Introducción
Si en este planeta existen recursos para todos pero muchos mueren de hambre, y eso es consecuencia directa del capitalismo, y sólo podemos destruir el capitalismo organizándonos, entonces se hace imprescindible pasar revista al panorama de la izquierda organizada, es decir, de la única oposición  existente al capitalismo y el hambre. Pasando revista, lo primero que nos llamará la atención será la infinita división y subdivisión de estas fuerzas, en ciertas ocasiones motivada por bases programáticas (por ejemplo, la división que existe entre Izquierda Unida y la izquierda extraparlamentaria), pero en otras debida a prejuicios mutuos o, peor si cabe, a distintas lecturas de hechos históricos del pasado (como en el caso de dicha izquierda extraparlamentaria, que se encuentra fraccionada hasta la impotencia política).
¿Recuerdan aquella escena de La vida de Brian? Brian le pregunta a unos hombres si son del Frente Judaico Popular y estos le contestan: “¡Vete a la mierda! ¿Frente Judaico Popular? Somos del Frente Popular de Judea” (http://www.youtube.com/watch?v=hMvcjzEKTMw). Pues así se siente uno muchas veces, como en una película de los Monty Python, como si estuviéramos insensibilizados contra el hecho de que  no se nos puede tomar en serio; y todo por confundir, como decía Galeano hace unos días, unidad con unanimidad, política con religión, divergencia con herejía.
Es curioso rastrear el origen del enfrentamiento que, en el seno del islam, se desarrolla entre sunnitas y chiitas. Resulta que Mahoma no dejó un sucesor oficial, así que, a su muerte, sus seguidores Alí y Muawiya se enfrentaron entre ellos, siendo derrotado el primero. Mas de mil años después, sus partidarios continúan divididos, y a partir de una simple pelea sucesoria han inventado imbricadas teorías por las que enfrentarse. Algo parecido sucede hoy día con el enfrentamiento que, en el seno del marxismo-leninismo, separa a trotskistas y estalinistas. Resulta que los comunistas nos encontramos insensatamente divididos por el enfrentamiento (en muchos sentidos personal) que tuvieron dos hombres hace 80 años, en una mera pelea sucesoria a la muerte de Lenin.
Por supuesto, si el propósito de este trabajo fuera otro, debería ahondar en el estudio de los condicionantes históricos que rellenan de contenido una pelea sucesoria, como codificación histórica de los conflictos sociales. Sin embargo, sería una simplificación ingenua del marxismo decir que Alí y Muawiya se enfrentaron para defender sus respectivos ideales. ¿Es que para el marxismo no existen la ambición personal entre las motivaciones de los personajes históricos? ¿Es idealismo aludir a un enfrentamiento personal? Puestos a hacer metáforas forzadas al estilo del marxismo dogmático y vulgar, ¿por qué no ver en el supuesto enfrentamiento político una superestructura, cuya base fuera una lucha por el poder tras la muerte de Lenin? Podemos analizar, por ejemplo, qué factores materiales han motivado que en unos países el trotskismo haya tenido arraigo a posteriori y en otros no (o incluso analizar factores como la psicología de masas, la necesidad de una figura “diferente” a lo que realmente se alcanzó en la URSS y la insatisfacción consecuente). Pero eso sigue sin explicar lo acontecido en el Partido Bolchevique durante los años 20 del siglo XX.
Una superación dialéctica
Hoy en día, y menos por evolución que por desaparición política, quedan pocos estalinistas (al menos “estalinistas” que se reconozcan en dicha denominación y que den culto a la imagen del personaje histórico); en cambio, podemos encontrar bastantes activistas y partidos que se reconocen como “trotskistas” y, en función de ello, se dividen de otros partidos (e incluso entre sí, celosos por ver quién efectúa la exégesis más ortodoxa de los textos del profeta armado y luego desarmado).
Sin embargo, Trotsky no existe, ni Stalin tampoco. Y no sólo porque ambos hayan muerto y no puedan venir, por tanto, aquí a “hacernos” la revolución; sino porque de hecho nunca existieron (en las versiones icónicas que sus respectivos seguidores nos han legado). Ni Stalin fue el glorioso padre infalible de la revolución, ni Trotsky el adalid antiburocrático y antirrepresivo que se nos quiere vender.
No se trata de negar el destacado papel de Trotsky durante la Revolución Rusa, ni su destreza como teórico y escritor; tampoco se trata de justificar las falacias vertidas contra él durante los Procesos de Moscú de 1936-38, su cruel asesinato (o el de sus hijos) u otros crímenes cometidos. Para mí no se trata de jugar a “trotskistas” y “estalinistas”. Si algún día esto pudo significar algo y la gente pudo morir por ello, hoy no es más que una pelea de bar que divide nuestras propias fuerzas. De lo que se trata es de hacer una modesta reflexión, escrita por un compañero más de los que está cansado de ciertos clichés que ya sólo sirven para perder credibilidad, en eternos debates que no afectan a la vida de (ni interesan a) nadie. Porque un estudio serio y sosegado de la historia acaba por desacreditar el maniqueísmo. Y porque nuestra táctica ahora debe ser el reagrupamiento de las fuerzas anticapitalistas que no se hayan integrado en el sistema.
¿Realmente tenemos un objetivo diferente? A nivel de propuestas concretas y dentro de la izquierda extraparlamentaria, ¿hay tanta diferencia entre los partidos “trotskistas” y los “estalinistas”? ¿No abogan ambos por la construcción de una sociedad lo más democrática posible, que evite repetir los errores de la experiencia soviética, pero que emule sus logros? Si la única diferencia es a nivel de interpretación del pasado histórico (es más, a nivel de conceptualización de dicho juicio: “defectuoso pero aceptable por ser mejor” versus “mejor pero defectuoso e inaceptable”), ¿vale la pena dividirse por ello? Entonces, se me dirá, ¿para qué tratar este tema, por qué hablar de ello? Porque para mí no se trata de callarlo, ni de olvidarlo, ni de “sustituirlo” por otra cosa. Para mí no se trata de matarlos a todos, sino de tragárselos vivos, es decir, de efectuar una superación dialéctica y crítica de ambas tendencias. Como diría Apollinaire, no podemos llevar a todos sitios el cadáver de nuestro padre, pero como diría Gabriel Aresti, de lo que se trata es de que la casa de nuestro padre siga en pie.
