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Sublevación en Este y Oeste: l@s autónom@s de Berlín Oeste y la RDA
La historia de la RDA está demasiado impregnada de los crímenes estalinistas y de los errores de los movimientos comunistas como para servir de ejemplo en algo.
Benjamín en Interim nº 487 | A las Barricadas | 12-11-2009 a las 20:12 | 1126 lecturas | 9 comentarios
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El siguiente texto apareció por primera vez en el especial «10 años de “revolución pacífica”» de la publicación de Berlín Este telegraph (número 1/1999). Por ese motivo se dirige principalmente a un público local e implicado en los acontecimientos de entonces. No obstante, supone una visión alternativa al bombardeo mediático sobre “la caída del Muro”. Esta versión ha sido un tanto reelaborada, especialmente para tratar de aclarar mejor algunos puntos. Telegraph se considera el continuador de la publicación clandestina germanooriental Umweltblätter. Sus críticas al “socialismo” autoritario en ningún caso supusieron una defensa del capitalismo occidental.

La noche del 13-12-1981 volvieron a sonar los escaparates de la avenida Kurfürstendamm, en Berlín Oeste. En el transcurso de una manifestación espontánea [se dice así a las manifestaciones convocadas con carácter de urgencia que, según la ley alemana, pueden solicitarse con posterioridad a la celebración de las mismas; eventualmente, las autoridades pueden juzgar si el motivo era justificado o no] en la que participaron unas 200 personas se reventaron los escaparates de la compañía aérea soviética Aeroflot, la polaca LOT, la británica BEA y la estadounidense Pan Am bajo la consigna «Sublevación en Este y Oeste contra el Pacto de Varsovia y la OTAN». La mani la había decidido y organizado el Consejo de okupas como respuesta al golpe militar en Polonia. El periódico [amarillista a más no poder, rancio y de enorme tirada] Bild, en lugar de hablar como siempre de “violentos” [Chaoten] se refirió, en su confusión, a «jóvenes furiosos».

Quede eso como respuesta a todo lo que hablan en los callejones de Berlín oriental sobre que “l@s” autónom@s/izquierdistas de Berlín occidental nunca se preocuparon por el Este. De hecho, aún hoy me maravillan las pocas pegas que pusieron casi todas partes a la hora de llevar la convocatoria al Consejo de okupas. Evidentemente, dicha acción contra el golpe militar en Polonia no puede ocultar el hecho de que en el movimiento okupa había un sector “antiimperialista” y que en el movimiento pacifista había un sector controlado por el partido comunista (DKP). Pero también estábamos l@s demás, que nos (1) sentíamos solidari@s con to@s l@s rebeldes del mundo. Vale que teníamos poco que ver con las personas reales de Polonia (igual de poco que con las de Centroamérica), pero nuestro instinto nos hacía ver dónde había rebeldes y levantisc@s luchando contra la dominación y el poder. Un sentimiento íntegro y global que formaba parte de lo que éramos.

Pero no se trataba únicamente de un sentimiento: estábamos familiarizad@s con la crítica anarquista y socialrevolucionaria a la URSS, aborrecíamos tanto al DKP como al SEW [Partido Socialista Unificado de Berlín Occidental, la “filial” del Partido Unificado Socialista (SED) que gobernaba en la RDA] y conocíamos la lucha del movimiento de liberación eritreo contra el régimen torturador de Etiopía que apoyaba la URSS. Queríamos escapar al paralizante dualismo RFA/RDA. LA RAF no nos interesaba demasiado como proyecto político incluso antes de saber que estaba bajo la misma manta de la StaSi e incluso escribía en su principal órgano de expresión. En la revista que quizá fuese el medio más importante del movimiento en 1980-81, radikal, siempre se hablaba con simpatía de Solidarność [Solidaridad] y las huelgas en Polonia.

Pero volvamos a la RDA. No puede decirse que en 1980-81 hubiera allí sublevación alguna, sobre todo cuando nuestros esquemas nos hacían buscar únicamente ponchos y piedras. Quien no tenía parientes en la RDA, todo lo más conocía las autopistas que atravesaban el país para llegar a la RFA y las queridísimas estaciones de servicio Mitropa. La poca gente que aquel año llegó a Berlín Oeste desde la RDA apenas se dejó caer por la movida o la abandonó descorazonada a los pocos días.

