- Era un engorro. Me he comprado un coche nuevo más grande y tenía que maniobrar mucho para entrar en vuestra calle, exponiéndome además a que la parra me rayara la carrocería. Así que la he talado. Era dura la condenada; he tenido que sudar para cortarla.
Pedía casi que le agradeciéramos el esfuerzo. Tan improcedente le parecía que un árbol obstaculizase el camino de un coche, y tan natural esa jerarquía, que no podía imaginar nuestra contrariedad ni nuestra cólera. Entre coches, la lucha habría estado quizás igualada; pero entre un coche nuevo y una excrecencia natural que nadie había comprado, y que salía de debajo de la tierra, el coche nuevo debía hacer valer rutinariamente todos sus derechos.
Las catedrales a veces crecen solas: se llaman parras o almácigos o colinas o glaciares. Se toman su tiempo en formarse -décadas, siglos o milenios- y desaparecen luego en un minuto porque obstaculizan la multiplicación y disfrute de la verdadera riqueza, fabricada por la Ford o por la Sony y vendida por Wall-Mart o El Corte Inglés.
El modelo mental de nuestro vecino aldeano es el de un mundo, el capitalista, en el que son los coches -las mercancías en general- y no los árboles los que tienen valor. Pero tampoco puede decirse, la verdad, que tengan mucho valor. Que prefiramos los coches y los televisores a las parras y las colinas no quiere decir que coches y televisores revistan a nuestros ojos el valor sagrado que para nuestros antepasados tenían ciertos árboles o ciertas montañas. En este mundo están, por así decirlo, las criaturas que no tienen ningún valor -como los rosales, los ríos y los iraquíes- y las que tienen muy poco valor, como lo son todas las que podemos comprar en el mercado. Lo hemos escrito otras veces: los españoles tiran a la basura sus teléfonos celulares cada tres meses, sus ordenadores cada año y medio, sus carros cada dos años. Tiran ininterrumpidamente los pañuelos, los papeles, las botellas, los encendedores, las cuchillas de afeitar, los bolígrafos, los Cds. Valoran más, claro, un trozo de plástico que un castaño milenario, pero el trozo de plástico lo tratan sin ningún respeto y enseguida lo olvidan, lo arrinconan o lo cambian por otro semejante.
El misterio metafísico del capitalismo se resume en esta pregunta: una mercancía ¿es realmente una cosa? Pero antes que nada: ¿qué es una cosa? Digamos que cosa es todo aquello que se rompe y que tarde o temprano no se puede ya recomponer; todo lo que está desprotegido, todo lo que requiere cuidados, todo lo que se vuelve irreemplazable con el paso del tiempo y cuya ausencia, por eso mismo, deja también una especie de cosa intangible y triste en su lugar. La silla que me ha soportado tantos años, el libro, el jarrón, el mar, el mundo mismo son cosas. Un niño y un amado son cosas. Nos guste o no, en la medida en que somos cuerpos y estamos a merced de todos los demás, los seres humanos somos también cosas . No nos importaría ser tratados como cosas valiosas -o al menos como animales de compañía. Pero el problema es que, bajo el capitalismo, somos tratados como mercancías.
Antes la burguesía acumulaba muchas cosas; ahora sólo los pobres conservan algunas pocas con vergüenza y aspiran precisamente a liberarse de ellas. Las cosas han desaparecido. Cuando algo está a punto de convertirse en una cosa, se corre al mercado a cambiarla por otra. Nada se rompe porque todo lo tiramos mientras aún sirve o funciona; nada llega a estar ausente porque no le damos tiempo para estar presente. El mercado capitalista constituye un “hombre nuevo” porque establece un lugar antropológico sin precedentes en el que todo lo existente -todas las criaturas, naturales y artefactas- se pueden reemplazar. De los costes ecológicos de esta ilusión de intercambiabilidad y reemplazabilidad (que se alimenta de recursos finitos y de un planeta diminuto e insustituible) se habla a menudo; lo que no se dice con tanta frecuencia es que, en un mundo sin cosas, en un mundo en el que los humanos no alcanzamos ni siquiera el rango de cosas, en el que nada nunca llega a romperse, todo se puede tratar por igual sin ningún cuidado. ¿Las parras, los ríos, los iraquíes? Son obstáculos para el mercado. ¿Los coches, los televisores, los trabajadores? Vamos, hermano, a comprar uno nuevo.
Todo nuestro universo mental y cultural está ya configurado por esta falta radical de cuidado que acompaña a la ilusión fundamental del mercado: la de que todo tiene solución. La publicidad no anuncia productos concretos sino el evangelio -la buena nueva- de esta curación universal: todo tiene arreglo y si usted tiene arrugas, estreñimiento, la piel seca, poco pelo, nadie le quiere, no le dan trabajo, es sólo culpa suya. Es duro ser pobre cuando uno sabe que con un poco de dinero podría dejar de serlo; es duro ser pobre cuando sabemos que podríamos ser incluso inmortales -y con nosotros toda la familia, que tampoco nos lo perdona- si hubiéramos hecho bien la compra.
Pero esta desaparición de las cosas no rige sólo el universo publicitario; también el cinematográfico. Lo que hay que reprochar al esquema de Hollywood no es que oponga de un modo excesivamente sumario el Bien al Mal. Yo también lo hago: para mí René, Antonio, Fernando, Gerardo y Ramón son los “buenos” y -por ejemplo- Kissinger, Bush y Cheney son los “malos”. Lo que tiene de engañoso, enfermizo y corruptor el esquema de Hollywood es su pretensión -puro reflejo del mercado- de que todos los conflictos tienen solución y todas las pugnas conciliación.