La inexistencia de Trotsky
En 1919 Trotsky promulgó el Decreto de Rehenes, ordenando secuestrar a la familia de todo oficial que desertara del ejército. Indignado por el hecho de que no se cumpliera su orden, en telegrama al Consejo Militar Revolucionario de Serpujov, Trotsky insistiría: “la mala conducta o la traición provocará el arresto de sus familias” (aún en 1939, poco antes de ser asesinado, Trotsky seguirá defendiendo el sistema de rehenes en el artículo Su moral y la nuestra). En marzo de 1921 lanzó a 50.000 soldados del Ejército Rojo contra los obreros de Kronstadt, después de que estos se sublevaran contra el Estado socialista al que acusaban, paradojas de la historia, de “burocratismo” (entre sus reivindicaciones estaban la libertad de palabra y de prensa para todos los partidos obreros o anarquistas, la liberación de los prisioneros políticos socialistas, la reactivación de los soviets sin injerencias del Partido, etc.) La represión de Kronstadt se saldaría con centenares de fusilamientos. En el X Congreso de los bolcheviques, celebrado también en 1921, Trotsky propuso la total subordinación de los sindicatos al Estado, el Partido y el Ejército. Es más,  ya en su documento Tesis sobre la transición entre la guerra y la paz, había propuesto Trotsky el llamado “comunismo de guerra”, es decir, una militarización total de la población, de modo que el Estado decidiera dónde debía trabajar cada persona, del mismo modo que el Ejército Rojo decidía dónde debía ubicarse cada soldado. En contra de dicha propuesta se creó la Plataforma de los Diez, compuesta, entre otros, por Lenin y Stalin. La propuesta de Trotsky fue rechazada por el congreso, por 336 votos contra 50. En este X Congreso, además, Trotsky votó a favor de la prohibición de las fracciones dentro del Partido Bolchevique.
Los ejemplos podrían ser innumerables. ¿Trotsky antiburocrático? Pero, es más, ¿Lenin antiburocrático? ¿Y cómo se hacía la política entonces? Por ejemplo, cuando se decide firmar la Paz de Brest-Litovsk, ¿se convoca un referéndum para que las masas populares decidan democráticamente? ¿O la realidad es que se reúnen en una mesa siete líderes del Partido y allí lo deciden? Como denunciaron los consejistas (duramente criticados por Lenin, que les atribuía una “enfermedad infantil”), el control obrero sólo tuvo una existencia efectiva en Rusia durante apenas unos meses. Ya en diciembre de 1917 se crea el Vesenkha (Consejo Supremo de la Economía Nacional), compuesto de comisarios políticos y expertos nombrados por el Partido. Un decreto del 3 de marzo establece que en las empresas nacionalizadas se someterán “todas las declaraciones y decisiones del comité de fábrica o de taller, o de la comisión de control, a la aprobación del consejo económico administrativo”.  Lenin lo escribirá claramente: “hemos pasado del control obrero a la creación del Vesenkha”. También en marzo de 1918 se promulga la Constitución Soviética, que centraliza el poder en detrimento de los soviets (consejos obreros). Y en el VIII Congreso (1919) Lenin dirá: “los soviets que, según el programa, son órganos de gobierno por los trabajadores, son en realidad órganos de gobierno para los trabajadores, ejercido por la capa avanzada del proletariado y no por las masas trabajadoras”. Como escribió John Reed, “A pesar de la autonomía local,   los decretos del comité Central Ejecutivo y las órdenes de los delegados son válidos para todo el país”. Por lo que respecta al pluripartidismo, todavía en marzo de 1922,  Lenin escribía en el Informe político del Comité Central al undécimo congreso del Partido que “las manifestaciones públicas de menchevismo son penadas con la muerte por nuestros tribunales” (por no hablar de la represión contra los anarquistas, que puede consultarse en Vsevolod Volin). Rosa Luxemburgo fue muy critica con la recién acontecida Revolución Rusa, escribiendo que “esta dictadura debe ser obra de la clase y no de una pequeña minoría que dirige en nombre de la clase”, porque “ahogando la vida política en todo el país, es inevitable que la vida en los soviets mismos esté cada vez más paralizada. Sin elecciones generales, sin libertad ilimitada de prensa y de reunión, sin lucha libre entre las opiniones, la vida se muere en todas las instituciones públicas, se convierte en una vida aparente donde la burocracia es el único elemento activo”. Vale la pena recordar que Rosa Luxemburgo murió en enero de 1919, es decir, casi una década antes del acceso de Stalin al poder. Una línea parecida defendería por esas mismas fechas la Oposición Obrera, encabezada por Alexandra Kollontai. ¿Y qué hay de la disolución de la Asamblea Constituyente Rusa, en enero de 1918, tras haberse convocado unas elecciones el 12 de noviembre anterior que perdieron los bolcheviques (Socialistas Revolucionarios, 17.100.000 votos y 380 diputados; Bolcheviques, 9.800.000 y 168 diputados)?
Desde luego, todas estas medidas han de verse en su contexto. Es más, probablemente la mayoría de ellas fueran decisiones acertadas y, por desgracia, necesarias. Pero una cosa es decir que quizá fueran necesarias, y otra muy distinta decir que eran buenas en sí mismas. Lo que no se puede hacer es manipular la historia, como si antes de 1924 (fecha de la muerte de Lenin) la Unión Soviética fuera un paraíso y desde entonces un infierno. De hecho, en todas las líneas de fuerza lo que existe es continuidad, tanto en las luces como en las sombras, y el mito del “corte de 1924” es una completa arbitrariedad carente de rigor. Es probable que mis palabras dejen estupefactos a aquellos que se han acostumbrado a cierta manera de razonar (de no razonar, quiero decir), según la cual si eres partidario de un régimen, debes justificar todas y cada una de sus acciones, negando todos aquellos aspectos que sean negativos o incluso cuestionables. También puede ser que otros se estén dando cuenta de cosas que jamás se habían planteado. No es una cuestión de inteligencia; ni siquiera de erudición. Sencillamente se trata de promover que, en nuestras organizaciones, los militantes piensen por sí mismos, en lugar de enseñarles una retahíla que han de repetir como borregos. Por lo demás, admito estar haciéndole el debate a los sectores atrasados de estos movimientos, que (nadie lo niega) cuentan con teóricos de altura, pero ¿para qué debatir en las alturas, mientras la formación media de los militantes perpetúa el estilo de cliché, el divisionismo y los falsos debates, imposibilitando, como decimos, la generación de una alternativa que a la gente de la calle le suene creíble?
