Al anunciar que Río de Janeiro será la sede de la 28º edición de los Juegos Olímpicos, en 2016, una ola de entusiasmo nacionalista explotó en Brasil. Por fin, la capital fluminense será la primera ciudad de América del Sur en abrigar una edición en la historia del evento.
 
Al lado de muchas manifestaciones de alegría honestas y genuinas del pueblo, gobernantes y "galeritas" no han perdido la oportunidad de "facturar" con la decisión del Comité Olímpico Internacional (COI). El presidente Lula aprovechó para lanzar un bombardeo de declaraciones ufanas, enalteciendo el "potencial brasileño": "Finalmente, Brasil es visto un país de primera clase", dijo llorando, mientras una gigantesca campaña de los medios, liderados sobre todo por la Red Globo, reproducía hasta el agotamiento las declaraciones de "los políticos" sobre el "orgullo de ser brasileño".
 
Pocos apostaban que Río sería elegida en el lugar de Madrid, Tokio o Chicago. Esa última ciudad tuvo el apoyo de Barack Obama, durante la disputa. El propio Carlos Arthur Nuzman, presidente del Comité Olímpico Brasileño (COB), que ahora será el jefe oficial de la preparación de los Juegos, confesó: "Agradecí, porque realmente no estábamos preparados". El escritor Paulo Coelho, presente en la comisión, hasta prometió "plantar bananas" en la playa de Copacabana, si Río era elegida.
¿Victoria sobre los ricos?
 
Tras el anuncio, la prensa brasileña celebró entusiastamente lo que, para ella, representó una "victoria sobre Obama y el lobby de los países ricos". ¿Será así? Es difícil de creer. Para Alberto Murray Neto, del Tribunal Arbitral del Deporte y ex presidente del COB, la decisión fue "una hipocresía" del COI: "Intentaron hacer historia a costa dela desesperación de los pobres", escribió en la Folha de São Paulo del 3 de octubre.
 
Según Murray, uno de los miembros del COI, cuyo nombre no reveló, habría dicho: "lo que ocurre en el deporte de su país hoy hiede". Consciente de los desmanes y de la corrupción que asuela el deporte nacional, ¿por qué entonces el comité tomó la decisión favorable a Río? Todo indica que la decisión puede haber sido una especie de "concesión" a Brasil, como el Mundial de Fútbol de 2014, expresando el creciente papel del país y del gobierno Lula como aliado de las naciones imperialistas a nivel internacional.
 
Brasil forma parte de los llamados BRICs (Brasil, Rusia, India y China), grupo de países con peso económico importante, ahora asociados en el G-20. Lula es "el hombre" de los gobiernos imperialistas, el punto de convergencia de la política de las multinacionales para América Latina, el que "banca" la ocupación militar en Haití. Reforzar el peso de un gobierno como este es una gran jugada política de las multinacionales y una apuesta económica segura de buenos negocios.
UNA OBRA DE FICCIÓN
 
La Río de Janeiro exhibida "al mundo" en el vídeo filmado por el cineasta Fernando Meirelles sencillamente no existe. Es pura ficción. Como también lo son las declaraciones de Lula, del gobernador Sérgio Cabral, del alcalde Eduardo Paes y de todos los oportunistas encastillados en el COB. Toda esa gente está enrollada en una "olímpica" campaña triunfalista para ganar la simpatía del pueblo e inducirlo a una sensación de optimismo generalizado. Así, esconden los enormes problemas del país y de la propia Río.
Para la mayoría del pueblo, la Olimpiada en Río está siendo literalmente vendida como la solución de todos sus problemas. En un pase de magia, los gravísimos problemas sociales que afectan a la "ciudad maravillosa" desaparecerán. Los Juegos van a acabar con la violencia y el tráfico de drogas, además de mejorar los servicios públicos y, además, permitir la "inclusión social" de miles de jóvenes pobres, afirman Lula y aliados.
 
Difícil, sin embargo, es entender cómo alguien puede ser "incluido socialmente" donde la miseria es la principal barrera a su desarrollo. La dura realidad en la periferia y en las escuelas públicas es la de jóvenes que viven sin ninguna práctica deportiva. Como no existen políticas e inversiones públicas en el sector, los atletas brasileños quedan a merced del patrocinio privado que, respetando la lógica de mercado, sólo invierte dinero cuando hay "garantía de retorno".
 
Además, el deporte en Brasil es rehén de sus gananciosos dirigentes. El COB de Arthur Nuzman, por ejemplo, está lejos de ayudar al desarrollo del deporte nacional. Es una entidad-empresa cuya finalidad es organizar megaeventos deportivos con el objetivo de obtener lucros.
Un regalo para los empresarios
 
