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Venezuela: política socioeconómica y devaluación monetaria
Un paso hacia adelante, el resto también
Roberto Cobas Avivar | Para Kaos en la Red | 17-1-2010 a las 13:04 | 4676 lecturas | 2 comentarios
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Venezuela

Política socioeconómica y devaluación monetaria

Venezuela, por la estructura orgánica y funcional de su actual modo de producción sigue siendo una economía de mercado capitalista. Su sociedad, por las relaciones socioeconómicas concomitantes a ese modo de producción sigue siendo una Sociedad capitalista. El Estado venezolano es un estado capitalista en toda regla.

La revolución social que avanza el movimiento bolivariano ha asumido el poder político ejerciéndolo a través de un Gobierno progresista. El Gobierno bolivariano no posee el poder económico. Administra el poder económico de las clases propietarias-capitalistas. Lo administra desde la perspectiva de un progresismo social ceñido a un proceso político reformista que se apoya en el dominio estatal de los recursos económicos provenientes de la industria petrolera.

La Revolución bolivariana intenta revertir el proceso de degradación de la condición humana de la inmensa mayoría de la población venezolana. En cuyo empeño alcanza logros significativos absolutos y relativos. Avanza nuevas relaciones de propiedad estimulando la organización de una economía comunitaria financiando los proyectos con recursos de la renta petrolera. Pero nada de ello significa que se haya logrado la reversión del abrumador dominio de la propiedad privada y la servidumbre del trabajo asalariado ni, en consecuencia, el patrón de acumulación capitalista. La sociedad venezolana, específicamente su clase trabajadora, continúa, como hasta antes de 1998, alimentando con su trabajo la estructura burguesa del actual estado venezolano.

El reformismo progresista del Gobierno bolivariano, hoy aún respaldado por la mayoría parlamentaria, se establece como consecuencia de un movimiento político nacionalista, en el que no media un programa político de transformación de la realidad capitalista. El Partido de Gobierno creado a posteriori, PSUV, responde a la necesidad de contar con la base de apoyo electoral capaz de luchar organizadamente por el ejercicio del poder político en un sistema multipartidista dado (nominalmente) a la alternancia de los intereses de clase en el gobierno. El PSUV viene por ese hecho a subordinarse al Gobierno bolivariano como su “fuerza de choque”. Un partido de creación emergente y subordinado al Gobierno no está en condiciones de definirle a su Primer Secretario la línea de acción política como jefe de Gobierno. La toma de conciencia sobre este “pecado original” debería conducir el PSUV a la transformación de su condición de partido de estado, es decir, pasar de columna vertebral de la burocratización del poder revolucionario a ser contrapoder político de la masa crítica del pueblo que apoya y participa en el proceso de cambios. Lo cual significaría un giro de 180 grados en la concepción de la participación política de las fuerzas revolucionarias. Una proyección llamada a imprimirle la radicalidad anticapitalista al proceso de transformación estructural del estado burgués actual y del modo de producción que lo sostiene. Un paso indeclinable hacia la emancipación social.

Dentro de las objetividades de las condiciones políticas expuestas, el Gobierno bolivariano necesita gobernar. Y necesita hacerlo en principio aprovechando las reglas del juego de la economía de mercado capitalista imperante, para así establecer equilibrios básicos de gobernabilidad económica y política sobre el orden burgués. A partir de lo cual seguir allanando el camino a la transformación política, sin otra alternativa que la de forzar desde abajo la formación y la institucionalización del empoderamiento popular.

Definida dicha realidad política, el Gobierno bolivariano está obligado a meter en cintura la economía de mercado capitalista, ponerla a funcionar como un mecanismo engrasado, mientras le transforma la base socioeconómica en pos de la transición política cualitativa del estado. En el caos la ventaja es y será siempre para el pescador en río revuelto: la oposición oligárquica, y el costo para las clases sociales desposeídas de la propiedad. Evitar la disfunción de la economía no es sinónimo, como interpretan muchos analistas venezolanos, de favoritismo a los esquemas de acumulación capitalistas presentes. Todo lo contrario. Significa “civilizar” la economía de mercado llevándola de su esencia especulativa neoliberal actual a las reglas, por paradójico que parezca, del juego de equilibrios según las expectativas racionales que profesa la propia economía política clásica burguesa.

