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El programa de Claudio: la utopía sin método
Lo primero que salta a la vista en el texto de Claudio –“Critica al programa de Pedro Campos”– es la aseveración que en Cuba tenemos un Estado Policial.
Carlos Ignacio Pino | Joven Cuba | 2-11-2009 a las 22:01 | 1301 lecturas
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La inocencia que defiendo

Claudio Fernández es persona conocida, director de la web www.en-cuba.com donde a veces ha publicado textos míos, y en más de un año de relación como internautas que somos, con intereses comunes, lo reconozco como persona honesta –que entiendo como la imprescindible primera virtud, o todas las demás son falsas. Y por estos motivos me atrevo a escribir sobre su propuesta, que tituló porque lo era “Crítica al Programa de Pedro Campos” –se puede encontrar el Programa para el Socialismo Participativo y Democrático en www.eltinterocolectivo.com.

                 

Lo primero que salta a la vista en el texto de Claudio –“Critica al programa de Pedro Campos”– es la aseveración que en Cuba tenemos un Estado Policial. Y no es que uno niegue o lo afirme, solo digo que ese estatus quo que se le otorga al Gobierno de Cuba es discutible, pues no es una verdad absoluta. Por lo cual no parece ser una buena base para desarrollar las ideas y menos un programa político.

Es demasiado fácil replicar que cualquier ciudadano de los EE.UU. o del mismo México, está sujeto a una violencia política –y a una posible vigilancia– en mucho mayor escala de cuanto puede existir en Cuba. Pues cualquiera que se vuelva muy molesto al establishment de esos países, se puede sencillamente morir o desaparecer. Y nos han matado demasiadas veces para creer que esto lo hacen las personas y en nada tiene que ver en ello el Estado burgués que sonríe, por ello, tal denominación la consideramos ingenua en grado superlativo.

Entonces le pregunto al autor ¿cuál es el patrón para denominar a un Estado como policial o no? ¿Qué lo digan los grandes medios de prensa?

Como no va a existir un patrón que aceptemos como suficientemente bueno para todos –como deberían ser las cosas y los conceptos antes de que algo fuera. Pues no se puede partir desde un supuesto tan discutible como lo de Estado Policial.

Mucho menos cuando párrafos más abajo afirma que en Cuba se violan los más elementales derechos humanos, pero cuáles son estos derechos violados, él no lo dice y debería, porque de esa manera uno pudiera o no estar de acuerdo con su planteamiento.

Imaginar puedo, por el contexto, que son los derechos políticos de los que habla, sin embargo ¿Cuál es ese país del mundo se permite que alguien intente derrocar al Estado, cambiarlo –y se les deja tranquilos a la buena voluntad de Dios?

Revisitando los términos, y el nacimiento de estos, deberíamos decir que el Estado, tal cual lo conocemos hoy, es una institución burguesa, creada para reprimir y para no permitir cambios que lo debiliten.

Quizás el problema de Claudio es que es capaz de intuir, mas no de explicar, que en Cuba se creó un estado basado en el modelo burgués, que ha terminado trabajando en contra de los intereses populares que dice defender.

Pues el Estado Socialista, debiera ser otra cosa –diferente, muy diferente–, no se pueden usar las herramientas de la derecha y doblar a la izquierda. Sencillamente no ha funcionado antes, no va a funcionar nunca y este modelo de Estado burgués e intereses socialistas, ha generado una de las grandes dicotomías de la Cuba actual, que tanto le molestan a Claudio, como le molestan a la mayoría de los cubanos.

Como no comprende la razón de fondo, en el texto que analizamos, se pone como necesidad primera a la solución de los problemas en Cuba sería crear un Estado del Derecho, más cuando se declara como opuesto a lo planteado por Pedro Campos en su Programa para el Socialismo Participativo y Democrático (SPD), donde este plantea la urgencia de pasar de la estatización a la socialización de los medios de producción.

