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Los tres errores de Barack Obama en África
Ttodo empezó en Corea por una férrea dictadura que aplicó una política estatal y muy proteccionista. Esta dictadura se puso en marcha por Washington después de la Segunda Guerra Mundial.. en el sur
Varios autores | CADTM | 21-7-2009 a las 14:19 | 1801 lecturas | 3 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/tres-errores-barack-obama-africa
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Después de la cumbre del G8 en Italia, el presidente estadounidense Barack Obama voló a África con un supuesto regalo: un sobre con 20.000 millones de dólares a repartir durante 3 años, con el fin de que los «generosos» donantes de los países ricos «ayuden» a reducir el hambre en el mundo. Mientras que la promesa de erradicar el hambre se hace regularmente desde 1970, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) ha publicado un informe el mes pasado en el que indica que el número de personas subalimentadas ha roto el techo de los mil millones, es decir, 100 millones más durante el año pasado. Al mismo tiempo, el Programa Alimentario mundial de las Naciones Unidas (PAM) da la voz de alarma al anunciar que tiene que reducir las raciones distribuidas en Ruanda, Uganda, Etiopía, Corea del Norte y Kenia (país de origen de la familia paterna de Obama), principalmente por la reducción de la contribución de Estados Unidos, su principal proveedor de fondos (1).

Más allá del efecto propagandístico de Obama, que viene a añadirse a una larga lista de voces piadosas que no han conseguido en absoluto mejorar la situación hasta la fecha, conviene recordar que el montante de la ayuda de 20.000 millones durante 3 años representa menos del 2% de lo que Estados Unidos ha suministrado en 2008-2009 para salvar a los banqueros y aseguradores responsables de la crisis.

Así, después de tender la mano a los «amigos musulmanes» en el discurso de El Cairo (siempre continuando entre bastidores con la desestabilización de Oriente Próximo), después de tender la mano a los «amigos» rusos (siempre manteniendo sus posiciones sobre el escudo antimisiles en Europa del Este), Obama tiende la mano a los «amigos africanos» (siempre con sus intenciones neocoloniales bien afianzadas en la cabeza).

Obama libera de la responsabilidad a los países ricos

A la larga alocución de Obama en Accra, Ghana, siguió una serie de entrevistas con sus homólogos extranjeros. Con el pretexto de renovar las relaciones estadounidenses frente al resto del mundo, Obama, una vez más, destacó en el arte de predicar la apertura y el intercambio, mientras sigue aplicando las nefastas políticas de sus predecesores (2).

Desde el principio declaró que «La decisión del futuro de África vuelve a estar en manos de los africanos» (3). Sin embargo, mientras que esa declaración está marcada por la sensatez y pone a todo el mundo de acuerdo, en absoluto es el caso en la realidad, y la actuación de los países del G8 es decisiva, desde hace medio siglo, para privar a los pueblos africanos de su soberanía. Obama no olvida señalar que lleva «sangre africana en las venas» como si eso, automáticamente, diese más fuerza y legitimidad a su discurso. En todo caso, el mensaje se establece claramente: el colonialismo del cual sus ancestros fueron víctimas no debe ser una excusa para los africanos. Aquí aparecen grandes similitudes con el discurso que pronunció el presidente Nicolas Sarkozy en Dakar unos meses después de su elección, discurso que levantó una ola de merecidas protestas a la que Obama parece que ha escapado milagrosamente de momento… ¡Pero nosotros pretendemos reparar esta injusticia!

Con mucha rapidez, Obama libera a Occidente de su responsabilidad en el estado actual del desarrollo del continente. Al declarar que «el desarrollo depende de la buena gobernanza» y que «es una responsabilidad que sólo los africanos pueden solventar», parte del falso supuesto de que la pobreza que reina en África se debe principalmente a la mala gobernanza y a las libres opciones de los dirigentes africanos. En definitiva, la culpa es de los africanos. ¡Nada más falso!

Con afirmaciones como «Occidente no es responsable de la destrucción de la economía de Zimbabue durante los últimos diez años, ni de las guerras en las que se reclutan niños soldados», el presidente Obama oculta el papel fundamental de los países ricos en la evolución de África. Y especialmente el de las instituciones financieras internacionales, con el FMI y el Banco Mundial a la cabeza, esas herramientas de dominación de las grandes potencias, que organizan el sometimiento de los pueblos del Sur por medio de políticas de ajuste estructural (abandono de las subvenciones a los productos de primera necesidad, reducción drástica del gasto público, privatización de empresas públicas, liberalización de los mercados, etcétera), que impiden la satisfacción de las necesidades fundamentales, expanden una miseria galopante, multiplican las desigualdades y posibilitan los peores horrores.

Obama compara lo incomparable

Para apoyar sus afirmaciones, Obama compara África con Corea del Sur. Primero explica que hace cincuenta años, cuando su padre salió de Nairobi para estudiar en Estados Unidos, Kenia tenía un PIB por habitante superior al de Corea del Sur, antes de añadir: «Se habla de herencia del colonialismo y otras políticas llevadas a cabo por los países ricos. Sin querer minimizar ese factor, mi opinión es que Corea del Sur, trabajando con el sector privado y la sociedad civil, ha conseguido establecer las instituciones que garantizan la transparencia y la responsabilidad». ¡Quienes leen atentamente las publicaciones del CADTM no pueden dejar de indignarse!

Porque el supuesto éxito económico de Corea del Sur (4) se ha hecho contra las recomendaciones impuestas por el Banco Mundial a la mayoría de los demás países en desarrollo. Tras la Segunda Guerra Mundial, y concretamente en 1961, la dictadura militar en el poder en Corea del Sur se benefició de importantes donaciones de Estados Unidos por un importe de 3.100 millones de dólares. ¡Más que el conjunto de los préstamos del Banco Mundial a los demás países del Tercer Mundo durante el mismo período! Gracias a esas donaciones, Corea del Sur no tuvo que endeudarse durante 17 años (1945-1961). Los préstamos exteriores sólo empezaron a ser importantes desde finales de los años 70, una vez que la industrialización de Corea estaba muy avanzada.

Así, todo empezó en Corea por una férrea dictadura que aplicó una política estatal y muy proteccionista. Esta dictadura se puso en marcha por Washington después de la Segunda Guerra Mundial. El Estado impuso una reforma agraria radical en la que se expropió, sin indemnizaciones, a los grandes terratenientes japoneses. Los campesinos se convirtieron en propietarios de pequeñas parcelas de tierra (el equivalente a 3 hectáreas como máximo por familia) y el Estado acaparó los excedentes agrícolas que antes recaudaban los propietarios japoneses cuando Corea era una colonia nipona. La reforma agraria sometió a los campesinos a fuertes obligaciones. El Estado fijaba los precios y las cuotas de producción sin permitir el libre movimiento de las fuerzas del mercado.

Entre 1961 y 1979, la dictadura militar de Park Chung Hee estuvo apoyada por el Banco Mundial, aunque Corea se negó a seguir su modelo de desarrollo. En aquel momento, el Estado planificó con mano de hierro el desarrollo económico del país. La continuidad de la política de industrialización para sustituir la importación y la sobreexplotación de la clase obrera son dos de los ingredientes del éxito económico del país. La dictadura de de Chun Doo Hwan (1980-1987) también estuvo apoyada por el Banco Mundial, incluso aunque no siempre se seguían sus recomendaciones (concretamente en lo que se refería a la reestructuración del sector del automóvil).

Así, cuando Barack Obama declaró que «Corea del Sur, trabajando con el sector privado y la sociedad civil, consiguió establecer las instituciones que garantizan la transparencia y la responsabilidad», omitió que el sector privado estaba claramente dirigido por el Estado y que la dictadura coreana «dialogaba» con la sociedad civil a punta de bayoneta: la historia de Corea del Sur de 1945 a principios de los años 80 está plagada de masacres y represiones brutales.

También es importante refrescar la memoria de Barack Obama en lo que se refiere al ejemplo de Zimbabue para ilustrar el fracaso de los africanos y el de Corea del Sur como modelo. El año que Zimbabue accedió a la independencia (1980) estuvo marcado por levantamientos populares contra la dictadura militar en Corea del Sur. Dichos levantamientos se reprimieron de forma sangrienta, más de 500 civiles perecieron a manos de los militares con el apoyo de Washington. En aquella época, y desde 1945, el ejército surcoreano estaba bajo el mando conjunto estadounidense-coreano, a su vez controlado por el comandante en jefe de las fuerzas de Estados Unidos en Corea del Sur. Las masacres perpetradas por el ejército surcoreano en mayo de 1980 se completaron con una represión masiva en los meses siguientes. Según un informe oficial del 9 de febrero de 1981, se detuvo a más de 57.000 personas en la «campaña de depuración social» que se llevó a cabo desde el verano de 1980. Más de 39.000 personas fueron enviadas a los campos militares para una «reeducación física y psicológica». En febrero de 1981, el dictador Chun Doo Hwan fue recibido en la Casa Blanca por el nuevo presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan. ¿Éste es el ejemplo que quiere ofrecer Obama al pueblo de Zimbabue y a los demás países de África?