En consecuencia, si para la Revolución bolivariana el objetivo estratégico es la transformación de la estructura de la propiedad a favor del dominio de la participación de la economía socializada (que no es sinónimo de estatalizada); en el corto mediano plazo - tal como analizo en el trabajo “Cuba y Venezuela, de un pájaro las dos alas”[1]- ha de lograrse la reversión de la tendencia que tiene  la participación de la producción bajo propiedad privada en el PIB. No hablo de la transformación estructural socio-jurídica de la propiedad que por la naturaleza política y socioeconómica de dichos cambios lleva en la práctica otro tempo, sino del impacto de la producción socializada en la economía de cara al periodo de tiempo que resta hasta las próximas elecciones presidenciales (2012). Materia política en la que el PSUV tiene la oportunidad de establecer el pulso dialéctico con el Gobierno para definir derroteros y acciones congruentes.

Desde las perspectivas planteadas es que ha de analizarse la eficiencia política de las medidas de reajustes macroeconómicos implementadas por el Gobierno bolivariano.

En la economía capitalista la estabilidad de la moneda propia constituye un ancla para los equilibrios macroeconómicos. A muy pocos países les funciona el anclaje a largo plazo. Por cuanto es una minoría de economías las que sujetan por el mango la sartén de las finanzas mundiales. Pertenecen todas a los Centros capitalistas: EEUU, Reino Unido, UE y Japón, a los que se incorpora con ímpetu China.

Para el resto de los países del mundo, en condiciones de sistemas de convertibilidad externa abiertos, mantener (1)la balanza de pagos a flote y protegida de los embates especuladores de los flujos financieros parasitarios así como (2)la balanza comercial de las fluctuaciones del valor de la moneda, implica caminar constantemente por la cuerda floja.

En consecuencia, devaluar la moneda propia ha constituido en la práctica una medida de salvación (huída hacia adelante) para las economías más débiles ante fuertes giros desfavorables de los términos de intercambio (terms of trade) en el comercio internacional, o ante apreciaciones sostenidas de la moneda - por el alza de su demanda interna cambiaria - que refuerzan los efectos del saldo negativo de comercio exterior.

El dinero, siendo una mercancía que se mueve según las fuerzas generales de la oferta y la demanda sobre el mismo, al concretarse en una moneda equis, funciona como medida de valor de los productos de la economía en cuestión. Es decir, funciona como mediación del valor de cambio. Este valor de cambio se acomoda según las fuerzas generales de la oferta y la demanda, ya no del dinero, sino del producto en sí mismo. Ese valor expresa, por lo tanto, el valor competitivo en los mercados internacionales de los productos propios.

La ola de productos de fabricación china que invade los mercados de casi todos los países del mundo se impone por la alta competitividad del valor de cambio de los mismos. La fuerte y sostenida inversión de capital bruto y tecnologías manufactureras en China expone un alto grado de convertibilidad productiva gracias a dos factores: a la rápida asimilación de dichas inversiones por los procesos productivos y a la baja participación de los salarios en el producto. Hecho este último - el valor del trabajo - que viene a calibrar el carácter político de la transformación capitalista china desde las exigencias de la acumulación originaria de capital por la que se ha optado[2]. El proceso de acumulación de capital se estructura sobre la devaluación de la capacidad de consumo interno, en detrimento de las condiciones de vida material de las masas trabajadoras. Lo cual sucede independientemente del avance desde la miseria a la pobreza de no menos de 400 millones de pobladores en los últimos 20 años.

