Buscar  
La sagrada estructura en la sociedad consumista - capitalista
Propiedad privada, dinero, modo de producción capitalista, racionalidad económica, y leyes de mercado, los cinco pilares fundamentales en la estructura simbólico-sagrada de la sociedad consumista....
Pedro Antonio Honrubia Hurtado | Para Kaos en la Red | 18-2-2010 a las 19:53 | 3241 lecturas | 8 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/sagrada-estructura-sociedad-consumista-capitalista
Compartir: Publicar en Facebook Publicar en Twitter Publicar en Meneame Publicar en Google Buzz Publicar en Technorati Publicar en Delicious Publicar en AlternativeWeb

I

Hace algún tiempo que vengo hablando de la actual sociedad consumista-capitalista en términos de una sociedad de carácter religioso[1]. El consumismo-capitalismo, nueva religión de masas del siglo XXI, habría venido a sustituir, según este análisis, y desde una perspectiva funcional, a los antiguos modelos religiosos fundamentados en una relación causal con lo sobrenatural (el Dios o los Dioses). Una sociedad, por tanto, que, al igual que ocurriera en las antiguas sociedades religiosas, tiene en última instancia una fundamentación sagrada, es decir, una fundamentación divino-simbólica, incuestionable y absoluta, a partir de la cual se consigue anclar el funcionamiento mismo de la sociedad, así como las relaciones sociales, políticas y económicas que dentro de ella desarrollan los individuos que la habitan.

Lo sagrado, lo sacralizado, a pesar de que durante siglos fue patrimonio exclusivo de lo sobrenatural (Dios o similares), en una definición científicamente ampliada a través de la antropología y sus estudios históricos comparativos, debe ser entendido como un fenómeno cultural –construido socialmente- que puede ir, en consecuencia, más allá de esta correlación de factores, incluso llegando a desvincularse por completo de dicha asociación con lo sobrenatural[2]. Tomaremos como base la definición que el Antropólogo y profesor de la Universidad de Sevilla Isidoro Moreno[3] nos proporciona:

El ámbito de lo sagrado es el ámbito de los absolutos sociales, aquel cuyos contenidos se autolegitiman sin cuestionamiento racional posible, (…) aquello que funciona como núcleo de la integración social y elemento central de la legitimación de la sociedad misma (…) Lo sagrado es, así, el núcleo duro que estructura la sociedad y moviliza emocionalmente a los individuos hacia objetivos determinados, que son percibidos como los centrales a conseguir, y respecto a los que la vida cotidiana cobra un sentido, a pesar de sus incoherencias y aparentes absurdos”.

Lo sagrado sería así el fundamento último que sustenta el funcionamiento de una sociedad determinada, el referente primero y final del cual se hacen emanar los principios fundamentales sobre los que se ancla el desarrollo de las relaciones sociales, económicas, políticas y morales de una colectividad social específica, y de cuyos rayos de luz celestial se nutren la cultura, las leyes y los valores sociales para su existencia y funcionamiento dentro de esa determinada sociedad.

II

Que en una determinada sociedad el elemento sacro represente un conjunto de referencias a elementos sobrenaturales (como era el caso de las tradicioanles sociedades religiosas) no implica en ningún caso que tal estructura sagrada deje de ser, desde una perspectiva científica, una construcción social. De hecho, incluso entre las principales religiones tradicionales la palabra de Dios ha sido revelada al hombre a través de sus profetas, quienes en última instancia la predican, la sistematizan y la esparcen por el mundo, construyendo así socialmente el ámbito de lo sagrado, aunque para ello se parta desde las supuestamente originarias palabras de Dios. Pero, en cualquier caso, no es Dios mismo quien acaba por determinar su cualidad de elemento sacro, sino que son los hombres quienes, en última instancia, hacen de la palabra de Dios el centro y referencia de sus vidas y de Dios mismo la fuente de la que emanan sus creencias, sus valores y sus leyes morales y jurídicas.

Así lo sagrado, sea cual fuere su formato, es siempre una construcción social que responde a los códigos simbólicos de la cultura humana, independientemente de que sea o no verdadera la existencia última del elemento simbólico que se use para tal sacralización. Dios podría existir o no existir, pero su sacralización jamás podría haberse llevado a cabo sin la intermediación del hombre, sin la necesidad de un proceso de construcción social en el cual el hombre hace de su figura y de su palabra verdades absolutas, hasta situarlas en la base misma del funcionamiento de la sociedad.

