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El Trabajo y la Organización de la Clase Obrera
Hoy en día el tener un trabajo va siendo calificado como un privilegio. Así lo dijo en una de sus cadenas sabatinas el Presidente Rafael Correa.
Jonas Guerra / Ecuador | 17-3-2010 a las 1:23 | 1195 lecturas
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Desde el ámbito de la constitución, el trabajo está consagrado como un derecho de toda persona, pero ese derecho queda en letra muerta a la hora de ejercerlo, ya sea por la falta de fuentes de trabajo, o porque teniendo una actividad laboral, cualquier momento el trabajador es echado a la desocupación. Es más, hoy en día el tener un trabajo va siendo calificado como un privilegio. Así lo dijo en una de sus cadenas sabatinas el Presidente Rafael Correa.

Desde el lado del hábito de la gente, trabajo es una actividad que realiza toda persona, sin que necesariamente se encuentre en dependencia de un patrono, o esté obligado a producir un determinado producto o mercancía.

Mientras que desde el lado de la producción de mercancías, se ha llegado a establecer que los obreros que las producen, cuando ingresan a trabajar a una empresa, entablan relaciones de trabajo con el patrono. Relaciones que se hallan determinadas por un “contrato de trabajo” donde constan las condiciones a las que debe someterse un trabajador. Esas condiciones a las que al obrero le obligan a respetarlas, se las conoce como: RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCIÓN.

Es decir, patrono y obrero firman un documento de “mutuo acuerdo,” cuyas cláusulas, las elabora a su gusto y antojo el capitalista, aprovechando la necesidad que tiene la persona desempleada de llevar un mendrugo de pan a su casa honradamente. Resulta que, mientras el obrero busca vivir de su trabajo, el capitalistaen cambio se propone vivir a costilla del que trabaja. Es en esas circunstancias cuando el empresario, con mecanismos sutiles, somete al obrero bajo los arbitrios y prepotencia de quien las ejerce de explotador.

LAS RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCIÓN EN LOS SISTEMAS DE OPRESIÓN.

Cabe mencionar que las relaciones sociales de producción no siempre estuvieron pactadas por escrito, ni le ofrecían alguna condición de vida al ser humano explotado. Es más, en la sociedad primitiva el ser humano trabajaba solo para subsistir. La propiedad de los bienes era de tipo colectivo, no existía ni la propiedad individual, y menos la propiedad privada. Fue en medio de un proceso que el trabajo empezó a crear excedentes de productos, de los cuales se adueñaron los jefes de las tribus y otros,que más tarde pasaron a constituirse en la clase de los esclavistas,y a los que trabajaban los llamaron esclavos.

Esa relación entre el esclavo y el esclavista, solo estaba dada por dictados directos que no les concedía ningún derecho a los esclavos. Más tarde, cuando se establece la clase de la nobleza feudal y los siervos de la gleba, el Señor feudal tampoco suscribía contrato alguno para entablar las relaciones sociales de producción con el siervo; solo cambió la forma de explotar, cuando el Señor feudal decidió entregar un pedazo de tierra llamado feudo, por la que el siervo debía trabajar, 3 días en su parcela y 3 días para el dueño de las tierras.

Ya en el capitalismo, cuando hablamos del trabajo relacionado con la producción de mercancías, nos referimos al tiempo de trabajo que invierte el obrero para que la mercancía llegue a tener un valor. Eso ha llevado a que la economía clásica del capitalismo y los economistas sustentadores de este sistema, traten de hacernos creer, que el valor de una mercancía es igual a la cantidad de trabajo invertido por el obrero. Nada más falso. Lo que el capitalista hace, es encubrirse de manera legal en lo que el denomina contrato de trabajo, parafijar en ese documento un valor por el trabajo del esclavo salariado que aparente reconocerle la paga por el trabajo que realiza. Pero en realidad, el valor del precio de una mercancía, no depende de cuanto se gasta en salarios ni que tiempo demora el obrero en elaborarla, sino de cuánta utilidad se propone obtener el capitalista, de cada unidad producida por el obrero.

Vimos que en el esclavismo y el feudalismo jamás se firmó documento alguno para reconocer una paga por el trabajo realizado, pero el esclavo y el siervo de la gleba siempre estuvieron endeudados. Para fijar un a premisa de lo que ocurre ahora, hacemos notar, que en el caso del régimen feudal, por la entrega de un pedazo de tierra, el siervo estaba obligado a trabajar, 50% del tiempo para su feudo y 50% para el señor feudal.

Con mayor razón en el capitalismo donde el empresario paga una suma de dinero al obrero como salario, este busca exprimirle hasta la médula, para lograr la máxima utilidad una vez vendida la mercancía.

Esto nos lleva a determinar que lejos de encubrir la acción velada del capitalista, la desnuda de cuerpo entero. ¿Cómo? Nos referimos a que, cuando el obrero entabla relaciones sociales de producción con sus patronos, en donde por cierto se halla establecido el salario que debe recibir, el patrono NO le retribuye una paga por su trabajo, sino que le compra al trabajador, SU FUERZA DE TRABAJO, como cualquier otra mercancía, de la que el explotador se apropia desde el momento que el obrero ha firmado las ataduras, (llamados contratos de trabajo) sobre las cuales descansa el grado de explotación que el capitalista ejerce sobre él.

