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San Juan Copala: Sobre la justicia en Oaxaca a dos meses de los asesinatos
No es fácil la tarea de abogar por la justicia hoy en día, de demandar la justicia a través de un sistema de derecho tan corrupto, manipulado y torcido.
Tatiana Markus | Para Kaos en la Red | 28-6-2010 a las 17:21 | 1209 lecturas | 1 comentario
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Pedimos permiso al pueblo Triqui, al municipio autónomo San Juan Copala, el centro religioso y político de generaciones de gentes humildes y sencillas buscando la paz y la unidad, de compartir unas palabras acerca de la muerte y la vida, la paz y la dignidad, la verdad y la justicia. Desde el norte de Europa, desde las tierras del pueblo indígena sami les enviamos un saludo de hermandad.

Pronto van a ser dos meses que fueron asesinados Bety Cariño y Jyri Jaakkola en la zona triqui. A la compañera Bety no tuvimos el honor de conocerla pero a Jyri sí. Jyri, para los que nunca lo conocieron a él pues, era un hombre de ojos estrellas y sonrisa de viento, su cabello era como la piel del maíz,  sus brazos como las raíces de un árbol, su caminar como un antiguo baile africano. Jyri era una persona que amaba la creación, el sentido pleno de vivir, hacer bien y disfrutar. Su vida era como la mitología de lo mejor de los pueblos de este mundo y su caminar entre los continentes no tenia barrera. A Jyri lo mataron el 27 de abril, a las 1.55 de la tarde cuando iba vestido de fiesta. Estaba en camino para celebrar la fiesta de la liberación y la paz con unas 70 familias a las cuales se les había impuesto un cerco desde hacía varios meses en San Juan Copala. En su alma, la chispa de dignidad y liberación crecía con cada metro que se acercaba en su peregrinaje al municipio autónomo para celebrar el encuentro. En la emboscada uno de los hermanos de Ubisort quitó la luz de sus ojos a la hermana Bety y ella cayó. Jyri, en vez de correr como los demás en pánico y miedo por las balas que volaron como avispas en el aire, siguió su caminar, el caminar antiguo, silencioso y lento, el camino del amor, de la paz, de la hermandad y la justicia. Pues estamos convencidas que pensó, que no era justo que una hermana que llevaba comida, agua, palabra, escucha y el compartir, que se muriera solita. Así que frente a la cultura de muerte que les arraigó como una pesadilla a los hermanos Ubisortes, Jyri abrazó a Bety y recuperó el antiguo sueño de unidad entre todos los pueblos del mundo y la justicia, y así es que asesinaron a su cuerpo, pero no a su sueño que ahora cosechemos.

No era justo que el joven Jyri que caminaba por el mundo recuperando palabras y sueños, fuera asesinado así. Tampoco era justo que una madre de dos hijos perdiera su vida con las manos llenas de maíz y frijol. Tampoco era justo que miles de personas del pueblo triqui tuvieran que enfrentarse a diario con la cultura de violencia y muerte que les había impuesto el gobierno de Ulises Ruiz, y cada gobierno que ha gobernado durante  decenios y siglos a Oaxaca. No es justo que en San Juan Copala las niñas y los niños anden con hambre, sin escuelas, sin ropas, que las muchachas anden con miedo de ser violadas o desaparecidas, que las mujeres y los hombres no se atrevan a cultivar su milpa ni andar por los caminos de su pueblo, que las familias vivan bajo disparos día y noche. No es justa tanta muerte y tantos entierros en la tierra de sus abuelos que cultivaron la vida allá y que les dejaron estas tierras fértiles a sus nietos.

Para nosotros a quienes se nos acabó el mundo tal como lo conocíamos con la muerte de Jyri, a quienes seguimos caminando esta vida con corazones y aliento truncados, con la vista nublada y la mente entristecida, pues hay que luchar para vivir los acontecimientos con un sentido de gracia y perdón. Por inercia nos llega el grito reclamando la justicia. Pero, ¿cuál justicia? ¿Para quién? ¿Quién decidirá la justicia?