Otros mitos sorprendentes
Hay más mitos: por ejemplo, el mito de la identidad entre Lenin y Trotsky. La realidad, avalada por toda la historiografía solvente sobre el periodo, es que Lenin y Trotsky mantuvieron un fortísimo antagonismo político durante años. En Nuestras tareas políticas (1904) Trotsky rechazó la concepción del partido que propugnara por Lenin en su obra de 1902 Qué hacer. Para Trotsky, Lenin era“el dirigente del ala reaccionaria de nuestro partido” y su concepción del partido suponía un “sistema de sustitución política” de la clase obrera. No en vano Trotsky era en aquella época un dirigente de los mencheviques. No estoy, además, descontextualizando ninguna frase, porque esa obra entera, al igual que el Informe de la delegación siberiana (también de 1904), son furibundos ataques contra la política de Lenin. Pero todavía en febrero de 1917, Lenin afirmaba, en carta a Inés Armand, lo siguiente: “¡Así es Trotsky! Siempre fiel a si mismo, se revuelve, hace trampas, finge ser izquierdista y ayuda a la derecha cuando puede”. Y en la última carta al congreso de Lenin, que se ha venido considerando su “testamento político” (a pesar de que Trotsky estuvo tan interesado como Stalin en que no saliera a la luz), Lenin (que ante todo -y deberían tomar nota nuestros particulares “chiitas y sunnitas”- trataba de evitar una escisión en el partido) afirmaba que Trotsky estaba “demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos”. Paradójico en quien se ha considerado a sí mismo el paladín de la lucha antiburocrática; aunque no tanto si consideramos, como Otto Rühle, que “Trotsky no quiere reconocer que él fue uno de los fundadores de la burocracia rusa”. Lo que queda claro en ese “testamento” es que, para Lenin, ninguno de sus sucesores está a la altura de las circunstancias. Eso por no hablar de las agrias diferencias entre Lenin y Trotsky acerca de la Paz de Brest-Litovsk, que Trotsky se negaba a firmar (a pesar de la promesa de los bolcheviques a las masas: darles “paz y pan”).
También es un mito que realmente existieran diferencias políticas entre Trotsky y Stalin durante los años 20. La crítica literaria actual considera que la tradicional (por ejemplo Menéndez Pelayo) se equivocaba al considerar que el culteranismo de Góngora y el conceptismo de Quevedo eran dos tendencias opuestas; como aclara Blecua, en realidad estamos ante una falsa dicotomía, porque, aunque sus cabecillas se odiaran mutuamente, son movimientos afines y con raíces compartidas. Algo similar ocurre con el trotskismo y el estalinismo. La escenificación de una supuesta polémica entre “socialismo en un solo país” y “revolución permanente” no resiste un análisis crítico. Dada la derrota de la revolución alemana, no existían más que dos posibilidades: o acometer la construcción del socialismo en la URSS, o enviar al Ejército Rojo a imponer el socialismo pisoteando Europa. Si Trotsky no proponía esto segundo, ¿era sencillamente un derrotista? Es sorprendente que nadie conteste nunca a esta sencilla pregunta, pero obviamente se trata de una falsa dicotomía: se puede compatibilizar perfectamente la construcción del socialismo con una política internacionalista y revolucionaria.
Más tarde, Trotsky compilará sus ideas en La revolución permanente (1930), afirmando, por ejemplo, lo siguiente: “Un país colonial o semicolonial, cuyo proletariado resulte aún insuficientemente preparado para agrupar en torno suyo a los campesinos y conquistar el poder, se halla por ello mismo imposibilitado para llevar hasta el fin la revolución democrática”. No sólo es una frase derrotista, dogmática y etapista (¿no culpaban a Stalin de eso?), sino que, además, si esta es la teoría de la revolución permanente, la misma historia del siglo XX le quita la razón. De hecho, todas las revoluciones, no ya democráticas sino en muchos casos incluso socialistas, que se han producido desde la escritura de este texto hasta la actualidad se han dado en países coloniales o semicoloniales (Yugoslavia y Albania, 1945; Corea del Norte, 1948; China, 1949; Bolivia, 1952; Cuba, 1959; Argelia, 1962; Vietnam, 1975; Nicaragua, 1979... y podríamos incluir el Chile de Allende y la Venezuela de Chávez), siendo protagonizadas no por el proletariado industrial (inexistente o insignificante en esos países, y en la mayoría de los países del mundo), sino por el campesinado (con frecuencia organizado en guerrillas). Si como Marx en la Crítica del programa de Gotha pensamos que “cada paso del movimiento efectivo es más importante que una docena de programas”, ¿a quién creer, a nuestros ojos, o a un libro escrito hace 8 décadas?
Separar la paja del grano
Sin embargo, así nos va. La historia se analiza ad hoc, porque cada cual intenta justificar a su personaje histórico favorito. Si Stalin (en lugar de Lenin) hubiera propuesto la NEP, el trotskismo diría que las concesiones al capitalismo de la NEP suponían una traición a la revolución. Como fue al contrario; como lo que hizo Stalin fue detener la NEP para colectivizar y planificar toda la economía, se quejan de que esta colectivización fuera forzosa. Por activa o por pasiva, la conclusión ha de ser siempre la misma, porque está prefabricada. Sin embargo, Trotsky proponía exactamente lo mismo: colectivizar, sin haber especificado en ninguna parte que dicha colectivización debiera hacerse de manera sólo voluntaria. Por tanto, las acciones de Trotsky, aunque fueran extremadamente represivas o burocráticas, se justifican como necesidades impuestas por las durísimas circunstancias (la guerra civil, por ejemplo); y no les falta razón al hacerlo. Sin embargo, se actúa como si las circunstancias de la época de Stalin fueran una especie de idilio, a pesar de que estas circunstancias supusieran la mayor colectivización de toda la historia humana y una de las mayores invasiones también de toda la historia (que acabaría provocando 25 millones de bajas soviéticas). Sin el menor rigor metodológico, se afirma que todo lo bueno es gracias a la economía planificada, y todo lo malo por culpa de Stalin. A pesar de que el burocratismo existía antes y existiría después de Stalin, se denomina a este fenómeno “estalinismo”,  término del que, además, se abusa de manera simplista para referirse a todos aquellos comunistas que no sean trotskistas. De hecho, cuando cae la URSS en 1991, se corona a Trotsky como el profeta o futurólogo que supo preverlo. ¿No se equivocaba por un siglo entero de revoluciones encabezadas por el campesinado de países semicoloniales, pero acierta cuando la URSS cae en el 91?