La posición geoestratégica de Corea fue una de sus principales bazas hasta finales de los años 80, lo que le permitió no caer en las garras del FMI y el Banco Mundial. Pero en los años 90, la situación geopolítica se revirtió tras el hundimiento del bloque soviético. Washington cambió paulatinamente de actitud hacia las dictaduras aliadas y aceptó apoyar a los gobiernos civiles. Entre 1945 y 1992, Corea del Sur estuvo bajo un régimen militar con la bendición de Washington. El primer opositor civil elegido a la presidencia en una elección abierta fue Kim Youngsam, que aceptó el consenso de Washington y estableció una agenda claramente neoliberal (supresión de las barreras aduaneras, privatizaciones en cadena, liberalización de los movimientos de capitales), que sumió a Corea del Sur en la crisis económica del sudeste asiático en 1997-1998. Mientras tanto, Corea del Sur pudo llevar a cabo una industrialización que los países ricos han negado a África. Se comprende entonces hasta qué punto el ejemplo de Corea del Sur está muy lejos de ser convincente e imitable.

Por añadidura, la pobreza de recursos naturales ha favorecido, paradójicamente, el desarrollo de Corea del Sur, ya que el país se ha librado de la codicia de las multinacionales. Estados Unidos consideraba Corea como una zona estratégica desde el punto de vista militar frente al bloque soviético, no como una fuente crucial de aprovisionamiento (como Nigeria, Angola o Congo Kinshasa). Si Corea hubiera estado dotada de grandes reservas de petróleo u otras materias primas estratégicas, no habría recibido de Washington el mismo margen de maniobra para dotarse de un poderoso aparato industrial. Estados Unidos no está dispuesto a favorecer deliberadamente la emergencia de competidores poderosos dotados al mismo tiempo de grandes reservas naturales y de industrias diversificadas.

Obama exonera al capitalismo de sus errores

A propósito de la actual crisis mundial, Obama denuncia «Las acciones irresponsables de algunos (que) han engendrado una recesión que ha arrasado el planeta». Así, da a entender que esta crisis se debe a la irresponsabilidad de un puñado de individuos cuyos excesos habrían hundido al mundo en la recesión. De este modo, eclipsa la responsabilidad de quienes impusieron la desregulación financiera desde hace casi treinta años, con Estados Unidos a la cabeza. Sería más exacto señalar al modelo de desarrollo capitalista “productivista”, impuesto a la fuerza por los países del Norte, como la fuente de las múltiples crisis actuales que, lejos de ser sólo económicas, son también de orden alimentario, migratorio, social, medioambiental y climático.

Todas estas crisis tienen como origen las decisiones tomadas por los gobiernos imperialistas del Norte, y principalmente las de Estados Unidos que, controlando a la vez al FMI y al Banco Mundial, imponen condiciones favorables a sus intereses y a los de las grandes empresas. Desde la «independencia» de los países africanos, la mayoría en torno a los años 60, el FMI y el Banco Mundial actuaron como caballos de Troya para favorecer la apropiación de las riquezas naturales del Sur y defender los intereses de los acreedores. Con el apoyo a las dictaduras de todos los rincones del mundo (Mobutu en Zaire, Suharto en Indonesia, Pinochet en Chile y muchos otros) y después obligando a aplicar rigurosas políticas antisociales, los sucesivos gobiernos occidentales nunca han permitido que se garanticen los derechos humanos fundamentales en todo el mundo. Las expresiones «derecho a la autodeterminación», «democracia», «derechos económicos y políticos» no son realidades en África, al contrario que el peso aplastante de de la deuda y los lamentos de los que pasan hambre.

¿Para cuándo la emancipación de África?

El devastador sistema de la trata de esclavos, en el marco del comercio internacional triangular instaurado por Europa y sus colonos en las Américas del siglo XVII al XIX, destrozó África. Después ha estado totalmente bajo tutela del colonialismo europeo desde finales del siglo XIX hasta las independencias. Luego se ha mantenido a África dependiente por medio del mecanismo de la deuda y de la ayuda pública al desarrollo. Tras las independencias ha estado en manos de los potentados (Mobutu, Bongo, Eyadema, Amin Dada, Bokassa, Biya…) quienes, la mayoría del tiempo, estaban protegidos por las capitales europeas y Washington. Varios altos dirigentes africanos que pretendieron poner en marcha un desarrollo autónomo y favorable para sus poblaciones fueron asesinados por orden de París, Bruselas, Londres o Washington (Patrice Lumumba en 1961, Sylvanus Olympio en 1963, Thomas Sankara en 1987…). Las clases dominantes africanas y los regímenes políticos que establecen obviamente tienen su parte de responsabilidad en la continuación de las desgracias de África. El régimen de Mugabe en Zimbabue, por ejemplo. En la actualidad, los pueblos de África están sufriendo directamente el golpe de los efectos de la crisis mundial, cuyo epicentro se encuentra en Washington y Wall Street, que revela de hecho que el capitalismo conduce a un callejón sin salida inaceptable para los pueblos. Los orígenes africanos de Barack Obama son pan bendito para las empresas de su país, que defienden intereses económicos muy concretos en la explotación de las materias primas de África. Una realidad que Obama borra de un plumazo para proseguir con un discurso paternalista y moralizante con el fin de convencer a los africanos de que no se comprometan en la lucha por una independencia auténtica y un verdadero desarrollo que garantice, por fin, la plena satisfacción de los derechos humanos.

* Autores: Emilie Tamadaho Atchaca, presidente del CADD Benin; Solange Koné, militante por los derechos de a mujer en Costa de Marfil; Jean Victor Lemvo -Solidaire- Pointe Noire (Congo Brazzaville);  Damien Millet, portavoz del CADTM France; Luc Mukendi, coordinador de AMSEL /CADTM LUBUMBASHI; Victor Nzuzi, agricultor, coordinador del GRAPR y NAD Kinshasa; Sophie Perchellet, investigadora del CADTM Belgique; Aminata Barry Touré, presidenta de CAD-Mali/Coordinadora del Forum de los Pueblos; Eric Toussaint, presidente del CADTM Belgique; Ibrahim Yacouba, sindicalista de Níger. Todos son miembros de la red internacional CADTM, www.cadtm.org

Notas:

(1) Ver el Financial Times (FT) del 12 de junio de 2009. Según FT, Burham Philbrook, el subsecretario de Estado de Agricultura de Estados Unidos, declaró que Washington no podía garantizar la financiación del PAM a la altura del año 2008, durante el que Estados Unidos aportó 2.000 millones de dólares. Siempre según el FT, Philbrook sugería que el PAM debía reducir su ayuda mientras que sabía perfectamente que el número de hambrientos ha aumentado en 2009.

(2) Esta continuidad aparece también en la pasividad de Obama frente al golpe de Estado en honduras. Condena, pero deja hacer. Por otra parte, el Pentágono está muy próximo a los golpistas, los cuales no permanecerían en el poder si el Pentágono les diera la orden de retirarse.

(3) Las citas de Obama se han extraído del diario Le Monde, 11 de julio de 2009.

(4) Ver Eric Tousssaint, Banco mundial, el golpe de estado permanente, El Viejo Topo, Barcelona, Enero 2007; Editorial Abya-Yala, Quito, Julio 2007; CIM, Caracas, Agosto 2007; Observatorio DESC, La Paz, Noviembre 2007, capitulo 11, “Corea del Sur: el milagro desenmascarado”: http://www.cadtm.org/spip.php?article1869  

Texto original en francés: http://www.cadtm.org/spip.php?article4605

Traducido para Rebelión por Caty R.

 
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|21-07-2009

Corea del Sur: el milagro desenmascarado

24 de abril de 2006 por Éric Toussaint

 
RESUMEN El pretendido éxito de Corea del Sur se obtuvo gracias a una política opuesta al modelo propuesto por el Banco Mundial. Lejos de una acumulación virtuosa fundada en los beneficios del libre mercado, su desarrollo económico fue posible por « una enorme acumulación primitiva basada en los métodos más coercitivos para construir la “virtud” a la fuerza » (J-P. Peemans). Corea del Sur alcanzó los resultados que conocemos bajo el yugo de un régimen dictatorial particularmente represivo, protegido por los Estados Unidos en el marco de su lucha contra los regímenes llamados “socialistas”. Adoptó un modelo productivista muy poco respetuoso del ambiente. La vía coreana no es ni recomendable ni repetible. Pero vale la pena estudiarla.

