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¿Por los pueblos, o contra los pueblos?
Las fuerzas reaccionarias unidas en un bloque manifiestan distintos intereses particulares en pugna, pero siempre negociables.
Patrocinio Navarro | Para kaos en la Red | 22-10-2009 a las 16:26 | 503 lecturas
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¿Qué esperan para sentirse uno?

Si naciera una planta con flores cada vez que se escribe la palabra democracia, el planeta entero sería hace tiempo un jardín maravilloso y sin desiertos. Y si la palabra democracia respondiese al concepto que encierra (gobierno del “demos” o “pueblo”), y de tal modo fuese practicada, estaríamos contemplando el principio del fin de dictadores, explotadores, injusticias sociales, guerras y tantas y tantas formas en que la maldad humana se manifiesta cultivada, espoleada y dirigida por aquellos que organizan las naciones contra los  intereses de sus habitantes, especialmente de los más   desfavorecidos. 
Si   observamos la organización mundial, esta se encuentra en manos de la oligarquía financiera y belicista  o de   los enemigos de la revolución o de Cristo, como es el caso de las iglesias.
Las fuerzas reaccionarias unidas en un bloque  manifiestan   distintos intereses particulares en  pugna, pero siempre negociables. Lo que  no es negociable  es  el control real contra sus pueblos por esto que conocemos como Sistema, un conjunto de fuerzas dirigidas en tres direcciones: poder, prestigio y riqueza.
Culturas, religiones institucionales, educación, medios de comunicación, leyes, trabajos, todo está pensado para que el huésped, los pueblos, sirvan eficazmente al Sistema, el   parásito.

La filosofía del Sistema, por tanto, es siempre la misma hayan dictaduras reales o democracias formales:”Lo que inventan los pueblos sin contar conmigo, seguro que va contra mí”, piensan las gentes del Poder. Y a menudo tienen razón, especialmente en las dictaduras, y tal y como están las cosas hoy, existiendo estas democracias con sordina, los pueblos se ven obligados a actuar en defensa de su proipia vida cuando tienen problemas graves, precisamente originados por los administradores de la democracia usurpada. Entonces se les envía primero a los sindicatos y a otros de sus burócratas, pero si fallan, ahí están   las fuerzas represivas.

Y las gentes se preguntan: ¿no está la democracia para aceptar hechos divergentes y eliminar lo que perjudica a los pueblos? ¿No está para corregir los malos procedimientos del sistema y al propio sistema si es necesario? ¿No es la crítica un valor social y cultural que puede contribuir a enriquecer y mejorar a las sociedades? ¿No es posible llegar a acuerdos que impidan la eterna claudicación de los pueblos sometidos por la sinrazón amparada siempre  por los uniformados? ¿por qué ese miedo a los pueblos? ¿Es porque tienen siempre razón cuando claman justicia, trabajo, pan y libertad?.

¿Por qué inventar como excusa para el funcionamiento del Sistema un supuesto bien común al que hay que someterse?

¿Habrá bienes más comúnmente deseables  y verdades como las que motivan a los pueblos, tan a menudo escamoteadas y sustituidas por innumerables males derivados de códigos injustos e inmorales, aunque sean votados en Parlamentos? Y es que   el pueblo no vota en los Parlamentos. Ahí sólo hay gentes de la política, especialistas en mentir,  ocultar  y manipular, no gentes del pueblo. 

¿Es la democracia, acaso, un fin en sí misma, un edificio acabado?(Primera y corriente opción) ¿O debe tender a ser un ensayo plural -y peculiar en cada caso,- de convivencia a un nivel superior, un proceso de profundización de libertad y convergencia de intereses plurales representados por los diversos colectivos sociales, un edificio en obras? Esta sería la segunda opción no ensayada. ¿Cuál de estas dos opciones será la más útil para la vida de los pueblos?...

Si la democracia fuese socialmente útil en verdad no permitiría a sus ciudadanos necesitados carecer de vivienda, de asistencia total (y no únicamente sanitaria, ni con ayudas sociales miserables y por tiempos mínimos) en los casos extremos de paro, enfermedad, accidentes o catástrofes, a personas impedidas, inmigrantes, ancianos y otros colectivos sociales o personas concretas.

