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La política revolucionaria y el gobierno de Correa II Parte
¿Por qué se produce este fenómeno inédito en la historia del Ecuador de los últimos cincuenta años?
Revista Unidad y Lucha | Ediciones ERE | 27-1-2010 a las 21:03 | 1117 lecturas
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la lucha continúa.. En primer lugar se debe al discurso “anti oligárquico”, “nacionalista” de Correa. En los hechos se trata de un doble discurso y una dualidad de su gestión gubernamental:

A nivel internacional se une a los gobiernos democráticos de América Latina que cuestionan la dominación de EE.UU., integra el Ecuador al ALBA, se solidariza con Zelaya y condena el golpe de Estado de Honduras, desenvuelve una política digna y altiva frente a la agresión del gobierno de Colombia al territorio ecuatoriano, se adhiere a la UNASUR y al Banco del Sur, expulsa al representante del FMI aunque después negocia y recibe un nuevo préstamo, predica la ilegitimidad de la deuda externa y luego la paga, denuncia la base de Manta y al mismo tiempo firma acuerdos con EE.UU., para combatir el narcotráfico.

Estas políticas de cara a EE.UU., evidentemente, no son de naturaleza patriótica; por eso el Presidente Bush y ahora Obama instruyen a su Embajada tratar de buena manera al Presidente. Ese trato es evidente en la TV y la prensa. Para EE.UU: Correa no representa ningún problema insalvable.

De cara a los problemas del país y de las masas es también evidente el doble discurso y la dualidad de su gestión: de un lado pregona el “socialismo democrático”, la” patria ya es de todos”, “la revolución ciudadana” y de otro lado, fustiga y condena a los trabajadores, maestros, estudiantes, indígenas, a la organización sindical acusándola de corporativista. Por un costado desenvuelve una intensa gestión asistencialista dirigida a los sectores más empobrecidos de la sociedad, al campesinado y a los habitantes de los barrios urbano marginales, el bono de la pobreza, el subsidio de vivienda, los kit agropecuarios, aliméntate Ecuador, distribuye uniformes escolares, libros y útiles escolares, vende urea a bajo precio. Por otro costado los dispensarios y hospitales están desabastecidos de medicinas, la mayoría de las escuelas en el campo son unidocentes, permite la subida de los precios y la especulación con los artículos alimenticios; conculca los derechos a la organización sindical y la contratación colectiva, persigue a los maestros, reprime a los estudiantes, fustiga a la CONAIE, reprime las luchas populares.

Con su locuacidad característica condena a la corrupción, a la partidocracia, a los banqueros y a los empresarios y por otro lado su gobierno, sus ministros están enlodados en actos de corrupción (varios ministerios firmaron contratos por más de 300 millones con su hermano Fabricio Correa, estos actos delictuosos son responsabilidad de los funcionarios gubernamentales y de su hermano), el ex Ministro de Deportes está preso por ladrón. Varios connotados ex militantes y miembros del partido Socialcristiano, de la Izquierda Democrática, de la Sociedad Patriótica son altos colaboradores de su gobierno, algunos alcaldes, prefectos, asambleístas fueron elegidos en las listas de Alianza País. Sus presiones contra banqueros y empresarios concluyen siempre en acuerdos, les ruega que no ganen mucho.

Es evidente la existencia en el país una franja de pobres que cree en la palabra y las acciones de Correa, que siente gratitud por las dádivas recibidas. Saben bien que su situación de desempleo, pobreza y hambre no está resuelta, pero a partir de su realidad anterior se sienten atendidos, aún cuando sea parcialmente.

Entre las capas medias urbanas, aquellas que propusieron y se adueñaron del correismo se va produciendo una separación de aguas, de una parte, los beneficiarios de la dolarización (ingresos fijos, inflación menor al 5%) continúan identificados con la gestión de Correa, siguen votando por él, lo defienden en las conversaciones, lo apoyan en las encuestas; otra parte, sobre todo aquellos sectores de tradición democrática, critican el autoritarismo, la intolerancia.

Entre las masas trabajadoras, los pueblos, la juventud y la opinión pública democrática que han venido sufragando reiteradamente por Correa y su partido, se van generando diversas posiciones:

• El respaldo y apoyo a Correa y en algunos casos la decisión de defenderlo.
• Un desencanto frente a las palabras y gestión del Presidente.
• Arrepentimiento de haber apoyado ese proyecto.
• La defensa de sus derechos y conquistas, la asunción de la lucha para defenderse y procurar la profundización del cambio.

Los partidos y organizaciones de izquierda van expresando su decisión de colocarse a la cabeza de las masas para defender sus derechos, la libertad y la independencia nacional. Con excepción de una parte del Partido Socialista, todas las demás formaciones izquierdistas se oponen a los desmanes y a la política antipopular y antinacional del régimen.

El PCMLE y otras fuerzas de izquierda revolucionaria, la JRE, el MPD, la Corriente Sindical Revolucionaria, Vanguardia, los Frentes de Izquierda en las universidades, la CONFEMEC han discutido y aprobado una política de independencia frente al gobierno de Correa.