Es importante resaltar este hecho ya que, como en toda construcción social que se tercie, la sacralización de una determinada figura no está libre de intereses y finalidades de un cariz mundano, o, dicho en otras palabras, no puede estar jamás libre de la relación establecida, en el marco de una determinada sociedad, entre sus clases sociales, entre los detentadores de los medios de producción y los suministradores de la fuerza de trabajo, entre los privilegiados y los excluidos, entre los explotadores y los explotados. Lo sagrado, guste o no, no puede quedar nunca al margen de la lucha de clases. Más aun, me atrevería a decir que es precisamente la lucha de clases el factor clave que en cada momento histórico determina la existencia concreta de lo sagrado, a través de los vínculos establecidos, según se desprende de los establecido por el materialismo histórico, entre la estructrura económica y la superestructura ideológica dondee finalmente acaba por "habitar" lo sagrado. En este contexto, el consumismo-capitalismo no es ninguna excepción, todo lo contrario, es más bien la exaltación simbólica de esta dinámica dialéctica de la sociedad, de esta batalla entre clases sociales, que se abre o se cierra, según la eficacia y el poder que el elemento sagrado tenga para con el proceso de alienación de las clases explotadas.

III

Resulta, pues, que en esta nueva sociedad religiosa se ha pasado de la preponderancia de la exaltación de Dios como factor de éxito para el desarrollo de los privilegios de las clases dominantes, a la preponderancia de la alienación de los ciudadanos en torno a una serie de ideas y conceptos que, aunque ajenos de toda referencia a lo sobrenatural, han sido igualmente sacralizados, y que acaban por determinar en última instancia el funcionamiento de la sociedad, así como el papel que dentro de ella juegan cada una de las diferentes clases sociales existentes, siempre al servicio, sabiéndolo o no, de los intereses de las clases burguesas dominantes, especialmente de los intereses de los detentadores de la propiedad del capital financiero internacional (que a su vez son poseedores del control de los grandes mercados y dueños de los medios de comunicación de masas).

De entre estas ideas sacralizadas, que son varias y de diverso tipo, resaltaré, por su importancia evidente, aquellas que están directamente relacionadas con aquello que Marx llamase la infraestructura, es decir, con la estructura económica que determina el funcionamiento de la sociedad, y de la cual brotan los elementos estructurales y superestructurales. Estas ideas sagradas, a mi juicio, serían las siguientes:

a) la propiedad privada y el dinero,

b) los modos de producción capitalistas, la racionalidad económica y las leyes del mercado,

Todos estos conceptos han sido elevados al grado de absoluto por el actual modelo socio-económico imperante, y dotados de un carácter sagrado que los colocan en el centro mismo de nuestras vidas, en tanto que éstas están determinadas por un proceso de aprendizaje cultural que las convierte en incuestionables.

IV

Empezaremos con el análisis del concepto “propiedad privada”. Sobra decir que la propiedad privada es actualmente el eje central en torno al cual se organiza toda la sociedad capitalista. De tal modo esto es así que, podemos decir sin miedo a equivocarnos, este concepto tiene, tanto en el ámbito de lo simbólico como en el ámbito de lo legislativo, categoría de certero axioma que no necesita demostrarse ni contradecirse, y como tal es recogido por la legislación de todo estado capitalista, que, siguiendo a Locke, directamente reconoce este modo de propiedad como un derecho inalienable del ser humano. Es por ello, tal vez, que este concepto deba ser reconocido como el elemento más sagrado de todos aquellos cuantos componen la estructura simbólica del capitalismo (entendiendo ahora el término “sagrado” a la manera tradicional). Como todo lo sagrado, es inviolable, so pena de estar cometiendo un sacrilegio contra los valores más arraigados en la mentalidad colectiva, que te puede costar muy caro. Las leyes directamente protegen este derecho, pero, más aún, aquellas personas que se atreven a cuestionarlo (ya sea desde posiciones políticas o religiosas), son directamente señalados por los mecanismos de control del sistema como elementos subversivos y enemigos de la sociedad.

Para los defensores del capitalismo no hay mayor enemigo que aquel que pone en tela de juicio el sagrado derecho del hombre a la propiedad privada. Directamente, a través del código simbólico que nos rige se identifica la propiedad privada con la libertad, de tal manera que el respeto a la propiedad privada conllevaría asociado el respeto a la libertad, así como su violación implicaría consecuentemente coartar la libertad. Algunos defensores del capitalismo incluso han tratado de vincular este derecho con los fundamentos religiosos propios de sociedades pasadas. El derecho a la propiedad privada, nos dicen estos sujetos, deriva de la propia naturaleza de las cosas, por lo tanto del mismo Dios, autor de la naturaleza (esto se demostraría en el hecho de que dos de los Diez Mandamientos garantizan este derecho: "No robar" y "No codiciar los bienes ajenos").

Aunque, a decir verdad, han sido las teorías de Locke las que mayor repercusión han tenido en la defensa y justificación de la existencia de este derecho sagrado a la propiedad privada. Locke estima que la propiedad privada existe en el estado de naturaleza, que es anterior a la sociedad civil. La propiedad privada no sólo beneficia al propietario privadamente, sino a todos los hombres. Según Locke, es el hombre "industrioso y razonable" -y no la naturaleza- quien está en el origen de casi todo lo que tiene valor. Por consiguiente, la propiedad privada es natural y bienhechora, no sólo para el propietario, sino para el conjunto de la humanidad: "El que se apropia de una tierra mediante su trabajo no disminuye sino que aumenta los recursos comunes del género humano"[4].