Lo peor de esta manera de enfocar las cosas, de este marxismo anquilosado, es que impide separar la paja del grano, e imposibilita hacer la crítica seria que en efecto necesitamos y que, aun reivindicando con orgullo los logros del socialismo, debe hablar del cambio de paradigma que no se dio en la Unión Soviética y que en el futuro sólo podrá darse tomando ejemplo lo que los revolucionarios latinoamericanos denominan Poder Popular.
Contra la cita descontextualizada
Hasta aquí he hablado de la forma de entender el marxismo que considero inoperante y estéril. Trataré ahora de oponer una alternativa, exponiendo qué es lo que yo defiendo.
Esta forma de entender el marxismo mitifica y rehúye el análisis concreto de la circunstancia concreta, apostando por repetir fórmulas del pasado y hacer un calco mimético de la experiencia rusa, incluso aunque estemos ante circunstancias históricas o geográficas completamente diferentes. Algo así como ponerse un abrigo de pieles en pleno verano sevillano porque, de estar en Rusia, sería necesario. Como diría Salvador Allende, cada país tiene su propia vía al socialismo. Pero la izquierda del Estado español, quizá excluyendo a la izquierda abertzale (véanse para ello los análisis de Euskal Herriko Komunistak), sigue teniendo cierta tendencia a la escolástica.
Cada secta esgrime su cita descontextualizada para justificar su política. Pero todo el mundo sabe que con un poco de tiempo y habilidad pueden buscarse citas al uso de Marx o Lenin para justificar algo o lo contrario. Si estás a favor del Frente Popular, acudes a La lucha de clases en Francia, donde Marx defiende la posibilidad de una alianza del proletariado con sectores de la burguesía, para derrotar a la aristocracia alemana. Si estás en contra, encontrarás, y además en la misma obra, que Marx rechaza toda alianza de clase cuando habla de Francia, porque allí ya se ha hecho la revolución burguesa. Si quieres justificar la apuesta por Comisiones Obreras, descontextualizas La enfemerdad infantil del izquierdismo en el comunismo, de Lenin; si te opones a ella puedes aludir al análisis sindical del II Congreso de la III Internacional Socialista (o a la misma creación de Comisiones Obreras, en detrimento del sindicato vertical OSE). Falta siempre un conocimiento operativo de las obras de Marx, Lenin y otros, que implica asimismo el conocimiento exacto de las coyunturas políticas concretas en que dichas obras fueron concebidas, así como la consideración del marco desde el que partimos nosotros. Todo esto se sustituye por el fetichismo de la cita descontextualizada que preside análisis y textos, en una batalla de frases infantil y paternalista que no invita a pensar por uno mismo.
Cambiar lo que deba ser cambiado
En mi opinión, debemos tomar de cada autor lo que nos interese: de Trotsky, de Stalin, de Mao, de Althusser, de Mandel, de Gramsci, de Mariátegui, de Rosa Luxemburgo, del Che Guevara (e incluso de autores anarquistas, como Malatesta)... O los aceptamos a todos, o buscamos figuras más incluyentes, que no dejen fuera a la mitad de los comunistas. No se puede predicar “la unidad de los comunistas” de otro modo. Debemos aprender de todos ellos y de muchos más, pero siempre enfrentándonos a nuestra realidad concreta. Sobre todo, debemos efectuar una reapropiación crítica del marxismo, con el objetivo irrenunciable de la colectivización de los medios de producción. No es eso lo que hay que superar; sin embargo, cada uno de los líderes de cada una de las revoluciones socialistas han efectuado una reapropiación crítica de sus predecesores.
Superar es adaptar las tesis fundamentales del marxismo a las nuevas circunstancias. De no haber superado a Marx (o, al menos, a la lectura de Marx que efectuaba su tiempo), Lenin no habría podido hacer ninguna revolución en Rusia; habría adoptado la tesis del introductor del marxismo en Rusia, Georgi Plejanov, según la cual había que esperar a que se produjera un desarrollo capitalista, a que surgieran las “condiciones objetivas” (un proletariado industrial moderno), etc. Tomando las obras más divulgadas, esa era efectivamente la tesis más marxiana, la más apegada a la doctrina del barbudo alemán (aunque en rigor, el propio Marx de la vejez, por ejemplo en 1882, fecha de su prefacio a la edición rusa del Manifiesto comunista, ha superado ya al joven Marx, economicista y etapista, de 1848; y admite, ahora sí, la posibilidad de una revolución en Rusia antes que en los países industriales). Más allá de Plejanov, Lenin le dio la vuelta a determinados aspectos de este primer marxismo economicista en El desarrollo del capitalismo en Rusia (1899), donde expuso la “teoría del eslabón más débil”, que trataba de demostrar la probabilidad de que la cadena del imperialismo se rompiera no por Alemania, sino por el eslabón más débil: Rusia. También matiza de manera importante la tesis marxiana de la “autoemancipación del proletariado”, arguyendo en el ya aludido Qué hacer lo siguiente: “Los obreros no podían tener conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser traída desde fuera. (...) La clase obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos”, si bien años más tarde aclarará que exageró esta postura porque la polémica con los economicistas le obligaba a hacer excesiva fuerza en esa dirección, como para enderezar un bastón torcido. Tal vez el concepto de autoemancipación en Marx sólo pueda comprenderse correctamente como una afirmación a una escala histórica, superior; con todo, es innegable que el leninismo refuerza la importancia del factor subjetivo.
El marxismo como creación heroica
Si Lenin supera a Marx (o a “cierto” Marx), nosotros debemos superar a Lenin y superarlos a todos, como ya hemos dicho. Marx defendía que la ideología está condicionada por los límites de cada época. Aplicando la metadialéctica, el propio Marx está condicionado por su época: el siglo XIX, la época del positivismo. Marx comete un craso error: el eurocentrismo. Como recordaba en un artículo reciente el comandante de las FARC-EP Jesús Santrich, comentando el libro de Nestor Kohan Marx en su (tercer) mundo, Marx hizo un análisis muy deficiente de la figura de Simón Bolívar, atacando al Libertador por haber emancipado a Latinoamérica del imperialismo... un imperialismo que habría acelerado la llegada de la etapa capitalista, la creación de un proletariado industrial y, por tanto, el socialismo. Por no hablar de Engels, que festejó así la conquista de California por parte de EE UU: “Es en interés de su propio desarrollo que México estará en el futuro bajo la tutela de los Estados Unidos. (…) ¿O acaso es una desgracia que la magnífica California haya sido arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían que hacer con ella?”
