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Ruben dijo, hace 10 años
creo que es un ejercicio sano leer a este señor, es un hombre que del uniforme de trabajo pasó al trabajo intelectual, pero ¿usted que le quiere decir?
Enrique Castillo González | Para Kaos en la Red | 29-11-2008 a las 3:07 | 934 lecturas | 3 comentarios
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lo que Rubén quiso decir

Artículo de Rubén Aguilar...(invitado)

El affair Pinochet ha permitido que en Chile “se cayeran las máscaras”, me decía con convicción Gonzalo Arroyo la semana pasada, en Santiago. El jesuita y economista expulsado por la dictadura, que vivió buena parte de su exilio en México, tiene razón. Algo nuevo se ha abierto en Chile a partir del encarcelamiento del general golpista. La sociedad chilena trató de es­conder y silenciar su propia historia. La transición impuesta por los militares dejó intacto el miedo que dominó a los chilenos en los años de la dictadura. El miedo era la seguridad, la gran arma que esgrimían Pinochet y los militares para seguir gozando de la impunidad. Los ac­tores se han revelado a seguir el libreto y a pronunciar los parlamentos que se les había asignado.

Hace unos días el escritor Jorge Edwards escribió en El País: “Ha predominado entre los chilenos una curiosa combinación de arrogancia y de ingenuidad, de autosatisfacción y de provincialismo. El segundo Gobierno de la transición, con superficialidad, con un exceso de optimismo, ha creído o ha pretendido creer que el proceso ya estaba terminado. Y que lo estaba ante el aplauso de todo el mundo. También se trasmitió la falsa impresión, en algunos momentos, de que el general Pinochet había sido reivindicado y hasta glorificado por los chilenos”. Esa sensación que se podía constatar cada vez que uno visitaba Chile se ha roto. “Es el triunfo de los muertos, que no han permitido que los olvidemos”, ha dicho Ariel Dorfman.

Con su encarcelamiento en Londres, me asegura el padre Arroyo, “La magia de Pinochet ha muerto”. Está liquidado políticamente. El mito construido con esmero por él mismo y arropado por la derecha y el Ejército chileno se ha venido a tierra. Ya no es cierto lo que sostiene una pinta en las paredes del río Mapocho, que cruza Santiago, que dice: “Pinochet el salvador”. No. Pinochet es el genocida, el asesino y torturador de miles de chilenos, la causa de que otros miles huyeran y per­dieran su patria. El es quien dividió a la sociedad chilena. Las mujeres que permanecen fuera de la Fundación Pinochet, en Santiago, sostienen un cartel con una foto del general cruzada por una palabra: “Inmortal”. Así lo ha presentado la derecha y el Ejército. Pinochet ya no es más el “inmortal”, después de que los lores ingleses, sus antiguos aliados, le negaran el derecho de inmunidad.

En los días que permanecí en Santiago se dio a co­nocer una encuesta que revelaba que 70% de los chi­lenos estaba en favor de un juicio contra Pinochet y 25% decía que no le importaba si se le juzgaba fuera del país. La clase política insiste que a Pinochet sólo se le puede llevar a los tribunales en Chile. La realidad es que en los años de la democracia chilena, y a pesar de la evidencia de los crímenes cometidos por Pinochet, nadie se ha atrevido a juzgarlo. El nuevo presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco Javier Errázuriz, ha planteado que se ha lle­gado a la actual situación por la incapacidad de la jus­ticia chilena de enjuiciar la violación de los derechos humanos en los años de la dictadura.

“Lo que revela el affair Pinochet es que la gente no olvida lo que sucedió. El problema de los asesinados y desaparecidos está presente y va a seguir ahí, como una herida abierta en la medida que se le quiera esconder o trate de ignorar”, me asegura el padre Arroyo. El camino que pudiera conducir a una solución de fondo es la sugerente propuesta hecha días atrás por la Conferencia Episcopal de Chile. Los obispos sostienen que es ne­cesario que quienes cometieron crímenes y abusos acep­ten su responsabilidad. El perdón de las víctimas sólo puede surgir a partir del acto primero de reconocimiento de la violación de los derechos humanos por parte de los victimarios. La reconciliación entre los chilenos, así lo dicen los obispos, puede hacerse realidad en el momento en que unos reconozcan sus culpas y los otros, al conocer la verdad, perdonen a los culpables. Mientras esto no suceda, las heridas permanecerán abiertas. No importa si Pinochet regresa a Chile a gozar de la im­punidad o si es extraditado y juzgado en España.

