Dice Carlo Frabetti en su artículo de hoy “La revolución dialéctica” que "si la revolución dialéctica -el diálogo sin fronteras- triunfa sobre la involución monoléctica -es decir, sobre la manipulación de las nuevas tecnologías por los poderes establecidos para imponer un discurso único y embrutecedor- podríamos asistir en breve al comienzo de una nueva era, al despertar de una nueva conciencia".
  ¡Qué bello es hablar y escribir con optimismo cubriéndonos las espaldas con los condicionantes! Si la revolución dialéctica triunfa sobre la monoléctica...¿Y qué indicios o señales ve Frabetti en esa dirección del triunfo de una revolución sobre la otra? Porque para soñar, y especialmente para imaginar el triunfo del Bien sobre el Mal, el triunfo del débil sobre el fuerte, el triunfo de los sometidos sobre los opresores, hay que tener un gran coraje espiritual y una inefable ingenuidad. La tortuga nunca alcanzará a Aquiles…
  Es cierto que hay avances, mejoras  de la humanidad, pero de la humanidad parcelada respecto a siglos pasados. Como siempre fue. Pero también lo es que si en otros tiempos la fácil resignación cristiana, la negación del yo subordinado al fuerte, el fatalismo, la voluntad divina y otras zarandajas mermaban la percepción de la existencia miserable, hablando de Occidente, hoy las exigencias de la ciudadanía consciente global, por un lado y las expectativas de ésta de las que habla Frabetti son demasiado quiméricas como para no consternarnos, además, por la conciencia de que lo son.
  Yo creo que el poder mundial y el de las naciones que son sus tributarias, que acabarán siendo todas, nunca van a permitir que la revolución dialéctica nos saque de la miseria. Basta que ponga un palo tras otro entre las ruedas, para que la dialéctica constructiva se convierta en una refriega permanente y sin sentido entre los y las de la misma familia pensante y sufriente. Y para que cualquier intención organizada frente al poder se venga abajo. Ni un solo instante durará el triunfo de Espartaco sobre Roma...
  No hay más que echar un vistazo al mundo. El panorama es el de unos cuantos puñados de francotiradores y de grupúsculos aguerridos y escrupulosos dentro y fuera de la Internet, frente a soberbios que lo manejan (llamando política a la codicia personal y de grupo) desde todos los enclaves del poder imaginables. Y ya se ven ahora mismo los resultados. Toda la pólvora se gasta en hablar del terrorismo puntual, pero no del terrorismo de Estado, ni de la horrible distribución de la riqueza, ni de la invasión infame y sin el más mínimo fundamento de Afganistán (al que, por cierto, el insigne presidente español va a enviar más tropas sin preguntar qué hacen y por qué permanecen allí los ocupantes) e Irak. Todos los medios contribuyen a reforzar la monoléctica silenciando lo grave y magnificando lo trivial. Todas las fuerzas de todo tipo, orientadas a reforzar a partidos y dirigentes de pensamiento único cuya intención es cualquier cosa menos ensanchar la libertad con el pretexto del terrorismo local e internacional que, a pesar de todo lo penoso de estos días en España, causa millones de veces menos bajas que todas las que causa ese poder mundial institucionalizado.
  No basta con empujar persuasivamente desde el ciberespacio y las columnas como la que escribe hoy Frabetti, a la esperanza y a la ilusión. La sinrazón, el abuso y la desmesura de los poderes establecidos y fácticos siempre predominarán sobre la razón, los escrúpulos y al final sobre la impotencia de las grandes masas. No hay más que ver cómo discurre cualquier conato de entendimiento entre autores y lectores y de lectores entre sí en una página cualquiera de la Web, el ágora moderna. ¿Cree sinceramente Frabetti que hay algún viso de que prospere el más mínimo conato de voluntad dirigida a que la dialéctica triunfe sobre la monoléctica? Basta un pequeño equipo de gendarmes entrenados un poco, para que las dosis de cizaña necesaria dinamiten cualquier propósito que conduzca al triunfo de una revolución sobre la otra.
  Gracias, no obstante, a Frabetti por sus ánimos y su optimismo dialéctico. Pero la revolución dialéctica y su utilización final no es de esperar que cause grandes bienes. Terminará doblegándose y utilizándose contra los sometidos que somos todos. Del mismo modo que la fisión del atómo, descubierta con las mejores intenciones o sin ninguna, terminó devastando Nagashaki e Hiroshima antes de traer a la sociedad mundial (no a la individualidad general) el provecho y el bien estimables que aún están por ver si no perdemos de vista el horripilante efecto de aquellas bombas atómicas sobre centenares de miles de individuos en particular. 
  En resumen, Pangloss nunca dejará de tener razón: "éste" siempre seguirá siendo el mejor de los mundos posibles a pesar del triunfo, seguro e inevitable (de rerum natura, por la naturaleza de las cosas), de la revolución monoléctica de los trucos y de las pistolas sobre la dialéctica del buen razonar  y del Bien.
| Paypal (seguro y permite diferentes formas de pago) | |
| Microdonación de 2 euros | Donación de importe libre |








#5.- Al #3
Jaime Richart|31-07-2009 15:37
  ¿Y tú estás con los medios alternativos y los frecuentas? ¿Acostumbras a seguirnos?    ¿o coqueteas simplemente con nosotros  y vigilas lo que hacemos y decimos para ir a contárselo a los tuyos? Porque si todos los medios oficialistas dan noticias como ésta que da la vuelta al mundo, ¿a qué viene repetirla nosotros? ¿por qué  esperabas que los contramedios sigan el juego a los otros? 
  Decídete, amigo. O estás con ellos, o estás con nosotros aunque también, como puedes comprobar, a veces nosotros discrepemos y nos peleemos...
Valoración: 4
| Avisar provocación
#7.- al #4
Jaime Richart|31-07-2009 15:55
Gracias, amigo. Los adjetivos  pueden ser  puñales que se vuelven contra el que los emplea. No creo que me conteste, pero además los inteligentes los evitan para ir a la yugular de la inteligencia del contrario. La lógica formal que, yo por cierto detesto aunque debo soportarla,  tiene sus reglas...
Un saludo
Valoración: 3
| Avisar provocación
#12.- Pesimismo para derrotados
Eduardo|31-07-2009 17:37
Pangloss se queda en su huerto, considera que nada puede mejorar. Reconozco que es un punto de vista aceptable si se tiene un huerto, o en general un medio de ganarse la vida y un techo. ¿No hacemos nada para no cambiar el mundo en general, o para que no se afecte nuestro pequeño mundo? Pero, y si no se tiene lo elemental, o si no nos conformamos con lo elemental; o  si la libertad, la igualdad y la justicia son elementales para nosotros.
Si nadie hubiese confiado en la posibilidad del cambio, aún estaríamos peor.
Y para cambiar lo primero es analizar la realidad, y sobre ella, construir las ideas para la revolución. El poder siempre lo tiene más fácil, pues  dispone de  la fuerza, pero tenemos ejemplos históricos que demuestran que la ruptura y el progreso son posibles.
Al final la dialectica vence porque existen clases, intereses contrapuesto y antagónicos, y por mucho que la revolución se vea torpedeada, la única lucha que está perdida es la que no se inicia.
Salud.
Valoración: 12
| Avisar provocación