Según el Banco Mundial, el caso de Corea del Sur constituye un éxito indiscutible. Si nos remitimos a la versión del Banco, las autoridades del país habrían recurrido eficazmente al empréstito externo, atrayendo las inversiones extranjeras e invirtiéndolas para poner en práctica un modelo de desarrollo exitoso, basado en la sustitución de exportaciones. El modelo de industrialización por sustitución de exportaciones constituye la alternativa del Banco Mundial (y de otros) al modelo de industrialización por sustitución de importaciones (que implica fabricar en el país los productos que se importaban). Corea, en vez de producir lo que importaba, habría adaptado sus actividades productivas a la demanda del mercado mundial, logrando al mismo tiempo favorecer a la industria que proporcionaba un alto porcentaje de valor agregado. Habría reemplazado la exportación de productos apenas transformados (o de materia prima) por mercaderías cuya elaboración requería una tecnología avanzada. Según el Banco, el Estado coreano habría intervenido modestamente para apoyar la iniciativa privada y garantizar el libre juego de las fuerzas del mercado. En realidad, la vía coreana a la industrialización y el crecimiento sostenido contradice con toda claridad la versión del Banco.

Aclaro de entrada que de ninguna manera considero que Corea sea un modelo a seguir, y ello por razones éticas, económicas y sociales. Corea del Sur alcanzó los resultados que conocemos bajo el yugo de un régimen dictatorial particularmente represivo, protegido por los Estados Unidos en el marco de su lucha contra los regímenes llamados “socialistas”. Adoptó un modelo productivista muy poco respetuoso del ambiente. La vía coreana no es ni recomendable ni repetible. Pero vale la pena estudiarla.

El pretendido éxito coreano se obtuvo gracias a varios factores. Los principales son: una fuerte intervención del Estado (que dirigió el proceso con mano de hierro); un apoyo financiero (en forma de donaciones) y técnico muy importante de los Estados Unidos; la realización desde el comienzo de una reforma agraria radical; la aplicación de un modelo de industrialización por sustitución de importaciones durante 25 años, que se fue convirtiendo progresivamente en sustitución de exportaciones (paso que no habría sido posible sin el paso anterior); la política permanente de represión del movimiento obrero (prohibición de los sindicatos); la sobreexplotación de campesinos y obreros; el control del Estado sobre el sector bancario; la aplicación de una planificación autoritaria; un control estricto del cambio y de los movimientos de capitales; la fijación estatal de precios para una amplia gama de productos, la benevolencia de los Estados Unidos, que toleraron a Corea lo que prohibían a otros países. El Estado coreano también realizó un gran esfuerzo en educación, lo que le permitió ofrecer a las empresas una mano de obra muy calificada.

Agreguemos que, paradójicamente, la pobreza en recursos naturales favoreció el desarrollo de Corea del Sur, pues el país se salvó de la codicia de las transnacionales y de los Estados Unidos. Éstos consideraron a Corea como una zona estratégica desde el punto de vista militar frente al bloque “comunista”, no como una fuente esencial de materias primas (como es el caso de Venezuela, de México o de los países del golfo Pérsico). Si Corea hubiera tenido importantes reservas de petróleo o de otras materias primas estratégicas, habría sido considerada como una zona de aprovisionamiento y no hubiera gozado del mismo margen de maniobra para conseguir dotarse de un poderoso aparato industrial. Los Estados Unidos no están inclinados a favorecer deliberadamente la emergencia de un poderoso competidor que tenga a la vez grandes reservas naturales y una industria diversificada.

El marco político y geoestratégico

Un acuerdo estadounidense-nipón firmado en 1905 definió las respectivas zonas de influencia de ambas potencias en el este asiático. Los Estados Unidos se adjudicaron las Filipinas, que habían conquistado en 1902. Taiwán (anexada en 1895) y Corea correspondieron a los nipones. En 1910, Japón anexó Corea, la convirtió en un granero agrícola y después en una especie de anexo para todo servicio de la industria japonesa. Cuando el imperio nipón fue derrotado en la segunda guerra mundial, abandonó en Corea unas instalaciones modernas en materia de transportes y de electricidad, una industria relativamente importante que iba desde el textil hasta el armamento, pasando por la química y la construcción mecánica, así como un sistema bancario completo. Pero en Corea la industria no constituía un conjunto coherente, pues había sido montada para responder a las necesidades de Japón. La industrialización estaba concentrada principalmente en el norte (en la futura Corea del Norte) mientras que el sur era esencialmente agrícola. La burguesía estaba poco desarrollada pues la dominación japonesa le dejaba muy poco espacio. En comparación con Argentina, en la misma época, Corea era un país netamente desfavorecido en términos de desarrollo industrial.

En virtud de los acuerdos de Yalta, de febrero de 1945, entre los Estados Unidos, el Reino Unido y la URSS, en particular la parte que fijaba las condiciones de la entrada de la Unión Soviético en la guerra contra Japón, las tropas soviéticas y las estadounidenses ocuparían Corea. Los soviéticos fueron los primeros en llegar, en agosto de 1945, y fueron recibidas como libertadores por un amplio movimiento de liberación antijaponés, organizado en una red de comités populares, que constituyeron la base del aparato del nuevo Estado. Éste emprendió de inmediato una serie de reformas nacionales, democráticas y anticapitalistas. Entre las medidas que encontraron un profundo eco popular figuraba una reforma agraria radical. La ulterior evolución del régimen de Corea del Norte, su degeneración burocrática y autoritaria no deben hacernos olvidar los adelantos económicos iniciales.

Al Sur de la península, las cosas se desarrollaron de otro modo. Cuando sus tropas no habían aún llegado a Corea, Washington tomó la decisión unilateral (sin concertarla con Moscú) de acordar con los japoneses que presentaran su capitulación a las tropas americanas, al sur del paralelo 38  |1|. Esto significó, de hecho, la partición de Corea en dos sectores, lo cual no estaba previsto en los acuerdos de Yalta. Las tropas estadounidenses no desembarcaron hasta el 8 de septiembre de 1945, y dos días después de la proclamación en Seúl (que se encuentra al sur del paralelo 38), por una asamblea nacional de los comités populares antijaponeses, de la República Popular de Corea. Antes de la llegada de los estadounidenses, este nuevo poder ya había desarmado a los japoneses, liberado a los prisioneros políticos y detenido a los colaboradores. Pero cuando los nacionalistas se presentaron ante el estado mayor americano para proponerle colaboración, la respuesta fue un rechazo rotundo. El 9 de septiembre tomó posesión el Gobierno Militar de los Estados Unidos en Corea (U.S. Military Government in Korea, USAMGIK), que constituiría la autoridad principal hasta junio de 1948. En febrero de 1946, el estado mayor americano estableció un gobierno civil coreano, bajo la tutela del gobierno militar de Estados Unidos en Corea. Dicho gobierno civil estaba presidido por Syngman Rhee, un político de derecha que había retornado a Corea en octubre de 1945, después de haber pasado en Estados Unidos 39 de los 41 años precedentes. Washington había decidido poner al frente del gobierno al Partido Democrático Coreano (KDP), un partido anticomunista formado legalmente durante la ocupación japonesa, como fuerza política coreana representante de los intereses de la clase acomodada. Pronto el KDP sufrió un apresurado cambio de fachada y pasó a llamarse Partido Liberal. Junto a Syngman Rhee se encontraban ex colaboradores de los ocupantes japoneses, y el aparato del nuevo Estado conservó en gran parte los cuadros de los tiempos de la colonia, especialmente en lo relativo a las fuerzas de represión. Se creó una CIA coreana, con el significativo nombre de KCIA (Korean Central Intelligence Agency).

El régimen instaurado por los Estados Unidos fue muy impopular. En 1946 y en 1948 la protesta adquirió la forma de levantamientos populares, que fueron duramente reprimidos. El Consejo General de los Sindicatos Coreanos (GCKTU), dirigido por militantes del Partido Comunista, contaba con varios centenares de miles de miembros, y estaba a la cabeza de los manifestantes. Sufrió frontalmente la represión y finalmente fue prohibido en 1948, pero la represión continuó después de esa fecha. La Comisión de las Naciones Unidas para Corea señalaba en agosto de 1949 que en los ocho meses anteriores al 30 de abril de 1949, 89.710 personas habían sido detenidas en virtud del «Decreto para la protección de la paz nacional». Las pérdidas en vidas humanas se cifran en millares, o en decenas de millares. Muchos líderes históricos de la lucha contra los japoneses que no tenían relación con los comunistas fueron asesinados por el régimen de Syngman Rhee.

