quema de la bandera israelí en una protesta contra la masacre en Gaza, Barcelona
Aquellos que defendemos los derechos humanos -sean quienes sean los que echan en falta su aplicación en sus propios  cuerpos y almas- asistimos atónitos a la capacidad de perversión -no del lenguaje- sino de la misma capacidad de razonar y sentir como seres humanos de algunas personas. El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, demostró sobradamente su escasa -por no decir nula- capacidad de razonar y sentir en sus declaraciones “condenando la acción desproporcionada del gobierno israelí”, realizadas a la prensa este lunes, 5 de enero de 2009. Y afirmo esto de forma tan rotunda, porque las palabras de Zapatero eran palabras vacías, vacías de alma y de sentimientos, pero al mismo tiempo llenas de una falsa hipocresía a la que ya estamos acostumbrados cuando oímos a  un líder occidental  hablando de Palestina.
El presidente del Gobierno español denunció (…)  las “reacciones absolutamente desproporcionadas y contrarias al derecho internacional humanitario” por parte del Ejecutivo israelí frente a los ataques con cohetes lanzados por Hamás, organización a la que acusó de “conducta irresponsable y provocadora de ruptura de la tregua”.
“La seguridad es vital para Israel y los ciudadanos, pero poner esta conquista en la fuerza de las armas sin atender a los daños enormes e irreparables a la población inocente, es un camino sin salida”
Zapatero, como la mayoría de los líderes mundiales que también dicen “condenar” a Israel por sus crímenes en Gaza, cuando menciona “la seguridad de Israel”, o cuando reparte las culpas entre tirios y troyanos, nunca habla de lo que tiene que hablar, ni nunca dice lo que tiene que decir. A saber: que Israel no se está defendiendo de unos “terroristas” -los palestinos- cuando envía a su ejército para aniquilarlos, y que éstos, en cambio, sí tienen todo el derecho del mundo a defenderse de un ataque permanente que dura ya 60 años. Por tanto, no existe “desproporción” en las acciones punitivas de Israel, como no existe pecado original que hayan cometido los palestinos, y les haga merecedores de tal castigo,  lo considere el señor Zapatero,  o no, “desproporcionado”. Porque, ¿qué proporción puede haber en negar a todo un pueblo un derecho que le reconocen las leyes internacionales, las mismas leyes que han refrendado las autoridades españolas, gracias a lo cual España pertenece al club de los países considerados “democráticos”? La respuesta: ninguna. No se puede ser más o menos asesino, no se puede ser más o menos tirano, no se puede ser más o menos genocida. El hecho en sí de mantener el statu quo, aunque no se matara a nadie más, ya está fuera de toda proporción.
¡Cuánta hipocresía hay en los líderes mundiales cuando se sientan en tribunas públicas y dicen públicamente que Israel debe “medir” su “reacción defensiva” frente al “terrorismo” de Hamas!  Estos mismos líderes mundiales que presumen de gozar del respaldo popular que les dan las urnas están aceptando implícitamente que:
1.   Es Israel quien se defiende de los palestinos, nunca al revés.
2. La lucha armada de los palestinos contra una potencia que ocupa sus tierras y asesina a sus hijos  es “terrorismo”, la violencia israelí nunca lo es.
3. Hamas no goza de ninguna legitimidad, aunque el pueblo palestino la haya escogido para ser gobernado por ella en unas elecciones libres.
Estas tres grandes mentiras son el sostén ideológico de todo lo que hace Israel. Se finge criticar a Israel, con una mano, mientras con la otra se la ampara y defiende en lo esencial. Israel tiene derecho a matar palestinos, a encarcelar a sus dirigentes políticos, a cometer asesinatos selectivos, a encarcelar a cuantos palestinos quiera, a torturar a los que quiera, a bloquear fronteras, a no dejarlos salir ni entrar  de su propio país, a ser humillados y castigados constantamente por el simple hecho de no ser judíos, todo esto y mucho más, porque Israel “se defiende” haciéndolo. Es muy triste que haga todo esto, pero lo hace. Así que, en fin, no podemos decirle a Israel que no se defienda. ¿No es cierto?
¿Qué decir que no se haya dicho ya sobre la palabrita “terrorismo”. Me entran ganas de vomitar cada vez que la oigo o la leo en algún medio de comunicación. ¿A cuántos ha matado la palabra “terrorismo”?. Son innumerables las víctimas de este invento, de esta palabra de destrucción masiva, que tanto daño hace en las conciencias, que tantas mentiras y absurdos alberga, que tantos muertos provoca en lugares como Irak, Afganistán o Palestina, muchos más, muchísimos más que los muertos en Nueva York o en Madrid. Los medios de comunicación  israelíes nunca hablan de palestinos, no existen para ellos. Son “terroristas”, también los niños que mueren asesinados por francotiradores israelíes al salir de sus escuelas. También ellos son “terroristas”.   Como son terroristas los que, desesperados por vivir en una prisión a cielo abierto, deciden utilizar sus mismos cuerpos como arma, para decirle al mundo: “mirad, prefiero morir yo a mis hijos, prefiero morir yo a que ellos no tengan un lugar digno para vivir, prefiero que mueran los hijos de mis enemigos a los míos, porque ya estoy harto, porque no veo otra forma de impedirlo que ésta.” Es muy fácil, para alguien cuya vida no está permanentemente amenazada, decir a los palestinos: “no os matéis, no os suicidéis, matando a los que os matan, dejad que os maten ellos, dejad que sea un misil israelí de fabricación norteamericana el que entre en vuestras casas una noche, que un bulldozer la reviente con vuestras familias  dentro, porque alberga a peligrosos terroristas como vosotros”. ¿Tanto cuesta ponerse en el  lugar del que decide atarse unos explosivos a la cintura? ¿Por qué nunca hacemos ese sano ejercicio de  intentar comprender la violencia del que se ve sometido a toda clase de violencias desde que nace? Quizá encontraríamos un rastro de compasión por él en nuestros corazones.