Sólo dos años después, en octubre de 1983, aparecieron en radikal dos artículos sobre la RDA, ambos impregnados por la sensación dominante de extrañeza durante una visita a la RDA a pesar de que las afinidades políticas, como en la lucha contra el servicio militar y la carrera de armamento, parecían evidentes. «Mauerspringer» [Saltamuros] narra su visita a una misa blues en la iglesia del Salvador, «a menos de 500 metros de Kreuzberg [el barrio-cuartel de buena parte de la movida autónoma de Berlín occidental]». La idea de que iba a volver al cabo de un par de horas le produjo una sensación de extrañamiento tal que se convirtió en distancia, y fue incapaz de dirigirle la palabra a nadie. Aquella misma noche escribía: « [...] me vuelvo, no he sido capaz de superar la extrañeza, ahora cambio de película y otra vez toca rollo occidental».

Por lo demás describe cómo hubo miles de asistentes a la misa blues y que durante el servicio se rezó «por que el Señor nos conceda la fuerza para resistirnos a todas las dictaduras militares en Chile, en Guatemala y en cualquier lugar». Todo el mundo sabía que “cualquier lugar” se refería a Polonia, pero decir esa palabra en voz alta era el límite de lo que realmente podía llevarte a la cárcel en la RDA de 1983. Es probable que «Mauerspringer» estuviera acostumbrado a empezar cualquier discusión con «la anarquía como exigencia mínima». En una entradilla, la redacción de radikal trató de establecer un paralelismo a partir del uso de pseudónimos: «Ambos artículos firmados con pseudónimos por miedo a [la cárcel de] Moabit. En la RDA también hubieran tenido que usar pseudónimo por miedo a [la cárcel de] Pankow». (2)

Este sentimiento de extrañeza comenzó a despejarse a partir de mediados de la década de 1980, conforme fueron apareciendo por Berlín Oeste cada vez más exiliados de Sajonia y Turingia y pudieron integrarse en la vida cotidiana del mundillo autónomo que se había formado entretanto. En algunas clases de la escuela para adultos de Mehringhof [un instituto democrático y autogestionado que se encuentra en Kreuzberg], casi la mitad de alumn@s provenían de la RDA. Así es como empezaron a establecerse lazos personales. Dado que la mayoría tenían prohibido viajar a la RDA, nos encargábamos de ir a ver a sus padres y herman@s para llevarles cartas y regalos de Navidad que era mejor no confiar a Correos y concertar quedadas en Checoslovaquia con sus amistades.

Pero para la gran mayoría quedaba la extrañeza. Tres amigas volvieron descorazonadas de un viaje a Jena, Weimar y Leipzig. El ambiente cotidiano se les hizo extraño, demasiado limitado. Quienes no podíamos soportar el ambiente de las ciudades de provincias del sur de Alemania, ¿cómo íbamos a poder soportarlo en Jena o en Weimar? [Hay que aclarar que buena parte de la movida autónoma de Berlín Oeste provenía del sur de Alemania, católico y conservador hasta decir basta] En cuanto a algo político y más concreto, hasta mediados de la década de 1980, la izquierda autónoma tampoco fue capaz de centrarse gran cosa en la RDA. Claro que, a nivel abstracto, estábamos contra la dictadura del SED, contra el ejército, la disciplina militar, el servicio militar obligatorio, el Muro y la prohibición de viajar, pero no encontrábamos —en mi opinión no los había— planteamientos concretos para empezar a actuar. Era más fácil Nicaragua. Al mismo tiempo, en nuestros nidos de Berlín Oeste disfrutábamos de las pequeñas ventajas de la confrontación Este-Oeste: la ausencia de servicio militar obligatorio y un montón de pasta en subvenciones para mantener el esplendor del escaparate del capitalismo. Tras el fin de la RDA pudimos comprobar la importancia de la competencia entre sistemas para el Estado del bienestar en Alemania occidental.