Cuando en 1948 la partición del país fue institucionalizada, con la creación de la República de Corea al sur del paralelo 38, la gran mayoría de las fuerzas políticas del país se opuso. Al estallar la guerra de Corea, en 1950, el rápido avance de las tropas norcoreanas sólo se debió parcialmente a factores militares. En parte fue la consecuencia lógica de la falta de apoyo popular efectivo al régimen de Syngman Rhee. Según la historia oficial del ejército americano de la guerra de Corea, el ejército surcoreano «se desintegró»  |2|. Se produjeron deserciones masivas.

La guerra asoló el país durante tres años y puso al mundo al borde de la tercera guerra mundial. El ejército estadounidense intervino masivamente, con el apoyo de sus aliados occidentales: 300.000 soldados con mandato de las Naciones Unidas  |3| combatieron al lado del ejército surcoreano. Se enfrentaron al ejército norcoreano y a un importante contingente chino (entre 500.000 y 800.000 hombres, según las fuentes). El balance en vidas humanas: 3 millones de muertos en la población coreana. En el curso de la guerra, el régimen de Syngman Rhee recurrió a una feroz represión contra la izquierda surcoreana. Algunas fuentes mencionan la cifra de 100.000 ejecuciones o asesinatos de militantes opuestos al régimen  |4|. El armisticio del 27 de julio de 1953 dejó a las tropas de ambos bandos prácticamente en el punto de partida, a ambos lados del paralelo 38.

Burguesía coreana bajo tutela del Estado

Dejado en posesión de una industria atrasada y de un sistema financiero que había estado en manos de los japoneses  |5|, el gobierno de Syngman Rhee se sirvió de ellos, con la bendición del gobierno militar estadounidense en Corea (USAMGIK), para recompensar y consolidar la lealtad del estrato de propietarios que constituía su clientela política. Los nuevos industriales prosperaron, no gracias a sus propias inversiones, pues casi no disponían de capitales propios, sino gracias a los ingresos del impuesto y, sobre todo, a los subsidios estadounidenses, que la dictadura les redistribuía con largueza. Una política rigurosamente proteccionista los puso, por otra parte, al abrigo de la competencia exterior. Más tarde, la dictadura de Park Chung Hee (1961-1979) crearía los conglomerados industriales y financieros, los chaebols.
Primera conclusión
: la burguesía coreana se desarrolló a la sombra del Estado. Éste la tutelaba y protegía.

La ayuda financiera externa proveniente de los Estados Unidos

Un hecho totalmente ocultado por el Banco Mundial: Corea no recurrió en absoluto al empréstito externo durante los primeros 17 años posteriores a la segunda guerra mundial, y luego sólo se endeudó moderadamente. Entre 1945 y 1961, Corea no se endeudó ni recibió inversiones extranjeras. Según los criterios del Banco y del pensamiento neoclásico, tal situación constituye una anomalía.

En cambio, durante el mismo período, recibió en forma de donaciones de los Estados Unidos más de 3.100 millones de dólares  |6|. Esta suma representa toda la aportación exterior recibida. El monto es considerable: es más del doble de lo que el trío Bélgica-Luxemburgo-Países Bajos recibió durante el Plan Marshall, un tercio más de lo que recibió Francia, un 10 % más que el Reino Unido. Las donaciones recibidas por Corea entre 1945 y 1961 son superiores al total de los préstamos otorgados por el Banco Mundial al conjunto de los países en desarrollo que han logrado su independencia (excluidas las colonias).

A partir de 1962, Corea se endeudó, pero modestamente. Entre 1962 y 1966, las donaciones de los Estados Unidos constituían aún el 70 % del total de capitales ingresados al país, representando los préstamos el 28 % y las inversiones extranjeras el 2 %. Fue a partir de 1967 que los ingresos de capitales tomaron principalmente la forma de préstamos de bancos extranjeros, en su mayoría japoneses. Y las inversiones extranjeras no fueron importantes hasta finales de los años ochenta, cuando Corea ya había logrado su industrialización.
Segunda conclusión: La industrialización inicial de Corea no dependió, en absoluto, de los préstamos externos ni de las inversiones extranjeras.

Reforma agraria y acción coercitiva del Estado sobre los campesinos

Al acabar la segunda guerra mundial, la parte sur de Corea era aún un país fundamentalmente agrario. La población rural representaba el 75 % de la población total, hasta el comienzo de los años cincuenta. Las autoridades militares de ocupación estadounidenses procedieron entonces a una reforma agraria radical para contrarrestar la propaganda comunista  |7|. Los latifundios expropiados, sin indemnización a los japoneses  |8| pero con indemnización a los terratenientes coreanos, fueron desmantelados y la masa de campesinos se encontró propietaria de modestas parcelas de tierra  |9|(la propiedad no podía ser superior a 3 hectáreas por familia!)  |10|. El Estado intervino de forma activa y coercitiva. La renta que los campesinos antes pagaban a los grandes propietarios fue reemplazada por impuestos que debían abonar al Estado. De hecho, éste metió la mano en los excedentes agrícolas que antes se apropiaban los terratenientes. También, el Estado impuso a los campesinos un volumen mínimo de producción para ciertos productos, que debía ser entregado a los organismos estatales a un precio fijado por las autoridades. El precio era muy bajo, a menudo inferior al precio de coste  |11|. Se calcula que «el precio de compra del arroz, hasta 1961, no permitía a los campesinos cubrir el conjunto de los costes de producción, que permanecieron muy inferiores al precio de mercado hasta 1970. Hasta 1975, las oficinas de comercialización públicas controlaban por lo menos el 50 % de las cantidades de arroz puestas en el mercado, cantidad que llegaba al 90% para la cebada»  |12| En resumen, a cambio del acceso a la propiedad de la tierra, el campesino coreano liberado, de los grandes latifundios tuvo que trabajar para el Estado.

Tercera conclusión: El Estado intervino de manera despótica imponiendo una reforma agraria radical basada particularmente en la expropiación, sin indemnización a los terratenientes japoneses. La reforma agraria se emprendió para minar el terreno a los comunistas. Los campesinos se encontraron sometidos a una presión muy fuerte por el Estado.

Utilización de los excedentes agrícolas en beneficio de las ciudades y de la industrialización

El Estado, que fijaba los precios de compra (al campesino) y de venta (al consumidor), proveía alimentos a precios subvencionados (bajos, comenzando por el arroz) a los sectores sociales que consideraba estratégicos, como la enorme burocracia estatal. Por otra parte, poner el tazón de arroz al alcance de la población urbana, en particular el naciente proletariado industrial, le permitía mantener los costes salariales a un nivel límite. Además, invertía los impuestos y contribuciones pagados por el campesino en la infraestructura de comunicaciones, en la electricidad y la industria

Como dice Jean-Philippe Peemans, a propósito del esfuerzo impuesto al campesino, «No se trata, de ninguna manera, en absoluto, de una acumulación virtuosa basada en las virtudes del mercado, sino de una enorme acumulación primitiva basada en los métodos más coercitivos para construir la “virtud” a la fuerza.»  |13|

Cuarta conclusión : El Estado no permitió el libre juego de las fuerzas del mercado para fijar los precios, los fijaba por decreto.
Quinta conclusión: El Estado impuso una pesada carga fiscal sobre el campesino. Los neoliberales denuncian habitualmente la «pasión impositiva» del Estado. Corea del Sur es un buen ejemplo.

Utilización de la ayuda financiera externa

Dos fuentes principales alimentaron los cofres del Estado coreano: los impuestos y contribuciones (fundamentalmente provenientes del campesino) y la ayuda exterior ofrecida por los Estados Unidos. Hay que precisar que, hasta 1961, una parte de ésta consistía en excedentes agrícolas estadounidenses (representaba alrededor del 40 % de la ayuda), y no ingresaba, es evidente, en las arcas del Estado. El resto, al contado, se empleaba en el pago de los bienes importados de los Estados Unidos, una parte de los cuales estaba constituida por material de equipamiento para la industrialización del país. El 71 % de las inversiones efectuadas por el Estado se financiaron, hasta 1961, con la ayuda estadounidense  |14|. Es así mismo importante tener en cuenta una ayuda militar, nada despreciable, que representaba más de 1.500 millones de dólares  |15|. Una gran parte de la misma sirvió para la construcción de carreteras, puentes y otras obras de infraestructura que se requerían para la producción industrial. Por último, hay que añadir los pedidos del cuerpo expedicionario estadounidense en Vietnam. A principios de los años 1970, éstos representaban el 20 % de las exportaciones coreanas.
Sexta conclusión: Corea del Sur se benefició de una ayuda exterior masiva proveniente de los Estados Unidos. Sólo unos pocos países han recibido un tratamiento similar: Taiwán y Israel.