Contrariamente a como intentan obligar a China los países occidentales, exigiéndoles la apreciación de la moneda (yuan), las autoridades monetarias de dicho país mantienen una paridad de la misma que les permite el equilibrio de la balanza de pago debido a la fuerte expansión exportadora de la economía, y no al revés. EEUU sostiene que la moneda china está artificialmente devaluada para mantener la competitividad exportadora. Sin embargo, no es el valor cambiario de la moneda el elemento principal que mantiene un competitivo valor de cambio de los productos Made in China. La devaluación de la moneda no constituye garantía alguna a más largo plazo de la competitividad de la economía. Si es que ello no vaacompañado de una decidida expansión de la competitividad productiva. Por muy devaluada que esté la moneda, no es posible exportar lo que no se produce o lo que produciéndose no es suficientemente competitivo en términos costos/beneficios para el comprador.

Es importante destacar esa peculiaridad del desarrollo económico chino por el hecho de que expone el nivel de competitividad de la economía nacional, como el elemento esencial de la estabilidad de la moneda. Sin ser su moneda divisa central en las relaciones económicas internacionales China, como conocemos, se ha convertido en el acreedor principal de los EEUU. El ahorro externo - convertido en altas reservas financieras – mantiene los ritmos de inversión interno y refuerza la moneda contra los desequilibrios especulativos externos.

Las medidas devaluatorias de la moneda venezolana, el Bolívar Fuerte (BsF), que acaba de establecer el Gobierno bolivariano son racionales económica y técnicamente.

El reajuste controlado del valor de la moneda da respuesta a una coyuntura desfavorable de la economía interna presionada por un grupo de factores estructurales. Justo el problema a tener en cuenta por las autoridades económicas y monetarias del Gobierno bolivariano.

El paso táctico hacia adelante por el que puede tomarse la devaluación actual implica la necesidad de que el resto de los pasos, la estrategia, sea decididamente hacia la transformación estructural de la economía real. Puesto que a mediano plazo y más largo plazo la moneda seguirá bajo las presiones de la primarización de la economía venezolana. Es decir, bajo la vulnerabilidad de una economía de muy bajo valor agregado, por ello, de pobres ventajas competitivas. Lo cual en el juego suma cero del comercio internacional capitalista apunta a subsiguientes presiones devaluatorias sobre la moneda propia, al no poder la economía exportadora respaldar el valor de la misma. Si los considerables recursos de la exportación petrolera constituyen un sostén del valor de la moneda, dadas las altas reservas financieras que genera, no lo es la competitividad de la economía en su conjunto. Y no pueden establecerse expectativas racionales de la economía propia en el mercado capitalista internacional a partir de una economía primaria mono-productora.

No hay dudas de que el callejón sin salida del utilitarismo mercantilista de una economía sostenida sobre la ventaja comparativa de una materia prima tarde o temprano estrangula el desarrollo interno. Aunque sea el petróleo un commodity de especial valor de cambio, no cambia el hecho objetivo de su bajo valor agregado, ni de la definitiva pérdida de su valor de cambio por la progresiva disminución del recurso no renovable (ritmos de consumo versus nuevos yacimientos) y la creciente reorientación que cabe esperar de la matriz energética global hacia otras fuentes.

Por tales razones la devaluación del BsF - en dos niveles, 2.6% y 4.3%, según objetivos diferenciados: inversión industrial y consumo básico versus gasto no industrial -, constituye esencialmente una medida de política socioeconómica y no de política monetarista. El ajuste monetario se presenta aquí como lo que ha de ser: un instrumento técnico de lo primero. Y en este sentido, el ajuste según un doble valor cambiario resulta un acertado movimiento económico. El doble nivel devaluatorio de la moneda venezolana, restringiendo la rentabilidad de las importaciones comerciales, apunta al mismo tiempo a la estimulación de las importaciones de bienes de capital.

