El domingo 15 de marzo, algunas personas, encabezadas por Julia Klug, protestaron contra la pretensión del Episcopado, expresada días antes, de establecer en México las llamadas "capellanías militares".
    Entrevistada  por La Jornada,  Klug mencionó que con las capellanías "se retrocedería ideológica y espiritualmente en el  país".   
    Efectivamente, dichas capellanías, que existen en otras naciones  latinoamericanas, como Colombia, Ecuador, El Salvador y Argentina, que  trata actualmente  de librarse de ellas,  suelen apoyar a los gobiernos derechistas, fomentar  la obediencia castrense y  limpiar la conciencia de los soldados que  cometen crímenes y abusos.
 
    Gracias a su tradición laicista,  México se ha visto libre de la intromisión del clero en el ejército, pero el gobierno de Fecal apoya plenamente los proyectos para fortalecer esa injerencia, evidenciada en la actividad cada vez más visible de la parroquia  ubicada en Legaria y Periférico que oficiosamente funge ya como capellanía castrense.
  Ese proyecto se está alentando precisamente en momentos en que el gobierno  propicia la militarización del país  apoyándose en una abrumadora estrategia mediática que insiste en el supuesto combate al narco,  que es en realidad una consigna de la propaganda oficialista para  garantizar la continuidad de la derecha en el poder. 
    Influidas por la publcidad fecal que difunden las televisoras y algunas estaciones de radio y medios escritos, la inmensa mayoría de la gente no percibe la gravedad de situaciones como la de  la alianza del clero con la milicia,  sino que se deja llevar por tópicos, como el del narcotráfico, que en realidad sirven a fines oficialistas.
    Además, los mencionados medios, y sobre todo la publicidad triunfalista de Fecal, se esfuerzan por  hacer creer a la gente que vive  bajo el mejor gobierno posible,  cuando en realidad  sigue  líneas  plutocráticas y confesionales, contrarias  a los intereses de las mayorías y al estado laico.
  En contraste, la protesta del día 15 de marzo tiene un carácter histórico, pues es la primera vez que un grupo de personas, muy valientemente  y demostrando gran conciencia cívica, sale a la calle para tratar de evitar que nuestro país sufra las  trágicas secuelas -de abusos, crímenes y autoritarismo- que el binomio clero-ejército ha producido en otras naciones.
   
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