¿Cómo es posible que la tortura se encuentre reglamentada?. Pues así es, y no estoy hablando de la DINA de Pinochet o de los interrogatorios en Guantánamo, sino del País en el que yo escribo y Usted lee esto. La España perteneciente a la Unión Europea y que tan orgullosa se muestra de garantizar constitucionalmente la convivencia democrática y de respetar los derechos y libertades. En este lugar idílico es posible torturar y se hace continuamente, sin que sea necesario esconderse para ello, al contrario, las autoridades permiten y sufragan esos hechos para los que como decía, en el colmo de la vileza, existe incluso un Reglamento que los regula.
Estoy hablando de la tauromaquia. Este es el momento en el que unos cuantos se me echan encima diciéndome que no se puede aplicar el término "tortura" al dolor físico o psíquico infligido a un animal irracional; son los que miden el padecimiento en función de connotaciones lingüísticas, los mismos que se escandalizan si se le llama crimen al ahorcamiento de un galgo, al alanceamiento de un toro o a la cobardía de reventar a perdigonazos a un pichón recién soltado de un cajón. Franco denominó a su Guerra "Cruzada" y con eso quiso dotarla de una justificación divina, estos también emplean el diccionario como anestésico moral, tal vez creyendo que son las palabras las que convierten o no en realidad un hecho, cuando la naturaleza de éste no varía lo llamemos asesinato, fiesta, acto cruel o manifestación artística. Ni la naturaleza de la acción ni la angustia del toro, ambas son inmunes a los vaivenes semánticos.
El Reglamento Taurino, es una sucesión de artículos destinada a normalizar y ajustar a ley las corridas, las novilladas, los rejoneos y demás espectáculos pertenecientes a ese mundo perverso y cruento, en el que todo gira en torno al sufrimiento de un animal plenamente capacitado para sentir padecimiento físico y mental, sin embargo, en ningún momento se alude a este hecho fundamental que constituye no ya el fin, sino que es una constante en todo el proceso, incluso desde antes de comenzar de forma pública con los sistemas para menoscabar sus fuerzas, pasando por la celebración con sus correspondientes banderillas, puyas, estoques y descabellos y acabando con la agonía final y la muerte del toro, que pone colofón a la vergonzosa degollina.
La angustia del animal se ignora por completo en dicha legislación, por eso llama la atención una frase contenida en el R.D. que la acompaña: "Mención particular exigen las instalaciones de enfermerías y servicios médicos, por los riesgos que los espectáculos taurinos entrañan para quienes intervienen en ellos...". Y el toro, ¿no interviene?, ¿no es acáso la figura principal e inexcusable para este Circo Romano del S. XXI?. Lo suyo no es riesgo, no se trata de la proximidad o de la probabilidad de un daño, en su caso la certeza de convertirse en víctima es absoluta, de hecho de eso se trata, pero para él no hay atención médica con el objeto curar sus heridas, sólo veterinarios que certifican su muerte una vez que ha pasado por las manos de los verdugos.
Así las cosas nos encontramos con que los toros están situados entre dos pelotones de ejecución: el de la omisión y el de la acción. Omisión porque en la raquítica protección con que los animales cuentan en España, contemplada de un modo casi insultante por lo escaso en unos cuantos artículos del Código Penal, la tauromaquia constituye una incomprensible excepción, como si el martirio de un toro fuese más justificable que el de un perro. Y por acción al encontrarse regulada por una normativa que pretende dotar de legitimidad lo que no es más que inmoralidad, un engendro legal entre cuyos renglones, por muy académica que sea la terminología empleada, se derrama la sangre la víctima inocente, el toro, aunque su cobarde tortura se intente rodear de la parafernalia funesta que siempre acompaña al mundo de la tauromaquia.
Las leyes están escritas por grupos de hombres, redactadas a su medida y conveniencia y en no pocas ocasiones a lo largo de la Historia, su existencia ha servido para justificar todo tipo de atropellos y de desmanes cometidos contra seres vivos de su misma especie o de otras. Y eso ha ocurrido hasta que afortunadamente, con el tiempo, la cordura y la lucidez se han impuesto logrando que se aboliesen tan infames preceptos y la patente de corso que su existencia suponía para que unos cuantos, socavasen los derechos incluso fundamentales de otros con total impunidad.
Pero tales cambios no se han producido de un modo espontáneo nunca, siempre ha habido detrás un movimiento, exiguo en sus comienzos, que ha gestado esas transformaciones, enfrentándose habitualmente en un principio tanto con la mayoría de la Sociedad, instalada en su egoísmo y en la indiferencia ante tragedias ajenas, como con los órganos de poder, muy cómodos y seguros en su inmovilismo. A menudo estas iniciativas les han supuesto graves consecuencias hasta físicas a sus promotores y aunque al final se ha conseguido que las reivindicaciones se convirtiesen en realidad, lo cierto es que la mayor parte de las veces aquellos que las impulsaron no llegaron a verlo. Así como el pasado está jalonado de usanzas hoy valoradas como canalladas, ciertas prácticas del presente merecerán un idéntico juicio en el futuro.
