El será lo que termine acabando con ella. Es probable que Hitler sucumbiera más esa carcoma que a otra cosa. Incluso gentes de bien y equilibradas que no sufren de pusilanimidad, esconden en su pecho los peores deseos hacia esos detritus humanos para que sufran el consabido escarmiento.
  Voy a daros ideas:
  En sus Essais, Libro II, cap. XXVII, tratando sobre la crueldad, refiere Montaigne lo siguiente: “Calcóndila, en las memorias que dejó sobre las cosas acaecidas en su tiempo y cercanías refiere como extremo suplicio el que practicaba con frecuencia el emperador Mahomet. Hacía cortar a los hombres en dos partes por la mitad del cuerpo, a la altura del diafragma, y de un solo golpe de cimitarra. De este modo morían como de dos muertes a la vez; y se veía, dice, cómo ambas partes, llenas de vida, seguían agitándose mucho tiempo después oprimidas por el tormento. Pero aún me parece más atroz lo que otros historiadores cuentan que hizo este mismo Mahomet contra unos epirotas. Les hizo deshollar poco a poco con una aplicación ordenada de manera tan maliciosa que la vida les duró quince días en esta situación extrema.Y estos dos más. Creso mandó apresar a un gentilhombre y lo llevó a un taller de batanero. Allí hizo que lo rasparan y cardaran a golpe de cardas y peines de este oficio hasta que murió. A Jorge Sículo, una vez vencido en batalla y capturado por el vaivoda de Transilvania, lo tuvieron tres días atado en un potro, expuesto a todas las formas de tormentos que cada cual quisiera infligirle. Finalmente, con él vivo y consciente, hicieron beber su sangre a Lucat, su querido hermano. Hicieron que veinte de sus capitanes favoritos comieran de él, desgarrándole a dentelladas la carne y engulliendo los pedazos. El resto del cuerpo y los órganos internos, una vez expirado, fuero puestos a hervir, y los dieron a comer a otros seguidores suyos”.
  Es cierto que las torturas infligidas hoy día en principio (y vaya usted a saber si no se ha vuelto a ellas) no son tan espectaculares. Pero lo que sí sabemos es que son todavía peores. Mantener en las condiciones que conocemos en Guantánamo, en las tenebrosas cárceles de la CIA, en los cuartelillos y en lugares insospechados, para colmo y en la inmensa mayoría de los casos por simples sospechas, es una atrocidad tal que en el siglo que vivimos tiene su perfecto parangón con los suplicios contados por Cálcóndila y recogidos por Montaigne. Hay que tener presente, por lo demás, que los mercenarios que la canalla principal envía a matar, no van por una idea noble o por defender la patria o el solar, van a descargar sus instintos más crueles y criminales reprimidos en su sociedad...
  No sé si conseguiré dejar de escribir sobre estas cosas mundanas, pero por si así fuera, antes debo decir que esos miserables, que se han reído de la humanidad y que, en tan pocos años, lejos de esperanzarnos en el reino universal de los Derechos Humanos han hecho retroceder a la historia hasta la oscuridad de los tiempos, merecen alguno de tales suplicios en correspondencia por los que ellos han causado al mundo, amparados, además, en incontables imposturas y mentiras. Creo que aun los bien nacidos y ya que la justicia de los países del sistema es connivente con ellos, albergan el íntimo deseo de que sean pagados con su misma moneda de barbarie o que les sea aplicada la Ley del Talión o, en el caso de que se libren de ambas, que sucumban bajo las garras de los vengadores implacables: la enfermedad atroz y la ruina total.
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