Se cumplían cuatro años de la marcha de Julián Marías, cuando, el pasado 15 de diciembre de 2009,   la ciudadanía de este país perdía a una mujer excepcional: nos dejó una obrera consciente de su clase; una política coherente, honesta y veraz; una intelectual discreta y una persona en quien se podía confiar.
Firme como un pilar y bella como una flor, la solidez de sus convicciones en defensa de la justicia social y los valores democráticos, hicieron verdadero honor a un nombre que toda persona debería conocer.
Inmersos en un una realidad compleja, Pilar constituyó una referencia hacia la República; el buen compás y la mejor carta, entre la más espesa de las nieblas, la más cerrada de las noches y la más enorme de las mares… un pulsar de blanca luz.
Durante el franquismo Pilar fue una activista consecuente, y tras la restauración monárquica, una incansable organizadora: cofundadora de la Plataforma de Ciudadanos por la República, miembro permanente de su Comité Estatal y destacada figura del Ateneo de Madrid, en cuyo seno llegó a desempeñar diversos cargos de responsabilidad electa.
Gracias, Pilar, por encarnar la “imprescindible” de Brecht.
El mejor homenaje: continuar tu lucha.
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