Lo anterior me sirve de base para lo siguiente, de base y de tranquilidad para saber, al menos ante mi conciencia, que estoy obrando correctamente, cuando digo que siento un inmenso desprecio tanto por una Leyes de Protección Animal que no son más que un miserable recurso tacaño y sin apenas efectividad para curarse en salud los responsables de su redacción, como por ese Reglamento Taurino infamante, un ejemplo sangrante de cómo los recursos oficiales pueden atender a intereses tan indignos, que son capaces de ponerse al servicio de los más bajos instintos y de la violencia ejercida sobre seres indefensos.
Se habla en él de todas las cuestiones de procedimiento en esta tortura institucionalizada, se ocupa de numerosos detalles de forma, pero es dramático comprobar como ignora en todo momento lo que conforma el elemento indispensable en la tauromaquia, el intenso sufrimiento del toro. Resulta estremecedor leer acerca de las características que debe de cumplir por ejemplo el estoque, cuando no se está haciendo más que detallar los requisitos exigidos a un instrumento que servirá para atravesar el cuerpo del toro, reventándole las entrañas y marcando el principio del todavía prolongado y tortuoso final de su martirio, un padecimiento que empieza mucho tiempo antes, años, cuando es sometido a las tientas.
Esa descripción es como si en alguna normativa, se nos ilustrase acerca del peso y composición exigidos para las piedras con las que llevar a cabo lapidaciones públicas. Claro, ahora vendrán de nuevo los de antes, los puristas de la lengua y de la ética antropocentrista, vociferando escandalizados que nada tiene que ver el sufrimiento de un toro con el de una persona. Cuestiones fisiológicas aparte, que sitúan ambos en planos bastante similares, lo que hay que pensar es que en los dos casos el ideólogo y autor material es el hombre, por lo tanto con independencia de la víctima, la bajeza moral de su acción y su encarnizamiento con seres desvalidos es una realidad incontestable. Como también lo es el enaltecimiento del suplicio de una criatura y que eso, a día de hoy, sirva para que unos pocos individuos indecentes se llenen los bolsillos y aquellos que se declaran aficionados, disfruten ante un espectáculo despiadado.
Mi subversión, de la que algunos me acusarán, la etiqueta de inadaptado o la de ecoterrorista que me colgarán los que sólo pueden echar mano del insulto para rebatir estos argumentos, las asumo con absoluta tranquilidad, pues poco me importan los calificativos que se me apliquen cuando me vienen otorgados por expresar mi rechazo tajante a la crueldad con los animales, y la coherencia con esa postura, me exige declarar las nauseas que me inspiran los textos legales de cualquier naturaleza, que amparan, justifican o eluden la condena de exhibiciones de ese tipo, tan extendidas y denigrantes como la tauromaquia. Si Señores, la Ley, en ocasiones, me produce asco. Esta es una de ellas.
Julio Ortega Fraile
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#1.- dignidad
rafael parra|01-09-2009 21:45
gracias a vuestro colectivo por toda la pasion que teneis para oponerse a la tortura de los toros y en general
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#3.- Un articulo todo lleno de sensibilidad humana
Carlos Rivero Collado|02-09-2009 08:01
Mi apoyo total a todo lo que dice Julio Ortega Fraile  en este excelente articulo.
Toda mi vida me opuse  a la tauromaquia y nunca he podido  entender que cómo es posible que un pueblo tan noble como el español --lo sé por mi propia familia materna-- haya sido por tantos siglos partidario de esta abominable tortura a un ser vivo que es nuestro hermano, o nuestro tío,  en el proceso de la Evolución.
Sólo quienes  creen en las imbecilidades  de las  religiones  pueden justificar ese salvajismo, pero  quienes creemos que la especie humana es producto de una lenta evolución, desde la amiba y los peces y los anfibios y los reptiles y los mamíferos y los simios y los hominidos y nosotros, tenemos que rechazar esa monstruosidad que se comete contra un ser vivo que tiene que sufrir, igual que nosotros, esa  tortura. 
El pueblo español debe reivindicar su sensibilidad y nobleza exigiendo la eliminación inmediata y absoluta de todo lo que sea tauromaquia y las demás formas de tortura a cualquier otro animal.
El ser humano no es una creacion divina, sino un  animal evolucionado que ha llegado a dominar la sensibilidad, aunque no del todo porque los perros  y los gatos y los pájaros son mucho más sensibles que nosotros.
