“Y hasta aquí llega mi particular, parcial y subjetiva lectura de la obra de Pablo Antoñana, escrita en homenaje a una persona que estimé y a un escritor a quien admiré. A quien venga detrás, y con permiso del ordinario literario del lugar siempre, le deseo suerte”, escribe Miguel Sánchez-Ostiz en su reciente libro “Lectura de Pablo Antoñana”[1].
Ya nos había dejado dicho en las primeras páginas que su libro es “una lectura de la obra de Antoñana por completo subjetiva, parcial, arbitraria y banderiza, y en  consecuencia carece de sistema, método y metodología. No es un estudio exhaustivo. Hablo de lo que a mí me sugiere hoy la obra de Antoñana. Si no fuera así no habría emprendido este trabajo”[2].
El libro de este excelente escritor navarro, que se llama Miguel Sánchez-Ostiz, es ante todo una gozada, una recreación y un vagabundeo errante por la obra de Pablo Antoñana con muchas preguntas e interrogantes, que a veces se convierten en un tú-yo y, a veces, se vislumbra un tú como yo. El libro de Miguel, que crea el deseo de releer a Pablo, es también una seria reflexión sobre la función del escritor en el mundo que nos ha tocado en suerte.
Y una advertencia muy sanchesostiziana: “Los mitos convertidos en señas de identidad hay que varearlos de cuando en cuando, aunque eso no resulte simpático. Eso lo hizo Antoñana metiendo en escena a los que no daban cámara más que en el sainete costumbrista o aparecían en el fondo de la fotografía con la vista baja y la boina entre las manos”[3].
Lo dicho, su libro sobre Pablo Antoñana una gozada y una invitación.
[1] Pág 178 de “Lectura de Pablo Antoñana” de Miguel Sánchez-Ostiz, edit. Pamiela, Iruña 2010
[2] Op. cit, pág 16
[3] Pag, 58
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