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Condiciones laborales
Entre febrero y marzo de 2006 una serie de fábricas de ropa se derrumbaron en Bangladesh y los dejaron al menos 100 trabajadores muertos y un gran número de heridos. Las empresas transnacionales que contrataban a estas fábricas ya las habían inspeccionado muchas veces. Trabajadores y trabajadoras entrevistados afirman que las salidas de emergencia a sus puestos de trabajo a menudo todavía se encuentran bloqueadas.
Por otra parte, el Sunday Times informa de las condiciones de los trabajadores y trabajadoras emigrantes de las fábricas de las Islas Mauricio, otro país que las grandes marcas califican de «bajo riesgo» para la explotación. «Cuando me meto en la cama al final del día», declara una mujer al diario, «me estiro y lloro». Otra explica las condiciones en las cuales trabajaba: «Nos tenían en dormitorios de unos 6 o 8 metros, éramos entre 40 y 50 trabajadores apiñados en la misma habitación. No había espacio para moverse. Para los 985 empleados de la fábrica sólo había 10 lavabos, y al menos 3 de estos estaban siempre fuera de servicio. La mayoría a veces a los lavabos tampoco había agua. La comida era tan mala que no la podíamos ni ingerir».
Los derechos sindicales
El principio fundamental de la libertad de asociación y el derecho de negociar los convenios colectivos son un reflejo de la dignidad humana. Garantizan la capacidad de los trabajadores y trabajadoras de unirse y actuar conjuntamente para defender no sólo sus intereses económicos sino también sus derechos civiles, como por ejemplo el derecho a la vida, la seguridad, la integridad y las libertades personales y colectivas. Asimismo, garantizan la protección contra la discriminación, la intromisión y el acoso. Como parte integrante de la democracia, también son básicos para el ejercicio de otras derechos laborales consagrados en las convenciones de OIT.
La mayoría de trabajadores y trabajadoras desconocen sus derechos y los propietarios y directivos de las fábricas ponen medidas por dificultar la creación de sindicatos. Esto crea un clima de temor que hace que en estas fábricas nadie ose organizarse.
«Si alguien intenta formar un sindicato, se le despide. Nunca hemos intentado organizarnos en un sindicato por miedo de quedarnos sin trabajo», dice Abdul, trabajador de una fábrica de Bangladesh que produce prendas de ropa para minoristas europeos.
Salarios mínimos
Investigadores de la campaña Playfair (juega limpio) 2008 descubrieron que en una fábrica china dónde se producían bolsos con el logo olímpico, los trabajadores y trabajadoras cobraban sólo una tercera parte del mínimo legal, aun cuando trabajaban más de 350 horas al mes. Uno de los trabajadores explicaba: «Nuestro salario se calcula según el precio por pieza, por lo cual debemos trabajar muy duro para ganar unos 1.000 yuans al mes. Muchos trabajadores alargan 10 minutos extras sólo para poder acabar unas cuántas piezas más. Las horas extras no se pagan, y el precio por pieza es el mismo que durante las horas normales. La empresa nos dijo que nos pagaría 0,7 yuans por hora extra, pero en realidad este dinero nos los debemos gastar por pagar la comida [que se sirven durante las horas extras]."
Nadia trabaja en una fábrica en Marruecos que abastece una conocida firma de moda. Gana el salario mínimo 1 euro la hora y reparte sus 45 euros semanales de la siguiente manera: «Primero, les doy una parte a mis padres, que no trabajan. Después reparto otra parte a mis hermanas (dos de ellas estudian). Lo que sobra es el que me quedo para mí». A los 35 años, Nadia todavía comparte una casa de tres habitaciones con 9 miembros de su familia. Le habría gustado ser profesora, y querría casarse y tener hijos. Pero las obligaciones con la familia unidas a su salario bajo no le permiten todavía hacer realidad estas aspiraciones.
María trabaja desde su casa en Bulgaria. Gana 60 euros al mes, pese a que para poder mantener su familia de cuatro miembros las organizaciones que regulan el trabajo desde casa afirman que debería ganar 200. A María le pagan a precio por pieza –una cantidad fija por prenda de ropa que produce, no un precio por hora. Si quiere llegar al salario mínimo, debe trabajar 16 horas diarias; para ganar más, toda la familia, incluidos los hijos, la ayudan con el trabajo. Además de todo esto, la María debe hacer frente a los pagos irregulares. Resume su situación de esta manera: «No hay nada seguro. La vida ahora es mucho más dura. En lugar de ir adelante, vamos atrás».
Horas de trabajo
Una jornada de trabajo típica a la fábrica china Lekit es de 12 horas, 4 de las cuales son obligatoriamente extras. El personal trabaja horas extras de lunes a sábado, y en ocasiones también los domingos. De hecho, la mayoría de trabajadores y trabajadoras a Lekit sólo tiene fiesta los domingos al atardecer, y a quienes están en el área de producción pocas veces se les conceden días de descanso, aunque los pidan. En enero de 2007, el tiempo extra de trabajo a Lekit llegó hasta las 160 horas, 4,5 veces el máximo permitido de 36 horas al mes. Esto significa que, además de sus 168 horas habituales (8 horas al día x 22 días laborables) al mes, los trabajadores y trabajadoras estaban obligados a trabajar 160 horas más, unas 40 horas adicionales por semana.
«Me paso sentada ante la máquina el día entero, cada día de la semana (de las 7 y media de la mañana a las 11 de la noche). Se me duerme el culo y me duele la pierna derecha. Ya no puedo andar sin que me haga daño», nos explica un trabajador de la fábrica Lekit.
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