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Tres agujeros en el Estado del Bienestar
Es noticia diaria la decadencia del llamado Estado del Bienestar, producto de nuestro trabajo.¿Y la crisis? De esta los responsables escurren el bulto, pero no escapan a nuestra mirada.
originario | Para Kaos en la Red | 10-3-2010 a las 20:48 | 679 lecturas
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juegos peligrosos   TRES AGUJEROS NEGROS QUE SUCCIONAN NUESTROS BOLSILLOS

No todo el mundo puede decir que vive en un país apodado como Estado del Bienestar. Por desgracia, dos de cada tres al menos de los habitantes de este Planeta no ha gozado jamás de sus ventajas ni sufridos sus inconvenientes (que no son pocos) pero saben que sus ventajas se deben en gran medida a la explotación colonial, al abuso del poder colonial, y a la extracción descarada de los recursos coloniales. O sea: se les debe a ellos, a los que están condenados a ser posteriormente emigrantes rechazados, explotados y perseguidos como intrusos en los Estados del Bienestar.
A los habitantes de las colonias, ex colonias y neo colonias les han robado la despensa, vejado, explotado y dejado de la mano como si se tratase de humanos de segunda o tercera clase a los que correspondiera un mundo de la misma categoría. Con su despensa y su sudor funcionó y ha funcionado el Estado del Bienestar de los Imperios reforzado con la explotación laboral de sus propios ciudadanos de un lado oprimidos y de otro beneficiarios de una cierta bonanza económica (con sus altibajos correspondientes) que propició el consumismo tele-dirigido que se pretendía conseguir y se consiguió en efecto.

Pagamos a los de siempre y añadimos nuevos huéspedes.
Parecía que esta insaciable sed de bienes materiales al alcance de mayorías no tendría fin. Pero mira por dónde surgieron un día nuevos fenómenos.

Eligiendo el juego
Dentro del mundo de los negocios financieros hicieron su aparición unos tipos de bancos que hasta el momento parecían inofensivos dentro de su práctica inmoral habitual de enriquecerse con el dinero ajeno común a todos ellos. Estos bancos, que llamaremos aventureros, se dedicaron a mover de un lado para otro capitales de alto riesgo, como ellos les llaman. Como doy por supuesto que casi ninguno de nosotros, ni ustedes ni yo mismo, somos economistas, nos vemos obligados a utilizar términos sencillos para entender todo esto. Así que recurramos al póquer. Ese juego de cartas representa perfectamente el modo en que operan los bancos aventureros. Pueden no disponer del dinero que afirman tener, pero aparentan que lo tienen y convencen a otros jugadores (bancos clásicos, compañías de seguros,etc)para que entren en su juego de inversiones, malversaciones, cuyos premios son increíbles retribuciones a los altos ejecutivos, jubilaciones escandalosos antes de los sesenta años, tesoros en paraísos fiscales y otros premios para los que dirigen el juego.

El final del juego
Cuando los jugadores muestran las cartas resulta que todo eran faroles, pero el dinero en juego era real y algunos se lo llevaron.(¿ A dónde? ¿Lo sospechan?)...Se acabó la partida, y comenzó la crisis,porque muchos bancos entraron en quiebra. ¿Qué hizo la justicia? Buscar un par de chivos expiatorios que soltarán el día menos pensado, pero ¿dónde está el dinero y a nombre de quién? De eso deberían ocuparse centenares de inspectores de Hacienda en todas partes donde se produjeron fraudes.¿Lo hicieron? No. Tenían un encargo mejor: hacer cuentas a ver cómo era posible darles a los banqueros el dinero que habían perdido y reclamaban al Estado. O sea: le pedían al Gobierno nuestro dinero para compensar la estafa en la que había desaparecido mucho de nuestro dinero depositado por nosotros en los bancos.¿Me siguen? Y papá Estado, siempre dispuesto a favorecer a los amigos que les pagan sus campañas electorales, accede a darles miles de millones que generan una deuda pública considerable que habremos de amortizar los contribuyentes.

Señores: gana la banca.
A cambio de todos los favores los - nunca mejor dicho- afortunados bancos, se comprometen a dar créditos a empresas que andan moribundas por la paralización de préstamos. Pero los bancos no cumplen con ese cometido, sino que aprovechan los créditos para sanear su propia economía y dar créditos muy selectivos y rentables. Resultado: el año pasado ganaron nada menos que SETENTA MIL MILLONES DE EUROS que se quedarán para ellos solitos, sin que haya la mínima presión para que abran la mano, devuelvan lo que nunca es suyo y den préstamos. Tampoco se ponen las condiciones para evitar que vuelvan a jugar al póquer, porque para eso rige la libertad de mercados. A la vista de estos datos, es fácil ir viendo quién manda en los gobiernos y a qué intereses dedican sus esfuerzos sus señorías.