Hay que ser dialécticos, hay que renovar el marxismo constantemente; el marxismo no puede sonar a una cosa muy vieja llena de polvo. El comunismo debe ser un movimiento teórico-práctico en constante cuestionamiento de sí mismo. Como dijo Mariátegui, “el socialismo latinoamericano no debe ser calco ni copia, sino creación heroica”. El europeo tampoco, añadiríamos nosotros. Hay que superar el eurocentrismo, el dogmatismo, la deshistorización, la pedagogía de la repetición, el sectarismo, la cita mecánica, la extrapolación de experiencias... Para ello, propongo leer a aquellos autores renovadores del marxismo, que practican un marxismo abierto, antidogmático, adaptado al mundo actual, como Nestor Kohan, Carlos Fernández Liria, Luis Alegre Zahonero, Santiago Alba Rico, Slovaj Zizek, Terry Eagleton, Marta Harnecker (que ha sabido evolucionar desde el DIAMAT hacia el marxismo abierto), James Petras, Carlo Frabetti, Iñaki Gil de San Vicente... Podemos diferir en muchas cosas; aprovechar otras; pero, al menos, estaremos creando, estaremos pensando nuestra propia realidad... en lugar de repetir fórmulas del pasado.
Contra el monoazulismo quijotesco y la vanguardia
Sin este enfoque renovador, antidogmático; sin este comunismo del siglo XXI es imposible comprender experiencias como la Revolución Bolivariana de Venezuela o el Movimiento de Liberación Nacional Vasco, sencillamente porque son espacios antiimperialistas que permiten crecer y acumular fuerzas para la lucha por el socialismo; procesos de integración que nos interesa que avancen, aun con sus contradicciones o peculiaridades. De ahí que los sectores más ortodoxos del trotskismo y el estalinismo no comprendan la necesidad de apoyar estos procesos sociales.
El marxismo anquilosado nos lleva al obrerismo monoazulista (calco quijotesco de Marx; enfoque que, en el mundo actual, deviene irreal y que, además, pasa por alto que casi todas las revoluciones socialistas han sido campesinas) y al vanguardismo (calco no menos quijotesco de Lenin, que lleva a las organizaciones comunistas a disputarse la dirección de los movimientos, dinámica que acaba por destruirlos). Debemos, por un lado, participar en los movimientos sociales, no sólo en el movimiento obrero; y, por otro, poner nuestras organizaciones, su capacidad logística y su experiencia organizativa al servicio de las luchas, en lugar de intentar liderarlas.
Por otra parte, ceñirse a un solo autor, dividirnos por matices, puede ser una necesidad en otras circunstancias históricas; pero en una situación de extremo repliegue, de subsunción real en el capital, sólo nos lleva a la ridícula sopa de letras que describimos al inicio de este escrito, situación más propia de los Monty Python que de la realidad misma.
Conclusión
No se trata, en suma, de unirse con quien sea y para lo que sea. Se trata de identificar la verdadera brecha, que no es entre trotskistas y estalinistas, sino entre los que deciden pactar con el sistema y entre quienes deciden (quienes decidimos) romper toda colaboración con el mismo. Se trata, además, de saber identificar cuál es nuestro papel aquí y ahora, lo que supone una superación dialéctica, crítica y creativa del legado teórico de los clásicos del marxismo. Se trata, por último, de renunciar a la jerga, a todo ese caudal de terminología decimonónica que sólo consigue espantar y que jamás podrá encajar en el mundo subjetivo del ciudadano medio. Sólo así, y en el seno del movimiento obrero y de los movimientos sociales, podremos reconstruir unos hábitos de actuación política que dejen de dar la impresión de una disputa extraña, sectaria y marginal; que resulten creíbles para cualquiera, para la gente de a pie. De lo contrario, nos arriesgamos a que el comunismo se convierta en algo parecido a lo que el Macbeth de William Shakespeare afirmaba acerca de la vida: “it is a tale, told by an idiot, full of sound and fury, signifying nothing”.
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#1
06-01-2010 23:21
Muy interesante lo que aquí se plantea, uno que es marxista heterodoxo sólo puede decir que la alternativa al capitalismo la debemos construir entre todos y junto con el pueblo trabajador, sin caer en falsos vanguardismo.
Un elemento fundamental que debemos tener presente es que el socialismo (antesala del comunismo, si es que llega) es la libertad ya que sin ella es imposible construir el socialismo. En este sentido la reflexión de los compañeros libertarios es fundamental tras el fracaso del socialismo autoritario o de cuartel.
Adelante el debate sereno y la reflexión no dogmática.
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#2.- Muy interesante
Carlos|06-01-2010 23:55
Me parece muy interesante el artículo. No sé si Manuel sigue militando en Corriente Roja. Creo que es muy necesario que este tipo de ideas se desarrollen y tengan debate dentro de esa organización. De todos modos, si es así, creo que Manuel se encontrará en minoría, pero bueno, es posible que la labor de análisis y reflexión que lleva a cabo llegue a buen puerto. A lo mejor, algunos abandonamos la pelea -interna-  demasiado pronto. Lo que digo para CR  también puede valer para PCE o IU.  El tiempo lo dirá.
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#3
07-01-2010 00:06
El autor dice algo que es cierto y es que generalmente pueden encontrarse citas marxistas para apoyar multidud de hechos pero tambien sus contarios. Por tanto, cuando solo se tira de citas dificilmente se llega a una conclusion porque falta el razonamiento y el propio criterio para ver las cosas.
Por otro lado, me dio la sensacion de que el autor cita posibles errores de Stalin para a continuacion citar aun peores errores de Troski, con lo cual, parece ser que la extraña conclusion es que no hay que mirar cual fue peor, sino tirar para adelantr y unirse todos.
¿Para que pregunto yo? ¿Para repetir los errores de la etapa de gobierno de Stalin que no hemos criticado adecuadamente para no molestar? ¿Escribimos que murieron 25 millones por la colectivizacion forzosa pero asi sin darle mucha importancia?
El autor dice: "Sobre todo, debemos efectuar una reapropiación crítica del marxismo, con el objetivo irrenunciable de la colectivización de los medios de producción". Para mi el objetivo es erradicar la explotacion del hombre por el hombre, entendiendo el estado como algo creado por el hombre y por tanto que tampoco puede explotarlo.
Pienso que el pueblo se acercara mas al comunismo cuando se citen de forma sencilla sus objetivos y un conjunto de metodos que pueda aprobar el pueblo, teniendo por certeza de que ningun gobernante se acogera a la maxima de que el fin justifica los medios. La etica del pueblo como conjunto  esta por encima.
