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Prefiero recordar a Nina Simone
En momentos tan patéticos, en medio de una sociedad autocomplaciente y cada vez peor de ignorante, he optado por “coger un diez” como se dice en Cuba, y recordar a Nina.
Ernesto González | Estados Unidos | 23-12-2009 a las 18:21 | 459 lecturas
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En medio de tanta hipocresía es bueno sanarse con Nina

En momentos tan patéticos, en medio de una sociedad donde aún se discute que el cambio climático exista, donde la autocomplacencia clama el gran triunfo de la reforma de salud porque ahora todos los niños estarán cubiertos y no se permitirá la negación de servicios por condiciones pre-existentes, donde un presidente recibe un Nóbel de la paz mientras continúa dos guerras y mantiene el cerco a una isla desobediente, he optado por “coger un diez” como se dice en Cuba, y recordar a Nina.


Lo que importa en la piel

(Fragmento de novela en proceso de creación)

La piel es la frontera, sitio de reposo y comienzo. Es la puerta, la encarnación de la paradoja, la disolución al alcance de ciertos bendecidos. Por eso suele ser engaño deseado para quienes intuyen que morir es la mayor bendición. Dejar de ser para que el amado sea, es uno de los caminos para alcanzar la verdad, y su puerta es la piel. La piel es todo. Es donde Nina Simone sintió que en uno de sus crónicos momentos de crisis, un hombre, con un toque leve en el hombro, la apoyaba. Agotada, sin tiempo para hacer lo que quiere o para no hacer nada en absoluto, de pronto, la piel de un hombre le ordenaba su mundo, le hacía olvidar los consecutivos asesinatos de sus amigos líderes del movimiento por los derechos civiles, la fiera arrogancia y prepotencia de tanta gente, el engaño con cara de sonrisa, la codicia, la envidia. En esos momentos, cuánto añoraba ser una mujer común y no poseer nada. Ser un don nadie o ser un don todo, porque madre y esposa eran éxitos suficientes. ¿Conocerá esa felicidad simple algún día? No está segura. Sólo lo está de perseguirla, no le bastan las dos horas de infinitas bendiciones que pasa frente a su público. La magia se esfuma con la disolución lenta de los aplausos, y regresa a la realidad de la lucha constante, las ansiedades y la esperanza de la piel del hombre que borre su soledad. ¿Es tan horrible dormir sola, Nina? ¿No será que te habrás olvidado de ti misma? Tienes tanto en común con Josephine Baker. Un hombre siempre será un complemento, les hubiera dicho a ambas, no puede habitar contigo bajo la piel ni puede acompañarte tan bien como lo pueden hacer ustedes mismas. Dos mujeres que saturaron de emociones a multitudes, y sin embargo, no saben cómo lidiar con la apariencia de la soledad, que es sólo una emoción trastocada.

Los dedos de Nina son el punto de fusión con las teclas de un piano que nadie toca como ella; su piel, no su voz, es la que está pidiendo en susurros y a veces a gritos, que no la abandonen. Su epidermis negra habla con más fluidez que nunca a través de en un idioma que adora y apenas canta, y la hace interrumpir su concierto en uno de esos tórridos veranos parisinos, a finales de los setenta, para pedirle al utilero que coloque el ventilador fijo en dirección a ella. Thank you, babe, thanks, you're so cute, thanks. Se ahoga en esta sala de tercera clase en que ha tenido que cantar, sus fans no creen en el anuncio de la entrada, es que no puede ser ella, se repiten. La cantante no tiene nada y tampoco es feliz, a no ser mientras canta y toca.

Nina interrumpe su canción, se palpa el pecho sudado y mira con odio al ventilador. Corre a pararse al borde del escenario, a decirle al público que ha llegado de pasar una temporada en África: Estaba en Liberia, with my old man, you know. ¿Nunca han estado en África?, pregunta sorprendida. No puedo creerlo, están tan cerca de esas tierras. Corre a sentarse al piano. Luego achacarán esos cambios de estado de la cantante, a un desorden bipolar, siempre tendrán que juzgar y clasificar, ponerle nombre a lo que no entienden. No pueden explicarse por qué esta mujer no se calla nada, ni la comunicación que mantiene con su audiencia tanto en este sitio de mala muerte como en el Olimpia. Por eso dejó su tierra, donde siempre le esperaban malas noticias. Nunca habría compuesto, como hizo Josephine, una canción sobre sus dos amores: su país y París. Nina gritaba su amor por África.

El amor, el sexo, no es poseer, es posesión. Nuestra obsesión por poseer convierte al amado en cosa. Estoy segura de que Nina lo sabía. La piel de su old man liberiano, de seguro que compartida, era su horizonte perennemente alejado. La piel y la música era lo que le importaban a Nina. Por eso fue que se desnudó en el aristocrático club The Maze, recién llegada a Liberia. Miriam Makeba había arrastrado a Nina y a su hija hacia Monrovia, luego de saber todos los problemas que habían perseguido a la cantante, separada de un marido-manager que no le permitía descansar, obsesionado con garantizar un retiro cómodo en el futuro. Una pizarra colgada en la cocina de la casa de Mount Vernon, dejaba constancia de los años que faltaban para el retiro de la estrella y de él, que había acabado por dejar su empleo de detective para ser manager de su mujer. Quizás ambos hubieran envejecido juntos, si Andy hubiera entendido mejor a su esposa. La condenada pizarra colgada en la cocina de la casa de Mount Vernon, con los calendarios de conciertos que él planeaba y los años que quedaban para el retiro de ambos, terminó por el enfriar la piel de Nina, tan mujer como diva. La mujer necesitaba vivir en vez de soñar con un futuro que no existe ni va a existir, porque se vuelve presente. Una mañana se levantó con las pasas viradas, le escribió una nota a Andy, le pidió que cancelara conciertos porque deseaba descansar y partió hacia Barbados.

Ernesto González es un escritor cubano residente en Chicago, publica artículos en revistas locales y electrónicas, ha enseñado español en la East-West University y en la escuela Cultural Exchange. Fue asesor de la prueba de español de Riverside Publishing. Sus novelas “Habana Soterrada”, “Memorias de una Bodega Habanera”, “Descargue cuando Acabe” y ‘Bajo las Olas” están disponibles en amazon.com (EEUU) y lulu.com (Europa y Latinoamérica).

 
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