No es fácil la tarea de abogar para la justicia hoy en día, de demandar la justicia a través de un sistema de derecho tan corrupto, manipulado, torcido y sin conexión con el sentido de justicia como el que reina en nuestro mundo. La memoria histórica de los  informes y estadísticas escritos sobre el déficit en materia de derechos humanos en Oaxaca y México es toda una enciclopedia. La impunidad, dicen, es endémica, y los crímenes contra los movimientos, organizaciones y defensores de DDHH forman parte de lo que llaman con nueva terminología “la represión de la lucha social”. Ahora, también existe “la represión de la solidaridad entre hermanas y hermanos”. Frente a la falta de división de poderes que se supone significa una democracia real, México y Oaxaca demuestran el fracaso rotundo de un Estado de derecho. En muchos sentidos, lo que Agustin dice en De Civitate Dei sobre los estados sin derecho podría calificar a Oaxaca: “Un Estado que no se rigiera según la justicia se reduciría a una gran banda de ladrones”.

A pesar de todo este resumen de lo podrida que ha quedado la justicia en Oaxaca, creemos que vale la pena reflexionar y escribir sobre ella desde otro punto de vista, ya que nunca pasa de moda. La cosa es cómo conectarla con las necesidades y preocupaciones vivenciales de la gente. ¿Cómo hacer resucitar la justicia de la muerte y de las manos de los abogados y políticos y devolverla a la gente? ¿Cómo descubrir la otra justicia?   

Como abogadas y luchadoras de derechos humanos, consideramos que lo que hay que subrayar es la necesidad de construir la justicia, así como la paz, como la dignidad y la   fuerza de los pueblos. Ante la agresión y la muerte lo que podemos hacer siempre es mostrar los caminos de la vida, desmantelar los mecanismos del poder, hacer evidentes sus límites y su corrupción, señalar a los culpables y a los que generan muerte, demostrar que la libertad es un derecho.

Es a partir de estas experiencias de muerte que se pueden levantar las estelas de la   esperanza, en la memoria de los pueblos, en el anhelo y los sueños de los que luchan por la paz y por la justicia, en el horizonte que nos puede iluminar los caminos para continuar trabajando.

Creemos que los miembros armados del grupo Ubisort - denominado paramilitar por la ONU y muchas otras organizaciones de DDHH - pero más que nada su cúpula, tanto como los poderosos del PRI y el gobierno de Oaxaca, con cuya bendición y mandato han asesinado, amenazado y reprimido sueños, mujeres y hombres, tienen que ser juzgados por su participación en los asesinatos de Bety y Jyri, y de todos los hermanos y hermanas indígenas del pueblo triqui que han sido sacrificados en el altar neoliberal y neocolonial. Tienen que ser revelados los caminos pérfidos de lucro, poder y control social que han impuesto sobre el pueblo triqui.

¿Cómo? Pues tampoco sentimos que es muy justo que se desperdicien dinero y tiempo por muchos años en sistemas nacionales que son travestías del sentido de derecho, o en sistemas internacionales que lucen con impotencia y falta de compromiso frente a los intereses económicos que ponen como primordial los intereses de las transnacionales. Se yuxtaponen preguntas civilizatorias muy focales en estos días del 2010. Los dos caminos dejan su olor y están empapando la arena bajo los pies. Sentimos el “olor de la guerra”, y lo sentimos feo, ya aprendió los caminos del genocidio y su prepotencia no parece tener frenos ni fin. También hay otro olor, otra reflexión en el aire. Existe el trabajo cotidiano y lentito por la construcción de la paz, la verdad y la justicia. Trabajar por estos caminos pues, es como escuchar a la milpa crecer. Tenemos que afinar bien los oídos, porque así se escucha un ruido crujiente, refrescante y alentador en nuestro camino.