¿Y que harían  los toreros y sus promotores si se elimina la tauromaquia? Pues que se vayan  a recoger tomates a la huerta de Valencia o a hacer  quesos en La Mancha.
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#4.- AL SR. RIVERO COLLADO
02-09-2009 10:38
Qué no, qué ni antes ni ahora, la mayoria de los habitantes del estado español han estado a favor de esta barbarie. Una gran parte si, pero la mayoria no. La prueba esta en que sin la financiación de mucho dinero publico. La barbarie, seria irrealizable, por ser un desastre economico.
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#5
saul|02-09-2009 13:14
Aparte de tortura y crueldad contra los animales en  este  de pais se practica todo tipo de barbaridades.Pero el colmo de desvergueza de esta mierda mafia politica que tenemos es que con fondo publicos que todos pagamos se finacien espectaculos de tortura,los cuales solo conllevan perdidas economicas,en pagar a estos analfabetos.Es imposible que con el dinero recaudado en takillas de las plazas se finacie este espectaculo,porke estos ayuntamientos colaboran en este despilfarro economico subvencionando la tortura.Cuando en los pueblos hay todo tipo de calamidades y dramas humanos que necesitan de ayuda.Estos politicos son unos fascistas tanto pperros como sociatas and company.Esperemos que vayan surgiendo municipios anti-tortura animal con la presino del pueblo.
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#6.- fiesta nazi-onal
juan antonio|02-09-2009 14:16
Como ya escribi hace años,la fiesta nazi-onal sigue.Los asesinos vestidos de luces a lo suyo.La bandera ondea en lo alto.Las ejecuciones aterran a cualquier ser sensible.Toros asustados en los grandes mataderos como referente de una barbarie que no cesa,aplausos de fondo.Verguenza y hastio producen comentarios y olés sin escrupulos.Asesinos,locos y cómplices avivan el debate.Es cuestion de tiempo.Primero el circo romano con cristianos,más tarde gladiadores enfrentados a iguales o leones.El tiempo sabio dictó sentencia.Libertad.Las plazas de tortura seran en el futuro piezas de museo.johanescocia@hotmail.com
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#7.- Al camarada del comentario 4
Carlos Rivero Collado|02-09-2009 14:28
A esa parte del pueblo español que gusta de lo taurino me refiero, no a todo el pueblo español por supuesto. Sé que hay varias regiones de España en que se se rechaza ese salvajismo. 
La única vez en mi vida que fui a ver una corrida de toros --y lo hice para aumentar mi rechazo  a lo que ya desde hacía muchos años rechazaba-- fue en la Plaza México, alla por los anos 60, adonde había, aquella tarde,  unos 40,000 espectadores.
Eramos varios amigos que vivíamos en México y habíamos ido allí con el mismo propósito, sin darnos cuenta que al ir ya estábamos manteniendo ese salvajismo,  sobre todo a los cobardes que promueven eso sin tener el coraje del torero.
Hubo un momento en que el toro le dio una cornada en la pierna al torero.  Me levanté y di dos gritos:  ¡OLE, COÑO! y ¡QUE VIVA EL TORO! 
Mis amigos tuvieron que rodearme para que aquella horda de salvajes no me agrediera.
El ser humano sólo se habrá civilizado realmente cuando deje de matar a las demás especies de nuestro propio reino animal, o sea cuando deje alimentarse con los cadáveres de nuestros semejantes.
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#9.- Terrible pero hay más
Richar|06-09-2009 20:00
Estoy totalmente en contra de que se torture a un animal durante unos 15 minutos como pasa en las corridasde toros, pero mucho más que se torture a un animal desde que nace hasta que tiene la suerte de que lo maten, simplemente porque a alguien le gusta el sabor de la carne. Hace ya muchos años que está demostrado que no sólo no se necesita comer carne, sino que es más sano no comerla (cáncer, colesterol, infartos, ácido úrico, toxinas, ahora las vacas locas, fiebre porcina, gripe aviar, etc.). Sin contar con que la famosa gripe A ha salido del hacinamiento masivo de cerdos, y de que está estudiado el hecho de que si los pastos se dedicaran a cultivos se acabaría el hambre en el mundo. Espero que también estéis en contra de comer carne.
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#10.- FANTASTICO
ELISA ERRA BLASCO|11-09-2009 10:00
Comulgo totalmente con el reportaje escrito con la cabeza y el corazon.
No me cabe duda que esta barbarie acabará. Pero cuando?
Cuantos mas tienen aún que morir lanceados, banderillados, acuchillados, .....
cuantos más van a ser salvajemente vejados, burlados, atormentados, hasta que se suprima esta barbarie indigna de un ser "humano".
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