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En torno a la Economía de Equivalencia (II)
Continuación del artículo publicado en Kaos el pasado 9 de Mayo.
Arturo Ferrín | Para Kaos en la Red | 2-7-2009 a las 12:29 | 424 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/torno-economia-equivalencia-ii
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El objeto de la Economía de Equivalencia en el Socialismo -en oposición al propósito de lucro privado que define a la Economía de Mercado Capitalista- es la satisfacción de las necesidades de bienes y servicios que requiere la Sociedad, los cuales son producidos con dos factores de la producción; Fuerza de Trabajo y Medios de Producción a los que Marx denominaba respectivamente Capital Variable (“trabajo vivo”) y Constante (“trabajo muerto”). Desde William Petty en adelante, los economistas han coincidido en que el trabajo es la “sustancia” del valor de la producción. Salvo la Tierra en su estado natural, todo lo que observamos a nuestro alrededor es producto del trabajo.

Desde que la humanidad adoptó la división del trabajo como método eficaz para producir los bienes con los cuales satisfacer sus necesidades, está obligada a establecer un sistema para cuantificar la relación que se establece en cualquier intercambio entre dichos bienes y, consecuentemente, necesita valorarlos.

Necesidades.

Sin capitalistas, no hay necesidades capitalistas. Al erradicar las clases sociales, al acabar con la desigualdad, el Socialismo tiene que reconducir racionalmente muchas de aquellas necesidades en provecho de la mayoría de la sociedad; ¿tiene algún sentido racional el marasmo de necesidades que nos ha impuesto el Capitalismo? El Socialismo debe buscar una armonía entre la Naturaleza y las necesidades del Hombre; entre su tiempo de trabajo y su tiempo libre.

Producción.

El “trabajo vivo” utiliza los Medios de producción; tecnología, métodos de organización del trabajo, edificios, equipo e instalaciones, maquinaria, útiles y herramientas, componentes, materias primas, etc. Esos Medios de producción representan trabajo acumulado porque fueron diseñados, fabricados u obtenidos mediante trabajo con Medios que fueronproducidos asimismo por otros trabajadores.

Supongamos que, con esos Medios de producción, un trabajador realiza en una jornada normal una unidad de producto. Además de las 8 horas que ha empleado ese trabajador, el producto contiene una parte alícuota del trabajo acumulado en los Medios de producción. Estos Medios se desgastan (deprecian) a lo largo de su vida útil y podemos calcular la cantidad de trabajo que incorporan a aquél producto. Ese cálculo se realiza generalmente con el estudio de la amortización del Medio de producción con el fin de proveer su sustitución. Si un equipo costó 10.000 horas construirlo, las mismas se gastarán en los productos que fabrique durante toda su vida útil, por lo que serán necesarias otras tantas horas para, al menos, sustituir el equipo cuando agote su vida productiva. El proceso de depreciación de un Medio de producción puede verse acelerado a causa de la obsolescencia técnica derivada de la aparición de nueva tecnología más productiva. Determinadas Materias primas extraídas de la Tierra (minerales, petróleo), además de la utilización de “trabajo vivo” y “Medios de producción”, suponen el agotamiento de recursos naturales irreemplazables.

La acción de producir exige que sus factores se reproduzcan. El trabajador debe recibir medios de subsistencia para vivir y los Medios de producción deben ser reemplazados cuando termine su vida útil, para no agotar las existencias necesarias en el futuro. Supongamos que la cesta diaria básica de una persona está compuesta por 50 artículos y que cada uno de sus componentes exige seis minutos de trabajo; el total supone 300 minutos, es decir 5 horas de trabajo. Si el equipo que mencionamos anteriormente es capaz de fabricar 20.000 unidades de producto durante su vida útil, cada unidad debe aportar media hora a un fondo de amortización que podrá aportar 10.000 horas para la sustitución del equipo. Un barril de crudo petrolífero extraído de las entrañas de la Tierra, por ejemplo, debe dotarse con la “provisión” contable correspondiente a la cantidad de trabajo necesaria para implementar la solución energética alternativa.

La Rosa de Peters es un esquema de los elementos que contribuyen a formar el “valor” (en trabajo) de los productos. Establece una primera distinción entre “Trabajo vivo” y “Trabajo incorporado” que representan las categorías marxistas de Capital variable y Capital Constante. Supongamos la composición de valor de dos productos; el primero ha consumido 8 horas de “trabajo vivo” y 4 horas de medios de producción, por lo que cuesta 12 horas, mientras que el segundo ha requerido 8 horas de “trabajo vivo” y 2 horas de medios de producción, por lo que cuesta 10 horas. Suponemos también que las 8 horas de ”trabajo vivo” empleadas corresponden a una intensidad “media” comprobable.

