Todos conocemos la historia que los medios de comunicación nos han contado sobre Afganistán. EEUU armó  a los talibán para luchar contra los soviéticos durante la guerra fría. El 11 de septiembre de 2001 su “cachorro” Osama bin Laden les mostró sus garras atentando contra las torres gemelas de Nueva York. Como respuesta, y puesto que el gobierno afgano talibán daba cobijo a Al-Qaeda (grupo de grupos extremistas “liderado” por Osama bin Laden), EEUU decidió invadir Afganistán para derrocar a los talibanes del poder y llevar la democracia y los derechos humanos a ese país. Una historia redonda, perfecta, de buenos y malos. Fácil de creer porque nosotros, adalides de la democracia y la libertad, somos los buenos y los talibanes, paletos barbudos extremistas armados con fusiles y vestidos con trajes árabes, son los malos. Pero este mundo de la piruleta apesta a colorante industrial de fresa y flagrante mentira, ya que el mundo es más complejo que lo que nos muestran.
Mis sospechas empezaron tras ver el documental de Michael Moore “Fahrenheit 9/11” del 2004, en el que se decía que toda la guerra venía por un gaseoducto que tenía que atravesar Afganistán y que Hamid Karsai (actual presidente de Afganistán) era un asesor de Unocal (una empresa californiana que quería trazar ese gaseoducto). Era bastante turbio el asunto, sin duda. Cinco años después, hace unos días, tras ver el genial documental de cuatro “Afganistán, españoles en la ratonera”, me sentí motivado para investigar un poco en Internet y rascar por debajo de la historia que nos habían contado en las noticias. ¿Qué había de cierto en lo del gaseoducto? Por suerte o por desgracia, más de lo que parece; pero no adelantemos acontecimientos y contemos la historia desde sus comienzos.
Antes de empezar os recomiendo tener presente un mapa de la zona que englobe desde el mar Mediterráneo y el mar del Caspio hasta India y China, la posición de los países es fundamental para entender la historia. También os pondré los links de donde he sacado la información, para que no tengáis que creer a nadie y contrastéis lo que queráis o ampliéis información. Empezamos (agarraos). Esta es una historia de hallazgos, aliados y enemigos, países que están en medio, aliados que se convierten en enemigos y enemigos que se convierten en aliados, intereses económicos y geo-políticos, intervenciones militares, guerras civiles, economía mundial, aventuras y desventuras. Y ahí vamos.
Empecemos a contar la historia desde 1995, quién sabe cuándo empezó... En marzo de ese año Turkmenistán y Pakistán (separados geográficamente por Afganistán) firmaron un acuerdo para construir un gaseoducto desde el mar del Caspio hacia prósperos mercados pakistaníes. Al año siguiente se creó un consorcio internacional llamado CentGas (Central Asia Gas Pipeline) para construir ese gaseoducto, liderado por Unocal (empresa californiana)y Delta Oil Company (de Arabia Saudí), que querían prolongar este gaseoducto hasta Nueva Delhi (India). La intención era doble: suministrar gas a la India (una economía con un impresionante crecimiento) para hacer negocio y evitar así que la India accediese al mercado internacional de hidrocarburos, elevando desorbitadamente el precio de los combustibles fósiles y haciéndose tambalear las economías del primer mundo. Esto se refleja en la participación en el Congreso de los EEUU del presidente de relaciones internacionales de Unocal, en el año 1998. Pero, ¿de dónde sale tanto gas? Pues bien, un yacimiento de proporciones desorbitadas (todo aquí es desorbitado, incluidas las consecuencias) fue hallado en el mar Caspio. Digamos que las estimaciones eran de unos 236 trillones de pies cúbicos (maldita métrica inglesa) y de entre 60 y 200 billones anglosajones de barriles de petróleo, lo suficiente como para quintuplicar la producción de hidrocarburos de la zona en 15 años. Para más información ver aquí.
Colocadas algunas piezas en el tablero sólo nos falta Afganistán, que tuvo la mala suerte de estar en todo el meollo del proyecto. Pero ¿por qué no rodear Afganistán? En palabras del vicepresidente de relaciones internacionales de Unocal en el Congreso de EEUU (cuya lectura recomiendo) unas rutas eran de 3000 y 2000 kilómetros, muy costosas, y la otra posibilidad era pasando por Irán, que es un mercado cerrado a EEUU por la sanciones que han impuesto desde la ONU. Por Afganistán serían 1600 kilómetros, pero primero tendrían que “pacificar” la región. Volvamos atrás otra vez...
En 1996 los talibanes llegan al poder, tras tomar Kabul. Para EEUU, que los apoyaron, eran sinónimo de estabilidad política (lo que necesitan los inversores), en contraposición a los señores de la guerra Mujahideen. En 1997 los talibanes se reunieron en Texas con responsables de Unocal para firmar un tratado que permitiera la construcción del gaseoducto a través de sus tierras. Sin embargo, se rumorea que las negociaciones fracasaron porque los talibanes estaban negociando también con Brida, una empresa argentina. Lo que importa es que no hubo trato, y eso enfadó a Unocal, quien en 1998 pidió en el Congreso que EEUU utilizara su influencia para resolver los “problemas de la región”, que impedían la construcción del gaseoducto.