Podemos decir pues, que cuando hablamos de FUERZA DE TRABAJO, nos referimos a la fuerza de sus energías que el obrero invierte durante la jornada laboral produciendo mercancías, cuyo desgaste no es medible en peso, altura ni longitud, al menos que no sea por el agotamiento que el obrero sufre durante las extenuantes jornadas a las que se halla sometido.

LA FUERZA TRABAJO ES UNA MERCANCÍA.

La economía política nos enseña que una mercancía es dinero en circulación, y que estese vuelve tal, el momento que es vendida al consumidor. La Fuerza de Trabajo, es una mercancía que anda pegada a la carne, la sangre y la médula del ser humano en capacidad de trabajar, es una mercancía que se oferta en todo lugar donde se encuentra un desempleado, es vendible solo al capitalista que la requiere y la usa igual que cualquier máquina, para producir otras mercancías.

Sin esa Fuerza de Trabajo, ninguna máquina funciona ni se opera por si sola, requiere de la intervención del ser humano, incluidos los robots. Esta característica, ubican a la mercancía fuerza de trabajo como la más importante dentro del proceso productivo. Sin embargo, la mercancía fuerza de trabajo, es la única que el capitalista la compra (paga un salario) por debajo del valor que debería pagarse.

Para sostener esta verdad, basta señalar que de la jornada de 8 horas de trabajo, estudios realizados nos demuestran, que el salario que recibe el trabajador, equivale de 2 a 3 horas de labor, las 5 o 6 horas restantes, se las meten al bolsillo los dueños de las empresas. No de otra manera se explica que mientras el obrero es el que produce la riqueza, su vida es llena de penurias y pobreza. En tanto que el gordinflón capitalista, sin trabajar, llena sus bolsillos con el esfuerzo y sudor de los trabajadores.

Esta lacerante realidad no escapa al conocimiento del obrero, este palpa con sus propios ojos, que mientras sus energías producen toneladas de mercancías por una bagatela de salario que recibe, el dueño de la empresa, cosecha el fruto de sus esfuerzos sin hacer nada.

De este descontento velado, surge la necesidad de tener algo con que defenderse y hacerle frente a la arrogancia y perversidad del capitalista. Esa necesidad, es la organización sindical.

LA ORGANIZACIÓN SINDICAL DE LA CLASE OBRERA

Enraizada en un sentimiento de lucha, como una forma de expresar la indignación frente a la injustita, el obrero busca organizarse. Los primeros pasos de la organización encuentran como forma de reclamo, la mejora de sus salarios, la estabilidad en el trabajo, el pago de horas extra ordinarias y complementarias, la entrega de un uniforme, refrigerio, la contratación de transporte para ir y volver del trabajo y así por el estilo.

Pero siendo esto parte de sus aspiraciones inmediatas, el obrero descubre en medio de la práctica, que ninguna de las reivindicaciones conseguidas, le han resuelto los problemas de la falta de recursos, y menos ha dejado de ser explotado por el capitalista.

Es más, hay obreros que llevan organizados décadas enteras y que han suscrito más de una decena de pactos colectivos, pero su estado de pobreza, de sometimiento al capricho del patrono, de hostigamiento dentro del trabajo, de privacidades y sufrimientos, no han desaparecido.

SU PAPEL EN EL PROCESO DE APRENDIZAJE Y EN EL DESENLACE DEL PROCESO EMANCIPADOR

Significa entonces que el sindicato no vale, NO. EL sindicato cumple un papel de primer orden hasta una etapa de la lucha de la clase obrera. Cumple el papel de unificador de la fuerza de los trabajadores, que sin organización está dispersa. Cumple con la tarea de educar a sus integrantes, de volverlos solidarios, juntarlos entre explotados de una rama de producción con otra, de un sitio de la ciudad y del país con el resto, y así sucesivamente. La unión de los obreros en sindicatos, sirve para hacer prevalecer su fuerza ante los capitalistas.

Esto tiene una gran importancia, refleja un nivel de conciencia de la clase obrera. Pero los trabajadores del Ecuador y del mundo no pueden contentarse solo con eso. La clase obrera está llamada a jugar un rol superior, más alto que el que ha cumplido hasta ahora. Ese salto, ese nuevo peldaño de su lucha, es el que tiene que atenderlo con mayor ahínco y decisión.

La clase obrera es poseedora de un espíritu inquebrantable de lucha, es actora directa en las gestas más trascendentes de la historia de la lucha de clases, es la única clase que no solo ha resistido la ofensiva de los capitalistas, que se ha enfrentado en repetidas batallas, y que ha sabido salir airosa y triunfante, que ha hecho de su organización, un arma poderosa con la que demostró al mundo, que podía derrotarla a la burguesía y la derrotó, tomó el poder en sus manos, y se colocó al frente en los destinos de la conducción de un país.

Eso que ocurrió ayer, volverá a ocurrir mañana. La burguesía no es una clase invencible ni eterna, está condenada a desaparecer y sucumbir en manos de la clase obrera. En esa dirección

Camina toda la acción de los trabajadores del Ecuador y del planeta, en esa dirección avanza la tendencia patriótica, democrática y de izquierda que vive el Ecuador, en la que la organización sindical, guiada por el saber de la ciencia revolucionaria,cumplirá su rol de sepulturera de la burguesía.

 
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