El miedo es una herramienta de coerción e intimidación muy útil para silenciar y controlar.
Una amenaza silenciosa sutilmente te recuerda que puedes perder lo que tienes.
No te quejes, no hagas ruido, porque puede empeorar tu situación hasta convertirse en un infierno.
Atemorizar a las masas para que no se atrevan a rebelarse, censurando y deformando la realidad.
Pero el miedo es un arma muy peligrosa cuando se aplica a quien poco tiene que perder.
Cuando tú día a día es la lucha por la supervivencia, cuando vives una realidad paralela que nadie de los que te rodea puede ni tan sólo imaginarse, pierdes el miedo a este miedo abstracto que quieren infundirte, si es que alguna vez tan siquiera lo has tenido.
La realidad cruda y desgarradora se impone. El condicional y el futuro desaparecen ante un presente que avasalla y no deja espacio para nada más.
Aquí, ahora, es todo lo que importa y el miedo al miedo es meramente irrisorio ante los problemas reales que te obligan a actuar sin tregua para seguir adelante, para simplemente sobrevivir.
Cuando cada día es una batalla real que pone a prueba tu fuerza física y mental, el miedo al miedo no es nada más que una falacia, una ridícula amenaza frente a los obstáculos innegables del submundo en el que te has visto abocado a vivir.
A veces te atreves a asomarte por la ventana en un arriesgado juego para ver cómo viven los supuestamente más afortunados y te impresiona ver la gente paralizada por un miedo irreal que los mantiene adormecidos y viviendo sin sentir.
Es casi trágico ver cómo pasan por la vida de puntillas, atemorizados, anestesiados, controlados y sin ni siquiera darse cuenta.
Los que nos ha tocado vivir diariamente situaciones límites, como los afectados de Sensibilidad Química Múltiple; los que de un día para otro hemos sido relegados a ciudadanos de segunda, sin derechos pero aún con todas las obligaciones; los que nos hemos convertido en nómadas gracias a un mundo envenenado que está agonizando donde se nos roba nuestra salud, nuestra vida, nuestros sueños; nosotros no tenemos miedo al miedo, porque no hay margen para la cobardía ante una realidad que sobrepasa cualquier miedo que nos quieran infundir para intimidarnos, dominarnos y en definitiva anularnos.
Lo que nos temíamos ya nos ha pasado. Ya no tenemos nada a lo que temer.
(Eva Caballé, afectada de SQM y colaboradora habitual de Delirio-Revista desde 2009, ha conseguido remover conciencias desde su única ventana al exterior, Internet.
Tras el éxito de su artículo traducido a nueve idiomas, Nacemos desnudos, en nuestra tercera publicación, Delirio 3 - El desnudo, publicó su libro, igualmente exitoso, Desaparecida. Una vida rota por la Sensibilidad Química Múltiple.
Sus objetivos son claros: Luchar para que este terrible mal sea reconocido como enfermedad y para que los que lo padecen tengan los mismos derechos que cualquier otro enfermo crónico.)
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#1.- Sin miedo
Miguel Jara|13-09-2011 11:24
Qué gran verdad Eva, cuando no se tiene no se tiene nada que perder. El miedo es muy efectivo en quien es poseedor por eso los vendedores de miedo, los que aplican las estrategias de marketing del miedo, tienen miedo a la población organizada, cuando esta se organiza, así que ya sabemos lo que hay que seguir haciendo.
Cada vez más personas tienen nada y por ello han perdido el miedo.
Salud. 
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#2.- Ese día llegará...
Carlos Gonzalez|13-09-2011 14:13
El día en que estas enfermedades crónicas sean reconocidas, y el día en que relamente se invierta en investigación para su tratamiento y posible cura.
Hay que luchar para que la causa de estas enfermedades no se encuentre: genetica, tóxicos medioambientales, agentes infecciosos desconocidos, coinfeciones con algún retrovirus...Una vez que esto sea aclarado por la comunidad científica, se abrirán las vías para la curación y el tratamiento. Pero claro, es la pescadilla que se muerde la cola, ya que si los gobiernos no reconocen la enfermedad y no invierten presupuesto en investigación, el número de afectado se irá incrementando com lo ha hecho los últimos 20 años.
La sociedad sólo reacciona ante el miedo, los que ya viven dentro de él no tienen nada a que temer. El peor miedo es el que no se teme, y si no hay información a los ciudadanos sobre estas enfermedades, pueden terminar conviviendo con ellas.
Un abrazo Eva 
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#3.- Fuera de la burbuja hay más miedo.
Francisca Gutiérrez|15-09-2011 23:02
Adaptarte a la vez que intentar mejorar  y sobrevivir  al dolor, de la fatiga, a la larga lista de síntomas y comorbilidades que conlleva la SQM año tras año, hace que el miedo nos parezca el ratoncito ´Pérez.
Sin embargo, cuando contamos nuestra realidad a personas supuestamente "sanas", muchas de ellas en situaciones de riesgo, y les planteamos la posibilidad de prevenir, ahí es donde aparece el miedo.
Miedo a enfrentarse a lo establecido, a ser tachado/a de enfermo mental o hipocondríaco, miedo a los cambios, miedo a enfrentarse a la realidad oculta bajo los químicos, una realidad social, económica, política y cultural.
Para derribar ese miedo sólo queda la formación y la información, sin estos dos elementos, no existe tampoco la auténtica libertad de elección.
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#4.- ¿Dónde está la solidaridad?
Clara Valverde|16-09-2011 08:26
Los que estamos enfermos de SFC-SQM-FM en otros tiempos luchamos por la justicia y los derechos de otros colectivos (VIH, inmigrantes, gente con Alzheimer's, derecho al aborto, etc) y ahora...ahora ¿dónde está la solidaridad y el interés de la izquierda independiente y del movimiento feminista? ¿Por qué 3 millones de españolas - sobre todo mujeres -siguen sin recibir un minimo de apoyo de los sectores más progresistas?
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#5.- Gracias
Eva Caballé|16-09-2011 18:55
Tienes toda la razón Miguel. Por desgracia cada día somos más los que vivimos otra realidad y ya hemos perdido el miedo, pero esto a la vez nos hace más fuertes e inmunes este miedo abstracto que intentan infundirnos.  
Muchas gracias por la entrada que me has dedicado y por todo tu trabajo.
Salud.
Carlos, tu última frase es brutal, la realidad pura y dura. Somos los propios enfermos los que intentamos avisar sobre los riesgos que corren las personas sanas para intentar evitar que nadie más enferme cuando se puede evitar y aunque muchos no tienen información, a otros el miedo les paraliza y prefieren mirar hacia otro lado… hasta que sea demasiado tarde.
Un abrazo.
Como le decía a Carlos, pienso lo mismo que tú, Francisca. Nosotros asustamos, y no por nuestras máscaras, sino porque somos la evidencia que la sociedad no va por el buen camino y a diario recordamos que a cualquiera le puede pasar. A la gente le da miedo ir a contra corriente y cambiar y no se dan cuenta que se están jugando lo que más valor tiene en la vida: la salud.
Cuánta razón tienes Clara! Somos un submundo dentro del submundo, los marginados a los que nadie quiere apoyar. Al final no tenemos ningún tipo de apoyo y a veces aún nos utilizan para tener audiencia a través del morbo o para parecer más humanos y solidarios, para luego olvidarse de nosotros. Seguimos solos, abandonados a nuestra suerte y sin ningún tipo de apoyo ni de miedo.
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