Como todo niño latinoamericano, en uno de los períodos de mi infancia, quise ser cowboy o vaquero, si quieren.
No fue hasta cuando me radiqué en los Estados Unidos y pude visitar las comunidades indias, conversar con los nativos y comprender la realidad de su historia que comprendí el tamaño de la mentira y cómo el discurso, cual tinta venenosa, desborda las fronteras.
La nación americana fue creada sobre la violencia y la imposición de una civilización rapaz y sin piedad contra los ocupantes originarios del continente.
El estilo podrá ser otro, pero el concepto perdura.
La política del palo y la zanahoria, la siembra paciente y gradual de los medios de la supremacía del suculento consumo contra la ardua educación, es un arma efectiva en este mundo global.
En estos tiempos, muchos colegas publican opiniones de ubicuos jóvenes cubanos en las aceras a su alcance, expertos ellos en marcas y productos extranjeros, deseosos de tener, sin mencionar el valor de producir.
Detrás de estas distorsiones puede estar el facilismo del reportero, su visión inmediata –no creo ni practico la imparcialidad-, o las limitaciones que para viajar a la isla tienen muchos colegas.
Les preguntaría: ¿quién hace funcionar ese país entonces? ¿Quienes vagabundean, mercadean o jinetean en la calle el chavito nuestro de cada día? ¿Tal vez los niños en su escuela o los ancianos de los parques?
No, señor, son los denodados obreros y técnicos cubanos operando las maquinarias de luz y pan, son quienes atienden la salud de todos. Son, además, esos campesinos linces en la cosecha, no tan abundante como ellos quisieran, pero sí alimentando a muchos.
Y no olvidemos a la tropa protegiendo fronteras y cuidando calles.
Somos en fin, todos y cada uno de nosotros, el pueblo cubano.
Percepción no es realidad, la forma de exhibir la verdad por quienes ejercen la política e incautan el poder de sus dueños, es arenga y coartada, no garantía de honradez.
Sin respeto a la familia cubana, derrumbe de muros, cónclave abierto y libertad de prisioneros sin causa, no habrá país, ni futuro posible.
El poder radica en el pueblo, en la familia, en el sudor de la creación y de la espada gentil resguardando a la vida, pues todos y cada uno de nosotros somos la nación cubana.
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