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#5.- La Universidad de KaosenlaRed
Estudiante|07-01-2010 00:29
Artículos como este son MUY importantes para todos aquellos que aprendemos en la Universidad que KaosenlaRed nos dá. Como socialista en pañales teoricos pero de larga ansia hemos visto y oido esa tremenda desconfianza entre "estalinistas y Trotskistas" que no nos podiamos explicar. Leí muchos libritos aqui y alla, pero es hora de union, union, y union contra el capitalismo. Gracias por arrojar luz a este tema. Muy importante este articulo y lo estudiaremos a profundidad.
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#6
07-01-2010 01:55
Número 3, cuando Manuel habla de 25 mill. de víctimas soviéticas lo hace referido a una invasión, imagino que es la de 1941 por la Alemania nazi.
Número 3, ¿cuál es la ética del pueblo? Me parece una categoría idealista simplificadora que no existe.
Muy bien por el artículo y por el debate que pueda generar para superar la parálisis actual en la Izquierda y el campo comunista.
Adelante la unidad de acción anticapitalista.
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#7.- ??
nineu|07-01-2010 01:56
qué pasa con los que creemos que el estalinismo de marxismo tiene poco por no decir nada? lo que hay que hacer es quitarnos etiquetas, de trotskistas o estalinistas y discutir a Marx directamente y retomando los aspectos positivos de otros pensamientos revolucionarios como el libertario.
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#8.- Lenin y Trosky
Carlos|07-01-2010 02:08
El tema es muy interesante y habría que reflexionarlo, pues el hecho de que Stalin y Trosky no  existen es un tema para debatirlo.
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#9.- Trosky no existe, Bakunin tampoco
Luis|07-01-2010 02:13
Aún no he podido leer el artículo como se merece, con frialdad y detenimiento, pero en cuanto lo haga te comento qué me ha parecido.
  Se agradecen reflexiones frescas y desde la actualidad, desmitificadoras y saludables cuando se trata de un tema que suele generar tantas Iglesias y feligreses acríticos como éste. O el de la Primera Internacional, Marx y Bakunin. 
Quienes pensamos que construir teoría revolucionaria enfocada a la transformación de la realidad en la que vivimos es el imperativo de cualquier militante socialista tenemos que trabajar para desterrar la idea de que uno se puede aficionar a tal o cual ideólogo como quien se aficiona al Sevilla o al Betis: de una vez para siempre, gane o pierda y total y absolutamente, sin lugar para la duda o la discrepancia. 
Si queremos aspirar a conseguir un amplio arraigo social, si queremos encaminar a nuestras sociedades hacia un horizonte socialista, con una vida digna para todos, debemos esforzarnos por superarnos y ser creativos en la forja de un socialismo vivo y al servicio de las necesidades de nuestro pueblo.
Un saludo libertario, compañero.
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#10.- 1
zheltyk|07-01-2010 02:26
En mi opinión se vierte tralla innecesaria y a veces algo interesada contra Trotsky. Por ejemplo, no es cierto que la oposición de izquierda no defendiera medidas para continuar con la revolución en Rusia o que fuera derrotista (Trotsky estaba en ella en ese momento, no digo que la oposición fuera troskista), Trotsky simplemente decía que debido al poco o nulo desarrollo de los medios de producción (condición indispensable para el socialismo) la cosa se atrancaría (electrificación y socialización que decía Lenin), punto pelota. Y que  me aspen  si así no ha sido en TODOS los casos. La URSS nació como un proyecto internacional (la "república mundial de sóviets" que decía Lenin) y muchos de los errores de después vinieron porque ni el pueblo podía dar una respuesta subjetiva a la degeneración ni la economía e infraestructuras del país daban posibilidades, porque Rusia era un país atrasado en todos los aspectos.
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#11.- 2
zheltyk|07-01-2010 02:28
La oposición defendía, por ejemplo, gravámenes a los campesinos ricos para financiar la industrialización, mientras que los partidarios de Stalin se delatan por boca de Bujarin con su "¡Kulaks, enriqueceos!". Evidentemente esto  creó una burguesía fuerte que no estaba dispuesta a renunciar a sus propiedades más que con las posteriores colectivizaciones forzadas.  El estalinismo y el troskismo (las denominaciones son modernas)  fueron en  ese momento cuestiones de clase, y no pasa nada por decirlo. Hay muchas más cosas que se me ocurre rebatir (por lo pronto creo que te he contestado a la pregunta "sencilla"), pero ni hay espacio ni es el momento.
Por lo demás tengo que decir que estoy de acuerdo en el fondo. El marxismo es un arma lo suficientemente completa como para sacar las conclusiones que hagan falta sin necesidad de troskismos, estalinismos, maoísmos, luxemburguismos, etcétera. La burguesía tiene muy claros sus intereses de clase y está unida, nosotros no. La revolución en este Estado no va a venir de CR (org. a la que pertenezco junto al autor del artículo), PCPE, IzAn...el movimiento obrero  no va a comenzar por ninguna de esas organizaciones, va a sobrepasarlas (como ya lo hace más pegada a sindicatos que a partidos). Los militantes decidimos si queremos aunar fuerzas en una gran org. revolucionaria que pueda servir para aglutinar a todxs lxs que haya y a  todxs lxs que puedan venir.
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#12.- Coincido completamente con el artículo y las intenciones
blasapisguncuevas|07-01-2010 07:46
Lo pondré en mi blog.  Me gustaría haberlo escrito yo. De hecho, en muchos de mis mensajes en el foro de Aporrea.org digo casi exactamente lo mismo con más o menos las mismas palabras. Si derecho a discrepar no puede haber democracia socialista y sin revisión de cada ideólogo es imposible actualizarlo y superar sus errores. Por eso uno de m. Quizá is últimos mensajes ha sido: Revisionismo sí, dogmatismo no. Nadie es infalible ni nosotros debemos restaurar la persecusión de los herejes, como hizo el stalinismo en sus purgas. Quizás el troskismo en el  poder hubiese hecho bueno al stalinismo. Trotski no creía en los campesinos y los más revolucionarios han sido los campesinos. Marx tampoco. Y declarar ateo al régimén soviético le vino estupendo a los ateos capitalistas. Con laicismo campesinos  y proletarios habían hecho la revolución en la Europa más industrializada o hubiesen contado con el doble de fuerzas para hacerla. Una sociedad sin explotación es una sociedad que debe respetar varias formas de organizar el trabajo y no centralizase. Si se centraliza excesivamente seremos esclavos de la burocracia y esta puede dar más fácil un golpe de estado y quedarse en propiedad con las empresas públicas más productivas  y eficaces.