Industrialización por sustitución de importaciones

El desarrollo industrial de los años cincuenta se organizó esencialmente en torno a la producción de bienes de sustitución de importaciones, con el fin de satisfacer las necesidades del mercado interno, en particular de los sectores agroalimentario y textil, que entre los dos representaban en el año 1955 el 55 % de la producción industrial. Ésta estaba centrada en la transformación del algodón y en la elaboración de azúcar y de harina de arroz. El sector manufacturero no representaba entonces, 1955, más que el 10 % del PNB.

Séptima conclusión: Corea aplicó una política de industrialización por sustitución de importaciones en los años cincuenta, que reforzaría en la década siguiente.

La política económica de la dictadura militar de Park Chung Hee (1961-1979)  |16|

La dictadura corrupta de Singman Rhee fue derrocada por la sublevación urbana iniciada en abril de 1960 por los estudiantes. En el seno de las masas urbanas movilizadas bajo la consigna central «unificación pacífica de toda Corea», lanzada y llevada adelante por los estudiantes en 1960, se desarrolló una profunda corriente de centralización política.

El freno a la movilización lo puso el golpe de Estado del general Park Chung Hee, que implantó una dictadura militar, la que reforzó aún más la intervención estatal en la economía. El nuevo régimen nacionalizó el sistema financiero, desde los principales bancos hasta la más pequeña compañía de seguros, y lo convirtió en el brazo secular de su intervencionismo económico.

A partir de 1962, la financiación exterior evolucionó progresivamente, pero las donaciones siguieron siendo su fuente principal hasta 1966. Los Estados Unidos presionaron a Corea para que reanudara las relaciones económicas con Japón, el cual firmó un acuerdo por diez años (1965-1975) que preveía una ayuda económica de 500 millones de dólares, de los cuales, 300 millones como donaciones.

Corea contrató su primer préstamo con el Banco Mundial en 1962, y firmó un primer acuerdo con el FMI en 1965 (bajo la presión de los Estados Unidos). La voluntad de colaboración de Corea con el Banco se basaba en objetivos más políticos que económicos. Posteriormente, Mahn-Je Kim, viceprimer ministro y ministro de Planificación Económica bajo la dictadura de Chun Doo Hwan en los años ochenta  |17|, y luego presidente de una empresa siderúrgica (POSCO), se congratuló de las buenas relaciones con el Banco Mundial y pintó un balance positivo del régimen militar. Escribió sin tapujos que el Banco había ayudado al dictador Park a ganar apoyos tanto en el plano nacional como en el internacional: «Semejante reconocimiento por el Banco -la principal autoridad entre los organismos internacionales de desarrollo- tuvo una influencia positiva sobre las relaciones internacionales de Corea, pero aún más en el nivel nacional. En efecto, este reconocimiento ha justificado plenamente la existencia de un gobierno dictatorial ante la opinión pública coreana, dado que estaba al servicio del desarrollo económico»  |18|. No se puede ser más claro sobre la complicidad del Banco Mundial con la dictadura.

El general Park Chung Hee trató de ganar autonomía respecto a Washington en materia de política económica. El recurso a los préstamos del Banco Mundial a partir de 1962, y luego, desde 1967, sobre todo de bancos extranjeros privados, era parte de esa voluntad de disminuir progresivamente la dependencia de Corea de la financiación proveniente de los Estados Unidos. Esto convenía también a Washington, que a partir de 1963 empezó a tomar medidas para limitar la salida de dólares.

Octava conclusión: El Banco Mundial apoyó la dictadura de Park Chung Hee, quien utilizó este sostén con fines internos y externos para consolidar su posición.

Park Chung Hee aplicó una política de industrialización acelerada bajo la dirección de una planificación autoritaria. El primer plan quinquenal se lanzó en 1962. Corea aplicó un proteccionismo estricto tanto sobre su producción agrícola (prohibición de importar arroz) como sobre la industrial. A mediados de la década de los sesenta, el país ya estaba dotado de una industria ligera que satisfacía el mercado interno y ganaba cuotas de mercado en el exterior. Se trataba esencialmente de artículos elaborados por una industria que empleaba mucha mano de obra de bajo coste, que transformaba o montaba bienes importados. La dictadura quería modificar radicalmente la situación consolidando la industrialización. Reforzó en primer lugar el modelo de sustitución de importaciones y Corea intentó producir ella misma lo que importaba. A tal efecto, a partir de finales de los años sesenta se dotó de una industria pesada de producción de acero y de bienes de equipamiento (máquinas herramienta, cadenas de montaje, turbinas) así como de una industria petroquímica. El régimen de Park no se detuvo allí, pretendía también orientar la producción a la exportación.

El Estado favoreció el desarrollo de chaebols, amplios conglomerados creados a partir de un número limitado de sociedades privadas, seleccionadas por Park, para constituir la punta de lanza de la nueva industria. Estos chaebols son conocidos hoy en el mundo entero: Samsung, Hyundai, Lucky Goldstar, Daewoo  |19|, Kia, etc. Los chaebols se beneficiaron, año tras año, de aportaciones financieras del Estado, considerables y a menudo gratuitas. Los préstamos que el régimen o sus bancos contraían (a tipos de mercado), en general con bancos estadounidenses antes de que Japón ocupara el primer lugar en los años setenta, sirvieron para brindar a los chaebols fuentes de capitales casi inagotables, a tasas de interés que desafiaban toda competencia, incluso a veces a fondo perdido. A todo esto se sumaron las subvenciones directas del Estado. Éste, de hecho, asumió el control de la economía por intermedio de una Oficina de planificación. Y dirigió con mano de hierro todas las opciones de desarrollo tomadas por los chaebols.

Los planes quinquenales se sucedieron. En el primero (1962-1966) se dio prioridad al desarrollo energético, los abonos, el textil, el cemento. En el segundo (1967-1971) se puso el acento en las fibras sintéticas, la petroquímica, el equipamiento eléctrico. El tercero (1972-1976) se centró en la siderurgia, el equipamiento del transporte, los electrodomésticos, la construcción naval.

Novena conclusión: El Estado planificó con mano de hierro el desarrollo económico del país. En cierto modo, creó la clase capitalista coreana.

Las reticencias del Banco Mundial

Al principio, el Banco Mundial consideró que la voluntad de Corea de dotarse de una industria pesada era prematura  |20| e intentó disuadir al gobierno, sin éxito. Ante la insistencia de Seúl y preocupado por mantener una influencia en el país, cambió de estrategia y apoyó la política de industrialización por sustitución de importaciones  |21|

La argumentación de los coreanos era la siguiente: 1) Debemos dotarnos de una industria pesada (metalurgia, petroquímica) y fabricar los bienes de equipamiento a fin de alimentar nosotros mismos nuestra industria liviana, reducir las importaciones y mejorar nuestra balanza de pagos. 2) En el mercado mundial, los países competidores pueden ganar con rapidez cuotas de mercado, pues están en condiciones de producir las mismas mercaderías que nosotros a menor coste empleando mano de obra más barata que la nuestra. Por ello, es necesario que nos dotemos de una industria pesada para diversificar nuestras exportaciones con productos de mayor valor agregado, incorporando más componentes elaborados en el país. Los otros países tendrán mucha dificultad en competir con nosotros en ese campo. 3) Aparte del desarrollo de la industria pesada, haremos un gran esfuerzo en materia de tecnología y aumentaremos de manera creciente la inversión en educación superior e investigación. 4) Al principio, nuestra industria pesada no será competitiva frente a los competidores extranjeros que tengan acceso a nuestro mercado interior; en consecuencia, debemos proteger nuestra industria naciente y cerraremos las fronteras a la competencia exterior. 5) El Estado debe utilizar el dinero público para financiar y controlar todo esto.

A mediados de los años setenta, cuando Corea lograba dotarse de una potente industria pesada, el Banco Mundial volvió a poner en duda la estrategia seguida. Consideraba que el país era demasiado ambicioso y sugirió que redujera el esfuerzo en ese sector  |22|. Las autoridades coreanas no siguieron sus recomendaciones. El ejemplo más espectacular de esta política fue el programa de desarrollo de la industria pesada entre 1977 y 1979. Durante dos años, el Estado le dedicó el 80 % de todas sus inversiones. Su financiación fue asegurada por un colosal crecimiento del endeudamiento de la economía, tanto del Estado como de la banca y las empresas privadas, así como por la congelación de todos los fondos de pensiones y la utilización forzada de una parte del ahorro privado  |23|.