La propiedad privada debe ser, por tanto, un derecho natural tan primitivo como el derecho a la vida, a la libertad, a la salud o a la integridad. A raíz de estos planteamientos, y en vinculación directa con la mentalidad del tener frente al ser que nos rige, se hace creer a la población, a través de los códigos simbólicos establecidos como dominantes, que la supresión de la propiedad privada conmovería no sólo la actividad económica de la sociedad, sino la propia calidad de vida del individuo. Para ello se transmite la idea de que el ensueño de adquirir propiedad es lo que suaviza y hace más llevadero la difícil labor de la vida diaria del sujeto medio. Es, en consecuencia, lo que hace capaz al hombre, no sólo de atender a las necesidades del momento, sino también de proveerse para el porvenir, para los días de la vejez, y reunir fondos para él y para su familia, unos fondos que le han de permitir vivir cómodamente en el futuro. Este deseo subjetivo sería así lo que le impulsa al individuo constantemente a trabajar, siendo a su vez lo que le dota de virtudes de cara al resto de sus conciudadanos.

Por tanto, una vez esta mentalidad tiene arraigo entre la población, se llega al caso en que de cuestionarse este derecho se estaría cuestionando con ello el valor mismo de la vida del hombre.

Si el hombre ya no adquiere valor en su ser, sino que tal valor es dependiente de su tener, la propiedad privada se convierte con ello en objeto de culto para el individuo, un culto que va más allá del mero hecho de poseer el objeto o la propiedad de un algo. El sujeto percibe sus posesiones como los más intrínsecamente suyo, como el fruto más directo de su trabajo, como la recompensa primera y final por todo el esfuerzo realizado en el desempeño de su labor. La propiedad privada sería así algo más que una cuestión material, se convertiría ya en una cuestión espiritual, en tanto que de ella depende el valor de la persona (ya saben, “tanto tienes, tanto vales”).

También con ello, el culto a la propiedad privada se convierte en el motor central de la sociedad, ya que no sólo condiciona el valor del hombre, sino que determina su papel dentro del entramado sociológico. A mayor posesión de propiedades, mayor valor tendrá el sujeto en cuestión dentro del entramado político y económico de la sociedad. Esa es la mentalidad que se establece como hegemónica a través del sistema socio-político-simbólico reinante.

V

Además, en nuestra actual sociedad la propiedad privada se manifiesta a través de la posesión de bienes, pero también –y podríamos decir que como elemento principal- a través la posesión de dinero. Es el dinero, en última instancia, el auténtico motor de la propiedad privada. El dinero se constituye de facto en la mayor y más tangible expresión de la propiedad privada.

El culto por el “tener” se convierte ante todo en un culto al dinero. Es el dinero lo que determina, más que las posesiones materiales en sí mismas, el valor del hombre. La mentalidad reinante pasa a ser de esta manera una lucha por acumular cada vez más dinero, que no sólo te permitirá adquirir mayores propiedades, sino que también hará posible tu ascenso de estatus dentro de la escala social del mundo capitalista. Con dinero se compra la riqueza, se adquieren las propiedades.

El dinero se endiosa por doquier, se erige en auténtico referente de culto para los individuos de la sociedad. Se eleva el valor abstracto del dinero al nivel de un Dios todopoderoso (“todo lo puede el dinero”), acabando por convertir a las personas en simples vasallos de un Dios que, como tantos otros, nosotros mismos hemos inventado. El dinero es la máxima expresión del capitalismo, es, por ello, el arma más efectiva en torno a la cual las clases dominantes han erigido su modelo de sociedad, tanto en el ámbito del modelo socio-económico propuesto, como en el ámbito del patrón “ideal” de individuo que se ha gestado. El dinero es el verdadero elemento fetiche de la sociedad capitalista, el auténtico símbolo de la nueva sacro-religiosidad dominante. Dentro del panteón de los Dioses del capitalismo, es el dinero, junto a su Diosa consorte -la propiedad privada-, el más poderoso de todos ellos (el Zeus – y la Hera- de la nueva religión consumista-capitalista).

Esto es lo que se ha consagrado en la mentalidad que las personas adquieren en su proceso de socialización, mediante la interiorización que estos individuos hacen de los valores sagrados que emanan del código simbólico reinante. A través de este proceso de interiorización se ha creado el convencimiento en la población de que el dinero es el único valor, que lo puede todo, y, por tanto, que es lo que hay que conseguir rápidamente y en fabulosas proporciones, pues ello será garantía de una vida de éxito (“el dinero da la felicidad”), así como hará aumentar el valor mismo de la persona (con dinero los sujetos pasan a ser “gente de bien”).