Sin embargo, tomando en consideración la estructura importadora actual de la economía venezolana y la realidad de una fuerte cultura especulativa financiera y mercantil, alimentada por las ineficiencias del sistema fiscal y la desregulación (descontrol) del sistema financiero-bancario[3], la contención de la especulación y, más específicamente, la reorientación del mercado importador amerita el reforzamiento con tres tipos de medidas regulatorias:

Financiero:

1.Mantener protegida, como principio de política monetario-financiera, la balanza de pagos contra el movimiento de los “capitales golondrinas” mediante una ley que obligue la permanencia “trabajando” en el país no menos de un año una vez que entre dicho capital. Las inversiones de cartera continúan teniendo un peso significativo en la estructura de capitales que impactan la economía venezolana.

2.La imposición de una tasa Tobin sobre las transacciones en el mercado financiero venezolano.

3.El reajuste del encaje bancario de toda la banca comercial privada, reforzando el control y buscando la racionalidad de la política crediticia. Al tiempo que se debiera proyectar la expansión del crédito público.

Cambiario:

1.La tasa cambiaria para el consumo no industrial (4.3%) no debe fijarse. Este precio necesita fluctuar en un sistema de bandas (in plus in minus) alrededor de un valor ajustado, tomando como límite inferior el valor de 4.3% hoy calculado como tasa fija. La intervención del Banco Central se ajustaría a mantener la elasticidad de la banda cambiaria en el “túnel” determinado y a decidir sobre el ensanchamiento reptante asimétrico de la misma actuando sobre su cota superior, atendiendo al comportamiento del mercado cambiario paralelo. En números enteros esa banda se puede ilustrar con una relación de: 4 ≤ 5 ≤ 6. Este régimen de fluctuación limitada exige ser controlado por la intervención del BCV de manera que - contrariamente al descontrol sobre la banda con el experimento de 1983 -, la presión especulativa proveniente del mercado paralelo se torne contra sí misma. No se trata, por lo tanto, de una intervención del BCV dirigida a mantener la paridad fija sobre la tasa de 4.3 puntos (como se ha decidido en la actualidad), sino de marcarla como el límite inferior del precio que está dispuesto a asimilar el Estado (con el dinero público) por las importaciones no productivas de la economía privada. Una alta demanda de dólares que insistiera en la importación desmedida de los bienes abarcados con dicha tasa, haría tender la misma a un equilibrio competitivo con la cotización del mercado paralelo. Esto permitiría adicionalmente flexibilizar las cuotas de divisas asignables a dichas importaciones, con la consiguiente desburocratización de los trámites cambiarios y la disminución de la presión corruptora.

Mercantil:

1.El repunte especulativo de los precios puede ser perfectamente sometido de manera sectorial a una ley sobre el margen de ganancia. De modo que la tendencia a la maximización del lucro tenga como barreras márgenes de beneficios que no impongan las posiciones monopolistas de mayoristas y minoristas en el mercado. No sólo en el de las importaciones de bienes finales, sino también en el mercado de las producciones nacionales[4].

Es menester traer a colación la convergencia de la lógica económica de la doble tasa cambiaria venezolana con la idea que viene presentando con respecto a la economía de los EEUU uno de los enemigos más reaccionario de Venezuela en el Establishment norteamericano[5]. Se propone una doble tasa cambiaria para el dólar, como medida clave enfocada a enfrentar las perniciosas consecuencias estructurales de la crisis del sistema financiero estadounidense. Precisamente atendiendo a la necesidad de potenciar la economía física, es decir, la economía real (= producción y empleo), con una tasa para las inversiones productivas muy baja y no sujeta a fluctuación cambiaria. Estableciendo para el resto de las actividades económicas una tasa proclive al valor de mercado cambiario. Y no es casual que tal género de propuesta se encuentre totalmente silenciada por el Establishment financiero-industrial-militar de los EEUU.

Llegados a este punto, es necesario advertir que al declarar la medida devaluatoria del BsF el Gobierno bolivariano no le ha presentado a la población el escenario integral que haya tomado en consideración todas las consecuencias a corto y mediano plazo para la microeconomía. Esa es una causa importante de la reacción especulativa del mercado minorista. Ha de asumirse, no obstante, que dicha reacción será de muy corto plazo. Habida cuenta de que el cálculo de la subida inercial de la inflación se asume en un nivel del 3%. Pero los márgenes de error no pueden escapar a las expectativas racionales.