Volviendo al texto de Claudio, hay que admitir que la necesidad de un Estado del Derecho en Cuba, como idea general, como necesidad actual, no es equivocada. Pues es cierto que Cuba necesita mejorar mucho el sistema de justicia, sin embargo, se equivoca Claudio al pensar que los estados del derecho son posibles en sí mismos, sin una base económica social que los sustente, que los defienda.

Basado en una creencia similar, de que si se deseaba podía existir, se estableció el Estado de Derecho actual –en la constitución de 1975–, que sin embargo al no estar sustentado por una independencia económica de los individuos –para que gracias a esta economía pudieran ser sujetos políticos activos–, este degeneró en lo que tenemos actualmente, y que como plantea acertadamente Claudio, deja mucho que desear.

Pues se puede demostrar que la justicia en Cuba puede ser secuestrada, no solo con fines políticos, si no con fines personalistas, por las gentes que detentan el poder. Esto es una realidad a la cual le sobran ejemplos políticos y que no lo son (1). Y para evitar esto que ha ocurrido, es que en el Programa del SPD se plantea la socialización de los medios de producción como garante de una sociedad más justa, y no solo en la justicia impartida, si no en justica social.

Sin embargo cuando el autor de Criticas al Programa… plantea la necesidad de “Garantizar el marco jurídico y las garantías fundamentales necesarias para que todas las PROPUESTAS puedan ser presentadas, escuchadas y votadas con igualdad de posibilidades, libremente y sin discriminación o represalias de ningún tipo

A lo cual le digo que jamás se lograría alguna igualdad entre grupos con grandes diferencias en un medio igualitario. Creer que es posible, es utópico –además de contraproducente, engañoso y muy peligroso para los grupos humanos más pobres.

Pues, por ejemplo, una persona como Yoani, en estos momentos tiene más recursos que mil trabajadores cubanos –gracias a las donaciones y otros premios muy discutibles. Así que suponer que ella va a competir en igualdad de condiciones con los demás miembros de su comunidad, es postulado falso. El mismo razonamiento se le puede aplicar para algún publicitado burócrata –que hay unos cuantos que entran cotidianamente en la pantalla del TV. Sin contar que la derecha lleva años organizándose, precisamente por si le dan una oportunidad como esta, y no puedo creer a la derecha cubana –la derecha– sea capaz del juego limpio, o no tendrían el poder en muchos países.

Entonces, el camino planteado nos deja ante una bifurcación, donde no importa que escojamos, siempre perderemos. Ya sea porque se réplica la burocracia sin careta, o se entroniza la tontería malintencionada al convertirse en institución. Lo cual parece un camino peor que lo que tenemos actualmente.

Por eso desconcierta cuando se dice en la Crítica al Programa… que:

En ese contexto, lo importante no es si esta empresa será estatal o si la producción agrícola será cooperativa o individual, lo importante es que tanto Constitución como leyes particulares se creen y modifiquen en un Congreso Libre y Soberano.

Pareciera como si el hecho de cambiar por cambiar fuera una solución inteligente o interesante –¿de qué sirve salir de la sartén, si vamos a caer en las brasas? Debería estar claro, pero aparentemente no lo está, que si se comenten los mismos errores de sociedades o momentos históricos anteriores, se tendrán los mismos resultados, con los mismos o peores problemas.

Y al parece llega a ese razonamiento, pues parece no advertir que las relaciones de producción son la base de las sociedades y condicionan la evolución y la corrupción de estas –madeja que heredamos de la filosofía aristotelica.

Por eso afirmo que sí importan las formas de creación de riquezas, sí importa que las empresas sean estatales, cooperativas o capitalistas. Porque si no, entonces todas esas cosas que plantea a continuación, como democracia popular, la aplicación de leyes e igualdad ante la justicia, no pueden ser garantizadas, ni llevadas a la práctica.

Igualdades supuestas que son sistemáticamente violadas en los países capitalistas, incluso de ese primer y “democrático” mundo. Y todo eso gracias al poder económico de algunas personas o grupos de estas, que sí están por encima de las leyes –y de las noticias, lo cual es un estatus incluso mejor.