Mahn-Je Kim describió en lenguaje diplomático, no sin cierta ironía, la actitud de los economistas del Banco: «Hay que señalar la flexibilidad de los economistas del Banco Mundial. Eran típicos economistas neoclásicos que ponían por delante la supremacía del mercado y en gran medida contribuyeron a convencer a los representantes del poder coreano de la pertinencia de la economía de mercado. En general, no eran economistas dogmáticos y sabían cómo hacer coincidir la doctrina con las exigencias del mundo real»  |24|. Mahn-Je Kim se refería al período que llega hasta principios de los años ochenta.

Décima conclusión: Corea del Sur se negó a seguir las recomendaciones del Banco Mundial.

Transformaciones sociales de 1960 a 1980

En el curso de la dictadura de Park Chung Hee, la sociedad surcoreana cambió profundamente. La población urbana pasó de 28 % en 1960, a 55 %, en 1980. La capital, Seúl, duplicó su población entre 1960 y 1970, que pasó de 3 a 6 millones de habitantes, y en 1980 rozaba los 9 millones. La estructura de la población activa se modificó radicalmente. En 1960, el 63 % trabajaba en la agricultura, el 11 % en la industria y la minería, y el 26 % en servicios. Veinte años después, las proporciones cambiaron de la siguiente manera: 34 % en la agricultura, 23 % en la industria y la minería y 43 % en servicios. En 1963 el país contaba con 600.000 trabajadores industriales, en 1973 éstos eran 1,4 millones y en 1980 superaban los 3 millones, la mitad de los cuales eran obreros calificados. Estaban sometidos a un grado extremo de explotación: en 1980, el coste salarial de un obrero coreano representaba un décimo del de un obrero alemán, la mitad del de un mexicano, un 60 % del de un brasileño. Uno de los ingredientes del milagro coreano fue la sobreexplotación de la mano de obra industrial. La semana laboral de un obrero coreano era en 1980 la más larga de todo el mundo. No había salario mínimo legal.

Después de la derrota del Consejo General de Sindicatos Coreanos (GCKTU), los asalariados carecieron de un verdadero sindicato. El régimen de Syngman Rhee había creado en 1946, con el apoyo de los Estados Unidos (y de la central sindical estadounidense AFL-CIO), la Federación Coreana de Sindicatos (FKTU), que fue la única central sindical legal del país hasta los años noventa. La FKTU era una simple correa de transmisión de la dictadura y de la patronal. La clase obrera estaba casi totalmente amordazada, al menos hasta los años ochenta. Además de la clase obrera fabril, otros actores sociales se afirmaron. En 1980 había 100.000 ingenieros y 130.000 técnicos. La población de la enseñanza superior eclosionó: había cerca de un millón de estudiantes en 1980.

Decimoprimera conclusión: La estructura social entre 1960 y 1980 cambió profundamente acercándose a la de los países industrializados.
Decimosegunda conclusión: La dictadura impidió a la clase obrera organizarse en sindicatos y la reprimió con dureza. Uno de los ingredientes del milagro coreano fue la sobreexplotación de los trabajadores.

De la dictadura de Park Chung Hee a la de Chun Doo Hwan

A lo largo de toda la dictadura de Park, a pesar de la represión, estallaron grandes movimientos de protesta en los que los estudiantes desempeñaron un papel de primer plano. Es el caso, en particular, de las grandes manifestaciones de 1965 contra la firma del tratado de paz con Japón, y en 1972 contra la promulgación de la ley marcial y la nueva constitución que permitía al dictador seguir en el poder hasta su muerte.

Las manifestaciones de estudiantes de octubre de 1979 desencadenaron una crisis del régimen que se saldó con el asesinato de Park Chung Hee. Una gran manifestación de estudiantes en la ciudad industrial de Pusan, el día 16 de octubre, derivó en un enfrentamiento con la policía al día siguiente. El gobierno proclamó de inmediato el estado de excepción en la ciudad y envió una división de infantería. A pesar de esta medida, las manifestaciones se propagaron a otras ciudades, como Masan, también industrial y sede de muchas empresas exportadoras. Numerosos obreros se sumaron a las acciones en la calle y Park declaró el estado de sitio también en Masan. Durante los cuatro días de enfrentamiento fueron detenidas 4.207 personas. Las manifestaciones se extendieron a la capital, Seúl  |25|. El 26 de octubre, el dictador fue abatido por los disparos de su colaborador más próximo, Kim Jae Kyu, director de la KCIA, la Agencia Central de Informaciones de Corea, que había juzgado que desembarazándose de Park sería posible controlar la situación.

Al día siguiente de la muerte de Park, el ejército estaba dividido: un sector insinuaba la perspectiva de cierta «liberalización» del régimen, pero la movilización proseguía. A principios de diciembre de 1979, la mayor parte de los presos políticos (algunos purgaban largas penas de prisión) fueron liberados. El 12 de diciembre, golpe de teatro: el mayor-general Chun Doo Hwan intentó con éxito un putsch en el seno del ejército, hizo arrestar a su principal rival, el general Ching, y tomó el control total del ejército. La movilización proseguía. El 14 de abril de 1980, Chun Doo Hwan, que conservaba sus funciones de jefe del ejército, fue nombrado director de la KCIA por el jefe del Estado. Y la movilización proseguía. El retorno a la dictadura militar abierta tuvo lugar el 18 de mayo de 1980. Se desencadenó una brutal represión: todos los jefes de la oposición fueron arrestados, lo que provocó grandes estallidos sociales cuyo punto culminante fue la insurrección urbana de Kwangju.

Inmediatamente después de la promulgación de una nueva ley marcial, el 18 de mayo de 1980, varios miles de estudiantes de la universidad de Chonam en Kwangju salieron a la calle. El gobierno envió regimientos de paracaidistas, que asesinaron a manifestantes, entre ellos a chicas jóvenes, con las bayonetas. Al día siguiente, más de 50.000 personas se enfrentaron con el ejército, muriendo 260 de ellas en el curso de los combates. Después de cuatro días de lucha encarnizada, el número de insurgentes llegó a los 200.000, en una ciudad de alrededor de 750.000 habitantes, y, finalmente, tomaron el control de la ciudad. Los amotinados, enfurecidos porque las emisoras de radio no informaban sobre su lucha, debido a la censura impuesta por la ley marcial, las incendiaron. Se apoderaron de las armas abandonadas por el ejército en su repliegue y organizaron comités de control y de administración de la ciudad. El 23 de mayo, toda la provincia de Cholla, en el sur del país, estaba en manos de los estudiantes y de la población sublevada.

Los estudiantes de Kwangju se apoderaron de autobuses y camiones y, armas en mano, se dirigieron a las otras ciudades, una tras otra, propagando el movimiento. Mientras nuevas tropas gubernamentales se aproximaban a Kwangju, los insurrectos constituyeron un comité de crisis a fin de negociar con las autoridades encargadas de imponer la ley marcial. Exigían que presentaran excusas al pueblo de Kwangju por las atrocidades cometidas, que pagaran indemnizaciones por los heridos y muertos, que no tomaran represalias, que los jefes militares no hicieran avanzar las tropas hasta que se llegara a un acuerdo. A pesar de estas negociaciones, unos 170.000 hombres tomaron por asalto la ciudad al alba del día 27 de mayo y la ocuparon. Varios centenares de estudiantes y vecinos de la ciudad murieron en el combate  |26|.

La represión, que se efectuó con la bendición del ejército estadounidense y de Washington  |27|, alcanzó, en los meses siguientes, a todo el país. Según un informe oficial con fecha del 9 de febrero de 1981, más de 57.000 personas fueron apresadas con ocasión de la «Campaña de purificación social» puesta en marcha en el verano de 1980. Cerca de 39.000 de ellas fueron enviadas a campos militares para una «purificación física y psicológica»  |28|. En febrero de 1981, el dictador Chun Doo Hwan fue recibido en la Casa Blanca por el nuevo presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan  |29|.

Decimotercera conclusión: Un potente movimiento social antidictatorial encabezado por los estudiantes se enfrentó a la dictadura. Después del asesinato de Park (octubre de 1979) y un breve intervalo democrático, se implantó una nueva dictadura feroz, que desencadenó una sangrienta represión en mayo de 1980, con el apoyo de Washington y de Tokio.

