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Por un Congreso Mundial de los Pueblos
Desencadenar fuerzas reprimidas es la tarea. Reactivar los movimientos antiglobalización es posible. Elaborar consignas unificadoras en defensa de la vida, de la tierra, de la Paz,es más que urgente
Fernando Dorado | Para Kaos en la Red | 19-10-2009 a las 8:55 | 529 lecturas
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POR UN CONGRESO MUNDIAL DE LOS PUEBLOS

Popayán, 19 de octubre de 2009

Se puede captar en el ambiente un sino pesimista frente al futuro de la humanidad. Enfrentamos una crisis ambiental, energética, alimentaria, económica y existencial. Ante ese panorama es natural que la desilusión haga su agosto. Los “apocalípticos” de toda clase (religiosos, políticos, economistas, esotéricos, nihilistas negativistas, etc.) brotan como la maleza.

La crisis ambiental es evidente. El desequilibrio climático es visible y nadie puede negarlo. Los gobiernos se comprometen a reducir las emisiones de carbono a la atmósfera pero las corporaciones que monopolizan el negocio de los automóviles, combustibles y alimentos, no están dispuestas a renunciar a sus jugosas ganancias. Reviven recetas ya probadas, como los “bio” (agro) (necro) combustibles, porque la lógica económica capitalista les impone el camino suicida. ¿Hasta cuando?

En lo energético la situación es similar. El agotamiento de las fuentes de energía fósiles está previsto y calculado. Sin embargo, los poderosos capitalistas de todo el mundo no están dispuestos a incentivar la investigación, validación y desarrollo de fuentes de energía alternativa (eólica, solar, geotérmica, etc.) y masificar su uso, porque ello – todavía – no cuadra con sus operaciones económicas y financieras. ¿Hasta qué límite nos dejaremos llevar?

La situación alimentaria es más que crítica. El hambre mundial es escandalosa. 1020 millones de personas no se nutren; medio sobreviven y miserablemente mueren. Sin embargo el 90 por ciento de la producción de granos se destina a la cría de animales para producción de carne para “mal-alimentar” a una reducida porción de privilegiados. Mientras unos pocos tienen problemas de sobre-peso la mitad de la humanidad se muere de hambre. ¿Es esto posible?

La crisis económica no admite discusión. Los gobiernos le inyectan recursos públicos a la economía para superar el desastre. La destrucción de riqueza afecta mortalmente a cientos de millones de personas. El déficit fiscal de los EE.UU. llega ya al 10% del PIB. Las burbujas especulativas siguen allí camufladas en papeles de deuda y otras variables. Una nueva crisis se cierne sobre el mundo. El dólar tambalea como referente monetario mundial. ¿Cuál será el desenlace?

Y a nivel ético-moral las cosas no son mejores. La drogadicción, el alcoholismo, las enfermedades mentales, la adicción al trabajo, al internet, a la comida, al sexo, el consumismo compulsivo, afecta a altos porcentajes de la población de los países hiper-desarrollados. Nuevas enfermedades aparecen a diario creando zozobra y desazón entre la gente. Toda clase de fundamentalismos aparecen como solución narcótico-sedativa para esos hombres y mujeres desesperados por su vacío existencial. ¿Resistiremos?

Para colmo la guerra muestra sus dientes, no hay tregua, los conflictos siguen acumulándose como una olla a presión a fuego lento. Aunque se hable de paz, todos se preparan para la guerra. Los gastos militares se acrecientan y la tecnología de la muerte se perfecciona a límites insospechados. ¿Cuál será la mejor respuesta de los pueblos?

El panorama es realmente desolador, pero… no dejan de aparecer manifestaciones esperanzadoras. En estos días participé en un evento maravilloso en Pitalito (Huila). Cientos de jóvenes entusiastas buscan alternativas de vida. En ese Valle de Los Laboyos existe una gran biodiversidad. Los campesinos mantienen cultivos asociados, no han permitido que transnacionales o latifundistas se apoderen de sus tierras; se nota sentido de pertenencia y se respira un ambiente de optimismo y búsqueda colectiva de progreso y bienestar.

