Según contaba Ryszard Kapuscinski en su obra El imperio (Anagrama, Barcelona, 2003), la narración de su periplo por la Rusia soviética entre 1989 y 1991, y que narran la descomposición del régimen, el topónimo de Kolimá debería de formar parte de otros que como Auschwitz, Treblinka, Hiroshima y Nagasaki, marcan las mayores tragedias humanas del siglo XX.
Los escépticos del horror estalinista deberían tomar nota sobre este nombre, situado en el extremo oriental de siberia, entre el Ártico y el mar de Ojotsk, espacio donde se encuentra la región de Kolimá con sus yacimiento auríferos, y que puede considerarse como el más despiadado anillo de todo los que conformaron el inenarrable archipiélago del Gulag, acrónico ruso de Glávnoie Upravlenie Lagueréi, o sea dirección General de los Campos), zona a la que fueron a parar buena parte de los prisioneros marcados por un “T” de “trotskista.
Fue acusado de difundir propaganda “antisoviética”, y fue trasladado a aquel lugar donde los escupitajos, literalmente, se congelaban en el aire. Todo cuanto nos cuenta el autor nos estremece. Hombres que trabajan dieciséis horas al día, con temperaturas en torno a los cincuenta grados bajo cero. Nieve y niebla. Piojos en las ropas. Tifus y escorbuto. Desnutrición y agotamiento. Llagas en las manos. Cuatro horas por noche para dormir. Hombres que no pesan más de cincuenta kilos. Un rancho compuesto de una sopa aguada y unas pocas gachas. Presos que se automutilan. Que se suicidan o lo intentan, sin lograrlo. Palizas de los guardias. Robos de los propios reclusos, que se roban unos a otros la comida y los abrigos. Dedos tiesos por la congelación. El pan duro visto como si fuese un pastel. Hambre y frío. Siempre el hambre y siempre el frío dominando sus vidas.
Lenta pero de manera inexorable, están apareciendo los escasos testimonios de los contados superviviente de la tentativa estalinista de aplicar una “solución final” contra las oposiciones, especialmente la ligada con León Trotsky como dará cuenta Isaac Deutscher en el tercer volumen de su trilogía sobre el personaje, y reconstruirá todavía con mayor detalle Pierre Broué en su imprescindible obra Comunistas contra Stalin, ya a punto de publicarse por la editorial Sepha. Poeta, novelista y revolucionario ruso nacido en Vologda, Varlam Shalámov (Vólogda, 1907-Moscú, 1982), es con toda probabilidad el testigo más concienzudo y lúcido de una experiencia que ha llevado a Nikolai Dostal, el autor de una miniserie más sobre su obra, El testamento de Lenin que la TV rusa emitió este verano y que esperamos nos llegue aquí, a proclamar certeramente: “Soljenitsin solo entró en el primer círculo del infierno estalinista, mientras que Shálamov descendió hasta el fondo .
Varlam fue hijo de un cura ortodoxo que trabajó como periodista en un diario de Moscú, pero su vínculos militantes con el comunismo antiestalinista le hacen que pase dieciséis años de reclusión en Kolimá (1937-1953), en el que estimaciones prudentes calculan que murieron no menos de tres millones d reclusos. Con un estilo desnudo y detallado que nos ayudan a situarnos en un lugar imposible, Varlam describe el frío atroz que pegaba los cabellos helados a los barrotes de la litera, las llagas del escorbuto, las jornadas de trabajo exterminador, la desnutrición y el hambre siempre presentes, los suicidios y las autolesiones, el ambiente agobiante de represión impuesto por los presos comunes que mantenían situaciones de privilegios sobre los “contrarrevolucionarios”, y como ya ha descrito en una situación paralela Primo Levi, la abyección y la miseria moral: “Carecíamos de orgullo, de amor propio, y tanto los celos como la pasión se nos antojaban conceptos marcianos y, en cualquier caso, insignificantes. Era mucho más importante sabérselas arreglar uno, en invierno, aterido de frío, para abrocharse los pantalones: hombres adultos lloraban a veces al no conseguirlo”.
Sus relatos se titulan El pan, La leche condensada, o Vaska Denisov, el ladrón de cerdos. Y aunque tienen cierto hilo argumental, se pueden leer como cuentos independientes, sin perder su frescura y fina ironía. "No se mostraba el termómetro a los trabajadores, era además completamente inútil. Había que salir con cualquier temperatura. Los más viejos se pasaban el termómetro, si hay neblina, hace 40º bajo cero; si respiramos sin mayor dificultad, pero el aire se exhala acompañado de ruido, quiere decir que hace menos de 45º; y si la respiración es ruidosa y está acompañada de una agitación visible, hace menos 50º". Shalámov es capaz de relatar con crudeza de acero el fusilamiento o la muerte por inanición de un prisionero, y envolvernos con minimalismo poético en la descripción de un árbol de la taiga.
Comprometido con unas vivencias especialmente estremecedoras, a Shalamov le podría haber bastado la crónica periodística de la denuncia, como hizo el torvo Soljenitsin, sin embargo, a pesar de las enormes dificultades en que consiguió escribir, optó por el camino del estilo. De ahí que se haya dicho que los Relatos de Kolimá no son sólo un testimonio del horror de los campos, sino todo un ejercicio único de estilo que le convierten en uno de los grandes de la literatura rusa (o más bien soviética) del siglo XX junto a Isaac Babel, asesinado también por los verdugos estalinistas, o Andréi Platónov, cuyas Cartas a Stalin fueron motivo de una notable adaptación teatral.