En el Programa para el SPD, se plantea el camino al Socialismo, en Cuba, pasa por hacer que “los medios de producción, los recursos y las finanzas, ahora en manos de la burocracia, sean controlados escalonada y progresivamente por los distintos niveles del poder popular, la nación, la región, la comunidad, los colectivos laborales y las personas”, y Claudio, en desacuerdo con esto, escribe que debido a “la enorme capacidad de transformación y adaptación de la burocracia, la que en la actualidad acumula tanto poder en Cuba, que estoy seguro podrá adecuarse a las nuevas relaciones de producción, preservando intactas sus posiciones, estructuras y ramificaciones de corrupción”.

A pesar de que es obvio que la capacidad de transformación y de corrupción que tiene la burocracia, los cambios, si no son escalonados, suelen ser caóticos y al intentar armar algo temporal para que al menos funcione, volvemos a replicar errores y burocracias anteriores –y es Cuba una muestra muy palpable de esto.

El término “burocracia” significa, literalmente, el poder del buró. Por lo cual es lógico pensar que si se le despoja al buró de su poder, y este poder pasa a las personas a las cuales las decisiones los afectan o los benefician, entonces la burocracia, al faltarle el poder, será incapaz de replicarse. Pues al tener el poder popular la capacidad de auditar a esos burócratas, de rechazar o dictar alguna medida, de exigir transparencia, le sería imposible replicarse con algo de éxito.

En Critica al programa…   se asegura que:

  [En Cuba] estamos más cerca de una debacle al estilo soviético que nunca antes; pero la Corrupta Burocracia soviética ¿realmente cayó, acaso cedió su lugar a la burguesía venida de alguna parte? Según el Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de Rusia, más del 75% de la "elite política" rusa y más del 61% de la "elite del business" tienen origen en la Nomenklatura del período soviético”.

Sin embargo se puede usar ese mismo argumento para iluminar el planteamiento antes expuesto, que lo más importante es el camino que se tome, los métodos que se usen. Pues el Socialismo es el camino, no es la meta; y es un camino real, no uno utópico o ideal y perfecto. Entonces para poder enrumbar al Socialismo hay que ir despojando a la burocracia del poder, y llenando ese vacío con poder popular, pues de no hacerse así, la burocracia lo volverá a ocupar –el Programa para el SPD, plantea un método racional para evitar lo uno e incentivar lo otro.

  Y por supuesto, estamos de acuerdo en que cualquier cambio en Cuba debe ser revolucionario, pero para que sea, debe hacerse con sentido y métodos revolucionarios, no repitiendo soluciones que ya sabemos que no pueden funcionar.

De nuevo Claudio se va con la de trapo, pues si es cierto que somos mayoría los que deseamos cambiar el estado de las cosas –y las “cosas” del Estado– en Cuba; se equivoca al asumir que son mayoría las personas que quieren destruir al Gobierno.

Por lo cual su propuesta de “NO violencia, NO cooperación con el Régimen, Cambio AHORA” encierra –y sintetiza– los mismos problemas de su programa. Donde deja fuera la posibilidad del debate para los que sí están de acuerdo con el Gobierno. Además de que al adjetivar como “Régimen” al Gobierno actual de Cuba, niega el reconocimiento de las acciones, logros y leyes que ha tenido ese mismo Gobierno para el pueblo –negar esto es irracional, casi infantil, y de un pragmatismo tal que solo puede tender hacia la derecha.

Pues juega mucho –su consigna– con la forma de hacer política en la partidocracia burguesa, donde todo lo que hace un Gobierno que no sea el del partido político al cual se pertenece, es malo, o saldrá mal, o no va a servir para nada. En la partidocracia que usa la derecha como igualdad de la democracia, lo importante es que el partido propio tenga y no pierda el poder; y el beneficio del país y sus gentes se vuelve condición secundaria(2).

Por lo cual, y en el Socialismo, cualquier oposición tiene que tener como meta el mejoramiento social, y por tanto tiene que ser responsable con sus planteamientos. No debe la oposición vivir para formular, lapidariamente, “que baje el que esté arriba”. Una oposición de este tipo, no nos acerca al camino, nos aleja del Socialismo –de la racionalidad económica y social que este pretende–, y solo es entendible en la irracionalidad social que siempre despliega, como si fuera virtud, la derecha.