Asegurar el control de los efectos deseados de la medida exige de un rediseño de la política monetaria. Para ello es de primera importancia el reajuste del incentivo al ahorro interno, buscando el equilibrio dinámico (progresivo) de la masa monetaria en circulación con respecto a la oferta de bienes de uso y consumo. Se estaría de esa forma regulando la demanda agregada diferenciando sus campos de acción: el de las inversiones (reajuste cambiario) y el del consumo (ahorro popular)[6].

Los depósitos bancarios a término (6 meses, uno, dos y tres años) están llamados a provocar la postergación de la disposición al consumo de los ciudadanos. Lo cual implicaría un nivel de remuneración del ahorro por encima del descuento de la tasa de inflación. Toda vez que el aumento del salario mínimo en un 25% (en dos transas)  para el 2010 declarado por el Gobierno (15.01.2009) sumará presión inflacionaria sobre la que se prevé provocará el reajuste cambiario, situándose  la medida en la línea de retroalimentación de la tasa de inflación. Ambos impulsos inflacionarios se potencian por la restricción de bienes importados que alienta la misma medida de reajuste cambiario, a la luz de la baja respuesta productiva de la economía nacional. Ante tales correlaciones es necesario y oportuno, por lo tanto, replantear los niveles del impuesto IVA, de modo que los sectores de menores ingresos (justo aquellos que por necesidad consumen cada incremento de salario que reciben) mantengan poder adquisitivo sin el imperativo de indexación recurrente de los salarios[7].

Queda claro que la alta inflación se planta como una barrera para toda la vida económica. Salta a la vista el problema tanto de la economía informal (alrededor de un 45%), como el de la capacidad de ahorro que permite el poder adquisitivo de los salarios de la economía formalizada.

Dentro de dicho cuadro el Gobierno está obligado a entronizar una presión a la baja sobre la inflación creando en la sociedad adecuadas expectativas al respecto. Este factor es sin dudas difícil de garantizar en el más corto plazo. Por cuanto en última instancia ello queda invariablemente sujeto al aumento de la oferta de bienes de uso y consumo. Cuestión que no se logra, como conocemos, de la noche a la mañana. (De ahí la necesidad de actuar sobre la relativa posposición del consumo). Dicha situación, en consecuencia, exige al Gobierno presentar un programa concreto de suministro (oferta) al mercado en el corto plazo (2010-2012), tal que plantee y busque mantener bajo control las expectativas de la demanda inflacionaria reactiva, de cara a dos factores vitales en el corto (2010-2012) y mediano plazo y (2010-2018):

(a) la reactivación del ciclo de crecimiento económico,

(b) la capitalización del ciclo político en andamiento.

La espiral inflacionaria necesita ser reducida de manera imperativa, sin sacrificar el crecimiento económico. No existe demostración de que el crecimiento sea por definición un factor inflacionario. En la economía venezolana el problema es de naturaleza estructural. La peculiaridad estriba en que se combinan el factor demanda y el factor costos de producción (las dos causas de manual de la inflación). La subida del poder adquisitivo de la población con las políticas salarias, las de empleo y de subsidios sociales de la Revolución, por una parte, y por otra, el carácter mercantilista importador de la economía capitalista privada que predomina actualmente están - ante la ausencia de respuesta productiva de la economía nacional - en la base de la cronicidad de la alta tasa de inflación. 

La situación exige un expansivo programa de inversiones públicas pro-productivas en el corto-mediano plazo, a ritmos superiores a los que se vienen logrando. Para lo cual servirían también los recursos adicionales de la renta extraordinaria del petróleo que han de adquirirse con el reajuste cambiario establecido (justo el objetivo que despierta el resabio político de la crítica burguesa economicista que ha copado los medios de comunicación en el mundo con la propaganda anti-venezolana). En cuya proyección habrá que atenderse dos problemas críticos: la eficiencia de las producciones y el decisivo lanzamiento de la economía productiva social.

