La Asamblea de Estudiantes Contra Bolonia de Madrid y la Coordinadora Andaluza de Estudiantes [CAE] manifiestan su rechazo ante el editorial de 'El Mundo' publicado en su edición del pasado día 4 de Diciembre. El diario insiste a lo largo del mismo en atribuir al Movimiento No a Bolonia posturas y acciones que no le son propias, una naturaleza e identidad equivocada. Los estudiantes lo consideran, por tanto, una grave muestra de ignorancia, por lo que denuncian la difusión de tales informaciones erróneas o no contrastadas, sin el rigor informativo que corresponde.
El editorial de 'El Mundo'[Anexo] comienza asegurando que "la universidad pública española viene dando señales preocupantes de su deterioro académico y moral". CAE y la Asamblea de Estudiantes Contra Bolonia de Madrid se sorprenden de que el diario no señale como culpables a los responsables de la reforma de la educación superior en curso, sino a los estudiantes que, desde el conocimiento de su contenido, la rechazan, y defienden un sistema educativo completamente público. Los estudiantes aseguran trabajar para que se detenga la implantación de un plan impulsado por los sectores más interesados en convertir a los estudiantes en un cuerpo laboral precario al servicio de la producción, en subordinar la educación y el conocimiento a la misma, y realizado a espaldas de la ciudadanía.
Asegura el editorial que las protestas están provocando "altercados difícilmente justificables, como la retención de profesores o la ocupación de instalaciones". Los estudiantes movilizados afirman que no se ha producido mayor "retención de profesores" que la necesaria para establecer un debate que se niega a los estudiantes; ni más "ocupación de instalaciones" que la que la defensa de las mismas requiere, pues cuando el ataque a esas instituciones y organismos públicos es evidente, resulta necesaria su protección.
Los estudiantes comprenden la dificultad del diario para entender las acciones emprendidas, sin embargo no pueden intuir qué de "interés bastardo" o "excusa" tiene su propósito de parar una reforma que consolida el elitismo y la segregación económica en el acceso a la educación, la pérdida efectiva de la autonomía universitaria, la desaparición en la práctica de la libertad docente, la ausencia total de procedimientos democráticos, el trasvase de conocimientos al sector privado, la implantación de un modelo de créditos (ECTS) que impide compaginar estudio y trabajo, la eliminación de filologías, o la reducción de estudios de ciencia básica y, en general, de todas las carreras de perfil más teórico, la reducción de clases magistrales, o el desplazamiento de los contenidos educativos (de la educación y la cultura, por tanto) a favor de las habilidades y competencias, y la pérdida, al fin, de la educación como servicio público.
El editorial también se refiere al "fanatismo" del movimiento, debido a un supuesto "linchamiento verbal al que fue sometido Josep Piqué en la Complutense" o al boicoteo "con violencia [de] las conferencias de las populares María San Gil –en Compostela- y Dolors Nadal –en la Popeu Fabra-, o la de Rosa Díez (UPyD) en la propia Complutense". La Asamblea de Estudiantes Contra Bolonia y CAE no pueden más que expresar su indignación ante la flagrante manipulación que esto representa, pues ninguna de las citadas acciones han sido promovidas o guardan relación alguna con el Movimiento No a Bolonia.
El diario también afirma que, allí donde las clases han sido interrumpidas "la mayoría de estudiantes eran partidario de continuar[las]", lo cual es completamente falso. Desde el Movimiento No a Bolonia no puede dejar de resultar inaudito ser acusado de imponer su "voluntad por la fuerza", cuando lo que sí es patente que se ha impuesto, desde arriba y sin ningún tipo de debate, es un proceso que acabará con la educación superior pública. Los estudiantes aluden, en relación a ello, a su principal reivindicación: la derogación de la legislación que aplica Bolonia en nuestro país para la apertura de un debate social amplio, especialmente en el ámbito universitario, desde el que construir la universidad pública que la sociedad en su conjunto pretenda, un verdadero "templo del saber y de la tolerancia", lo cual poco o nada tiene que ver con un comercio; o con las detenciones de estudiantes de las últimas semanas en la legítima defensa de sus derechos.
'El Mundo' continúa: "beneficiados por la despreocupación que la mayoría de estudiantes y profesores muestra hacia asuntos extra académicos, las aulas se han convertido en un escaparate perfecto para grupos radicales muy politizados". Los estudiantes movilizados insisten en que sus reivindicaciones están necesariamente ligadas a lo académico, y en el carácter apartidista de las asambleas, formadas por estudiantes de todo tipo de ideologías, que comprenden la amenaza que representa la reforma para la educación en nuestro país. Por otra parte, es indiscutible que cualquier reforma de la educación pública es en sí una cuestión, además de académica, de naturaleza legal y política; y el estudiantado que se opone a este proceso de reformas actúa con la responsabilidad y la conciencia que corresponde a todo ciudadano que forma parte de una sociedad democrática. La educación como derecho y servicio público es algo que afecta no sólo al ámbito académico, sino a todos los ciudadanos, por lo que los estudiantes hacen un llamamiento de auxilio a toda la sociedad para que se una a la defensa de la educación pública emprendida por el Movimiento No a Bolonia.
Desde el Movimiento No a Bolonia se entiende que referirse a la "ignorancia" de los estudiantes informados sobre la reforma, implica un desconocimiento completo del modelo de trabajo y estudio que los estudiantes emplean, pues difícilmente es posible acusar de desinformación precisamente a quienes conocen todo el proceso y cuerpo legal de la reforma. Por todo lo anterior, CAE y la Asamblea de Estudiantes Contra Bolonia de Madrid manifiestan la necesidad de señalar a los que difunden informaciones erróneas o no contrastadas, sin el rigor informativo que corresponde.
Pese a lo anterior, los estudiantes consideran una conquista la relevancia que las protestas comienzan a tomar ante la sociedad, pues no es ya posible continuar escondiendo lo que es una realidad, ni resultará difícil, finalmente, "desenmascarar" lo evidente: los argumentos, la razón, están de parte del estudiantado.
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