La política económica del dictador Chun Doo Hwan

Después del asesinato del dictador Park Chung Hee y la instauración de la dictadura del general Chun Doo Hwan, la orientación económica no cambió esencialmente. Corea del Sur, que se había endeudado mucho en el curso de los años 70 con los bancos extranjeros, en su mayor parte japoneses, sufrió con más dureza que los otros PED el choque del alza brusca de las tasas de interés, pues sus deudas eran a interés variable. En 1983, Corea del Sur ocupaba el cuarto lugar en la lista de los países más endeudados en valores absolutos (43.000 millones de dólares), sólo superada por Brasil (98.000 millones), México (93.000 millones) y Argentina (45.000 millones), pero una vez más su situación geoestratégica le valió un trato diferente al de los demás países en desarrollo. Japón acudió en su ayuda otorgándole 3.000 millones de dólares, en concepto de reparaciones de guerra, que Corea utilizó para cumplir el reembolso de la deuda con los banqueros japoneses. Esto le permitió salvarse de tener que apelar al FMI y plegarse a sus condiciones draconianas  |30|. Por su parte, el gobierno japonés evitó de este modo la quiebra de algunos de sus bancos y obtuvo de Corea del Sur mayores facilidades de inversión.

Decimocuarta conclusión: Al contrario de la versión del Banco Mundial, el recurso masivo al endeudamiento externo con bancos privados casi le costó muy caro a Corea del Sur. Si no hubiera ocupado un lugar de primera importancia geoestratégica para los Estados Unidos y Japón, habría podido correr la misma suerte que Argentina, Brasil y México, países que tuvieron que someterse a las condiciones del FMI. Como veremos, Corea pudo seguir una vía parcialmente independiente de desarrollo hasta los años 90.

El país también fue afectado por el segundo shock petrolero de 1979 (aumento del precio del petróleo provocado por la revolución iraní y el derrocamiento del sha), pero encajó el golpe. Mantuvo el control autoritario de la economía: el gobierno impuso a la industria qué productos podía fabricar. Decidió reestructurar la industria de fabricación de vehículos de transporte y encomendó a dos chaebols la producción de automóviles. El Banco Mundial se opuso a esta orientación y recomendó a Corea que abandonara la producción de vehículos terminados y se concentrara en la fabricación de repuestos destinados a la exportación. El Banco argumentó que los automóviles coreanos no se venderían.

Las autoridades coreanas no dieron el brazo a torcer. Resultado: a mediados de los años ochenta, la compañía coreana Hyundai (controlada al 100 % por capital coreano privado con el apoyo del poder público) consiguió exportar sus coches a los Estados Unidos y conquistar una cuota substancial de mercado!

Por entonces, el Banco había abandonado definitivamente las concesiones con respecto al modelo de industrialización por sustitución de importaciones. En 1981, bajo el gobierno de Reagan, los últimos economistas favorables a una intervención del Estado fueron reemplazados por neoliberales puros y duros, con Anne Krueger como economista jefe. Ésta había escrito, unos años antes, un libro sobre Corea para demostrar la superioridad de la sustitución de exportaciones sobre la sustitución de importaciones  |31|. La voluntad de Seúl de producir automóviles para la exportación se inscribe en una maniobra agresiva de sustitución de exportaciones y, en principio, tendría que haber sido apoyada por el Banco. Esto no fue así, porque la decisión de Seúl amenazaba la industria automotriz estadounidense. El límite de la gran flexibilidad de los economistas del Banco se alcanza rápidamente cuando los intereses de los Estados Unidos están en juego.

Decimoquinta conclusión: El régimen de Chun Doo Hwan se negó, una vez más, a seguir las recomendaciones del Banco Mundial y ganó la apuesta. El Banco mantuvo, de todos modos, su apoyo a la dictadura pues quería, a toda costa, tratar de mantener la influencia. Por su parte, los Estados Unidos comenzaron a desconfiar del apetito de las empresas surcoreanas.

Hacia el fin de la dictadura de Chun Doo Hwan (1980-1987)

En 1979-1980, en numerosas empresas, los obreros intentaron formar sindicatos. Debían ser nuevos sindicatos, «independientes», desafiando abiertamente la política colaboracionista de la dirección de la FKTU, al estar obligados por ley a afiliarse a ella. Después de la represión desencadenada por Chun Doo Hwan, un centenar de secciones locales de la FKTU se disolvieron, 191 administrativos sindicales fueron despedidos, y algunos enviados a los campos. En este movimiento de creación de sindicatos independientes, el motor fueron jóvenes, obreros o estudiantes contestatarios, que decidieron proseguir en las fábricas la lucha política iniciada en la universidad.

El movimiento de estudiantes comenzó a recuperarse en 1983-1984 y vivió un momento de radicalización y de profundización política. Entre principios de año y mayo de 1986, 166.000 estudiantes participaron en las manifestaciones  |32|. La importancia del movimiento en las universidades  |33| quedó reflejada en el hecho de que los estudiantes constituyeron la gran mayoría de presos políticos (800 estudiantes sobre 1.300 detenidos). En las fábricas, los obreros reanudaron el combate a partir de 1985. Por primera vez estalló una huelga importante en un chaebol, la empresa Daewood Motors, que fue coronada por el éxito, y se creó un nuevo sindicato independiente.

El 12 de febrero de 1986, el Nuevo Partido Democrático de Corea (NKDP) lanzó una campaña de petición en Seúl para cambiar la constitución (el objetivo era permitir la elección por sufragio directo del presidente, en vez de hacerlo por un colegio electoral). En los meses siguientes, una serie de formaciones movilizaron decenas de miles de personas en las grandes ciudades del país. Los estudiantes participaron de forma autónoma en el movimiento democrático detrás de consignas radicales, tales como «Abajo la dictadura militar», «Contra la presencia en el país de 40.000 soldados US» y «Por una constitución popular».

El 29 de noviembre de ese año, el régimen hizo invadir la ciudad de Seúl por 50.000 policías a fin de impedir una concentración del NKDP. Aplicó la fuerza del Estado contra la oposición, pero esta política fracasó porque había un mar de fondo transversal a todas las capas de la sociedad, que estaba de acuerdo con las reivindicaciones democráticas. Las negociaciones entre la dictadura y la oposición sobre los procedimientos electorales no llegaron a ningún resultado. El gobierno estaba debilitado por las secuelas políticas del asesinato de un estudiante en una comisaría. En esta situación, todas las fuerzas opositoras, entre ellas una nueva coalición surgida de la escisión del NKDP, convocaron una manifestación el día 10 de junio. La víspera, la policía interrogó a 3.000 personas, puso en residencia vigilada a 140 dirigentes de la oposición, desplegó decenas de miles de agentes policiales. No sirvió de nada, el 10 de junio y los días siguientes la protesta se extendió por todo el país, los enfrentamientos masivos alcanzaron un nivel tal que el régimen comenzó a ceder: se conquistó la elección presidencial directa  |34|. Esa vez, Washington tuvo que presionar a la dictadura para que soltara lastre.

En las fábricas, el movimiento no se limitó a la perspectiva de las urnas. Los trabajadores surcoreanos se precipitaron en la brecha abierta por la victoria del movimiento de masas de junio de 1987, cuya punta de lanza fueron los estudiantes. En el invierno de 1987, Corea del Sur fue conmovida por una ola de huelgas sin precedente. Entre el 17 de julio y el 25 de agosto se contabilizaron 1.064 conflictos laborales  |35|, en tanto que la media anual de la década precedente estaba en unos 200 conflictos  |36|. Todos los sectores de la economía se vieron afectados, incluidos los chaebols (24.000 obreros de los astilleros de Hyundai, 15.000 mineros del carbón, etc.). Las luchas estuvieron marcadas por una fuerte combatividad: ocupación de empresas, incluso de los locales de la dirección, bloqueo de las vías férreas y ocupación de estaciones, rechazo de la táctica patronal del lock-out... Los conflictos terminaron con significativos aumentos salariales y el reconocimiento de los sindicatos independientes y democráticos, que en 1988 llegaron a ser 2.799, y en 1989 más de 7.000. En enero de 1990 se fundó el Congreso de Sindicatos Coreanos, que unos años más tarde se convertiría en la Confederación de Sindicatos Coreanos (KCTU). De todos modos, hasta los años 2000, la creación de una confederación sindical era una acción ilegal.

En el plano político, en 1988 se organizaron por primera vez en el país elecciones por sufragio universal. Pero la oposición estaba dividida y presentó tres candidatos, «los tres Kim»: Kim Youngsam, Kim Daejun y Kim Jongpil. Resultó electo el general Roh Taewoo, candidato apoyado por el presidente saliente, y que había estado a su lado en el putsch de 1979 y en la masacre de Kwangju, en mayo de 1980.