En ese sentido se torna necesaria la consideración de un sistema preferente de impuesto a la renta empresarial para el sector de la economía socializada, tal que apalanque los efectos de la tasa cambiaria preferencial establecida (2.6%). De modo que se estaría diferenciando el precio del dinero (a la baja) para el sector y la capacidad de ahorro interno (a la alta) de dichas empresas para la reinversión productiva (esa sería la condición para beneficiarse de la medida del recorte del impuesto a sus rentas).

Para la Revolución bolivariana, no se trata de cualquier reajuste estructural, sino de aquel que potencie, estabilice y consolide la participación de la economía socializada en el producto nacional. De manera que la tarea es de doble sentido e importancia estratégica: económica y política.

En la misma línea de acción, el Gobierno bolivariano está ante la necesidad de considerar medidas complementarias interventoras de tipo proteccionista pro-productivas. Si la apertura del mercado a la competencia externa puede influenciar en el aumento de la competitividad de los actores económicos internos, el efecto es por lo general contraproducente cuando dichos actores no son lo suficientemente fuertes para aguantar el impacto de la apertura indiscriminada. La acentuada destrucción de empleos y la continuada desestructuración de la economía propia es el resultado absolutamente previsible para Venezuela. Es todo lo que nos enseñan las políticas neoliberales promovidas por el Consenso de Washington en la región. Y es en el caso de Venezuela lo que se observa como resultado de la economía parasitaria petrolera pre-revolucionaria. Cuya reminiscencia fagocitaria es la patología importadora actual con que crece la acumulación de capital de la burguesía propietaria. Sin que ello se haya revertido (en los últimos 100 años) en la modernización de la economía y el desarrollo socio-cultural de la nación venezolana.

Es de tomar en cuenta, por lo tanto, una proyección en dos direcciones:

1.Una política arancelaria selectiva en las importaciones con vistas a proteger la producción nacional  enel  mercado interno, combinada con una política de subsidio que discrimine las producciones exportables.

2.La atracción de inversiones tecnológico-productivas ha de jugar un papel insustituible en el desarrollo de las fuerzas productivas de la nueva economía. Puesto que la captación de capitales a cuenta de bonos del Tesoro estará potenciando en el mediano y más largo plazo la presión devaluatoria de la moneda, a pesar de las relativamente altas reservas financieras y el alza de los precios del petróleo. Tanto más cuando paralelamente el Gobierno recurre a la utilización de parte de dichas reservas para los programas de desarrollo socio-productivo que avanza.

De manera que la ley de inversiones extranjeras debería garantizarle a Venezuela una posición altamente competitiva como polo de atracción de capitales en la región. En lo cual la estabilidad de la moneda, amén de las ventajas económicas compensatorias a dichas inversiones, posee importancia de primer orden.

La creciente influencia en el desarrollo socioeconómico que pueden lograr los recursos y las políticas económico-financieras del Banco del Sur y del Banco del Alba constituirían el reforzamiento del desarrollo infraestructural sobre el que cabe esperar operará cada vez más el tejido de la nueva economía socio-empresarial.

Ante tales problemas y escenarios ha de llamar la atención la falta de una estrategia puesta en “blanco y negro” sobre la política socio-económica de corto, mediano y largo plazo. Hablamos de horizontes de tiempo de entre 10, 20 y 35 años.

Esa estrategia no puede más que estar soportada en profundos estudios técnico-económicos sobre las coyunturas, los pronósticos, la política económica y su constante seguimiento. La pregunta es: ¿puede formarse ese Centro de pensamiento científico complejo, multidisciplinario y de investigaciones poli-dimensionales de alta eficiencia del conocimiento, en función de nutrir con estudios de coyuntura y estrategia la integralidad de las políticas de Gobierno?