Sin embargo, en 1987 empezaron a cambiar algunas cosas. Poco a poco fue despertándose un nuevo interés por los cambios en el bloque oriental, desencadenados en buena medida por Gorbachov. Con sus mensajes políticos ambiguos —por una parte permitir al fin derechos ciudadanos bajo el socialismo y por la otra preparar el bloque oriental para el mercado capitalista mundial y desbloquear después de décadas las relaciones entre los partidos comunistas y la clase obrera— despertó en nosotr@s una curiosidad inquieta. ¿Derivaría la modernización dirigida por el Estado central en que la plantilla pudiera elegir los equipos directivos? ¿Realmente se convertirían los koljoses en cooperativas autogestionadas de campesin@s libremente asociad@s? ¿O lo que estaba haciendo era preparar la venta al capitalismo occidental? Ahora ya sabemos qué eran ilusiones y qué es lo que pasó. Pero para comprender la ambivalencia política con la que contemplábamos entonces los cambios en el bloque oriental es importante rememorar lo que fue aquello. Esa ambigüedad afectó y paralizó también a la oposición en la RDA en el momento clave. Las revoluciones no se hacen sobre ambigüedades, sino con exigencias y objetivos claros.

En aquel entonces, las alternativas políticas reales para la RDA eran: derrocar el régimen del SED a cualquier precio, lo cual significaba de hecho la entrega a Occidente, o establecer una alianza con los sectores moderados de las elites del Partido, la StaSi, el Estado y la Iglesia para lograr una RDA transformada. Nuestro fuerte no es —por fortuna— la realpolitik. Es algo que no debemos olvidar a la hora de hablar sobre los acontecimientos de entonces. Sobre todo para no culpar a otra gente de nuestras propias torpezas.

Sirva como ejemplo de la ambivalencia que había dentro de la oposición en la RDA una conversación que tuvieron dos amig@s mí@s, S. y A., durante el verano de 1988 en un café a orillas del lago Müggelsee. Amb@s tenían un fuerte compromiso en [la organización horizontal y libertaria que amparaba a la disidencia bajo la cobertura de la Iglesia] «Kirche von Unten». S. mantenía la postura “superautónoma” de «a la mierda todo» y la vivía hasta donde le era posible. Sobre todo temía la ley «contra los asociales» [artículo 249 del Código Penal de la RDA, la típica ley de “peligrosidad pública”, “vagos y maleantes” y demás, castigaba con penas de libertad condicional, campos de «reeducación por el trabajo» y hasta dos años de prisión]; ya no tenía miedo de la StaSi —«total, ya lo saben todo»— y no ocultaba que tenía en casa 50 ejemplares de una publicación clandestina. En cambio, A., estudiante de Economía y potencial gerente de alguno de los grandes consorcios de la RDA con posibilidades en el mercado mundial, apostaba y confiaba en un cambio dentro del socialismo.

En concreto, a partir de 1987 los planes educativos de su Facultad habían cambiado ya hasta el punto de hablar claro en los seminarios: por ejemplo, que un marco de la RDA valía en el mercado mundial 24 peniques de marco de la RFA. Por ello era mucho más cauta y le interesaba la conservación de la RDA como tal.

En todo caso, a partir de 1987 aumentaron los contactos políticos en la RDA. Much@s de mis amig@s de Berlín Oeste estuvieron al tanto del «Congreso de la Iglesia desde abajo» de 1987, en el que la oposición en la RDA amenazaba con okupar una iglesia. El nuevo semanario Interim de l@s autónom@s de Berlín Oeste, creado en los preliminares de la campaña contra el FMI de 1988, publicó el texto de muchas octavillas y artículos de las publicaciones clandestinas de Berlín Este Umweltblätter,Grenzfall y Friedrichsfelder Feuermelder.

Desde los círculos autónomos se hizo llegar en más de un viaje al Este algún que otro cartucho de tinta para las multicopistas y radiocasetes de doble pletina (3); todo ello pagado con los excedentes financieros de proyectos autónomos y empresas alternativas. Sólo que no se lo restregábamos por las narices a los “bocazas del Este”, sino que les contábamos no sé qué de que provenía de una tal Lista Alternativa. Como más tarde, desde mediados de 1988 se podían conseguir Interim, radikal y el boletín Antifa-Infoblatt en la biblioteca Umwelt de Berlín Este (4). Al mismo tiempo se empezó a escuchar en Berlín Este la emisora pirata Radio Glasnost gracias a la colaboración de la emisora alternativa occidental Radio 100 e incluso en el periódico izquierdista berlinés taz aparecía de vez en cuando alguna página de la oposición de Berlín Este.