La cuestión es volver sobre nuestra responsabilidad de no permitir que huya el que maltrata, no permitir que se esconda el que asesina, para perseguir a los asesinos y a los que establecen una lógica de muerte a la esperanza que viene desde la palabra, desde la solidaridad, desde el trabajo colectivo, desde el corazón alerta de los que caminan los nuevos caminos. Ese es el reto, también para los que abogan por la justicia como método y herramienta de paz y solidaridad: Devolverle al derecho la justicia. Es un reto tremendo y requiere un cambio más profundo que tal vez podemos insinuar. Hacer “otra justicia”. La justicia es un sentido innato en la creación. Los sistemas de derecho son construcciones de los seres humanos, creados desde nuestra lógica humana. Y sin embargo, la lucha entre la ley y la justicia sigue reflejada en el mismo choque que existe en el mundo de hoy. Estamos convencidas que la justicia no está al lado del camino de la guerra y del exterminio de tierras, agua y el aire, no está al lado de los que asesinaron a Jyri y Bety. Tenemos que devolverle el sentido de la justicia a nuestra cancha, hacer la justicia victoriosa y bella como la es. La justicia desafía hasta la muerte, porque sabe que su palabra es verdad y paz. Hay que cambiar la lógica de los malgobiernos y los malabogados, a través de las herramientas que conocemos en los principios fundamentales del ser humano, desde la solidaridad y la hermandad, desde nuestras raíces indígenas tanto como mestizas, o bien inventar nuevos principios. Recuperar la justicia y liberarla de su arraigo porque nos pertenece a nosotros. Es otra lucha más que nos está surgiendo, que nos está llamando. Ahora lo que nosotros pedimos y demandamos es la justicia como verdad, que establece el delito y la pena de una manera justa y honesta. En el contexto actual, en la emboscada y asesinato de Jyri y Bety, puede haber muchos culpables pero que llegan a ser actores materiales dentro de una estructura criminal, y cuando se juzga no se hace un juicio de la estructura social que está produciendo criminales o de los que en última instancia son los que actúan.

Por eso es más difícil que se pueda ver la justicia, porque muchas veces se llega al actor inmediato pero no a la estructura social y política que está generando los crímenes; pensemos en Acteal.

Lo que puede ser la justicia es el esclarecimiento de los hechos, es la posibilidad de demostrar cómo están operando las estructuras del poder, cómo se pueden explicar la existencia de los grupos criminales, de los que actúan protegiendo a los verdaderos actores.

En cuanto al proceso legal que está en su cuna pues vemos importante ampliarlo para que tenga los componentes de crimen organizado. El grupo Ubisort tiene que ser identificado como paramilitar y con vínculos con el gobierno. Para la gente que sigue viviendo y luchando en Oaxaca es un tema importante.. Su grito es, también, “sí, hubo intento de aniquilación de nuestra cultura y vidas. Sí hubo un ataque contra la solidaridad entre hombres y mujeres que no ven las diferencias entre la gente desde la óptica de estados nación, sino desde la óptica de la justicia y la paz”. Jyri no se hubiera quedado con un proceso legal, su postura y conciencia hubiera requerido un salto cuántico, un giro de capoeira mental, buscando el agujero hacia la verdadera  justicia, y una demanda a nosotros mismos y a nosotras mismas para no abandonar el arado y seguir trabajando en esta dirección.
 
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Comentarios (1)

#1

04-07-2010 06:30

es mucha la casualidad que el alebrije no le pasara nada   sabemos bien que el es el causante de la muerte de los dos compañeros asesinados por los de la ubisort ya que se sabia que no habia condiciones ,no sera que ya habia pactado con ulises para desestabilizar como es su costumbre pero hay se los dejo en la conciencia de los dos asesinos como es ulises y el alebrije y todo por seguir de vividores tal es el pacto con el pri que le hacen el trabajo sucio pero el tiempo se las va a cobrar bola de ratas a esos dizque anarkos   y les sigo preguntando de donde sqcan tanta lana para pagar la casota

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