Tal como viene exponiendo en sus investigaciones E.Golinger[8], el desarrollo de los llamados centros de pensamiento (thinktanks) capitalista constituye una clave de las estrategias de expansión de la cultura del modo de producción burgués. Solamente para el año fiscal 2009/2010 la Administración de B.Obama ha decidido un presupuesto de 320 millones de dólares (!) para el trabajo en A.Latina de dos de sus más influyentes agencias subversivas de pensamiento (NED y USAID); destinadas a propagar el modelo de democracia burguesa, indisolublemente ligado, como su producto cultural, al modo de producción capitalista.

Para Venezuela se trata, por lo tanto, de asumir con el realismo político que amerita la idea de un Centro experto en las proyecciones del pensamiento estratégico sobre la modelación socioeconómica, su transformación estructural y la expansión sostenible de la nueva economía socialista. Se trata de crear una capacidad de pensamiento complejo en función directa del proceso de transformación revolucionaria del modo de producción capitalista y de la nueva cultura del trabajo y la participación sobre las cuales se han de afincar las relaciones socioeconómicas socialistas. Un Centro que debería asumirse en el espíritu creativo de la fórmula investigación-docencia. De modo que constituyera al mismo tiempo un valuarte de la recomposición y desarrollo del sistema público de educación superior, socialista venezolano.

Si la creación heroica del socialismo puede ser solamente empujada por el protagonismo político de la masa crítica revolucionaria del pueblo, construyendo el poder socioeconómico horizontal desde abajo; la claridad de la acción sistémica transformadora exige de la creatividad científica del pensamiento orgánico a las ideas socialistas, a la construcción del modo de producción socialista como base-fundamento, nunca mejor entendido, de toda la superestructura sociopolítica y cultural.

Las necesidades de la reorganización de las tácticas y la estrategia son todas para ayer. El tiempo no es el aliado natural de las revoluciones sociales en América Latina. Menos ahora cuando ya no quedan dudas que la presidencia de B.Obama no ha llegado para gestionar lo más racionalmente posible la decadencia terminal de la era americana.

Roberto Cobas Avivar (RCA)



[1] RCA, “Cuba y Venezuela, de un pájaro las dos alas”, en: http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-venezuela-pajaro-dos-alas-1-2 y http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-venezuela-pajaro-dos-alas-2-2

[2] No está lejos la ruta de lo que Engels llamó extorsión originaria de capital. Puesto que la intensidad de la explotación del trabajo es extremadamente violenta, como lo demostraba el capitalismo inglés decimonónico. El llamado Partido Comunista Chino no ha vacilado en desencadenar este proceso liberal de acumulación de capital, dejando a la clase trabajadora sin posibilidades de opción, a merced de la expoliación de la plusvalía por una dinámica y creciente economía privada. Más del 60% de la propiedad ha pasado a manos privadas, mientras que las empresas estatales constituyen fuertes enclaves de apropiación burocrática de la propiedad. El último congreso del PCCh reconoce el desbalance en la acumulación y concentración de capital y declara una proyección en pos de establecerlos equilibrios sociales necesarios (ya se indicaba esa dirección en el congreso anterior). La actual crisis global ha tenido un impacto real en la idea desarrollista capitalista china. Por cuanto el encogimiento de los mercados internacionales obliga a virar la mirada para el mercado interno y poner énfasis en su papel como factor sustituto de la demanda externa. La modelación de la transformación de la economía china en una economía de mercado capitalista pretende darle un nuevo contenido a la idea y la práctica de la llamada “economía de mercado social”. El tiempo en los procesos sociopolíticos en China no transcurre según la dimensión occidental, sino ajustado al significado filosófico del tiempo histórico. Para seguir las reflexiones de este análisis sugiero ver: http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-y-china-quo-vadis

[3] Para la transformación sistémica del modo de producción capitalista, el problema de la nacionalización del sistema bancario es de importancia decisiva. Entronizar una estructura de dominio de capital público sobre el capital privado en el sector. De manera que ello desmonte la barrera estructural que para la economía socialista significa el patrón de acumulación privada de capital, a favor de la socialización del capital. Ver: Ibídem, nota1