El documento que en febrero de 1991 presentó la Comisión Nacional de la Verdad y Reconciliación, co­nocido como el Informe Rettig, documentó mi 200 casos de los asesinados y desaparecidos de los 4 mil que se calcula tuvieron lugar en los años de la dictadura. En muy pocas veces se dio cuenta de los responsables de los hechos. La justicia, con esa información, pudo haber iniciado el juicio de los violadores de los derechos humanos, pero no hizo nada. Se plegó a los deseos del Ejército. Es cierto que la Ley de Amnistía promulgada por el régimen de Pinochet hacia improcedente cualquier intento de la justicia. Ahora mismo el juez Juan Guzmán ha dado entrada a 12 querellas judiciales contra Pinochet en Chile, pero se ha enfrentado a la negativa de los tribunales y a la propia ley que fue promulgada para liberar de cualquier responsabilidad a todos los asesinos y torturadores.

La sociedad chilena se quitó la máscara del miedo y en muchos casos de la indiferencia. La derecha chilena se arrancó la máscara de su supuesta democracia. Su reacción ante el encarcelamiento de su líder ha sido violenta, primitiva e histérica. El hijo mayor de Pinochet habla de una conjura internacional organizada en contra de su padre y advierte que “nunca nos han ganado en ningún tipo de lides, y no va a ser ésta la ocasión de comenzar”. El Ejército también se ha despojado de la máscara de su supuesta nueva institucionalidad, para amenazar con que habrá de “tornar acciones”. Los años de la dictadura y los que siguieron a la transición tutelada por Pinochet y el Ejército han obligado a callar, a no nombrar las cosas por su nombre. Ahora se abre un espacio para que toda la sociedad chilena se encuentre, sin estorbos, consigo misma.

“Lo que ahora está sucediendo en Chile es muy po­sitivo porque pone las cosas en su justa dimensión”, me dice con entusiasmo el padre Arroyo. La derecha y el Ejército intentan chantajear, para no perder sus privilegios y seguir gozando siempre de la impunidad. Las cosas, con todo, ya no volverán a ser las mismas después del encarcelamiento y desconocimiento de la inmunidad de Pinochet. Incluso si por razones humanitarias Ingla­terra decide liberar al viejo general. Hay un Chile antes y después de este hecho. La transición chilena no está en peligro como bien lo advierte Isabel Allende, la hija del presidente mártir y ahora diputada, cuando plantea que “al contrario, todas las democracias se fortalecen cuan­do están basadas en principios sólidos como son la verdad y la justicia. ¿Cómo puede debilitarse una de­mocracia cuando se demuestra que nadie está por en­cima de la ley?”. En los próximos días vamos a ver encendidas protestas de la derecha e intensas presiones del Ejército, pero las cosas no van a pasar de ahí. Son los movimientos propios del ajuste institucional que se vive en Chile.

Posdata:

La campaña “México por Centroamérica” recolectó 9 millones 700 mil dólares. Ha sido un éxito. La sociedad mexicana respondió con simpatía y solidaridad a la des­gracia de nuestros hermanos centroamericanos. El viernes y el sábado la esposa del Presidente mexicano, acompañada por el director del DIF, quien organizó la colecta, visitó los países afectados y entregó a nombre del pueblo de México los donativos a los pueblos de Honduras, Nicaragua, El Salvador y Nicaragua, representados por sus presidentes.

 
 
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Comentarios (3)

#1.- Ruben dijo, hace 10 años

el observador critico|29-11-2008 12:36

Dejen de hablar cosas que no saben y que solo lo hablan por que hay dinero de por medio

Valoración: 1    |  Avisar provocación

#2.- te podrás explicar?

Enrique Castillo González|29-11-2008 20:35

amigo que te identificas como "observador crítico" ¿podrías regalarnos una explicación? es decir, si me estas llamando Challotero al menos dime porque lo dices, yo, la verdad es que no conosco a los opositores de Pinochet, ni a el miesmo Pinochet ni a ningún Chileno, a Rubén tampoco tengo el gusto y, si te dieras tiempo para leer esta pagina podrías darte cuenta de otras cosas, pero eso de champarme que recibo dinero por esto de la escribida es un verdedero insulto, pero, si te pones el sobre nombre de "Observador Crítico" me haces pensar que nmo tienes capacidad crítica, ahora, si me das una Opinión más amplia igual y lo comentamos.
dame la oportunidad de saber porque piensas eso, igual y me convences.

y n i te puedo dejar saludos porque no se ni como te llamas...

Valoración: 1    |  Avisar provocación

#3.- Gracias

Ruben Aguilar Valenzuela|01-12-2008 00:46

Enrique:

Gracias por la lectura y los envíos. La discusión siempre es bienveida y si es abierta  e  inteligente mejor.  A ver que dìa de esto nos conocemos.

Rubén

Valoración: 1    |  Avisar provocación

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