La productividad del trabajo mide la eficiencia del conjunto formado por la Fuerza de Trabajo y los Medios de producción para resolver las necesidades de la Sociedad. Si suponemos que, en el ejemplo anterior, ambos productos satisfacen igualmente la misma necesidad, es decir, que tienen el mismo “valor de uso”, entonces el segundo producto es más económico que el primero porque ha consumido menos Medios de producción (por ejemplo, puede deberse a que su método de producción haya economizado materias primas ó energía). Evidentemente, la Sociedad tendrá interés en satisfacer aquella necesidad mediante el segundo procedimiento.

Podemos concluir, provisionalmente, que el Producto de la Sociedad está compuesto por la cantidad de jornadas trabajadas más las que corresponden a la amortización y provisiones calculadas de los Medios de producción.

Distribución.

La Sociedad dispone de una población trabajadora y de otra que está inactiva a causa de su edad o por motivos de salud. El Contrato social del Socialismo consiste en que la población trabajadora tiene que producir los Bienes y Servicios y los Medios de producción de toda la Sociedad.

En primer lugar, la Sociedad tiene que decidir democráticamente el alcance de las necesidades sociales que se van a cubrir colectivamente a través de un Fondo social, a fin de planificar el trabajo necesario en la infraestructura, investigación científica, vivienda, educación, sanidad, administración, pensiones de jubilación, bajas laborales, etc. Ese conjunto de necesidades representa un determinado volumen de jornadas de trabajo (hablamos de “múltiplos” de cantidad de trabajo). Es decir, si una parte de la población trabajadora debe dedicar tantas jornadas de trabajo en la construcción y sostenimiento de ferrocarriles, carreteras, viviendas, universidades, escuelas, hospitales, administración, etc., la Sociedad está obligada a proporcionar el equivalente de una cantidad de jornadas para la población improductiva (pensiones de jubilación, bajas laborales).

Por tanto, una jornada laboral de “x” horas podrá proporcionar entonces a la población trabajadora tan solo “x-s” horas de producto, siendo “s” la parte proporcional que necesita el fondo de necesidades sociales. Si suponemos que éste último exigiera un 25 %, una jornada de 8 horas proporcionaría al trabajador 6 horas de producto. El trabajador recibe de la Sociedad un conjunto de bienes sociales “en especie” para él mismo y su familia (vivienda, sanidad, educación…) y una parte del producto de su trabajo para su gasto particular. En caso de una jornada laboral flexible más reducida, por ejemplo de cuatro horas, percibiría tres de producto.

Cualquier ciudadano, con el saldo que disponga de “horas de trabajo”, puede decidir su “cesta de la compra”. Este saldo no tiene el significado de “dinero” en el sentido capitalista porque con él no se puede comprar trabajo asalariado ni Medios de producción. Unas personas pueden querer consumir menos del saldo que disponen en el momento presente a cambio de poderlo utilizar en el futuro, y otras, por el contrario, puede que necesiten disponer más en el presente, por ejemplo, para amueblar su vivienda. El Banco Nacional se encargaría de administrar los saldos de ahorro en la forma de crédito sin interés.

Planificación.

La Sociedad tiene que decidir el volumen de trabajo que dedicará a reemplazar o incrementar los Medios de producción, encaminándose hacia una “reproducción simple” o hacia una “reproducción ampliada”. El análisis Input-Output ofrece el marco para presentar a la Sociedad las diferentes alternativas.

En el supuesto de una reproducción simple, se utilizaría el fondo de amortización de los Medios de producción, aunque bien es cierto que el desarrollo de la tecnología y de la productividad del trabajo permitiría el crecimiento. La dinámica social será la que dirija el esfuerzo hacia algunos sectores y los reduzca en otros, definiendo nuevas necesidades y eliminando otras.

La planificación de las necesidades de Medios de producción incluye las del Fondo social y las de la actividad que podríamos llamar de consumo “particular”. En el ámbito particular, la demanda de los diversos productos se manifiesta en los centros de distribución desde donde se transmite informáticamente a los centros de producción para que planifiquen también la necesidad de un determinado volumen de jornadas de trabajo y de Medios de producción.

Respecto a los Servicios, actividades que no se incorporan a la producción que hemos tratado hasta aquí, sufrirán una considerable reducción en el Socialismo; éste eliminará el enorme despilfarro social que significan la mayoría de los “servicios” de lujo que se prestaban a los extinguidos burgueses. Evidentemente seguirán siendo necesarios servicios tan dispares como los que ofrece la hostelería y las agencias de viajes, el que proporciona un fontanero o un peluquero. Pero un conjunto enorme de  actividades privadas, desde abogados y asesores financieros hasta las que se dedican a la publicidad comercial y  los juegos de azar, ya no tendrán ninguna razón de ser en una Sociedad que se dirige por la racionalidad.


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