Decimosexta conclusión: Presionado de todos lados por los movimientos de protesta, en una situación de crecimiento de la fuerza de una clase obrera joven y combativa, la dictadura soltó lastre ante la oposición y organizó las primeras elecciones libres. Washington acabó presionando. Ante la división de la oposición, el candidato de la dictadura ganó las elecciones, pero las luchas se desarrollaron en las fábricas.

El giro de los años 90

Desde los años ochenta hasta mediados de los noventa, Corea acumuló éxitos en términos de posición en la producción industrial: de la fabricación de bulldozers al material informático, pasando por la construcción naval (en los años ochenta era el segundo constructor de barcos en el mundo, superada sólo por Japón). El país logró competir con las transnacionales de los Estados Unidos y Europa en diversos campos.

En el mismo período, China se convirtió en aliada de Washington. Ya había cortado hacía tiempo su ayuda a los movimientos que, en diferentes países, amenazaban la estabilidad, y en 1980 ingresó al Banco Mundial. Por otra parte, a finales de los años ochenta, Moscú, bajo Gorbachov, firmó acuerdos geoestratégicos con Washington; en 1989 cayó el muro de Berlín y la URSS implosionó en 1991. La guerra fría llegaba a su fin.

La situación política y militar internacional heredada de la segunda guerra mundial, de la victoria de la revolución China de 1949 y de la guerra de Corea de 1950-1953 cambió fundamentalmente. Washington consideraba que en adelante no valía la pena empeñarse en apoyar a dictaduras establecidas, enfrentadas a poderosos movimientos de oposición y a la revuelta social. Frente a unas movilizaciones que amenazaban con ir hasta el fin, era mejor soltar lastre, como en junio de 1987, y salvar lo esencial: relaciones privilegiadas con el régimen que reemplazara a la dictadura. Por otra parte, es más eficaz tener un gobierno democrático para aplicar la agenda neoliberal, porque así se evita hacer frente a una conjunción de la oposición democrática con un movimiento social opuesto al neoliberalismo.

En 1992, después de la fusión del partido en el poder y dos partidos de la oposición, Kim Youngsam, el antiguo opositor moderado, fue elegido con el apoyo de Rho Taewoo. Era el primer presidente civil desde hacía 32 años, pero dependía del apoyo de los militares, y se puso con decisión del lado de Washington  |37|.Y su programa era claramente neoliberal.

Corea seguía siendo una plaza militar estratégica, pero el gobierno estadounidense, que mantiene en el país 37.000 soldados, consideró que ya no era necesario dejarle tanto margen de maniobra a su apetito económico. Había que llevar sus pretensiones a una dimensión modesta. Washington presionó y utilizó diferentes instrumentos, entre otros la protección tarifaria contra los productos coreanos. Pidió a Corea que siguiera las recomendaciones del Banco Mundial y del FMI y en parte ganó la causa. Testimonio de ello es el informe de la comisión enviada a Corea por el FMI en noviembre de 1996 y el el acta del debate entre dirigentes del FMI. He aquí unos extractos:

1) De la supresión de las barreras u otras formas de limitación a las importaciones: «Desde 1994, las autoridades han desmantelado progresivamente los obstáculos a la importación y han reducido los derechos de aduana conforme a los acuerdos de la Ronda Uruguay  |38|. La concesión de licencias de importación es, en adelante, automática, salvo para un pequeño número de productos que pueden constituir una amenaza para la salud o la seguridad pública»  |39|.

2) De la privatización: «En el curso de los últimos diez años, las autoridades han aplicado parcialmente dos programas de privatización de empresas públicas. El programa aplicado en diciembre de 1993 preveía, durante el período 1994-1998, la privatización de 58 de las 133 empresas públicas. A mediados de 1996, habían sido privatizadas 16 empresas»  |40|.

3) De la liberalización de los movimientos de capitales: «Los administradores del FMI se han congratulado también de la reciente liberalización de los movimientos de capitales. Aunque algunos administradores hayan suscrito el trámite progresivo en este campo, otros estiman que una liberalización rápida e integral ofrece numerosas ventajas al estado de desarrollo en que se encuentra Corea».

Decimoséptima conclusión: Washington modificó progresivamente su política con las dictaduras aliadas a partir de la segunda mitad de los años ochenta, en una situación de fin de guerra fría. Aplicó este nuevo enfoque a Brasil en la segunda mitad de los ochenta, a las Filipinas en 1986, a Corea del Sur en 1987 y, en el curso de la década siguiente, a Sudáfrica en 1994, progresivamente a Chile y a Indonesia en 1998. Desde el punto de vista estadounidense, el balance es positivo, sus intereses esenciales están en salvaguardia. En efecto, ¿qué habría ocurrido si Washington se hubiera obstinado en mantener hasta el final todas las dictaduras aliadas enfrentadas a movimientos de masas? Pero este giro no fue general. En el caso de los países árabes, Washington sigue manteniendo el apoyo a las dictaduras, comenzando por Arabia Saudí.

La crisis económica asiática de 1997 y sus consecuencias

Entre 1980 y 1996, los trabajadores surcoreanos obtuvieron, con sus luchas, un aumento del 66 % de su salario real  |41|. ¡Impresionante! La agenda neoliberal encontró en Corea, como en otros países, una fuerte resistencia de los obreros. El 26 de diciembre de 1996 estalló la primera huelga general que conoció el país desde 1948. Los trabajadores se oponían a la reforma del código laboral que tendía a facilitar el despido. Después de 24 días de huelga, el movimiento triunfó, la reforma del código quedó suspendida y la KCTU salió reforzada del conflicto.

Las importantes conquistas laborales fueron replanteadas aprovechando la crisis que estalló en 1997. La patronal tomó su desquite. Por otra parte, las ventajas que los Estados Unidos y otras potencias industriales habían logrado hasta 1996 aumentaron con la crisis de 1997, provocada por una oleada de ataques especulativos contra las monedas de Corea y el sureste asiático. Esta especulación fue facilitada por las medidas de liberalización de los movimientos de capitales antes mencionadas. La crisis, que llegaba desde el sureste asiático -Tailandia fue la primera afectada, en julio de 1997- golpeó con fuerza a Corea del Sur en noviembre de aquel año. Entre noviembre de 1997 y el 8 de enero de 1998, la moneda coreana, el won, se devaluó un 96,5 % con respecto al dólar estadounidense. En diciembre de 1997, el gobierno de Seúl se sometió a las condiciones impuestas por el FMI (en tanto que Malasia se negaba a hacer lo mismo)  |42|.

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Comentarios (3)

#2.- ¿SOLO TRES ERRORES NADA MAS?

21-07-2009 15:13

Ya no solo son 3 errores, són muchos mas incluyendo lo de Honduras, Colombia, Afganistan etc...
Será negro pero....ESTÁ MUY LEJOS DE SER Martin Luther king, Sidney Poitiers ó Malcon X.

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#3.- Allá el Obama..... con sus errores

21-07-2009 23:20

El Miércoles 22 de Julio a las 10hrs. en Buenos Aires, las mujeres marchan en apoyo al movimiento feminista de Honduras. Esta agrupacion de mujeres hondureñas se han enfrentado codo a codo con los esbirros de la dictadura de Micheletti.

¿YA SE OLVIDARON USTEDES? ¿Cómo torturaron y violaron mujeres? ¿Olvidaron cuando los militares y policías de las dictaduras asesinaban, en nombre de la "tranquilidad de la patria"?

¿ ENTONCES QUE ESPERAMOS PARA APOYAR MASIVAMENTE A HONDURAS ?,  reclamando frente a las embajadas y consulados yanquis en todo  el mundo. 
NO DEJEMOS SOLOS A LOS HONDUREÑOS.

EL PUEBLO TIENE QUE RESPALDAR AL PUEBLO.

Valoración: 4    |  Avisar provocación

#4.- Mensaje para el señor Obama

Chielno combatiente|22-07-2009 03:00

Por el legado de Martin Luther King, que luchó por los derechos de los negros, las minorías étnicas, y el pueblo en general, le pido que nos colabore y envíe a su señora esposa para  que apoye a las mujeres de la Agrupacion Feminista de Honduras.
De esta manera Ud. señor Obama, tendrá informacion de primera línea y no será engañado por el portavoz, del departamento de estado norteamericano ni de la C.N.N.
Recuerde, que tienen una base militar en honduras, la que servirá de proteccion de la primera dama de U.S.A.
Si usted, señor Obama no ha tenido tiempo de leer este llamado, espero que el señor Otto Reich "especialista en asuntos de sudamérica", le informe de mi inquietud a la brevedad posible.
Si va a enviar a su señora esposa, que sea lo antes posible, ya que pronto habrá un paro general indefinido.
Le aviso con anticipacion, por si acaso.
Muchas gracias Mister president, Dios bendiga a América.
Chauuu.

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