Tanto es esto así que, caso de tener que escoger un símbolo que representase a la nueva sociedad consumista-capitalista al modo en como la cruz lo hacía con la sociedad cristiana de la Edad Media, sin duda el símbolo que escogería para tal efecto sería el símbolo del dólar ($). Luego sobre él, si quieren, ya podríamos implantar la cara del tío Sam o la figura de algunos de los más recientes profetas del capitalismo, pero, sin duda, el símbolo del dólar es el verdadero icono religioso de nuestros días.

El culto al dinero, la reverencia a la propiedad privada, en definitiva, la deificación del objeto material y consumista -cualquiera que sea-, es, seguramente, donde mejor se puede vislumbrar el teísmo que venimos denunciando como omnipresente en nuestra actual sociedad occidental capitalista, en tanto que la reverencia al poderoso (al que tiene dinero o tiene el poder económico, social, político o militar) es la forma de culto por antonomasia, la forma de culto que más y mejor ejemplifica en todas y cada una de las sociedades habidas y por haber la esencia religiosa de la misma. Como digo, dinero y propiedad privada representan para nuestro ámbito de lo sagrado consumista-capitalista, lo que Zeus y Hera representaban en el ámbito de lo sagrado de la sociedad Griega Clásica.

Cualquiera que tenga duda sobre el carácter religioso de nuestra actual sociedad, simplemente que reflexione sobre el papel que juegan dinero y propiedad privada dentro de la misma, las connotaciones simbólicas que van asociadas a estos elementos dentro de la mentalidad colectiva que nos rige y nos dirige, y a partir de ahí que trate de sacar sus propias conclusiones, en relación con una analogía comparativa con los valores sagrados que han regido otras sociedades religiosas precedentes (el amor a Dios o el seguimiento de los valores morales propuestos por los textos sagrados). En todo caso decir, antes de continuar, que al hablar de propiedad privada es conveniente saber diferenciar la propiedad privada de los medios de producción y la propiedad privada de los bienes de uso personal. Mientras que la primera nos parece aberrante, la segunda nos parece totalmente legítima, siempre y cuando haya sido obtenida a través de medios legítimos, y no como consecuencia de la explotación o el robo a otros seres humanos.

VI

Por otro lado, aunque estrechamente relacionado con lo anterior, nuestra actual sociedad ha sacralizado también el modo de producción capitalista, planteándolo como único modelo viable para la creación eficiente de riqueza, frente a los obsoletos modelos dados en otras etapas anteriores de la evolución social, o a los utópicos y fracasados modelos presentados como alternativos a éste por las ideologías políticas de izquierdas[5].

Este modo de producción está basado en la propiedad privada de los medios de producción, aunque el trabajador es jurídicamente libre. En este contexto, la fuerza de trabajo es la única propiedad que posee el trabajador. El trabajo genera una plusvalía que no revierte sobre el salario del trabajador, sino que es apropiada por el capitalista, generando capital. Sus características esenciales y universales (es decir, comunes a todos los países) y también específicas (por tratarse de un modo de producción diferente a otros) fueron analizadas por Marx en su obra “El Capital”. A través de este nuevo modo de producción, el capitalismo transformó la producción mercantil simple en producción mercantil capitalista. Así, el objeto del capitalismo, en base a la relación establecida entre propiedad privada de los medios de producción y trabajo asalariado, es producir mercancías destinadas al mercado[6].

Las ventajas de este nuevo modo de producción fueron esencialmente la reducción del tiempo de tra­bajo mediante la especialización del obrero y la co­ordinación en forma de "cadena productiva". Esta baja del tiempo laboral permitió elevar la productividad, pero a su vez el correcto funcionamiento del ciclo económico se hacía más dependiente del funcionamiento del mercado, en tanto que la producción estaba destinada ahora al consumo y no a la satisfacción de las necesidades básicas del propio trabajador-productor. Surge así la necesidad de racionalizar todo el proceso productivo[7], es decir, la necesidad de aplicar la planificación racional de los recursos a utilizar desde el momento mismo de la elaboración de los productos, al momento de la absorción de estos por el mercado y sus consumidores. El trabajo mismo se convierte en una mercancía inmersa en una dinámica de mercado, regulada por las leyes propias del mismo[8].

VII

Consecuentemente a esta nueva situación, el culto a la eficiencia económica se convierte así en otro elemento fundamental en el desarrollo del capitalismo que, junto con las leyes del mercado, ha de regir el nuevo espíritu de la época a través de su integración en el nuevo código simbólico-sagrado que ha de legitimar el funcionamiento y controlar el devenir de la sociedad occidental capitalista. Dicho de otra manera, modo de producción capitalista, eficiencia económica y leyes del mercado pasan a ser elementos indispensables en el proceso de construcción del nuevo modelo de lo sagrado que ha de servir como elemento central de la nueva sociedad puesta al servicio de los intereses de las clases burguesas dominantes.