Todo esto suena muy fantástico y excitante. Lo que quiero decir es que el trabajo conjunto o al menos paralelo contra los gobernantes de oriente y occidente no fracasó debido a las condiciones ni por problemas técnicos, sino por las diferencias culturales en el día a día y las ambigüedades en los contenidos políticos de ambas partes. Igual que se nos puede echar en cara desde el Este que con frecuencia se le quitaba hierro a la opresión de la RDA, también ocurría lo contrario: ¿quién si no escribió en 1988 una carta suplicando a IBM y otras empresas occidentales aparatos multicopistas viejos para la oposición en la RDA? En el libro 20 Jahre radikal (20 años deradikal) (5) escribía «Billy the kid»: «Hubo solidaridad con los movimientos en lucha del bloque oriental. Pero tal solidaridad necesita en primer lugar un sujeto y en segundo lugar la condición de que los luchadores de allá no se echen en brazos de los que mandan aquí». Es una frase con la que l@s izquierdista@s del este y del oeste pueden fustigarse mutuamente.

Y estaba la cuestión de la falta de un sujeto en la RDA que sirviera de referencia. Naturalmente, la StaSi hizo todo lo que pudo precisamente para evitar que se formara un sujeto antagonista (como Solidarność en Polonia). Durante años mantuvo con éxito la estrategia de sangrar la resistencia mediante la emigración más o menos voluntaria al Oeste. Y cuando en enero de 1988 por fin hubiera podido ser el momento, much@s de l@s protagonistas cayeron a los pocos días en manos de la StaSi y acabaron accediendo a salir del país. Lo cual, aunque comprensible desde el punto de vista personal, fue políticamente catastrófico. (6)

En estos dos años anteriores al Cambio, “l@s” autonónom@s occidentales siguieron con atención la resistencia que resurgía una y otra vez en la RDA. El 25-11-1988, Interim se rebautizó VEB Interim [Empresa popular Interim, en referencia a cómo se llamaba a las empresas en la RDA] e informó a lo largo de doce páginas de las acciones en Berlín Este contra la cumbre del FMI/Banco Mundial, los debates sobre política económica en el barrio de Berlín-Friedrichsfelde y la represión contra los punks de Dresde. El texto de presentación concluye con el apunte de que la eligibilidad de director@s y profesor@s que exigían 25 grupos de base en la RDA «también podría introducirse en la agenda de aquí».

Creo que puedo afirmar que durante 1988 y 1989 no aparecieron en ninguna publicación de Alemania occidental tantos textos originales de la RDA como en Interim.Siempre tan adelantad@s a su tiempo, algun@s autónom@s de Berlín Oeste sintieron que en el Este se estaba cociendo una «situación prerrevolucionaria», tal y como se podía leer en la edición de Interim del 26-10-1989. «Por desgracia está por ver si conduce hacia una democracia burguesa o al socialismo libertario.» Durante todo el verano y el otoño de 1989 aparecieron en Interim artículos, colaboraciones y cartas abiertas provenientes de la RDA y ocasionalmente de otros Estados del bloque oriental. La postura básicamente distante de las redacciones de Interim en lo que respecta a incluir comentarios propios —en Interim han de ser l@s autor@s de los textos quienes se expresen— se mantuvo en el caso de los textos de la RDA. El posicionamiento estaba en el lugar destacado que ocupaban en la publicación.

De modo que no se puede decir que “l@s” autónom@s occidentales no se preocuparan por la situación del bloque oriental. Visto por encima, se trató más bien de opciones personales; sin embargo, creo recordar que mucha gente pasó porque la RDA les resultaba, como comentaba antes, demasiado extraña. Un enfrentamiento real con las condiciones imperantes en la RDA hubiera significado demasiado esfuerzo y tampoco hubiera servido en absoluto como pantalla sobre la que proyectar los sueños revolucionarios. Para eso era mucho más apropiada la exótica Nicaragua.

