Candidatos y precandidatos bajo la atenta mirada de Agustìn Edwards
Si una virtud tiene el mercado, en el capitalismo, es la de señalar con absoluta claridad quién es el que sustrae, en la transacción de supuestos equivalentes, la mayor plusvalía revestida de ganancia. El mercado chileno no es la excepción.
El Capital transnacional, en Chile, solo en el gobierno, aún inconcluso, de cuatro años de Bachelet, con menos del 0,5% de las empresas controla más del 60 % del mercado interno, más del 75% del mercado externo, tiene el control “legal” de los recursos estratégicos mineros (75%), forestales (90%), pesqueros (95%), hídricos (85%), energía (90%), financieros (80%) y AFP (90%). Contribuyen con menos del 20% de la oferta laboral. Sin embargo, explotando, de modo directo,  a menos del 20% de los asalariados chilenos han extraído vía remesas al exterior, conforme a informes del Banco Central, faltando contabilizar su último año de gobierno, más de 60.000 millones de dólares.
Los gobiernos de la Concertación, de modo creciente, han hecho del capital transnacional, en las esferas de la producción y del intercambio, un líder indiscutible. Es curioso, el control del capital transnacional permitiría una gestión de los recursos chilenos que ni siquiera Salvador Allende, en su mejor momento, se hubiese imaginado.
El merito ideológico y político de los gestores de la concertación sin desmerecer al resto de esta casta política oligarquía, tanto de derecha como de izquierdas, vale decir, el bloque dominante,    es y ha sido, sin duda, invisibilizar o hacer invisible, en el lenguaje y en la realidad mediática, el saqueo y la superexplotación del capital transnacional coadyuvado por el gran capital local asociado a él.
El bloque dominante, en esta “gestión”, no solo ha contado con los recursos etéreos de la ideología, por el contrario, con posterioridad al golpe fascista (paralelo a la gran represión, con toda su secuela de crímenes y saqueos, 17 años en estado de emergencia), la inundación de productos importados fue la que, dicho sea de paso, destruyo la subdesarrollada industria local, le permitió al pueblo un acceso a un consumo que el mercado capitalista “protegido” hasta ese momento le impedía. Un refrigerador importado se “comercializo” un precio inferior en más de un tercio del equivalente nacional. En otras palabras,  esta inundación de productos y servicios “importados” permitió junto a la represión atenuar la “reacción” del Pueblo frente a los abusos y atropellos de los esbirros de la dictadura permitiéndoles, a su vez, colocar bases  objetivas para una enajenación sustentada en el  consumo.
El Bloque dominante, desde el momento mismo del golpe, con el control de la información, con la todopoderosa maquina de la educación y la diversión, reforzada por la destrucción de toda participación directa en la base e imponiendo, en las organizaciones intermedias,  la representatividad desde “arriba”, como mecanismo de integración social, sustento su ideología en el acceso a productos importados cuyo consumo le permiten reproducir y justificar la dominación. Ha creado, para los individuos integrados al sistema, una eficaz represividad de todo espíritu critico y cuya eficacia aumenta con la cultura material facilitada por la obtención de los bienes indispensables a la vida, por la comodidad y el lujo, ante el cual, el individuo, aislado, desarmado de ideas liberadoras, lo paga sacrificando su tiempo, su conciencia y sus sueños hasta hacerse “razonable”, un perfecto adaptado, un respetado burócrata del sistema que a través del “dialogo y el acuerdo”, mediatiza las diferentes alternativas que le impone la dominación. Aquí el mismo concepto mismo de enajenación llega a resultar problemático, más aún, cuando existe tanta identificación entre los individuos y la existencia que se les impone. El individuo elige entre todas las alternativas absorbidas en la misma dominación. El ideal de la enajenación es que el individuo sea absorbido por su propia existencia sin tener la mínima capacidad de cuestionarla
Los gobiernos de la Concertación, a partir de 1990, allanan el dominio del Capital Transnacional en el contexto de una “democracia representativa” al extremo que hoy, frente a esta nueva elección presidencial, junto a la izquierda llaman al Pueblo a impedir que el candidato de la derecha llegue al gobierno, (El PC justificando su alianza con la concertación argumenta “Lo que sí esperamos es que la derecha no gane las elecciones”) y, sin embargo, cualquier candidato del bloque dominante, por cierto, garantiza la permanencia de la dominación  y la explotación del Capital transnacional.
Hoy frente al bicentenario, es indispensable la propagación de un conocimiento y una conciencia no manipulados ni censurados y, sobre todo, la negativa organizada a seguir trabajando con los instrumentos materiales e intelectuales que ahora se utilizan contra el pueblo y los trabajadores para la defensa de la libertad y la prosperidad del Capital transnacional, con la crisis del capitalismo vigente, vuelve a resurgir, en cierta manera, el ánimo libertario que movilizo a personas como Lautaro, José Miguel, Javiera, Manuel, José Manuel, Luis Emilio, Salvador y tantos otros a levantar la lucha liberadora. Lo hecho por ellos hecho aún esta, lo que ellos no alcanzaron a concluir, inconcluso aún esta.
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