Esa política enfatiza en la independencia del movimiento popular, de la izquierda revolucionaria respecto de las políticas y gestiones del Presidente Correa y, desde luego, de la oposición burguesa, de la partidocracia, del socialcristianismo y el gutierrismo. Quiere decir que el movimiento social y las fuerzas de izquierda no hipotecan el presente y menos el futuro, al proyecto reformista y desarrollista; que se expresaran, de todas las formas necesarias, para la defensa de los intereses y derechos de las masas; significa así mismo que están abiertos y dispuestos a conjuntar esfuerzos para el avance del proceso de cambio y, en ese sentido, a apoyar medidas democráticas y patriotas que se puedan dar.

En los actuales momentos el país vive un proceso de movilización social, cientos de miles de indígenas, maestros, obreros, jóvenes estudiantes se expresan cotidianamente en las calles y carreteras. El gobierno despliega las andanadas verbales del Presidente y la represión policial.

Estas circunstancias expresan que la contradicción entre reformismo y revolución pasó de las tesis a la práctica, de la diferenciación política a la confrontación de los trabajadores y los pueblos por sus derechos, por la ampliación de sus conquistas, por la vigencia plena de la Constitución.
Los sesudos analistas del gobierno aluden la existencia de una conspiración entre los “poderes” sindicales y gremiales, el infantilismo de izquierda; y, la oposición burguesa, de socialcristianos y gutierristas.

Hablan de que la lucha popular conduce al pasado, a la partidocracia y chantajean con la idea de que, luego de Correa advendrá una feroz dictadura, volverán los mismos politiqueros de siempre.

Según estos análisis las fuerzas sociales, el movimiento popular organizado, la gran mayoría de las organizaciones y partidos políticos de izquierda (infiltrados por la derecha) atentan contra el cambio, se oponen a la llamada “revolución ciudadana”, habrían pactado con el imperialismo y la derecha y, en el mejor de los casos les hacen el juego.

Estos infundios son completamente erróneos por varias razones:

1. La Tendencia y el proceso de cambio que están presentes en el país no son resultado de la voluntad de Correa y menos nacieron con su ascenso a la Presidencia, representan, son el resultado de un largo proceso en el que se va concretando un proyecto emancipador de los trabajadores y los pueblos; tienen como causa fundamental la existencia del sistema capitalista y la dominación imperialista, la pobreza de las masas y el atraso del país.

En ese proceso la izquierda y particularmente la izquierda revolucionaria tienen un importante papel.

2. La existencia de esa Tendencia, como lo señaláramos siempre, está signada por diversas corrientes y organizaciones políticas, por voluntades que confluyen en algunos acuerdos pero que mantienen sus propias concepciones y perspectivas; la contradicción entre el reformismo y el camino revolucionario atraviesa transversalmente la corriente, puede amainar, pero también agudizarse, en ningún caso los acuerdos tendrán carácter permanente, definitivo.

3. La izquierda revolucionaria no renuncia ni puede renegar de su responsabilidad de organizar la revolución. En este proceso, en la etapa de acumulación de fuerzas tiene que ser, como siempre, fiel a los intereses de los trabajadores y los pueblos, consecuente en su lucha por la libertad y la democracia.

En las condiciones actuales esas batallas se oponen a las políticas antipopulares y antidemocráticas que desenvuelve el gobierno de Correa al que apoyáramos mayoritariamente, para su ascenso al gobierno y, no por eso, dejan de ser justas, oportunas y necesarias.

4. Ciertamente la oposición burguesa está desarticulada y pretenderá aprovechar estas circunstancias para crecer, eso no se puede negar, es inevitable.

En política y sobre todo en política revolucionaria no se puede renunciar a los objetivos estratégicos so pretexto de no ser aprovechados por otra facción de las clases dominantes; todas las propuestas y acciones tienen que tener presente la coyuntura pero, igualmente, los objetivos finales de la conquista del poder.

No ponerse a la cabeza de los descontentos, de los inconformes, de las víctimas de la represión gubernamental porque se le haría el caldo gordo a la derecha es traicionar los intereses de los trabajadores y los pueblos, desacumular fuerzas, es renunciar a los principios, permitir la afirmación de las concepciones reformistas y desarrollistas.

Pretender que los trabajadores agradezcan los golpes de la patronal porque generan la riqueza es perpetuar el pasado y no lo vamos hacer. Decirle al pueblo “no luches por tus derechos” porque se aprovecha la derecha”, es como advertir al caballo que huye del incendio: “no cruces el río porque se van agitar las aguas y se volverán contra las llamas que te persiguen”.

5. Afirmarse en la concepción y práctica de colocarse a la cabeza de la clase obrera en su lucha contra el capital, de los pueblos en su confrontación al imperialismo significa ser consecuentes con la naturaleza revolucionaria del partido del proletariado.

6. Los sectores populares organizados, los sindicatos, gremios y asociaciones en la lucha por sus derechos están sumando fuerzas para nuevas batallas por el poder popular; no se van a desencantar de la izquierda, aprenderán a reconocer, mejor que antes, a sus verdaderos amigos, a los oportunistas y a sus enemigos; nunca formarán parte de las fuerzas retardatarias.

7. No es correcto descartar de plano, la posibilidad de que la organización y la fuerza de los trabajadores, los pueblos y la juventud obliguen a rectificar a Correa y su gobierno a corregir y profundizar los cambios.
 
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