A raíz de esto, la noción de producción eficiente como aquella que reproduce eficientemente las fuentes de la riqueza producida —ser humano y naturaleza—, es negada en el capitalismo y sustituida por aquella que entiende producir más ganancias con menos costos, a partir de la cual se garantiza una creciente generación de riqueza que debe acabar por repercutir en beneficio no sólo de los poseedores de los medios de producción, sino, como hemos dicho, en el global de la sociedad. Tal es la percepción que los ciudadanos interiorizan del funcionamiento general de la economía capitalista y sus leyes asociadas. El modo de producción capitalista no sólo genera beneficios para los poseedores de los medios de producción, sino que, a través de la acción de estos, lo hace también para el conjunto de la sociedad, independientemente de la clase social a la cual pertenezca el individuo.

El capitalismo se convierte así en una nueva utopía (pues promete un crecimiento ilimitado de la riqueza hasta alcanzar el grado de benefactor para el global de la población), pero una utopía que tiene un alto costo –por usar su propia terminología-, social, político y ambiental, al transformarse la racionalidad que lo fundamenta en un modelo de racionalidad instrumental, donde el valor de las acciones se obtiene a través de un proceso de optimización entre los objetivos propuestos y los medios posibles, donde el fin prevalece sobre los medios, y donde los medios no son más que recursos puestos al servicio de los fines[9].

Dentro de este marco de racionalidad instrumental, excelentemente analizado por algunos autores de la Escuela de Frankfurt, todo es válido para el capitalismo en su afán por ser cada vez más eficiente en la producción y generación de riqueza (dicho de otro modo, en la producción y generación de beneficios económicos, políticos y sociales para los poseedores de los medios de producción). Desde la explotación ilimitada de los recursos de la naturaleza, a la manipulación de las consciencia de los trabajadores, todo es válido si tiene como fin la eficiencia económica. Ese es el precio que se ha de pagar de manera generalizada por aceptar como modo de vida la utopía propuesta por el sistema consumista-capitalista y esos son, en última instancia, sus resultados más visibles, que están conduciendo a la humanidad a una situación de crisis global jamás vista antes en la historia, y que se puede saber en un momento dado como comenzó, pero que, desde luego, no podemos saber como acabará, aunque las expectativas, desgraciadamente, no son para nada halagüeñas (la actual situación de los alimentos en el mundo puede servir como ejemplo perfecto de esto que digo).

Así, como afirma Bourdieu[10], “vemos cómo la utopía neoliberal tiende a encarnarse en la realidad en una suerte de máquina infernal, cuya necesidad se impone incluso sobre los gobernantes. Como el marxismo en un tiempo anterior, con el que en este aspecto tiene mucho en común, esta utopía evoca la creencia poderosa —la fe del libre comercio— no solo entre quienes viven de ella, como los financistas, los dueños y gerentes de grandes corporaciones, etc., sino también entre aquellos que, como altos funcionarios gubernamentales y políticos, derivan su justificación viviendo de ella. Ellos santifican el poder de los mercados en nombre de la eficiencia económica, que requiere de la eliminación de barreras administrativas y políticas capaces de obstaculizar a los dueños del capital en su procura de la maximización del lucro individual, que se ha vuelto un modelo de racionalidad. Quieren bancos centrales independientes. Y predican la subordinación de los estados nacionales a los requerimientos de la libertad económica para los mercados, la prohibición de los déficits y la inflación, la privatización general de los servicios públicos y la reducción de los gastos públicos y sociales”.

VIII

Así, propiedad privada, dinero, modo de producción capitalista, racionalidad económica, y leyes de mercado, constituyen el grueso fundamental del modelo económico que las clases dominantes burguesas han considerado como el más adecuado para la defensa, mantenimiento y desarrollo de sus intereses y privilegios de clase.
 
Por tanto, estas ideas –cargadas de sus respectivas connotaciones simbólicas- se han acabado por constituir, bajo el empuje de la mano burguesa, y apoyados en la propaganda, la publicidad y los medios de comunicación de masas, en el núcleo central de conceptos referenciales sobre el cual estas clases burguesas dominantes han anclado y desarrollado el proceso de gestación y consolidación de un nuevo modelo de lo sagrado de carácter hegemónico para la sociedad, modelo sobre el cual dejar anclado el fundamento de la misma, así como a partir de cual establecer e integrar en sí mismo el modelo de individuo que más eficientemente pueda actuar en relación con los fines y objetivos buscados por las clases dirigentes (un individuo consumista, egoísta, competitivo socialmente, movido por la racionalidad instrumental y vitalmente aburguesado).
 
Y no se atreva usted a cuestionar algunas de estas ideas sacralizadas, porque directamente pasará a ser un proscrito para el sistema, un subversivo y peligroso individuo al cual se le hará caer encima todo el poderoso peso de la presión social y la indiferencia de sus conciudadanos, sus burlas y sus sornas, y, por si esto no fuese suficiente, ándese con ojo con la ley, pues, aunque parezca lo contrario a primera vista, el consumismo-capitalismo también tiene su propia inquisición: los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, los tribunales de orden público y los parlamentos burgueses que legislan según el gusto del jefe supremo, que para algo financia sus campañas.