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#13.- GRACIAS
javier|07-01-2010 09:47
  No soy militante ni de CR,ni de ninguna otra organización,así que no le estoy dorando la píldora a ninguna de ellas,por cierto,todas tan válidas individual como colectivamente.Pero,con artículos como éste,sí se puede avanzar algo en el debate,porque ,en el fondo,hoy,lo que se necesita es unidad,no unanimidad,no,algo de unidad...leches,que somos pocos,y cada cual contra el compañero.Aprende,Gutierrez,vive menos del rollo,y ayuda un poco en evitar enfrentaminetos baldíos.
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#15.- fuego artificio
eusebio|07-01-2010 10:00
A falta de una lectura mas profunda, pues el articulo tiene una virtud, sintetiza el signo de los tiempos, la confusion teorica, creo que dedicar tantos espacios para intentar explicar que es posible el socialismo sin clase obrera, o para justificar el socialismo del siglo XXI (que es lo que se esta haciendo en Venezuela), sobre la base de una critica a Trotski, es, por lo menos, una maniobra artera.
En Venezuela, reconocido por la direccion venezolana y en Aporrea, se esta construyendo un capitalismo nacional con nombre y todo, la boliburguesía. Y si se quiere discutir de Venezuela, desde un punto de vista marxista, comencemos por ahi: que relaciones sociales de produccion defiende el estado venezolano. Lo demas son fuegos de artificio.
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#16.- roto y descosido
eusebio|07-01-2010 10:04
Pero el articulo tiene un defecto muy tipico en la actualidad: el ecleticismo. Una cosa son las criticas a Trotski, Lenin, Marx o el que se quiera, y otra poner en el mismo nivel al verdugo (Stalin) y a la victima (Trotski, Kamanev, Zinoviev, Bujarin....). Por un minimo de rigor teorico, ya no moral, la diferencia es cualitativa.
Pero el articulo, como digo más arriba merece un estudio porque es la expresion más acabada de lo que Stalin, como el Cid, consiguio: ganar batallas despues de muerto; y una de ellas es el eclecticismo. El marxismo no es la ciencia de la revolucion, sino un cajon de sastre que sirve para un roto y un descosido.
La continuidad historica entre Bolivar y Marx  (o Mariategui) es la misma que la que hay entre Robespierre y el mismo Marx. Si no se entiende la diferencia de clase entre uno y otro, Stalin ha ganado la batalla teorica.
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#17
07-01-2010 10:41
Llama a la unidad, pero toda la tralla para Trotsky.
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#21.- ¡Que el pasado no ciegue nuestros objetivos!
eduardo|07-01-2010 11:39
Un poeta alemán decía algo así como que la historia enseña que no se puede aprender nada de ella. Si seguimos buscando motivos de confrontación entre trostkistas y stalinistas los encontraremos, pero ¿nos hará eso avanzar hacia el objetivo de lograr una organización de vanguardia que sirva a los intereses de una revolución proletaria?. No. Stalin y Trotski son personajes históricos que aportaron mucho y cometieron errores de bulto (Stalin más y más graves,  pero también  tuvo la responsabilidad de  gobernar).
Habrá que estudiar la historia, tratar de evitar los errores del pasado, formentar la participación de todos, pero ahora debemos crecer como colectivos en torno a objetivos tácticos y estratégicos que pasan necesariamente por la unidad de todos los pequeños destacamentos revolucionarios en un nuevo partidos comunista.
Felicitaciones al articulista.
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#22
Bianchi|07-01-2010 11:53
¿Marxismo "abierto","antidogmático"...? La misma monserga que el discurso revisionista de los años 60 del siglo pasado con fraseología seudomarxista,eso sí,que llevó a la desintegración de la URSS de la mano delcroupier de Las Vegas Gorbachov and company y cia.
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#23.- El socialismo es libertad y se construye con el pueblo no contra él!!
07-01-2010 12:15
Es que no se aprende ni se aprenderá de la historia!!
Al final resultará que el socialismo autoritario y burocrático de los países de la Europa oriental y Rusia cayó después de una larga lucha del pueblo trabajador junto a sus vanguardias marxista-leninistas frente al capitalismo interior y la agresión extranjera dirigida por la CIA y los EEUU. ES ALUCINANTE !!
Os recuerdo que no salió nadie a defender ese socialismo esa es la única verdad!!
Esos pueblos estaban completamente ajenos a la política, la participación en  la cosa publica. Eran dirigidos de forma burocrática por parte de los políticos  oficiales,  que en su inmensa mayoría ni eren marxistas ni nada que se les parezca.
Insistir en ese modelo es lo mejor para fracasar de nuevo. Creer que la traición  es lo que llevó al traste ese socialismo de cuartel es volver a dejar una vez más al pueblo como un tonto y alienado (y eso que se supone que e esos países el hombre nuevo socialista sería capaz de romper su alienación y convertirse por arte de magia en un homo socialista) que se deja dominar y llevar para donde quieren los poderosos es convertir una vez más al pueblo en irresponsable igual que lo considera el fascismo o el capitalismo fascistizante. El pueblo no es eso, es  más  inteligente y sabia perfectamente que por aquel camino no se iba a ningún lado y que ellos no iban a dedicar su vida a defender eso y de hecho la mayoría sólo querían, como en el caso de la DDR salir a tomar una copa a Berlín occidental y después volver a su casa, libertad y derechos básicos.... no mandamases y listos y enchufados que mostraban que ellos eran más importantes que el pueblo!!
En estos países y lo he hablado con muchas personas lo que se quiere es libertad que nadie este por encima de otros, por su cargo o por su formación o militancia, que los derechos sean iguales para todos y eso amigios/as es el socialismo... lo otro es un degeneración autoritaria y despótica similar al capitalismo.
La única alternativa viable para el triunfo dela justicia y el socialismo es que el pueblo apoye ese socialismo lo demás es pan para hoy y hambre para mañana, si el pueblo trabajador no defiende el socialismo no lo defenderán los cañones ni la fuerza eso si que nos l o ha enseñado la historia.
Un pueblo preparado puede defender el socialismo y la libertad sea como sea, como están demostrando miles de grupos, y no sólo marxista, en todo el mundo.  Estos grupos con el apuyo del pueblo en Irak o Afgansiatn son capaces de poner en jaque a los imperios más poderosos y crearles dificultades para gobernar. La ideología y l a voluntad del pueblo de sus gentes es más fuerte que mil cañones eso también lo sabemos gracias a la historia ... 
