El planeta no puede esperar 20 ó 30 ó 50 años para consolidar reducciones de CO2 (25.000 millones de toneladas cada año), no obstante, el sistema capitalista no está dispuesto a perder los 2500 millones de dólares diarios que genera su industria armamentística, ni detener guerras como la de Afganistán y dejar de construir el gaseoducto proveniente del mar Caspio, ni evitar la explotación de recursos naturales (petróleo, carbón, plata, uranio, etc.) para así seguir con la imparable producción y continuo aumento de las ganancias económicas generadas merced la sociedad de consumo occidental, mito de progreso y modernidad.
Incluso en épocas de crisis los gobiernos recurren desesperados al fomento de dicha producción y consumo… parece no existir alternativa.
Pero este singular modelo económico salvajemente globalizado, comporta que millones de seres humanos mueran cada año víctimas de la desidia capitalista, provoca la extinción de especies, contaminación… consecuencias “reales” que la cultura mediática del sistema no refiere por “incómodas”.
Si cualquier persona íntegra tuviera que dar un mitin ante las muchedumbres desheredadas, ante madres que ven morir a sus hijos de hambre (millones cada año) a consecuencia de un cambio climático provocado por el mundo “civilizado” y sus políticas globales en materia económica, comercial, agrícola y farmacéutica, ¿Qué les podría decir? ¿Tendría ánimo para darles esperanza? ¿Acaso podrían esperar algo? ¿Quién, ellos, sus hijos, sus nietos?... sabemos perfectamente que aquella pobre gente puede tener esperanza, pero aún con más certidumbre no dudamos que nada pueden esperar.
Es esta la realidad desde la cual expreso mis sentimientos con la “esperanza” deintentar despertar conciencias en nombre de un mundo más “humano” y más justo. Así, ha de comenzar a producirse un cambio drástico del “sistema”, y esto significa, necesariamente, implementar urgentemente políticas de “sobriedad” para así desmantelar, de-construir dicho sistema, pero, ¿Quién está dispuesto (o se atrevería) a llevarlo a cabo?
Para ello son menester políticos fieles a la “noción” original de política, virtuosos, honestos y, sobretodo, que actúen en base a una dimensión humana y global. Sin embargo, muchos ciudadanos y ciudadanas sufren la defraudación, el desencanto político que desencadena una moción de censura o usurpación de la ética que representa su programa electoral, advierten también de la gandulería habida en las políticas urbanísticas y aperciben por todo ello cómo, cada vez más, frecuentan la casa política arribistas, zoilos, zafios y zotes que son el “deseo” y “fichaje” de empresarios capitalistas presuntos financiadores de partidos: ¡He aquí a sus “ediles abre-puertas” consistoriales!
Lejos de actuar políticamente con conciencia global, con dimensión humana y ecológica, las decisiones políticas no son participadas por el pueblo, sino parece se cuecen en los despachos de empresarios capitalistas en nombre de los intereses de sus bolsillos.
¿Qué podemos esperar, pues? ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo podemos luchar contra toda esta poderosa “oligarquía” democrática que mete en prisión o detienen a quienes alzan su voz, en nombre de sus conciencias,para manifestar su desacuerdo?
Sentir en nuestro espíritu el dolor y la pena que supone la devastación y los estragos que sufre el medio natural, manifiesta estar integrados en la naturaleza. Ponerse en la piel de más de la mitad de una humanidad desheredada, abandonada y víctima de nuestro progreso y “actuar”, es tener “conciencia política”… por ello puedo afirmar y afirmo que el mundo es víctima de una crisis social, cultural, espiritual, ecológica y humana terminante y terminal. Las ideologías políticas han fracasado y siguen fracasando, pues no han conseguido ni consiguen (todo lo contrario) re-integrar el ser humano en la naturaleza, siendo imposible poder restaurar su armonía. No se atiende ni se respeta la ley de vida que da libertad y derechos a la diversidad cultural, preceptivo para el verdadero progreso “humano” y necesario para la convivencia entre todos los seres vivos del planeta. Son “principios” con los cuales debería haberse basado la acción política.
En estas circunstancias y como seres humanos que somos, debemos lograr una conciencia global que vea la necesidad urgente de una subversión o revolución “pacífica” de todos y cada uno de los habitantes del planeta que cambie la percepción que tenemos del mundo.
Hay otra manera de vivir. Hay que intentar frenar el “sistema”.
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