Notas:

[1] Consumismo-Capitalismo, la nueva religión de masas del siglo XXI  y La ilusión de la libertad en el Consumismo-Capitalismo: Libres de derecho, esclavos de hecho.

[2] Isidoro Moreno, ¿Proceso de secularización o pluralidad de sacralidades en el mundo contemporáneo?, en A, Nesti (ed.) Potenza e impotenza Della memoria. Tibergraph, Roma, 1998.

[3] Ibid. Pag. 174, 175.

[4] J. Locke. Ensayo sobre el gobierno civil. Prometeo. Buenos Aires. 2005

[5] Según Fukuyama: “En contra de lo que dice Marx, el tipo de sociedad que permite al hombre producir y consumir la mayor cantidad de productos sobre la base más igualitaria no es una sociedad comunista, si no una sociedad capitalista” (F. Fukuyama, El fin de la historia, pag. 193)

[6] "Marx, en 'El Capital', analiza al principio la relación más sencilla, corriente, fun­damental, masiva y común, que se encuentra mi­les de millones de veces en la sociedad burguesa: el intercambio de mercancías" explica Vladimir I. Lenin en "En torno a la cuestión de la dialéctica" (http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/1915dial.htm )

[7] Para Schumpeter, “la actitud racional penetra en el espíritu humano ante todo a causa de la necesidad económica, y yo no vacilo en decir que toda lógica se deriva del modelo de la decisión económica” (J.A. Schumpeter, Capitalismo, Socialismo y Democracia, pag, 170).

[8] Actualmente en todas las sociedades capitalistas se acepta sin ningún tabú la expresión “mercado de trabajo”, que denota esta relación entre propietarios de los medios de producción y poseedores de la fuerza del trabajo, según la cual el trabajador vende su fuerza de trabajo al poseedor de los medios de producción, que éste paga a través de un salario y que utiliza como una inversión para sacar un posterior beneficio económico en el devenir del proceso productivo.

[9] La racionalidad instrumental es, por tanto, una aplicación de la razón de índole funcional, pues configura los medios que permiten conseguir unos fines razonables en una coyuntura determinada.

[10] Pierre Bourdieu, La esencia del neoliberalismo, Publicado en “Le Monde” en Diciembre de 1998, y traducido al castellano por Roberto Hernández Montoya.

www.pedrohonrubia.com

 
 
Más información:


Si quieres contribuir a que Kaos en la Red pueda seguir publicando artículos como este, puedes hacer tu donación en:
Paypal (seguro y permite diferentes formas de pago)
Microdonación de 2 euros
Donación de importe libre


Noticias relacionadas

Consumo y redención

Pedro Antonio Honrubia Hurtado | Para Kaos en la RedConsumir para expiar las culpas de no ser los seres perfectos que nos señalan como ideales a seguir a través de todos los medios de comunicación de masas, especialmente a través de la publicidad...
[28-2-2010] | 1558 lecturas | 3 comentarios

La ilusión de la libertad capitalista

Pedro Antonio Honrubia Hurtado | Para Kaos en la RedO de como el consumismo-capitalismo predica un discurso libertario mientras utiliza todo tipo de técnicas psicoanalíticas mediante las cuales poder someter la voluntad del sujeto a su antojo.
[24-2-2009] | 2862 lecturas | 6 comentarios

Una nueva religión de masas para el siglo XXI

Pedro Antonio Honrubia Hurtado | Para Kaos en la RedQue el consumismo-capitalismo no tenga referencia alguna a lo sobrenatural no quiere decir que no pueda ser considerado, desde una perspectiva funcional, como un fenómeno religioso al uso...
[13-2-2009] | 1692 lecturas | 1 comentario

La sociedad consumista, una sociedad enferma

Pedro Antonio Honrubia Hurtado, Granada, Andalucía | Para Kaos en la RedUna crítica a los valores inherentes a la sociedad capitalista: Como son usados por el poder para someter la voluntad de los ciudadanos, y como afectan negativamente a millones de ciudadanos en todo el mundo, que, por unos motivos u otros,  no son capaces de dar lo que el sistema espera de ellos.
[29-10-2007] | 4121 lecturas | 3 comentarios

La naturaleza vampírica del capitalismo

Joel Sangronis Padrón | Para Kaos en la RedEl capitalismo, ha escrito Hakim Bey, “es un vampiro que chupa nuestra sangre, nuestra energía, nuestra historia, cultura y futuro”. Marx (el Van Helsing del capitalismo): “El capital tiene un único impulso vital, el de valorizarse, generar plusvalía. El capital es trabajo muerto que resucita, como un vampiro, sólo chupando trabajo vivo, y tanto más vive cuanto más chupa”.
[17-8-2007] | 1132 lecturas

La Sociedad de Consumo

José Santamarta Flórez - Worldwatch | Para Kaos en la RedEl consumismo hoy domina la mente y los corazones de millones de personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política. El consumo compulsivo de bienes es la causa principal de la degradación ambiental.
[26-3-2007] | 5604 lecturas | 10 comentarios

El consumismo ¿es una enfermedad?

