Es la seleccionadora que ha devuelto al fútbol femenino norteamericano a lo más alto, después de su grave crisis del año pasado. La Federación estadounidense quiere que siga con ellos, pero su pública filiación comunista y el hecho de que se haya negado a ir a comer con el presidente George Bush no la harán muy popular. "Es una decisión fácil. No estoy interesada", ha declarado Sundhage, que se reconoce como "una vieja comunista", sobre su negativa a aceptar la invitación del presidente.
Pia Sundhage es toda una leyenda. Fue la mejor jugadora sueca de todos los tiempos, sexta en la votación de FIFA sobre la mejor del Mundo en el siglo XX. Como entrenadora pasó de ser la ayudante de la selección china en el Mundial de 2007 a hacerse cargo del equipo nacional estadounidense de cara a los Juegos Olímpicos. El reto era mayúsculo: rehacer una selección rota tras el 4-0 contra Brasil de la semifinal del Mundial y por los problemas internos en la plantilla. La entrenadora, que ya había entrenado en clubes en la Liga estadounidense (entrenadora del año en 2003), decidió trasladarse a un país que, ideológicamente, no le atraía nada. "Fue un poco especial, para una vieja comunista como yo, ir a los Estados Unidos", dijo.
La entrenadora comunista a ir a la Casa Blanca
Con 48 años, Sundhage ha logrado el mayor éxito de todos. Ganó el oro olímpico, venciendo al enemigo Brasil en la final, y recobró la estima de un país que siempre ha estado entre los grandes del fútbol femenino. Sin embargo, todo éxito lleva acompañado un acto que para muchos es un honor, pero para ella no: visitar la Casa Blanca y comer con el presidente George Walker Bush. No para la sueca, que no estará allí el seis de octubre. "Es una decisión fácil. No estoy interesada", dijo, preguntándose además: "¿Qué voy a hacer yo allí?".
Y es que la entrenadora nunca ha negado su cercanía al Partido Comunista sueco y a su periódico, 'Proletären'. Este año ha donado 3.500 euros al Proletären FF, el equipo de fútbol de los comunistas suecos.
Renueva por cuatro años
El mismo día que logró el oro, Sunik K. Gulati, jefe de la delegación estadounidense de fútbol en Pekín, ofreció a Sundhage renovar por cuatro años. Ella, emocionada, aceptó. "Ella nos gusta y nosotros le gustamos a ella", declaraba Gulati. Quién le iba a decir a la 'vieja comunista' que iba a tener semejante idilio con los Estados Unidos... a pesar de su presidente.
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