En esos lugares la mayoría de los ciudadanos/as lo que veian es los privilegios de una minoría y las malas condiciones de vida de una mayoría y que nada podían hacer para cambiarlo... ese era el socialismo creador... el socialismo de la inactividad, de la alienación, de la sumisión de unos a otros eso no es socialismo eso es vida cuartelera donde unos mandan y otros obedecen sin rechistar cuando el sistema hace agua no encuentras a nadie que lo defienda...
Que prueben en Cuba!! Allí si que se encontraran con miles dispuestos a dar la  cara y no serán precisamente los que algunos se pienesan (elpueblo cubano no se van a dejar quitar lo positivo que tiene su socialismo en cuanto a salud o educación, por ejemplo)  o en Venezuela donde el pueblo y los militares progresistas liquidaron el golpe... eso si es pueblo en marcha !!
RECORDAR LA INTERNACIONAL:
  El pasado hay que hacer añicos en pie famélica legión !! 
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#24
ladrador|07-01-2010 13:17
Stalin fue la contrarrevolción, no puede ponerse de ejemplo a seguir lo que ha pasado en la Unión soviética solo servible  para el fracaso y la humillación de la organización de base de los trabajadores.
En Andalucía hay ejemplos prácticos de cómo realizar la revolución social, (repimida a sangre y fuego) y sin mucho bagaje teórico se hicieron comunas y  se liberaron  tierras del capital.
Hecho de menos que no se hable de la Internacional Situacionista, que regeneraron el marxismo caduco y lo adaptaron a las necesidades revolucionarias que la sociedad capitalista postmoderna necesita para su exterminio.
Salú y reberdía!
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#26.- Ni Trotsky ni Stalin existen, entonces..
del yery|07-01-2010 14:06
OK, en pos de la unidad evitemos pues los calificativos Trotskystas y Stalinistas.
Pero dentro de la izquierda hay dos vertientes:
1- Los que defienden el verticalismo, tanto en partidos, como en sociedades. El jefe manda, los demás obedecen y el que difiera de lo dictado por el jefe, está contra el jefe y por lo tanto contra el partido o la sociedad a que pertenece. O estás con el jefe o contra el partido/sociedad (ya no sólo contra el jefe)
2- Los que defienden el poder horizontal, en donde todos tienen voz y voto (por igual) para decidir el destino del partido o de la sociedad. Hay jefes, si, pero removibles a todo nivel y en todo momento por decisión popular.
Las dos vertientes dicen luchar en contra del capitalismo, ser de izquierdas. Qué nombres se les dan?
Los dos grupos pueden luchar juntos por derrocar al capitalismo, en el caso de Cuba que ya no hay capitalismo (por lo menos no el clásico). El 1er grupo tiene el poder y no parece querer aceptar de aliado al 2do para barrer a la derecha, sino que lo equipara con esta.
Si te dan a elegir, en qué grupo TU estás?..
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#27.- Un paso importante hacia la unidad
07-01-2010 14:28
Con artículos como éstos, se posibilita el ir avanzando hacia la IMPRESCINDIBLE unidad de la izquierda. Coincido plenamente con el espíritu del artículo, aunque algunas aseveraciones sean discutibles.
Debemos desprendernos del sectarismo, del dogmatismo. Lo que de verdad debemos considerar de los intelectuales de aquellos tiempos es su espíritu de lucha, de búsqueda de la verdad, de enfoque científico, de pensamiento crítico y libre. Ese es su auténtico legado. No debemos fijarnos tanto en los postulados detallados que expresaron (en base a un contexto diferente al nuestro) sino que sobre todo en su método de trabajo, en su filosofía revolucionaria.
Debemos superar el trotskismo, el estalinismo, el leninismo, incluso el marxismo. Hay que avanzar en la teoría revolucionaria, tomando lo bueno de ella pero descartando lo malo de ella, considerando siempre las experiencias prácticas.
En el método científico, la práctica debe siempre realimentar a la teoría para corregirla, para enriquecerla.
A este respecto recomiendo encarecidamente el capítulo "Los errores de la izquierda" del libro "Rumbo a la democracia" de José López. Es sumamente interesante y va en la misma línea que este artículo.
http://www.rebelion.org/docs/84158.pdf
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#28
Friki|07-01-2010 14:33
Número 13, a que Gutiérrez te refieres ¿Pepe? ¿Carlos? ¿Otro? Gracias
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#29.- reparto de tierras y de poderes
en el segundo|07-01-2010 14:48
si no hay poder horizontal e igualitario, no existe la autogestión comunitaria ni la libertad (las personas no podemos decidir sobre nuestras vidas porque ya hay un mandamas que lo hace por nosotros).
la dictadura del proletariado no es de izquierdas, es abuso de poder y eso es fascismo de clase. Aunque se quiera ser justos repartiendo decisiones al conunto de la sociedad  solo son limosnas de alienación.
El problema existe en la acumulación de poder, da igual la clase que lo detente.
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#30.- Segundon
07-01-2010 14:55
... la clave esta en conseguir el empoderamiento de las personas que forman  la sociedad, estando en los conflictos cotidianos, con nuestra perspectiva revolucionaria ampliar las miras de los  problemas sectoriales para actuar reivindicando de manera global.
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#31
07-01-2010 15:12
Aqui la cosa es para que queremos el sistema socialista. Porque hay muchas teorias de como poder llegar ha el, pero segun cual sea el fin de ese socialismo llegara a su odjetivo o no. La burocratizacion de todos los sistemas socialistas hasta hoy dia ha sucedido. Tenemos los ejemplo de china, corea, la propia URRS y un largo etc.
Porque en mi opinion es muy facil querer llegar al comunismo, pero con que tipo de organizacion porque hasta ahora toda manera de organizacion ha sido burocratizada. Por ello, tamien habria que pensar en un modelo de organizacion el cual no se pueda burocratizar. Como bien ha citado el numero 3 el estado lo ha hecho el hombre y el estado manda sobre todas las personas al cual pertenecen. Por ello hay tenemos un claro ejemplo de subordinacion.
  Por ello ha mi entender el socialismo lo veo como una transicion del capitalismo a la Anarquia, en la que llege un punto donde erradiques los estados para crear una sociedad en la cual cada uno sea libre de que hacer y como vivir. Porque un estado comunista permanente o que quiera susistir constantemente en un komunimo acabara callendo ya que la posibilidad de jerarquizar el estado es inremediable en el komunismo, al igual que en todos los sistemas que se proponga el liderazgo de un solo grupo de personas. Por ello, al principio del comunicmo seria necesaria esa figura, para imponer algo de orden pero luego deveria de desaparecer, tra haber transcurrido esa epoca de peligro de contrarevoluciones.
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