Marcelo Colussi | Rebelión - Kaos. Consumo ResponsableResponder afirmativamente sería parcial, incompleto.
[5-8-2005] | 1327 lecturas | 3 comentarios

Las mentiras del consumismo

Francisco Sánchez Legrán | RebeliónLa Cumbre de Río de Janeiro de 1992 señaló que la modificación de las actuales pautas de consumo en el mundo industrializado, es decir la eliminación del consumismo, debería de ser una de las tareas principales de la humanidad para el próximo siglo, pues solo así se podría salvar al planeta de la catástrofe que se avecina.
[10-7-2004] | 485 lecturas

Comentarios (8)

#1

18-02-2010 20:16

Para fomentar el consumo los poderes económicos asocian un producto con un famoso creado por ellos y que sale mucho en los medios y en TV y las ventas de ese producto se disparan. Esto viene antropológicamente de cuando el hombre hace muchos miles de años en su tribu tenía más posibilidades de sobrevivir si se juntaba cerca del más fuerte y más bestia con lo cual tenia más acceso a los alimentos y a la protección, ahora este jefe de manada tribal se sustituye por uno virtual pues se sabe que aquel instinto pervive aún despues de tantos miles de años y es utilizado astutamente. La gente asocia instintivamente "si es famoso será importante y si me parezco a él o hago lo que él hace tendre más posibilidades de triunfar y sobrevivir no viviré aislado". Luego este esquema se agrava cuando salta a la política, sus lideres e incluso el desclasamiento de gentes humildes que se identifican con la derecha viene de este principio antropologico. Preguntados niños colegios del mundo que querían ser la mayoria respondieron que famosos desolador.

Valoración: 5    |  Avisar provocación

#2

19-02-2010 13:37

El comentario del nº 1 ,en lo que atañe a los idolos creados por el sistemaes acertado . La economia capitalista en su ultima fase liberal monopolista ,necesita de un consumo desesfrenado que lleba al endeudamiento de las masas ,necesario a su vez para explotar mas , el endeudamiento te lleba a la necesidad de trabajar a cualquier precio lo que equivale a competir con otros trabajadores en la misma situacion por los puestos de trabajo, y a no poder perder el puesto de trabajo cueste lo que cueste , siendo mas facil para la clase dominante la explotacion de la clase trabajadora.

En loque no estoy de acuerdo con el comentario nº 1 es enlo espuesto sobre las socieades tribales .Las relaciones sociales que se dadan entre los mienbros de la tribu eran de  cooperacion   entre sus mienbros los jefes mormalmente eran las personas que mas esperiencia tenian que solian see los mas ancianos , las decisiones se solian tomar por el consejo siempre surgidas de la dialectica .la fuerza del grupo era su union ,el individuo por si mismo no era nadie por muy fuerte que fuese ,para cazar y sobrevivi mas que fuerza como nos quieren hacer ver las peliculas y demas formas de propaganda del sitema se necesitaba tactica e inteligencia ademas de mucha esperiencia y conocimientos sobre las presas que nomalmente atsoraban los ancianos y ancianas ,una decion equivocada podia suponer que todo el grupo sufriese .Esta etapa la denominamos SOCIEDADES GENTILICIAS O COMUNISMO PRIMITIVO

Valoración: 3    |  Avisar provocación

#3.- mantra meditacional....

rui da raia|19-02-2010 13:55

repetir   las veces   necesarias hasta el autoconvencimiento acritico:

si   crees que con dinero puedes   hacer cualquier   cosa

seras capaz de   hacer cualquier cosa   por dinero 

Valoración: 2    |  Avisar provocación

#4.- Del 1 al 2

19-02-2010 14:11

Es cierto lo que comentas que en muchas sociedades sobre todo las cazadoras recolectoras se daba más la cooperación, aunque creo que no debía ser en todas ya de aquella había gente que optaba por la agresión y el robo casi seguro, no todo por ser primitivo debió ser ideal. Pero esta brutalidad y los jefes que comento surgieron sobre todo en el neolitico cuando comenzó a surgir la agricultura el asentamiento y la acumulación de excedentes por una aristocracia u oligarquia y ahí comenzó también la opresión mayor hacia la mujer etc. De ese esquema antropologico ya casi instintivo se sirve hoy día el capital para someternos como entonces "al lider que nos hará sobrevivir y estar más seguros si hacemos lo que él hace o nos manda", como vemos en la TV y sus lidres virtuales; de este principio antropológico nace el desclasamiento de gente perteneciente a las clases populares, eso creo salu compa

Valoración: 0    |  Avisar provocación

#5.- propiedad privada y propieda privada capitalista

xilgaro|19-02-2010 19:34

creo que el capitalismo mas que basarse en la propiedad privada se basa en un sistema concurrencial de producción que incluso puede destruir las propias bases sociales en as que se asienta el origen de la   propiedad, asi Marx habla de propiedad privada en si, la que surge como fruto del trabajo y propiedad privada de origen capitalista la que surge del robo, el crimen, la estafa, la explotación y el asesinato.

