El ayuntamiento del municipio cacereño de Valdefuentes, de 1.490 habitantes y gobernado por el PP, ha decidido colocar en el edificio una placa de homenaje a sor Maravillas en desagravio a que ésta no pudiera instalarse en el Congreso y pese a que la santa no tiene ninguna vinculación con la localidad.
El alcalde de Valdefuentes, Álvaro Arias, ha dicho a EFE que el objetivo de la iniciativa, aprobada por la Junta de Gobierno local, es reconocer la labor social de la religiosa en defensa de los más necesitados y compensar el hecho de que no hubiera consenso para instalarla en una de las dependencias de la Cámara Baja.
En el último número del periódico Diagonal se puede leer: Un repaso breve a la vida de sor Maravillas lleva a encontrarse desvaríos como un voto de castidad a los cinco años, la fundación de órdenes ultraortodoxas alejadas del carácter ‘demasiado progresista’ del Concilio Vaticano II o la fe enfermiza en el dolor físico como forma de purificación, lo cual llevaba a María Maravillas a inflingirse castigos como colgarse de la melena a una viga “para sufrir por Jesús”. Toda una filosofía de vida que resumió en la frase “Déjate mandar. Déjate sujetar y despreciar. Y serás perfecta”.
Franco y el Vaticano siempre sintieron predilección por sor Maravillas. Pese a que la religiosa murió por causas naturales en 1974, el Régimen impulsó el mito de la monja “amenazada” por los republicanos durante el breve periodo que pasó presa durante la Guerra Civil. Más recientemente, la recuperación de un niño argentino en 1998 fue considerado un milagro atribuible a sor Maravillas, y Juan Pablo II decidía encumbrarla a los altares ese mismo año, en un proceso de beatificación tan acelerado como el de Escrivá de Balaguer, otro prócer del nacionalcatolicismo.
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