Hamas, Hamas.   Dicen que Israel financió a Hamas con dinero para dividir a los palestinos, para atacar a la OLP de Arafat. No sé si eso es cierto. Pero no me importa. Lo que me importa es que se les dijo a los palestinos que debían tener una democracia  antes de  ser considerados dignos de tener un estado propio.  La “comunidad internacional”  les dijo: tenéis que votar a vuestro gobierno, porque eso es lo que hacen las naciones civilizadas. Tenéis que escoger a vuestros líderes, para que estos tengan la legitimidad suficiente para entablar negociaciones de paz con Israel, éste sí un país democrático, porque  se celebran  elecciones en él. Así que, si queréis ser aceptados por nosotros,  la “comunidad internacional”, y dejar de ser considerados unos “terroristas”, debéis votar. Los palestinos escucharon todo esto, estuvieron de acuerdo y votaron. Vaya si votaron. El problema es que votaron a quien no debían votar, votaron, como suele suceder, al candidato menos malo: a Hamas. ¿Y por qué votaron a Hamas? Porque Hamas, en lugar de quedarse para sí el dinero que procedía de la Unión Europea, en lugar de enriquecer personalmente a sus líderes con ese dinero, se dedicaba a velar por los intereses del pueblo palestino, de los humildes, de los pobres, de las víctimas de Israel: proporcionándoles asistencia médica, educación, vivienda, etc. Y, claro, los palestinos no  son tontos. Decidieron votar a quienes no les robaban, aunque tuvieran colgado el cartel de  ”los malos”, de los “terroristas”.   Pero esto no era del agrado de Israel ni de Estados Unidos, porque los palestinos no parecían tener muy claro quién manda de verdad en Palestina: Israel y Estados Unidos. Porque Hamas no  es tan corrupta como Al-Fatah, el partido de Arafat. Y porque, una vez muerto (¿o asesinado?)  éste, como querían los israelíes, ya no existía ningún obstáculo para convertir a los políticos palestinos que no estaban en la cárcel en marionetas de Israel. Pero sucedió lo que no debía suceder: los palestinos habían votado al candidato “no oficial”, como se suele decir. Así que empezó el bloqueo, el castigo que debía hacer recapacitar a los palestinos, por haber aplicado mal la regla básica  de la democracia: “no votes a quien tú quieras, sino a quien yo te diga”, esa misma regla que han vulnerado los venezolanos, o los bolivianos.
La Unión Europea, actuando al unísono con Estados Unidos para apoyar los intereses de Israel, retiró los fondos de cooperación con Palestina. El nuevo gobierno de Hamas se encontró con que no tenía dinero para pagar a sus funcionarios. Los israelíes comenzaron a detener y a encarcelar  a sus diputados y a sus ministros. Se alzó un clamor internacional contra Hamas: no podía consentirse que unos “terroristas” gobernasen en Palestina. Israel invadió Líbano y mató a unos cuantos cientos de  sus habitantes  para dejar claro quién  daba las órdenes  y qué estaba dispuesto a hacer con los rebeldes palestinos, que se habían atrevido a escoger libremente a sus gobernantes. Todo esto sucedía con  la anuencia internacional de los estados considerados “democráticos”, como España. Ningún  país dijo ni mu, nadie chistó, nadie alzó la voz para hablar alto y claro. Pero todo el mundo, mientras tanto,  le vendía -y le vende- armas a Israel, para sostener el gran negocio de la guerra, que es lo que más importa, al fin y al cabo.
Y en estas estamos. Dicen, con todo el cinismo del mundo, que Hamas es responsable del ataque a Gaza porque "bombardea" Israel con cohetes y morteros, pero  lo que no dicen es que a Hamas se le han hecho todo tipo de violencias con el fin de impedir que gobierne una vez fue elegida por los palestinos.  El periodista catalán  Enric Juliana dice sandeces como que “en España Israel no tiene quien la defienda”. Pues menos mal.  Mire, señor  Juliana, no se preocupe. Ya le he encontrado a usted un firme defensor de Israel (aunque usted  piense lo contrario): nada  menos que nuestro presidente, el señor Zapatero.  Con “enemigos de Israel” como éste, ¿quién necesita amigos? No está solo, señor Juliana. Le presento al señor Josep-Lluís Carod Rovira, quien no hace mucho acudió a Israel, representando a la Generalitat de Catalunya en calidad de vicepresidente, para mejorar las relaciones comerciales de Catalunya con ese estado, viaje realizado en pleno bloqueo de la franja de Gaza, a sabiendas de la crisis humanitaria que vive el pueblo palestino en dicho lugar. ¿Ve, señor Juliana, cómo hay en España gente que defienda a Israel? No se queje tanto, hombre.
Lo más curioso de todo es que la derecha española no ha dejado de atacar públicamente a Rodríguez Zapatero desde que se dejó fotografiar con la “kufiya” palestina puesta sobre los hombros. Haría bien el señor Zapatero en hacer algo más que vestirse con prendas de  ropa palestinas. Prohibir, por ejemplo, la venta de armas en España a Israel, por ser contraria al código de conducta firmado por la Unión Europea a la que pertenecemos. Romper relaciones diplomáticas con este país -como ha hecho valientemente  Hugo Chávez- mientras no haya paz basada en la justicia en Palestina. Ir más allá, por una vez, de la retórica y las palmaditas en la espalda de los palestinos, mientras se da de comer al ogro con la otra mano.
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