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Su Santidad de nuevo
Extraña santidad la de quien vive al amparo de criminales.
PepCastelló | Para Kaos en la Red | 1-5-2009 a las 17:00 | 1589 lecturas | 6 comentarios
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Ha pasado tiempo ya desde aquella lamentable respuesta que dio el Papa Juan Pablo II a Monseñor Romero cuando le informó de los crímenes que el gobierno de su país con la colaboración del de EEUU estaba perpetrando entre quienes luchaban por una sociedad más justa: «Usted exagera, Monseñor. Regrese a su país y ocúpese en mantener buenas relaciones con su gobierno». No exageraba; lo dejó claro su asesinato al cabo de pocos días.

De entonces acá las “buenas relaciones” entre la jerarquía eclesiástica católica romana y los gobiernos asesinos no han cambiado. A las fotos con los sanguinarios dictadores de América Latina hemos añadido las recientes con Bush, tanto de JPII como de Benedicto XVI y para no perder comba las que si no lo impiden los servicios de prensa vaticanos puedan surgir ahora de su encuentro con Uribe, otro de los grandes criminales del presente. ¿Qué más le puede hacer falta a la gente católica para que se le caiga la cara de vergüenza?

Pero lejos de avergonzarse y de manifestarlo abiertamente a fin de que quienes ocupan la sede de Pedro y sus seguidores más o menos próximos tengan algún motivo para corregir su conducta, las buenas gentes católicas prefieren ignorar esos detalles o bien, cuando son inocultables, salir del paso quitándoles hierro cuando no disculpándolos y aun aceptando y dando por buenas esas complicidades. ¿Puede alguien dar una explicación razonable de semejante conducta?

Para alguien con un mínimo de conciencia, que no tenga la mente secuestrada por el amor a la Santa Madre Iglesia Católica Romana, dar soporte emocional a políticos responsables de acciones criminales no puede significar sino complicidad con los crímenes por ellos cometidos. Y para alguien que haya recibido en su educación las enseñanzas de los evangelios, alinearse al lado de los poderosos del mundo, los verdugos que crucifican a los pobres de la tierra, en ningún momento puede ser una actitud cristiana. Porque ¿en qué consiste ser cristiano, en ir a misa acaso? «Misericordia quiero, que no culto». ¿Dónde está la misericordia cristiana de esos altos dignatarios religiosos y sus seguidores ante tanto sufrimiento causado por la codicia del mundo rico?

Que los jefes de gobiernos de los países ricos pacten entre sí políticas y acciones cuyo fin es dar mayor beneficio a quienes los auparon al poder aun sabiendo que ello comporta el sufrimiento de millones de seres humanos, parece razonable, por más que en conciencia sea un crimen. Es un pacto entre criminales, semejante a los que exigen las mafias a sus miembros. Pero que siga ese juego la jerarquía católica... Que a cambio de beneficios políticos pacte con políticos criminales, eso, se mire como se mire, es una aberración inaceptable, una burda perversión del más elemental espíritu cristiano.

A nadie se le oculta que el mundo cristiano es plural. No tan sólo hay distintos comportamientos personales sino que los hay también colectivos. Hay distintas Iglesias que son consecuencia de distintas formas de interpretar las enseñanzas que supuestamente nos legaron las primeras comunidades cristianas. Y esa diversidad de pensamiento y acción se da incluso dentro de la misma ICR (Iglesia Católica Romana), como bien demuestran quienes siguen los criterios de la Teología de la Liberación, por citar uno de los posibles ejemplos. Pero aun así, el escándalo que representa la conducta de la cúpula católica es motivo de rechazo para toda conciencia que anteponga la equidad y la justicia a cualquier interesada conveniencia.

Resulta difícil para quien no mire con ojos de pasión filial ver e esa clerecía un modelo de vida cristiana. Resulta difícil creer que ese cristianismo institucionalizado pueda traer nada bueno al mundo, porque el bien que hacen unos queda fuertemente anulado por el gran mal que hacen quienes se ponen del lado de los poderosos. Y esa dificultad para creer en la bondad de esa ICR le duele en lo más hondo del alma al hereje impenitente que esto escribe. Ojalá les duela también a quienes en el libre ejercicio de su conciencia eligen seguir fieles a su Iglesia. Que les duela hasta el punto de hacerles estallar en una gran manifestación de rabia. Y no para su castigo, sino para bien de su alma, de su Iglesia y de toda la familia humana.

