Aunque nadie sea capaz de negar el carácter catastrófico de los niveles de desempleo de los últimos meses se hace necesaria una aproximación a las cifras. Según el INEM (desempleo registrado) con fecha 30 de abril de 2009 nos encontrábamos con 3.644.880 trabajadores privados del empleo, las cifras de la EPA son todavía en un nivel superior, fijando en el primer trimestre del presente año 4.010.700 personas en desempleo. En ambas fuentes se establece un aumento de 1,3 y 1,8 millones de personas sin trabajo y por tanto una destrucción de empleo de entre el 35% y 44% en relación al último año.
La causa central sobre el desplome del empleo es en general objeto de coincidencia en cuanto a los diferentes análisis que pueden existir sobre la materia: la crisis y sus efectos. Cuestión diferente es la caracterización sobre si estamos ante únicamente una crisis financiera, ante una crisis de modelo y por lo tanto coyuntural, o si estamos ante una crisis sistémica. El que escribe coincide con aquellos que sin titubeos caracterizan la situación actual como una clásica crisis capitalista, orgánica, de sobreproducción.
En el caso del Estado español la crisis está presentado un efecto diferenciador de la mayoría de los Estados europeos, este es el alto nivel de destrucción de empleo en el último año. Una rápida respuesta sobre esta cuestión nos llevaría a situar el peso del sector de la construcción en la economía y el desplome del mismo como elementos determinantes. En todo caso si analizamos los datos relativos a este sector 692.000 puestos de trabajo han desaparecido, encontrándosenos con 413.000 correspondientes a la industria y 180.000 a los servicios. Podemos observar por tanto que el desplome de la construcción no ha sido el elemento que puede diferenciar al Estado español en relación al resto de países de nuestro entorno en relación al acelerado aumento del desempleo.
Así deberemos apuntar a otros elementos como determinantes para explicar como el desempleo se ha situado del 9,6 % al 17,4 % en poco más de un año. Si bien son una combinación de variantes las que puedan guardar relación con el salvaje crecimiento del desempleo, existe un elemento determinante en el Estado español: los altos niveles de contratación temporal.
En los últimos 10 años el porcentaje de trabajadores temporales se ha situado en 1/3 parte de los totales contratados, con oscilaciones entre el 35 y el 25%. Es este alto porcentaje de contratación temporal el elemento determinante en el rápido y explosivo crecimiento del desempleo en el Estado español, de la misma manera que los niveles de temporalidad se habían situado en los últimos años en el doble que los Estado de nuestro entorno ahora el desempleo reproduce el mismo esquema. Lo anterior responde al hecho que la extinción del contrato de un trabajador temporal encuentra como indemnización de 0 a 8 días por año trabajado, en contraposición a los 45 días por años trabajado y potencialmente salarios de tramitación al que puede llegar a ascender el despido de un trabajador con contrato indefinido.
Así la celeridad, facilidad y bajo coste, o inexistente, de la finalización del contrato temporal se sitúa como elemento determinante en las macrocifras de la destrucción de empleo. Con una realidad laboral en la que 1 de cada 3 contratos son temporales provoca que ante situaciones como las actuales de crisis el crecimiento del desempleo sea geométrico y no aritmético como en el supuesto en el que existiese menor temporalidad y mayor garantías ante el potencial despido.
De hecho existe informe realizado el mes de abril de 2009 en el que el Observatorio de la Crisis de la Federación de Estudios de Economía aplicada establece que los empleados temporales tienen 5 veces más posibilidades de perder el empleo que un trabajador indefinido.
Nos podrían trasladar que el situar la contratación temporal como elemento determinante del explosivo crecimiento del empleo no contempla la premisa en relación a la cual las extinciones contractuales responden a la propia realidad de descenso productivo. En todo caso podemos observar que ello no puede servir como una explicación para justificar la causa por la cual el crecimiento del desempleo duplica el existente en otras realidades similares. Si tomamos como referencia Francia, Italia o Alemania podemos confirmar que tienen una caída del PIB (-3,2%, -5,9% y -6,9%, respectivamente) que es superior a la del PIB español (-2,9%) y sin embargo se sitúan con un desempleo o una destrucción de empleo en el último año un 50% inferior a las cotas estatales.
Los datos anteriores refutan la fórmula por la cual la destrucción de desempleo responde únicamente a necesidades en cuanto al descenso de la actividad. El coste del despido y la temporalidad como máxima expresión de reducción del mismo, se construye como elemento determinante en cuanto a la opción empresarial por la destrucción de empleo. En su sentido contrario, es falsaria la premisa empresarial por la cual si las indemnizaciones por despido fuesen más reducidas ello generaría empleo, el elemento determinante a la hora de la contratación es la necesidad productiva, la necesidad de mano de obra, con independencia del coste de un potencial despido que no se plantea la patronal en el momento de la contratación. En todo caso la discusión en relación al coste del despido sería objeto de un análisis concreto que no forma parte de este artículo.
Vidal Aragonés Chicharro. Abogado Laboralista.
27 de mayo de 2009
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