En el número del 12 de octubre de 1989 apareció un posicionamiento de uno de los grupos redactores de Interim que nombraba definitivamente las agrupaciones de la RDA a las que querría ayudar: «El que no haya reunificación [con la RFA] y la conservación de la propiedad social de los medios de producción (independientemente de las formas de organización contretas) nos parecen en cualquier caso los requisitos previos para una resistencia contra los jerifaltes del Partido en la RDA que no corra el peligro de trabajar hasta caer directamente en manos de la mafia de Bonn». Por lo demás, en esa misma introducción se hablaba explícitamente contra la intromisión de los medios occidentales en las cuestiones internas de la RDA. Algo que ocurre cuando, con motivo del 40 aniversario de la RDA el 7 de octubre, el periódico taz se planteaba sacar un número especial en caso de que ocurrieran hechos relevantes durante ese día en Berlín oriental.

La oleada de refugiad@s del verano de 1989 nos desbordó tanto como al resto de gente de Alemania occidental. Qué se le puede echar en cara a gente que todo lo que quiere es ver Italia algún día y conducir un coche que no sea de cartón. Y ganar dinero “de verdad”. Si tú mismo no habías querido soportar el sur de Alemania, cómo ibas a pedirles que se aguantaran en la RDA “por la Causa revolucionaria”. ¡Mismos derechos para tod@s!

A nivel puramente humano y dejando a un lado todas las implicaciones políticas que trajo consigo, todavía describiría la noche de la caída del Muro, el 9 de noviembre, como una de las más felices de mi vida y de la ciudad. Ya podíamos quedar con nuestras amistades de Berlín Este y la RDA. Buena parte de mis conocid@s salid@s de la RDA pudieron volver a ver desde aquel día a sus amig@s, herman@s y padres. Es una dimensión que no debería despreciarse, porque explica parte de la dinámica que se generó en los meses siguientes.

Al mismo tiempo, la acción autónoma demostró estar en una forma espléndida durante los días de la apertura del Muro. Logramos, junto con mucha más gente, reventarle a Kohl y su panda el numerito del himno nacional ante el ayuntamiento de Schöneberg. El 12-11-1989 organizamos una manifestación en la Kurfürstendamm con unas 3000 personas. «La libertad de la que hablan es la del Deutsche Bank» le gritábamos a los cientos de miles de atónitos ciudadan@s de la RDA que había en las aceras, que nos miraban como a marcian@s. En realidad éramos demasiado débiles y no teníamos —ni en el Este ni en el Oeste— un programa cotidiano lo bastante arraigado en la gente como para poder influir ya en el curso de los acontecimientos.

La clase trabajadora “real” de la RDA optó rotundamente por el mercado occidental. Por qué iban a seguir currando en unas empresas paupérrimas por 800 marcos

orientales si en caso de reunificación ganarían 2500 marcos occidentales por el mismo trabajo. «¡Si vienen los marcos, nos quedamos!», rezaba el hábil chantaje al establishment occidental, que ante semejante presión tuvo que optar por la incorporación inmediata de la RDA, algo completamente insensato desde un punto de vista puramente económico. Los primeros planes del gobierno federal en otoño/invierno de 1989 todavía presuponían un proceso de adaptación de unos diez años. Luego se lo hicieron pagar a buena parte de l@s trabajador@s de la RDA, pero esa ya es otra cuestión.

Al contrario que la clase trabajadora de la RDA, l@s occidentalit@s preferíamos, aunque sólo de forma teórica e ideológica, la conservación de la RDA. A la hora de la verdad, nadie se hubiera mudado a Leipzig a trabajar en una planta química o de cajer@ por 800 marcos orientales. Se podía creer en el plan magistral de comunismo, pero verse jodido en un tajo real ya era otra cosa. En la esencial cuestión material sobre el ganarse las lentejas, y cuántas por cuánto esfuerzo, llevábamos décadas fracasando, tanto l@s occidentales como la izquierda libertaria del Este. Aquí se puede ver la mayor debilidad de casi todas las izquierdas: “sobrad@s” en lo ideológico pero “cort@s” en lo social. Por ejemplo, en la cuestión del racismo tampoco son nuestras prebendas las que están en juego. La gente que viene del Sur y del Este no supone competencia alguna en un segmento del mercado laboral que exige el “dominio” de la lengua alemana. Eso no pasa en el andamio. Eso no justifica en absoluto el comportamiento xenófobo de mucha gente de la RDA, pero de vez en cuando también deberíamos pararnos a analizar nuestra propia “situación de clase”.