Pepcastelló

 
 
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Comentarios (6)

#1

hoja roja|01-05-2009 19:16

Esa secta que tiene su sede central en el Vaticano es la organización mas criminal y sanguinaria en la historia de la humanidad, 2000 años de historia dan testimonio de este argumento, aquellos que verdaderamente sean creyentes dberian de temerla y condenarla más que nadie y si fuera verdad de la existencia de su Dios  a estos déspotas del espíritu  ya les tendria reservado el peor de los castigos.

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#2.- El arco y la lira

01-05-2009 21:08

  Libertad de la voluntad y fatum.

http://www.nietzscheana.com.ar/libertad_de_la_voluntad_y_fatum.htm

En la voluntad libre se cifra para el individuo el principio de la singularización, de la separación respecto del todo, de lo ilimitado; el fatum, sin embargo, pone otra vez al hombre en estrecha relación orgánica con la evolución general y le obliga, en cuanto que ésta busca dominarle, a poner en marcha fuerzas reactivas; una voluntad absoluta y libre, carente de fatum, haría del hombre un dios; el principio fatalista, en cambio, un autómata.

  http://www.youtube.com/watch?v=BfhAAcLQhf8

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#3.- al número uno,,,

02-05-2009 00:32

,,,  la iglesia vaticana no tiene nada de secta, es una iglesia de estado consolidada por cientos de años ("Y yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.")  que tiene  decenas de millones de seguidores, las autoridades temporales le da buen recibimiento allí donde vaya, por algo será, para nuestro disgusto.

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#4.- Al #3

Martín López|02-05-2009 02:24

Que un supuesto profeta haya institucionalizado a lo que después se convirtió en el catolicismo, no le quita el carácter sectario a esta "iglesia vaticana". Es, al igual que las sectas con menor número de seguidores, una organización de gente que cree en lo mismo. Algunas autoridades le dan buen recibimiento, pero ese es otro asunto.

¡Saludos!

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#5.- Al 3

02-05-2009 16:30

Y eso de que "tú eres Pedro...". ¿Te crees que los evangelios son crónicas? Son escritos catequéticos que han sido reeditados tantas veces cuantas ha convenido a la jerarquía eclesiástica. ¡Tremenda falacia esa de la sucesión de Pedro!

Aun así, te diré algo: El criatianismo, como otras tantas tradiciones religiosas, tiene en su fondo un gran caudal de sabiruría. Que luego la Igleisa haya pervertido el mensaje primigenio, eso es lo que a cualquiera que tenga dos dedos de frente y un mínimo de honestidad le repatea. Porque la idea de las primeras comunidades cristianas era socialmente aceptable. La prueba la tenemos en la cantidad de personas ejemplares que al margen de la disciplina eclesiástica han llevado y llevan una vida solidaria.

No hay que confundir cristianismo con Iglesia Católica Romana, que es lo que pretende la clerecía cuando dice "todos somos ïglesia". Iglesia tal vez sí, pero cristianos... Eso es harina de otro costal.

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#6.- al 4

02-05-2009 17:50

¿De donde sacas tú eso de que "un presunto profeta haya institucionalizado..."?

Si te refieres a Jesús, léete los evangelios y verás que no institucionalizó NADA. ¡ABSOLUTAMENTE NADA! Quien institucionalizó fue Constantino, el emperador romano, de acuerdo con los líderes de algunas comunidades cristianas, esos colectivos que en aquel tiempo ya se denominaban iglesias.

De ahí, de esa institucionalización constantiniana proceden las Iglesias actuales. Esa Iglesia constantiniana es la que divinizó a Jesús, a quien Pablo ya designaba como el Cristo, lo cual sirvió para deshumanizar el cristianismo y convertirlo en una religión cultista, para nada profética ni revolucionaria, algo que Jesús aborrecía,  según puedes leer en algun pasaje evangélico.

Quiero añadir que a pesar de ese catolicismo que censura el artículo, en el mundo hay personas religosas que se guían por el espíritu de humanidad que reflejan los evangelios; personas que desde una óptica humana merecen el mayor respeto. No hay que caer en el error de meterlas en el mismo saco de la clerecía amiga de los ricos y enemiga de los pobres.

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