Valoración: 1    |  Avisar provocación

#6

22-02-2010 13:52

Del 2 al 1 

La clase dominante nos repite hasta la saciedad que la naturaleza de hombre es opresora de hay , que esa esteril cambiar el sistema , pues  nada cambiara , esto le sirbe para tratar de perpetuarse y seguir con oprimioendo a la malloria .

En el neolitico cambia el sistema economico pasa de una sociedad de cazadores recolectores sin propiedad privada como los boquimanos del sur de Africca ,los Inuis , los Lacota Y Moicanos estos eran matiliniales y matriarcales ,

A economias en las que aprecen la propiedad privada ,en lo   social las clases guerreros sacerdotes ,artesanos , agricultores y aparece la esclavitud primiro de estado y luego personal, Sugiendo en lo politico la opresion de las clases dominantes sobre el resto

Valoración: 0    |  Avisar provocación

#7.- Un par de puntualizaciones teoricas

Red Believer|26-02-2010 07:31

Oye Pedrito, mu wapo el articulo. Pero permiteme ponerme un poco quisquilloso: (corrigeme si me equivoco)

En la metafora arquitectonica de Marx del cuerpo social:

a) La propiedad privada no es un elemento de la infraestructura, sino mas bien de la superestructura, Marx hablaba de hecho de "superestructura politico-ideologica". La propiedad privada no es mas que una representacion ideal abstracta de una relacion socioeconomica (relacion de produccion capitalista)  , y por tanto pertenece a la superestructura. La propiedad privada, en tanto reflejo juridico de la relacion socioeconomica  de produccion capitalista, es un elemento superestructural. Para Marx, las instituciones juridico-politicas son superestructurales.

b) Un modo de produccion no es una idea sino mas bien una realidad social material o especificamente una tipo de relacion social. Por encima de eso, un modo de produccion no esta directamente relacionado con la infraestructura, sino que constituye la infraestructura social en si. La infraestructura economica se compone de las fuerzas de produccion mas las relaciones de produccion. No cabe duda de que el modo de produccion es equivalente  a la  base o infraestructura economica de la sociedad (que yo sepa, estos tres nombres se usan a modo  de sinonimos).

Esta es mi interpretacion, basandome en Marx, L. Althusser, A. Callinicos y P.  Sweezy. 

Valoración: 0    |  Avisar provocación

#8

Pedro Honrubia|26-02-2010 07:54

Llevas razón en ambos casos, y en ambos casos también has malinterpretado el texto. El texto habla de elementos superestructurales en todo momento. En relación a lo que planteas, por un lado se habla de la propiedad privada como idea sacralizada, es decir como manifestación ideológica e incuestionable que brota de las relaciones de producción en el sistema capitalista, vamos, exactamente lo mismo que tú planteas según tus conocimientos de Marx. En segundo lugar, ya sé que los modos de producción son la infraestructura en sí misma, pero en este caso me refiero a que se ha sacralizado la idea de que este modo de producción en concreto es el modo de producción por excelencia, insuperable, incuestionable y definitivo. Es decir, de la infraestructura brota también una idea, un concepto ideológico, que se convierte en absoluto, y que hace referencia al modo de producción en sí mismo, a la infraestructura como globalidad. Se sacraliza la idea de que ese modo de producción, esa infraestructura, es lo mejor que hay, y nada puede haber mejor. es decir, se absolutiza la idea de que tal modo de producción es el "único modelo viable para la creación eficente de riqueza", lo que se absolutiza es un concepto ideológico que trata de definir el modo de producción, de igual modo que de dicho modo de producción emanan esas otras absolutizaciones que menciono en el artículo, pero no es lo mismo decir que "el capitalismo es el sistema más eficiente para crear riqueza", que decir "la propiedad privada es un derecho incuestionable", aunque en esencia la propiedad privada es la base misma del capitalismo. Son dos ideas que emanan de una misma realidad, de un mismo modo de producción, pero que ideológicamente funcionan de modo distinto, aunque, obviamente, estrechamente interrelacionadas. Un abrazo hermano.

Valoración: 0    |  Avisar provocación

La inserción de comentarios en esta noticia está desactivada

Más información en Kaos en la Red
Internacional Izquierda a debate Opinión

Col-lectiu Kaos en la Red - Carrer Ramón Llull 132 Terrassa, el Vallés Occidental (Paísos Catalans)