Si la democracia fuese socialmente útil en verdad, impediría abusos en los horarios laborales, en los precios de las viviendas y productos básicos. Igualmente llevaría ala práctica la justicia social, impediría los abusos financieros nacionalizando los bancos y pondría todos los recursos sociales a disposición de los ciudadanos;expulsaría a funcionarios ineficaces y corruptos o suprimiría al funcionariado ; negaría subvenciones y privilegios   a las iglesias, se controlarían los ingresos de los empresarios y se pondrían límites a su capacidad de enriquecerse, y los paraísos fiscales serían catalogados de terrorismo económico-social y perseguidos por la policías los evasores. Se obligaría a los empresarios a pagar salarios que permitieran cubrir de sobra las necesidades de los trabajadores, a invertir en mejoras sociales, y a pagar una pensión mensual, equivalente como mínimo a su sueldo bruto, a cada trabajador despedido por modernización tecnológica o traslado de empresa a otro país, y durante el tiempo que estuviese en esa condición de parado forzoso por esta causa. Se evitarían de este modo cargas injustas al erario público, desempleos y pensiones miserables para quien trabajó todo el tiempo que pudo por ese bien común del que tanto hablan y tan mal administran los gobiernos llamados democráticos.

En una democracia real, abierta y participativa,se haría lo imposible por mejorar la formación cultural, educacional, emocional y social, así como las condiciones de vida de las familias de las que proceden tantos de los que acaban llenando cárceles inmundas o acudiendo a los centros de desintoxicación. Lo que no se gasta en educación inicial y en ayudas se gasta luego en cárceles, jueces y policías, y nunca es suficiente.

Las familiasque tuviesen hijos menores de edad en una democracia real dispondrían de recursos adicionales extraordinarios que permitirían la liberación del trabajo a uno u otro de los padres durante la infancia de sus hijos hasta los siete primeros años al menos. Entre tanto, los padres y madres deberían gozar de horarios laborales flexibles y compatibles con la vida familiar y escolar de tal modo que permitieran educar a sus hijos, convivir más entre sí todos los miembros de la familia, y acrecentar la relación educativa familia-escuela.

Los colegios dispondrían de profesorado, programas y medios de todo tipo - siempre gratuitos- necesarios para el desarrollo físico, intelectual, cultural, ecológico, emocional, artístico, social y psicológico de los estudiantes, sin faltar ninguno de ellos. Por supuesto, los gastos en educación y los gastos socialesestarían muy por encima de los gastos militares, hasta la total desaparición de estos, las guerras y las fábricas de armas el día que tengamos una civilización verdadera, y, por supuesto, una verdadera democracia.
Los excluidos o autoexcluídos, como los mendigos, - si es que tales existieran en una sociedad democrática, controlada por los pueblos-deberían disponer de asistencia médica gratuita, alimentos y techo, al igual que los ancianos, para no verse obligados a mendigar, así como de una asistenci psicológica adecuada que les permitiera recuperar su salud física y emocional y procurar su reinserción social para convertirles en miembros útiles de la comunidad, pues, como todos,tienen que aprender a dar tanto como a recibir, por su propio bien y el del conjunto.

Todo lo socialmente negativo y lo psicológicamente perverso ya se hubiera eliminado de existir un verdadero progreso de las conciencias y, como consecuencia,de las democracias. Y son justamente ausencias como las mencionadas y otras deficiencias que también se mencionan aquí las que demuestran nuestro atraso. Por el contrario, las bondades señaladas serían aspectos (y aspectos mínimos, básicos) que identificarían, sí, a una sociedad evolucionada, donde no tendrían cabida la violencia, la manipulación de los hechos o de las mentes  ni en sus formas más sutiles. Ello exigiría cambiar los modos de participación de las gentes en las decisiones de los gobiernos.

Otro tipo de democracia se precisa; una democracia abierta, y participativa. Gobernar con cheques en blanco, como se hace durante los años que duran los llamados mandatos, es condenar de facto a los ciudadanos a dejarse conducir como el rebaño es conducido por el pastor. Todo el mundo tiene derecho a ser escuchado, a ser atendido en sus necesidades objetivas y a participar directamente en aquellos asuntos que le conciernen por razones de necesidad, profesión, edad etc. Para ello es preciso organizar y estructurar la participación ciudadana desde el nivel municipal en adelante. Esto debería partir de las propias asociaciones ciudadanas cuando existiera mayor conciencia social. Igualmente en estos tiempos de corrupción cada vez mayor de los gobernantes se hace preciso un sistema de control popular sobre los representantes políticos. La figura del llamado “Defensor del Pueblo” no es más que un raquítico sucedáneo inservible y engañoso.

Un sistema de democracia participativa estructurada desde la base municipal hasta los órganos superiores de gobierno representando a las asociaciones de obreros, empleados,comerciantes, maestros, y todo tipo de asociaciones profesionalesa portaría realidad, justicia y honestidad y añadiría crédito a las democracias hoy atrapadas por el poder de las grandes corporaciones y convertidas en farsa parlamentarias.

He expuesto tan solo algunas ideas de lo que podría ser una democracia. Mas nada se puede conseguir si no volvemos nuestra conciencia del revés, cada uno a su propio ritmo, mientras no deseemos a cada uno el mismo bien que nos deseamos a nosotros mismos…

 
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