[4] Es lo que analizo en diferentes trabajos como una medida necesaria en el proceso de transformación socialista del modo de producción cubano actual. Asumiendo la necesidad de una decidida articulación del mercado en el sistema económico. Con una ley sobre el margen de ganancia se estaría obligando a todos los actores económicos a buscar la rentabilidad poniendo el acento en la optimización de los costos de producción. Es lo que piden los productores de leche en el mercado español, puestos al borde de la incosteabilidad por la especulación mercantil en la cadena de mediaciones desde la producción al mercado minorista. De manera sencilla la lógica de esta medida la pone en evidencia en el caso de Venezuela Emilio Hdez. en su artículo “Nuestro principal problema económico es el impuesto contrarrevolucionario”, en Aporrea.org, 10.01.2010.

[5] Lyndon laRouche, economista, político por el Partido Demócrata de los EEUU, 4 veces precandidato a la Presidencia. Ver: “La burguesía una mentalidad genéticamente modificada”, en: http://www.kaosenlared.net/noticia/burguesia-mentalidad-geneticamente-modificada ,(RCA).

[6] Conocemos que determinados niveles de ahorro de la población pueden desestimular el papeldel consumo interno como factor del crecimiento. Las políticas económicas estarán tendiendo a lograr los equilibrios entre las variables involucradas. La combinación del repunte de la economía exportadora y el uso del déficit fiscal controlado pueden actuar en el mediano y más largo plazo como estabilizadores de la expansión del crecimiento.

[7] Ibídem, nota 1

[8] Ver intervención de Eva Golinger en la conferencia del Centro Internacional Miranda (CIM), “Intelectuales, democracia y socialismo”, 03-04.09.2009, Caracas.

 
 
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Comentarios (2)

#1.- Venezuela: la revolución en su laberinto

Manuel Castro Rodríguez|17-01-2010 19:24

Stalin Perez Borges y Carlos Miranda

Revista de América N° 5

14 de Enero de 2010

Venezuela: la revolución en su laberinto

 

"Si el proceso pudo mostrar algunos avances en un mundo que supuestamente estaba en crecimiento, con altísimos precios del petróleo y otros recursos naturales, la crisis actual del capital, la más aguda en un siglo, puso de manifiesto que no alcanza con un simple mecanismo de "distribución de la riqueza" más equitativo, o con la superación de algunos de los grandes problemas estructurales de la sociedad venezolana como la pobreza extrema, la ausencia de todo sistema de salud y hasta altísimos niveles de analfabetismo.

Estos éxitos están hoy cuestionados. Los cuestiona la crisis desatada en las misiones, en especial Barrio Adentro, que obligó al reemplazo del ministro de Salud venezolano y del viceministro cubano residente en Venezuela responsable de esa misión. Esta situación venía siendo advertida por verdaderos trabajadores de la Salud, que en su momento denunciaban la proximidad de un colapso funcional en el sistema. O la crisis eléctrica, también anunciada por los trabajadores del sector al menos dos años antes de que ésta se expresara en los racionamientos actuales de energía y en apagones y una propuesta de reforma en la organización de la Corporación estatal de electricidad. Son sólo dos ejemplos sensibles de la actualidad".

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#2.- LADRONES

17-01-2010 20:10

¿Tienen idea todos los que defienden a la Nomenclatura traidora por qué no se han dado a conocer las ubicaciones de los yacimientos petroleros encontrados en el norte de cuba y que han sido estimados en 20 mil millones de barriles de petróleo, equivalentes a los precios actuales a más de 1 millón 300 mil millones de dólares?

Para que todo el Mundo lo sepa, la información se mantiene oculta en espera del “Cambio” programado hacia el Capitalismo… entonces veremos como de la nada surgen los nuevos súper multimillonarios cubano que se apropiarán del Petróleo de todos los cubanos… ya los acuerdos con las grandes transnacionales están hechos e incluso esos LADRONES están recibiendo anticipos.

Valoración: 1    |  Avisar provocación

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