Séptima huelga: Una huelga general por mes. Ese es el balance que pesa sobre el Ejecutivo socialista griego, que ayer afrontó el séptimo paro del año, esta vez motivado por el retraso de la edad de jubilación hasta los 65 años, frente a los 60 actuales, que el Parlamento heleno aprobó a última hora sin gran consenso (159 votos a favor, 137 en contra y dos abstenciones). Los combativos sindicatos griegos volvieron a paralizar los transportes y la Administración pública.
En plena temporada turística, la huelga cortó todos los servicios de transbordadores que comunican el puerto de El Pireo con las islas griegas del mar Egeo, mientras que en Atenas dejaron de circular los trenes, el metro y los autobuses. En cuanto a la Administración, la huelga afectó a todos los organismos, desde el Parlamento a las escuelas, pasando por ministerios, museos, oficinas de Hacienda y universidades.
Por su parte, en los hospitales públicos los médicos sólo atendieron las urgencias, mientras que los controladores cortaron el espacio aéreo durante cuatro horas, lo que obligó a suspender cerca de 80 vuelos y modificar el horario de más de cien. Todo, en medio del silencio informativo, pues el sindicato de periodistas decidió secundar la huelga y cortó los informativos de radio y televisión en el país.
Si el seguimiento del paro fue masivo en los centros de trabajo, no lo fue así en la calle. Apenas 20 mil personas, según los sindicatos (11 mil para la Policía), se manifestaron en el centro de Atenas por el retraso en cinco años de la edad de jubilación y el aumento del período de cotización necesario para cobrar la pensión máxima, que pasa de los 35 a los 40 años. Los dos sindicatos convocantes (GSEE, del sector privado, y Adedy, de funcionarios), los mayores del país, atribuyeron la escasa afluencia al corte de la red de transporte.
En la marcha, que recorrió las calles de la capital hasta finalizar en el edificio que alberga el Parlamento, los manifestantes reclamaron a voces a los políticos que
«no toquen nuestras pensiones» e insultaron a los diputados, llamándolos
«ladrones» y
«mentirosos».
A diferencia de las marchas anteriores, donde los disturbios llegaron a cobrarse vidas, en esta ocasión la convocatoria acabó casi sin incidentes, a excepción de un hombre que fue herido por miembros de un grupo de izquierda radical, que le golpearon al pensar que se trataba de un agente de la Policía de incógnito.
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