Lo que es y lo que podría ser:
Como los astutos empresarios españoles se dedicaron al monocultivo del ladrillo y anejos, se vino abajo la construcción y todas las industrias relacionadas, que son infinidad. Así se desató la crisis que nos lleva hasta un presente con cuatro millones de parados. Claro está que la salida no es fácil, porque para serlo tendría que existir un poder político independiente que tuviera control sobre los bancos, cosa que no existe en el capitalismo . Tendría que existir un banco nacional que centralizara cuantos recursos fuesen necesarios – tomados incluso de la banca no estatal- y ponerlos a disposición de las empresas para hacerlas funcionar, y con un sistema de créditos donde los intereses y los impuestos fuesen proporcionales al tamaño de las empresas. De esa forma se garantizaría la supervivencia de los pequeños empresarios y se activaría la economía en su conjunto.¿Por qué no se hace? ¿Por falta de ideas? NO. Porque no les da la gana a los que manejan a nuestros políticos: los grandes capitales. Eso supone para nosotros una deuda que tendremos que ir amortizando año tras año, trabajador por trabajador.

Otros dos agujeros negros tiene que soportar especialmente la maltrecha economía: las guerras y la Iglesia. Empezaremos por la primera.

A nivel mundial los gastos militares arrojan cifras espantosas. En la década 1997-2007 los gastos militares se incrementaron en un 37 % respecto a la década anterior. En 2004 ya hubo un incremento de un billón (con b) de dólares respecto a años anteriores, pero en 2007 la cifra se disparó. Según el SIPRI (Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz, con sede en Estocolmo) al 16 de junio de 2007, los gastos militares ascendieron nada menos que a MIL DOSCIENTOS CUATRO BILLONES (con b) DE DÓLARES.El mayor inversionista fueron los USA seguidos, cómo no de Gran Bretaña, y un poco más lejos de Francia, China y Japón por este orden. De cualquier modo, el país que se lleva la palma en todo es EEUU, que tiene 40 fábricas de armas y controla el 63 % del comercio de la muerte. Y no son suficientes los 26 grupos antimilitaristas existentes en el mundo para frenar este mercado de la crueldad que conduce inevitablemente a la guerra, pues para eso existe.

Cuando  nuestros   políticos juegan a la guerra.
En España, y en plena crisis, los gastos militares no cesan de aumentar. El país se halla involucrado más que nunca en apoyar a los EEUU, la o­nU y la OTAN, tres máscaras del mismo poder, lo que ha supuesto en 2008 un total de 18.926 millones de EUROS (que son muchos más dólares)y supone un 5,3 % más que en 2007.
Para el presente año, los gastos totales militares totales en España , incluídas las fuerzas de orden público ,se calculan en 23.000 millones de euros. Las cifras se nos olvidan dentro de un rato, y seguirán aumentando a medida que el gobierno envíe más soldados cuando se le diga, pero la realidad permanece y provoca preguntas:
¿Quién pagará todo esto? ¿A quién favorecemos con ello y a cambio de qué? Las dos primeras respuestas son sencillas y lo peor: nos tocan el bolsillo. Favorecer como lo hacemos los españoles a las multinacionales que viven de la guerra, a sus inversores financieros, a los explotadores del petróleo y a los estrategas del Pentágono que deciden qué país invadir, cuándo y con qué recursos de los aliados, parece ser algo de lo que no podemos opinar, pero ahí estamos el    pueblo, lo queramos o no,poniendo  soldados y  dinero.

Estas guerras que nuestros gobernantes nos presentan como misiones de o­nG no nos van ni nos vienen, pero nos arruinan. Igual está sucediendo en Inglaterra, y en el resto de países que invierten en ayudar al “amigo americano”.Y es que las guerras, como los rescates bancarios, las seguimos pagando de nuestro trabajo; ¿de dónde si no?

Un agujero negro nunca mejor dicho

Y el tercero en discordia, el tercer agujero negro succionador no podía ser otro que la Iglesia católica. Como aprendiz de cristiano ya estoy en contra de que esa Iglesia se llame así, profanando el nombre de mi Maestro, pero como contribuyente resulta igualmente inadmisible que estas gentes improductivas reclamen ser atendidas para vivir como viven sus dirigentes: o sea, como príncipes. Los grandes negocios del Vaticano y los que usan sus servicios son quienes -si hubiese un poco de sentido moral y dignidad- deben mantener a quienes dirigen este catolicismo belicoso y retrógado al que encima de pagar tenemos que soportar en las calles manteniendo doctrinas medievales. Y cuando hablo de pagar no me refiero a una pequeña propina en el cesto de sus misas. Nada menos que SEIS MIL MILLONES DE EUROS son los que tienen asignados sus eminencias para medrar a costa del pueblo trabajador.

Les propongo, por si lo desean, este pequeño ejercicio: sumen todos los miles de millones que nos van a succionar y luego divídanlos por la población activa oficial que hoy es de 19 millones aproximadamente. Así sabrá cuanta deuda tiene sin préstamo que le beneficie.

Y luego si quiere puede preguntarse conmigo: ¿A cambio de qué? Veamos algo.

  • De que nos jubilemos a los sesenta y siete.

  • De contratos de vergüenza y despidos al mismo nivel

  • De recortes en salarios y pensiones

  • De deslocaciones empresariales cuando quieren.

  • De ERES nada claros

  • De diferencias salariales entre hombres y mujeres ( un 26% de media)

    Y aún quedan pendientes los gastos que supone mantener a estas instituciones que se llaman democráticas que en lugar de servir a los pueblos los arruinan cada vez más y les privan de derechos que en ocasiones costaron siglos de conseguir. Siglos y mucha sangre.

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