Cuando se fueron posando las nubes de confeti, l@s protagonistas del Cambio se vieron convertid@s en un mundillo —de gente en su mayoría de capas medias de las antiguas elites de la RDA y con estudios— tan aislado socialmente como l@s autónom@s del Oeste.

Diez años después es inútil especular que hubiese pasado si… [el último presidente del Consejo de Ministros de la RDA] Hans Modrow fuese primer ministro de la RDA en 1999 y si hubiese podido hacer otra cosa que los presidentes excomunistas de Polonia y Hungría. Con la misma ambivalencia con la que fuimos incapaces de decidirnos a favor o en contra de la RDA a finales de la década de 1980, hoy derramamos una lagrimilla de alegría por ella. Por una parte nos hemos liberado del paralizante dualismo de sistemas y por otra hemos averiguado cuánto beneficiaba la competencia entre sistemas nuestra posición negociadora ante los capitalistas.

Las preguntas pendientes sobre un movimiento socialrevolucionario en Europa tienen, en mi opinión, poco o nada que ver con las preguntas históricas sobre la RDA y la resistencia en este país. La historia de la RDA está demasiado impregnada de los crímenes estalinistas y de los errores de los movimientos comunistas como para servir de ejemplo en algo. Las pocas diferencias positivas en la mentalidad de l@s habitantes de la antigua RDA se compensan con las negativas. La frontera sigue sin discurrir entre la antigua RFA y la antigua RDA, sino entre Arriba y Abajo.

Benjamin

Notas:

(1) Cuando hablo de “nosotr@s” no me refiero, claro está, a un “nosotr@s” unánime, sino a un movimiento que se compone de mucho más que uno, dos, tres “yo” .

(2) En el verano de 1983 fueron detenidos dos supuestos colaboradores de radikal que pasaron dos meses en prisión provisional. En primavera de 1984 ambos fueron condenados a dos años y medio de cárcel por «colaboración con organización terrorista».

(3) Entonces eran aparatos caros y escasos.

(4) Aquí podría decirse algo sobre la supuesta omnipotencia de la StaSi. Hasta el Cambio no descubrieron el canal que se utilizaba entonces.

(5) 20 Jahre Radikal - Geschichte und Perspektiven autonomer Medien,Gemeinschaftsausgabe der Verlage Schwarze Risse, Unrast, Libertäre Assoziation und DD, Berlín, 1996, página 37.

(6) Por lo demás, en el segundo número de Interim de mayo de 1988 apareció un extenso artículo de Reinhard S. muy crítico con estos acontecimientos: «Gewogen und für zu leicht befunden».

Texto original: Interim nº 487, 04-11-1999

 

Traducción: Chief Salamander

 
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Comentarios (9)

#2

autónomo y rojo|12-11-2009 21:20

FUERA ANTICOMUNISMO DE KAOSENLARED.NET

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#3.- buen texto

lucas|12-11-2009 23:55

La clase trabajadora “real” de la RDA optó rotundamente por el mercado occidental. Por qué iban a seguir currando en unas empresas paupérrimas por 800 marcosorientales si en caso de reunificación ganarían 2500 marcos occidentales por el mismo trabajo

Al contrario que la clase trabajadora de la RDA, l@s occidentalit@s preferíamos, aunque sólo de forma teórica e ideológica, la conservación de la RDA. A la hora de la verdad, nadie se hubiera mudado a Leipzig a trabajar en una planta química o de cajer@ por 800 marcos orientales. Se podía creer en el plan magistral de comunismo, pero verse jodido en un tajo real ya era otra cosa.