No es así: nos rompemos, nos morimos.
No es así: hay luchas en las que sólo puede haber un vencedor.
Porque nos morimos tenemos que cuidarnos los unos a los otros.
Porque el capitalismo nos trata sin cuidado, es necesaria la revolución.
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#1.- ¿Dialéctica Cerrada?
Alejandro Sánchez|30-09-2009 03:15
En cuanto a la opresiva ideologización capitalista en la que vivimos, no hay dudas que el autor está plenamente acertado. Pero en cuanto a la dialéctica estricta que ofrece, ¿leyó el autor los trabajos que pertenecen a la Escuela Latinoamericana? ¿A su primer fundador el reconocido Enrique Dussel?
En esta web se publicó algunos artículos del afamado Françis Houtart que en algunos aspectos está en el otro lado del pensamiento del autor, pero que comparte la idea central del actual modelo cultural de "bienes de intercambio" que ha transformado a la sociedad hasta hacerla hiperconsumista. Ahora, ¿qué alternativa se ofrece para rehacer la vieja sociedad de los "bienes de uso"?
Personalmente no conozco película de Hollywood dónde todos salgan ganando. Siempre el malo sale perdiendo. Pido disculpas por ser tan ignorante sobre películas de esa maquinaria de propaganda y adoctrinamiento sectario, es que hace años que dejé de ver películas y televisión por dedicarme a la lectura.
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#2.- Ahora Entiendo
Alejandro Sánchez|30-09-2009 05:15
Ahora entiendo lo de "...que todos los conflictos tienen solución y todas las pugnas conciliación..."
Muy sutil sarcasmo sobre algunas medidas internacionales del gobierno de Obama. Debo aclarar que admiro a Don Santiago Alba Rico, es uno de los filósofos más lúcidos de España y un militante marxista de lo más enérgico comunicacionalmente hablando.
Pero en el tema de las conciliaciones, hubo otro militante marxista en sudamérica, gran defensor del Amazonas, que creo la Estrategia de los Empates e inauguró con su lucha el juego de sumas positivas casi al mismo tiempo que nacía la Escuela Latinoamericana.
Me refiero a Chico Mendez. Su estrategia del Empate es inolvidable. Es bueno siempre leer sobre cómo lucharon los saringueiros de Chico para que, finalmente, el departamento de Acre hoy tenga intacta su selva amazónica.
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#3.- Felicitaciones.
Bernardo La Rotta R.|30-09-2009 16:38
Estimado Sr. Santiago Rico, permita que le exprese mis felicitaciones por su artículo.
Es una parábola hermosa acerca de lo que todos vivimos y a lo que nos expone la dinámica de un sistema brutal.
Su mensaje es muy claro y no dudo de que muchos, tras la lectura de su texto,  reflexionarán acerca de los valores que las cosas en sí muy poco pueden poseer si no se humanizan, aunque tal afirmación  parezca un contrasentido...
Su corolario es una evidencia indiscutible.
Muy atentamente.
Bernardo La Rotta R.
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#5
Anti sistema|30-09-2009 21:24
Magnífico texto! Didáctico y llano.
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#7.- Encadenados/as
Gracias por el artículo|30-09-2009 22:33
El mensaje que nos transmite el texto me parece muy bueno: que pongamos los pies en el suelo de una maldita vez para tratar cada cosa y cada ser como lo que es y con las respectivas consecuencias sentimentales, económicas y ambientales. La verdad es que es algo que cuesta bastante. ¿Qué me dejo toda mi vida en un curro de mierda por tener un Audi y una hipoteca legaré hasta a mis nietos pero de los que nunca podré disfrutar porque el Audi lo romperé yendo al trabajo dormido porque duermo cuatro horas para poder trabajar para pagar todo mis lujos innecesarios y ni siquiera puedo disfrutar de mi familia y la unifamiliar que he comprado? ¡Qué más da tio, todo tiene solución! Je,je. Muy bueno Santiago.
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#8.- menos es más
decrecimiento|30-09-2009 22:41
Hola:
Existe un dicho popular que dice que ‘no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita’
Debemos dar una ‘bofetada’ a los discursos más complacientes que nos calientan las orejas todos los días ofreciéndonos deseos inalcanzables y paraísos frustrantes.
Gran artículo de Santiago.
alegría y ternura.
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#9.- EN HORA BUENA
RICARDO ADAN MOLINA MEZA|01-10-2009 17:01
RETORNAR A LA ESENCIA DE LO VERDADERAMENTE HUMANISTA QUE NOS TORNA A LA NATURALEZA, CON TODAS SUS  BONDADES DE ESTA,  ESO NOS RECUERDA TU ARTICULO, PERO QUE CON LA MAQUINARIA DEL GRAN CAPITAL ENGENDRA EN LA MENTALIDAD DE LOS CONSUMIDORES NECESIDADES ARTIFICIALES QUE NOS ALEJAN DE LA NATURALEZA HUMANISTA QUE DEBERIA SER YA PATRIMINIO DE TODOS EN ESTE SIGLO XXI. MIS SALUDOS DESDE EL SALVADOR. 
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