Y lucros es exactamente lo que la Olimpiada más va a proporcionar a los empresarios. El proyecto de Río fue presentado como el más caro entre las candidaturas. En la previsión del gobierno, los gastos de los Juegos, en 2016, serán de 25.900 millones de reales (más de 13.000 de dólares). Es decir, seis veces más que el valor empeñado para organizar los pasados Juegos Panamericano. La mayor parte del subsidio vendrá de los cofres de los gobiernos, en especial del federal. Sólo para efecto de comparación, los recursos para la Olimpiada representan la mitad del presupuesto de la salud para este año, un poco más de 50 mil millones de reales.
Como en los Panamericanos, no hay duda de que todo ese dinero será una enorme fuente de corrupción envolviendo empresarios, políticos y "galeritas". Una auditoría del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU) en las cuentas del Panamericano constató varios indicios de corrupción y sobrefacturación. La primera evaluación del costo total de la competición fue de 410 millones de reales, en 2002, pero terminó en 3.700 millones, un crecimiento fabuloso de 793%. Un ejemplo de esa farra con el dinero público fue la construcción del estadio João Havelange, el Engenhão. Presupuestado inicialmente en 74 millones de reales, la obra costó 380 millones.
"Si el Pan fue aquella cosa horrorosa de malgasto de dinero público, imaginen entonces lo que va a ser la Olimpiada. ¿Y qué hubo de mejoría estructural después del Pan? El tránsito en Río está cada vez más caótico, los hospitales son ineficientes, la red de hotelería ídem", cuestiona Murray.
Además, los preparativos para el Pan habían sido acompañados por una violencia policía brutal contra los habitantes de las favelas, con matanzas y muertes de inocentes. La acción más famosa de la policía fue en el Complejo del Alemán, conocida como "la matanza del Pan". En la ocasión, el aparato represivo de Cabral y Lula realizó una operación de "limpieza" para sacar pobres y negros de las calles y, así, no estropear la fiesta. Policías posaron para capa de requisas al lado de los cadáveres como si estuviesen exhibiendo su caza abatida en un safari. Esa odiosa operación de limpieza va a ser todavía más cruel a las vísperas de los Juegos de 2016.
Aviones y tramoyas
 
Un indicio de esa promiscua relación entre gobernantes y empresarios apareció pocas horas antes del anuncio del COI. Para llegar a Dinamarca, sede del comité, Sérgio Cabral y Eduardo Paes viajaron en el avión particular del empresario Eike Batista, considerado el hombre más rico del país.
 
El costo del viaje fue pagado por el millonario, que había invertido, hasta la pasada semana, 12 millones de dólares la campaña Río 2016. Eike tiene varias empresas en el estado y hoy negocia, con fondos de previsión de los trabajadores estatales, la compra de parte de las acciones de la empresa minera Vale do Rio Doce. Cuestionado si el viaje de avión tendría alguna relación con las oportunidades de negocios proporcionadas por la Olimpiada, el gobernador respondió: "Imagina. Imagina. Él es un empresario que quiere el bien de Río".
 
Otra pista que viene por ahí son los gastos del propio Comité Río 2016. De todas las candidaturas, la carioca es la única que no reveló todavía el total de gastos con la campaña. Pero un levantamiento hecho por la prensa muestra que debe haber consumido, al menos, 100 millones de reales, la mayor parte de dinero público.
 
Muchos dicen que la solución es adoptar "medidas de trasparencia" para evitar la corrupción. Pero parece que al gobierno no le interesa este problema. El día 5, Lula dijo que cuestionar la trasparencia de las inversiones previstas para los Juegos Olímpicos es un argumento para disminuir el papel de Brasil. "Yo creo que quedarse con ese argumento ahora, que ya oí decir a algunas personas, sería poner Brasil otra vez en el pequeño papel en que algunos quieren ponerlo todo santo día", dijo. "Grandes" realmente serán el robo y la fiesta de los empresarios.
 
El temor a "la farra" con el dinero público fue justamente lo que llevó los habitantes de Chicago, en Estados Unidos, a realizar una campaña contra la realización de la Olimpiada en la ciudad. El principal argumento levantado por ellos era que había otras necesidades prioritarias, teniendo en cuenta la crisis económica.
Realidad versus ficción
BRASIL CONTINÚA EN EL "PODIO" DE LA DESIGUALDAD SOCIAL
 
Todo el optimismo propagado por los medios contrasta con la situación deportiva del país, que no escapa de los graves problemas sociales y económicos. Es ese contexto el que explica nuestros ridículos resultados en competiciones internacionales. Y poco cambió tras la realización de los Juegos Panamericanos, en 2007, a pesar de todo el entusiasmo nacionalista creado por la prensa. En la Olimpiada de Pekín, Brasil terminó en 23° lugar en el cuadro de medallas, atrás de Jamaica (del espectacular velocista Usain Bolt) y de países africanos, como Etiopía y Kenia.
Repitiendo la misma demagogia de la época del Pan, el gobierno promete incentivar el deporte brasileño. Para eso, sin embargo, es necesario más que vídeos de ficción y discursos. Es necesario encarar los problemas sociales de frente, condición clave para el desarrollo del deporte nacional. Para cambiar el acceso del pueblo a la educación, la alimentación, la salud y el deporte, hay que, ante todo, cambiar radicalmente la estructura social del país. Es decir, transformar radicalmente la política económica. Algo que este gobierno no hizo ni va a hacer.
Bajo el gobierno de Lula, Brasil continúa en el "podio" de la desigualdad social. Es el décimo país más desigual en el planeta, según el nuevo informe del Índice de Desarrollo Humano de la onU. Esa es la "realidad olímpica" que ningún delirio nacionalista es capaz de esconder.
Como resaltó el periodista deportivo Juca Kfouri, poco después de la decisión del COI: "Fue un bellísimo concierto, lo que vimos es pura ficción, dentro de poco va a empezar la realidad".
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