Convencido que si este Gobierno se cae, lo que vendrá será peor, porque entre otras cosas será de derechas –y un muy salvaje capitalismo–, por lo cual me reafirmo en que lo necesario en Cuba hoy es la independencia económica de los individuos basada en la relaciones de producción socialista. De otra manera no es –como no ha sido, ni será– posible independencia política. Las cuales son condiciones interdependientes entre sí, y condiciones sin las que no puede existir el Socialismo.

Pues esa, y sola esa, es la manera en que primen los intereses de clase en el Gobierno que se denomine socialista, que serán siempre los intereses de la clase trabajadora y evitará que primen otros intereses, de otras clases –ya sean la de los burócratas o de los burgueses.

Y justamente de eso, y no de otra cosa, se trata el Socialismo, de que en el Gobierno primen los intereses de clase expresados por los propios trabajadores.

Como última referencia al texto Críticas al Programa…, quizás solo como anécdota, debo decir que cuando propone que para tener derecho a elegir a un Poder Popular Soberano, es menester que esas “personas sean ciudadanos Cubanos por nacimiento”. Planteamiento que hace sonar a mi alarma, pues se parece mucho a la clausula de la mediatizada primera Constitución de la isla, que buscaba quitarle toda posibilidad de obtener un cargo público a Máximo Gómez –por la popularidad que tenía y porque este no era amigo de los yanquis.

Una medida como esta, precisamente en este país, a donde han llegado tanta gente de otras tierras a luchar y morir con nosotros –y por nuestras causas–, por lo cual me negaré siempre a quitarles el derecho de construir con nosotros.

Para finalizar, debo decir que si bien pienso que cualquiera puede criticar, opinar  y proponer –desde cualquier parte que esté, y no solo viviendo en Cuba, como plantean algunos que pretenden cercenar el debate–, lo cierto es que no se puede proponer con alguna credibilidad un plan de acción para hacer dentro de Cuba, cuando uno vive en el exterior. Pues termina oliendo a esa cubana frase “el que empuja no se da golpes”.

Por ahora, según lo veo, el Programa para el Socialismo Participativo y Democrático, redactado entre varios camaradas y firmado por Pedro Campos, sigue siendo lo mejor que existe hoy para intentar de nuevo el asalto al cielo en Cuba. Pues justamente pone el grito en ese cielo que hay que asaltar, mientras mantiene los pies en el suelo –en el suelo del barrio–, que es como debe ser.

El Socialismo solo se puede hacer con métodos socialistas, no bastan las buenas intenciones.

Carlos Ignacio Pino Díaz

Cayo Hueso, Centro Habana, Ciudad de la Habana, Cuba

26 de Octubre de 2009

carlos.ignacio69@gmail.com

NOTAS:

(1)  En este punto quiero dejar bien claro que soy un convencido de que no se puede jugar a la lucha de clases usando como escudo la inocencia. Pues si bien soy un convencido de que todos pueden –y deben– opinar como mejor les parece, no seré yo quien le abra la puerta a la derecha internacional en mi país.

Pues si para lograr algún perfume de igualdad social, de democracia, ante la vista de estos señores, tenemos que transar con el capitalismo mundial, con las trasnacionales del poder, entonces estamos todos locos y suicidas, pues nunca será de ellos –de nuestros enemigos de clase–de quienes necesitaremos un certificado de buenos.

(2) En mi opinión el 99,9% los partidos políticos del mundo  –incluidos la mayoría de los Partidos Comunistas– están construidos según el modelo verticalista de la derecha, y que basan su existencia en conseguir el poder y mantenerse en él a toda costa. Por lo cual un partido solo deja el poder cuando no se puede mantener gobernando. La partidocracia, por tanto, nada tiene que ver con la verdadera democracia –poder del pueblo– ni es un camino transitable en el deseo de obtener igualdad o libertades.

 
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