En ese municipio se realizó recientemente un evento sobre Agroecología.[1] Allí encontré otro síntoma de que no todo es dramático. Escuché – asombrado y feliz - la intervención una señora, que después de haber criado a hijos y nietos, decidió estudiar en la Universidad Nacional de Palmira para poder enfrentar con conocimiento y argumentos la situación de su finca ubicada en el corregimiento de El Bolo de ese municipio.

Desde hace varias décadas el Ingenio azucarero “Incauca” la ha afectado con fumigaciones de glifosato. Luchó sola durante muchos años hasta obligar a la empresa a evitar su predio y no perjudicarla directamente. Pero ella no está satisfecha, ha decidido continuar con su misión. Está en la tarea de organizar a sus vecinos, ya no a nivel de vereda o de municipio, sino que aspira a organizar la resistencia regional frente a los desafueros ambientales que causa el monocultivo de la caña de azúcar en los departamentos del Valle y del Cauca.

Contra viento y marea, enfrentando incluso – en un principio - la incomprensión de su familia, Doña Elizabeth Martínez es un ejemplo de pundonor y de valentía que enaltece al ser humano. Ella dice: “Me he dado cuenta que vale la pena luchar y lo seguiré haciendo hasta el final de mi vida”.

En esa misma dirección se pronunció La Minga de Resistencia Social y Comunitaria en Cali, Cartagena, Bogotá, Ibagué, Popayán y otras ciudades y países. Y, en ese sentido avanza la Marcha Mundial por la Paz.

Las resoluciones del ALBA en Cochabamba (Bolivia) son otra muestra de que todavía hay esperanza. La decisión de crear una moneda regional debe incentivar a otros países del mundo a sepultar el dólar y empezar a construir nuevas formas de economía al servicio del hombre.

Si unimos la voluntad de esta mujer valerosa con el entusiasmo de la juventud, podremos avanzar. Si a esa decisión le damos fuerza política a través de gobiernos comprometidos con los intereses de la humanidad, podremos enfrentar con optimismo las crisis que hemos heredado de un sistema capitalista que ya no da más.

Pero la tarea no es organizar un bloque de países para derrotar a otros. Nuestros presidentes deben pensar “en grande”, si queremos enfrentar el problema de verdad. En un tono sosegado, sin agresividad, con el espíritu de nuestros pueblos, hay que hablarle a la población del mundo desarrollado para que ayude a liberar a sus gobernantes de los intrincados lazos que les tienen tejidos los grandes grupos y corporaciones capitalistas. Y si una vez liberados no hacen nada, hay que cambiarlos.

Hay que impedir que las fuerzas reaccionarias nos presenten como el “nuevo eje del mal”. Las tácticas y estrategias deben cambiar porque el problema ya no es salvar o liberar un subcontinente. Ahora nuestra tarea, la de los pueblos latinoamericanos, es jalonar las reservas morales del mundo para evitar el holocausto que amenaza la existencia humana.

Convocar para el 2010, un gran y masivo Congreso de los Pueblos del Mundo, es más que necesario. Que los gobiernos progresistas presten su ayuda, que las organizaciones sociales, ambientalistas, intelectuales, mujeres y jóvenes, religiosos y ateos, nos comprometamos. Desencadenar fuerzas reprimidas es la tarea. Reactivar los movimientos anti-globalización es posible.

Elaborar consignas unificadoras en defensa de la vida, de la tierra, de la Paz, y desarrollar una labor propagandística de alto calado, es más que urgente. El sitio ideal de ese encuentro sería Leticia o Tabatinga o Iquitos, en el centro de la Amazonía. Que paralelamente se realicen marchas y concentraciones en todas las capitales y ciudades del mundo. Sería un gran mensaje y una buena acción. ¡Manos a la obra!



[1] II Encuentro Internacional de Agroecología organizado por el Sena en el Tecno-parque Agroecológico entre los días 13 al 19 de octubre de 2009 en Pitalito (Huila).

 
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