Si las sanciones económicas impuestas el régimen talibán por EEUU no funcionaban, para junio de 2001 EEUU ya tenía preparado un plan de invasión de Afganistán,  al cual apoyarían logísticamente India e Irán (sí, sí, habéis leído bien, Irán, la actual “bestia negra” de EEUU) y se sumaría militarmente Rusia (antiguo enemigo de EEUU, el mismo que asesina y envenena a los disidentes, está en guerra en Osetia). Efectivamente, como los talibanes no se veían mermados sino que seguían avanzando hacia el Norte (controlaban el 90% de Afganistán) todas las piezas estaban en su sitio y listas para la guerra.
A pesar de que el director de la CIA había advertido  de ataques de esta naturaleza, lo que tenía que pasar pasó, y el 11 de septiembre del 2001 una de las piezas del tablero se movió. Siempre que un país decide invadir otro, ha de demonizar primero al invadido (pasó con Saddam Husein, Hitler, volvió a pasar con Saddam Husein...). Era una labor bastante fácil, teniendo en cuenta las prácticas fundamentalistas de los talibán y la atrocidad que acababan de cometer en Nueva York. También fue fácil convencer a la ONU, pues Rusia, China e India se iban a repartir parte del pastel, y a los países europeos les venía bien que el sudeste asiático no chupara de su misma teta de hidrocarburos, sino de aquella del mar Caspio. También era fácil justificar el apoyo delante de sus electores, por el brutal atentado contra las torres gemelas y el pentágono.
¡GUERRA, GUERRA! ¡GUERRA POR LA LIBERTAD Y LA JUSTICIA!
Tras la primera fase de la guerra, la aplastante artillería aliada espantó  a los talibán hacia las montañas afganas y pusieron en diciembre a Hamid Karzai, el contacto que tenía la CIA cuando apoyó a los Mujahideen contra el ejército soviético. A modo de anécdota, durante la invasión américana Hamid Karzai y su grupo fue herido por “fuego amigo” por los propios americanos. El caso es que poco después firmó el ansiado tratado en el que el gobierno afgano autorizaba el paso del gaseoducto a través de su territorio. Al fin... ¡conseguido! Respecto a su pertenencia a Unocal, la empresa lo niega rotundamente (lo cual sería de ocultar, ya que sería un chisme bastante jugoso, aunque también es tentador inventárselo, por lo que no me pronuncio sobre lo que dijo Michael Moore). Lo que sí es cierto y reconocido por Unocal es que Zalmay Khalilzad (embajador de EEUU en la ONU y posterior embajador de EEUU en Irak y Afganistán y actual consejero del gobierno afgano) trabajó como consejero en las negociaciones entre Unocal y los talibanes en Texas, 1997.
Todo abría acabado sepultado por el polvo del desierto si los talibanes se hubieran rendido, pero no... Continuaron su lucha contra las fuerzas de ocupación o tropas internacionales de pacificación (depende de a quién preguntes) y se hicieron más fuertes por varias razones. Sumaron apoyos populares provenientes de ataques de ejércitos de varios países contra objetivos civiles (bodas, casas particulares...) o que escapan de la pobreza, ya que los talibanes pagan muy bien. El narcotráfico y el tráfico de armas están íntimamente relacionados, y ya que los talibanes controlan el 90% de la producción mundial de opio, la ingente cantidad de armamento del que disponen que entra por Pakistán es asombroso, y a muy bajo precio. ¿Por qué el gobierno afgano, como le sugirió EEUU, no acaba con el cultivo de amapolas (Papaver somniferum L.) mediante herbicidas? Pues bien, parece ser que su hermano menor, que financió parcialmente su campaña política, está metido en el tráfico de drogas ilegales. Además, las repercusiones sobre la economía local serían graves. Así que, tanto el gobierno afgano como los propios países aliados (ya que China, Rusia, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, miembros permanentes del consejo de seguridad de Naciones Unidas y con derecho a veto, son los dueños del 85% de la flota mundial de armas ligeras.
El final de esta historia... es incierto. Pero al menos ahora que sabemos el principio podremos mirar con otros ojos las noticias que vengan de la región. El trabajo de recopilación bibliográfica me ha llevado algunos ratos libres de algunas tardes, no mucho, tan sólo se trata de rascar un poquito e ir tirando del hilo. Por eso os invito a que hagáis lo mismo sobre otros temas y lo publiquéis donde podáis, así todos nos beneficiaremos mutuamente, estaremos mejor informados y podremos mirar las cosas sin el velo impuesto por la versión oficial, la versión de los ganadores. Es un ejercicio de la propia libertad y una ayuda a la libertad de otros.
¡Gracias chicos por dedicarle tiempo!
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