hay aún sentencia pero ya tiene vd. claro quién miente y quién no. ¿Para qué entonces la sentencia?, ¿para qué siquiera el juicio?, ¿por qué no indicar ya la pena que le corresponde a cada uno en tan brillante artículo y ahorrarnos tan costoso proceso?

 

Además de la “verdad absoluta”, la que con frecuencia nunca se conoce, está la “verdad oficial”, la de este gobierno, “la verdad soñada”, la del gobierno anterior, “la verdad procesal”, que no siempre coincide con la primera, pero es la que se asume como válida y “su verdad”, convalidada por vd. intuyo que más por deseos y afinidades ideólogicas que por secuenciación lógica de razonamientos.

 

Si las insinuaciones de “El Mundo” o de “La Cope” son delictivas basta con acudir a tan extraordinario sistema judicial y denunciarlo, no sin perder de vista que atribuir gratuitamente conductas delicitivas sin demostrarlo podría ser a su vez delito.

 

Acontece que gracias a esos a los que vd. “se niega a llamar periodistas” se han descubierto vergonzasas tramas de financión ilegal y horrendos métodos de lucha contra el terrorismo impropios de una nación que da “lecciones de democracia al mundo”.

 

La historia dice siempre la última palabra. Afirmar que ésta ya ha juzgado a esos que “irán cayendo como fichas de dominó” cuando aún no hay siquiera sentencia firme es confundir deseos con realidad.

 

Intuyo (no tengo tantas certezas como vd.) el resultado del juicio. No habrá sorpresas por parte de los encargados de la investigación. Ser funcionario policial y declarar algo incómodo contra el gobierno de turno es opositar a una segura represión. Y en el caso particuar del partido que sustenta a este gobierno con más seguridad. Recuérdese cómo actuaron contra un periodista incómodo metiéndole una cámara de vídeo en la cama, mientras retozaba con una prostituta. Ejemplarmente democrático.

 

Cierto es que esos medios diabólicos no han pasado de esbozar “indicios” de su teoría conspirativa. Pero pruebas concluyentes han mostrado las mismas que vd. en este artículo: ninguna.

 

Yo lo reescribiría íntegro.

 

(Lamento no firmar este comentario, créame si le digo que es por miedo)

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