Así pues, estos Relatos, editados en 1978, se erigen como un testimonio de primera mano de estos años de GULAG, todo en un rosario de 103 pequeñas historias que constituyen una crónica de la degradación y la deshumanización de la vida en los campos de prisioneros de Stalin. Discípulo ferviente de Chejov, Shalámov construye una obra de un alto valor literario y se trata de uno de esos raros casos en los que la poesía asoma en medio del horror En los sesenta sus relatos comienzan a circular clandestinamente en los círculos culturales de Moscú, hasta que cruzan la frontera y se publican en Londres en 1972. En Rusia, los Relatos no verían la luz hasta 1987 pero ya antes se habían convertido no sólo en un símbolo de la disidencia sino en todo un mito literario, gracias en parte a la fundación auspiciada por su viuda y financiada con aportaciones de sus lectores. Su narración que complementa otras como las de Evgenia Guinzbourg (El vértigo, sobre el que se puede encontrar un trabajo mío en Kaos), y que igualmente se sitúa en una concepción de la historia y de la realidad soviética muy lejana a la más conocida de Aleksandr Soljenitsin. Mientras que Soljenitsin invoca a dios y a las tradiciones rusas –tradiciones burocráticas despiadadas heredadas de siglos de zarismo-, Shalámov no espera nada más que comprender y ofrecer su testimonio como homenaje a sus compañeros de lucha. Porque como explica Pierre Broué, esta es la historia de una resistencia comunista contra el estalinismo.
Shalámov sería también autor de cinco libros de poemas, entre ellos, Encendedor (1961) y Camino y destino (1967). Su actitud indómita le llevaría a morir en el mayor anonimato en 1982 en un hospital psiquiátrico donde fue internado contra su voluntad. Su obra resuma profundos sentimientos humanos -el amor, la amistad, la envidia, el ansia de gloria, la misericordia o la honradez- nos habían abandonado con la carne con la que nos vimos privados durante nuestra prolongada hambruna. En la insignificante capa muscular que aún quedaba adherida a nuestros huesos, y que aún nos permitía comer, movernos, respirar, e incluso serrar leña o recoger con la pala piedras en la carretilla por los inacabables tablones de madera en las mimas de oro, en esta capa muscular sólo cabía el odio, el sentimiento humano más imperecedero". Este libro, primer volumen de seis, traducido por Ricardo San Vicente y revisado por Julio Hurtado, es asombroso y desgarrador. Desgarrador porque nos habla de las penurias de los hombres en un infierno blanco. Asombroso porque está narrado con una prosa sobria y precisa, y también porque nos ayuda a pensar y comprender el combate de una generación militante cuya integridad contrasta con la vileza del sistema burocrático.
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#1
21-01-2008 16:35
Hola Pepe,
Felicidades por tus artículos. Suelen tener erratas, pero se agradece la labor de divulgación cultural que estás haciendo por aquí.
Quisiera que le echaras un vistazo a este foro y que me dieras tu opinión sobre las barbaridades estalinistas que todavía se pueden leer hoy día. 
http://www.nodo50.org/rebeldemule/foro/viewtopic.php?t=4648
Yo alucino con la forma de argumentar de algunos. ¿Algún consejo?
Valoración: 0
#3.- Cerca de la Verdad
Ulises B.|21-01-2008 16:57
Tus pobres articulos, pobre Pepe, amén de no pasar a veces de reseñas literarias calcadas  míseramente de editoriales burguesas , muestran con afilada  maldad  el camino a las fuerzas de la contrarevolución, provocan náusea  en las gentes límpias y buenas  que luchan cada jornada   y dejan (  Aquí si afortunadamente )  muy claro, de que lado de la barricada estarás ese día.  Ese día en que la Verdad venga a vernos  vencer o morir. Seguro!, te veré feliz en la rabia y el odio cabalgado por León, que blandirá torpemente un sable buscando ansioso  cabezas de soñadores  que  ofrendar  a vuestros  amos.
Valoración: -2
#4.- es lo que queda de una enfermedad
pg-a|21-01-2008 17:14
Disculpas por las  erratas, se explican por problemas de formación.   
Recuerdo loscomentarios de los antiguos poumistas  cuando me escuchaban relatar alguna de las "putadas"  de los métodos estalinistas. Comparasdas con las que sufrieron ellos eran más bien cosa de broma. Luego vino el "revival" maoísta, y los debates eran muy ásperos. Cuando entrabas en criticar tal o cual aspecto pasado o presente, lo más propio era decir que le hacías el juego a la CIA, a la policía, etc.
De todo aquello no quedan más que unos restos, grupos muy reducidos, sin una insersión seria. Esto explica que en casi ninguna de las charlas y debates en los que he tomado parte, haya aparecido alguién con la suficiente entidad para defender toda esas falsificaciones negacionistas del estalinsm, que tanto recuerdan por ejemplo a los nacioalustas turcos cuando tratan del genocidio armenio.
Sí aquello desapareció,esto está destinado a desaparecer con más motivos.
Se trata de explicar la vedad con paciencia, rigor y valentía.
Valoración: 6
#6.- Felicidades por tu artículo
Pili Adroguer|30-01-2008 20:16
Felicidades por tu artículo: lúcido, intenso, informativo y deliciosamente escrito. Espero Pepe que los comentarios de los dogmáticos sectarions no te desanimen    y sigas brindándonos artículos como este sobre Shalámov.
Valoración: 4