Este es el quid de la cuestion, aunque no guste al neo-stalinismo.

http://www.youtube.com/watch?v=DFdoDU3XnvY

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#4.- ¿Autonomía? Respecto a qué.

13-11-2009 00:14

O se es autónomo de todo. ¡Vaya ridiculez! Tanta sábana para no decir nada, y qué imagénes más... ¡sin sentido! Así a lo ligero, como quien no tiene nada que aportar. No sé, me queda un sentido ridículo al leer todo esto, que es la historia individual de quien quiso acabar con todo al cambiar de sábanas.

¡Una mala resaca! Y la foto de "supermanes" me parece una simplona equiparación, de esas que usas cuando no tienes nada que aportar como argumento. ¡Ridículo!

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#5

13-11-2009 00:17

-En los países socialistas muchísimas necesidades básicas estaban cubiertas, por eso la renta per cápita era inferior y los salarios menores que en RFA.

-RFA tuvo ese nivel de vida, porque el sistema capitalista tuvo que tratar bien a los trabajadores para espantar la revolución de su puerta.

Si esas premisas no entendemos nada.

Viva la RDA.

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#6.- existen los estalos?

flipando|13-11-2009 02:18

Pues al ver estos comentarios, va a ser cierto que sí que existen esos estalinistas de los que tanto se habla últimamente. Y yo que creía que era una exageración, un mero insulto. Por vosotros estableceríais el comunismo autoritario sin dudarlo. Anonadado me quedo.

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#7

MaoTse-tung|13-11-2009 10:09

Como ha dicho el nº4, los salarios serán más bajos pero el nivel de vida es considerablemente más alto por los servicios sociales que cubrían para todos la educación, la salud, la vivienda y el ocio. Además añado que las empresas cooperativas o estatales socialistas  son organizadas democráticamente al contrario que las capitalistas y que sus beneficios son para el pueblo no para el empresario.



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#8.- uno

13-11-2009 14:28

El comentario número tres es muy típico de la neo izquierda de colorines. Nos suelta una obviedad y cree que ha descubierto la pólvora: el muro desapareció precisamente por los cantos de sirena del mercado pletórico, no por las ansias de libertad sino por las de consumo, que es lo que dices en tu comentario. Estoy de acuerdo. Pero, oiga, ¿cómo construimos el socialismo, con sueldos elevados? ¿Para qué?¿Para que se inflen a consumir?¿Es ese el socialismo que quieren construir? Un socialismo de consumo con libertades burguesas. Es decir quieren cambiarlo todo para que todo siga igual. Vaya arreglo, oiga. Yo quiero socialismo para que se use el trasporte público en lugar del coche. Yo quiero socialismo para que los sueldos se igualen y moderen. Quiero socialismo para quitarme de encima al capitalista... Precisamente por todo esto fue necesario construir un muro, pero ustedes no se enteran. Sigue

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#9.- dos

13-11-2009 14:34

Ustedes que son tan antiautoritarios, deberían darse cuenta que donde primero aparecen las relaciones de autoridad es entre las desigualdades sociales. Entre un fulano que cobra un pastón y otro que cobra una miseria. Aquí ya nos encontramos una clara diferencia de trato social. Por eso es necesario que un médico no cobre mucho más que un cajero de supermercado. Pero ustedes no lo entienden. No entienden que para que esto sea posible se hizo precisamente una revolución y sí, un muro si hace falta, y hasta dos. Deberíamos fijarnos entonces en cuáles eran las diferencias salariales entre un obrero y un arquitecto en la RDA y en la RFA. Pero para qué vamos a pensar en estas cosas...

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#10.- tres

13-11-2009 14:41

Efectivamente, no tenían ni puñetera idea de la realpolitik. Claro que no había más que dos opciones: o se estaba con la URSS o se estaba con el bloque capitalista. Es lo que hay. Luego uno, en sus interioridades, en sus elevados razonamientos intelectuales puede hacer los giros que le apetezcan. Se puede creer que Gorbachov era el reformador que se necesitaba y Solidaridad era un movimiento sindical al que apoyar. Es decir, podemos hacer el ridículo más espantoso como el tiempo ha puesto de manifiesto.

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