En esencia, más de lo mismo
En el compás de espera por la reunión extraordinaria de los Ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de los doce integrantes de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR -Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela), a celebrarse durante la primera quincena de este septiembre, a mi mente vinieron las líneas que continúa.
La UNASUR, congregada en Bariloche, Argentina, el pasado 28 de agosto, examinó los últimos contornos del Plan Colombia, cuyo nombre original es Plan para la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado, el cual fue facturado en el proyecto de Ley S1758 presentado por los senadores Mike DeWine, Grassley y Coverdell el 20 de octubre de 1999, ante la sesión 106 del Comité de Relaciones Exteriores del Congreso de Estados Unidos, durante el mandato de Bill Clinton.
Con acierto se ha considerado que en realidad el Plan Colombia constituye un ensayo para probar y ejercitar los pilares básicos de la geoestrategia de dominación que implementa el Águila imperial al Sur del Río Bravo; al tiempo que fue y es aceptado por la derecha de ese país sudamericano cuya economía depende en medida considerable de la producción y distribución de drogas orientadas fundamentalmente al gran mercado consumidor de Norteamérica.
Elevado a la enésima potencia mientras gobernaba W. Bush -solo entre el 2002 y el 2007 se entrevistó con Álvaro Uribe en diez ocasiones-, recientemente se ha concebido una nueva versión del Plan Colombia que proyecta la instalación de al menos siete bases militares aptas para cubrir las fronteras con Venezuela, Ecuador y Bolivia (importantes miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América -ALBA); y “casualmente” los ultraderechistas del Congreso norteamericano proclaman la necesidad de deslindar al Presidente de Brasil, Lula da Silva, de sus nexos con la representación del “eje del mal” latinoamericano -entiéndase, la avanzada del grupo ALBA.
Entretanto, se iba verificando la acotación aparecida en las Reflexiones del compañero Fidel titulada “Siete puñales en el corazón de América”, divulgada el último seis de agosto, que expresa: “Los planes imperiales de dominación van precedidos de enormes sumas asignadas a las tareas de mentir y desinformar a la opinión pública. Cuentan para ello con la total complicidad de la oligarquía, la burguesía, la derecha intelectual y los medios masivos de divulgación”. Si no,. obsérvese qué ha sucedido y sucede alrededor del gorilazo en Honduras.
Tales elementos fueron antesala de la Cumbre de Bariloche. En su realización, hubo matices: desde el rechazo de las naciones más amenazadas y el reconocimiento generalizado de que la nueva versión del Plan Colombia es un peligro potencial para el área, hasta la complicidad másmenos disimulada de algunos Gobiernos de la región -en medio de la declinación del presidente Obama a participar en el cónclave de la Patria de San Martín.
Pero también hubo algo irrebatible: la revelación efectuada por Hugo Chávez acerca de la amenaza contenida en la “Estrategia Suramericana. Libro Blanco, Comando de Movilidad Aérea (AMC)”; la denuncia de Rafael Correa, Presidente Pro Témpore de UNASUR, sobre la imposibilidad de garantizar que el uso de las bases made in USA en suelo colombiano sea exclusivamente para combatir el flagelo de las drogas, incluida la precisión de que la tragedia ha aumentado a pesar de los millones de dólares invertido en el asunto; y la propuesta de Evo Morales en el sentido de que el pueblo de Latinoamérica sea el que decida si se admite o no la presencia de bases de ese tipo ajenas al subcontinente.
No obstante, vale citar los seis puntos acordados en la Cumbre de UNASUR en Bariloche:
“1. Fortalecer a Suramérica como zona de paz, comprometiéndonos a establecer un mecanismo de confianza mutua en materia de defensa y seguridad, sosteniendo nuestra decisión de abstenernos de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial de otro estado de la Unasur.
2. Reafirmar nuestro compromiso de fortalecer la lucha y cooperación contra el terrorismo y la delincuencia transnacional organizada y sus delitos conexos: el narcotráfico, el tráfico de armas pequeñas y ligeras, así como el rechazo a la presencia o acción de grupos armados al margen de la ley.
3. Reafirmar que la presencia de fuerzas militares extranjeras no puede, con sus medios y recursos vinculados a objetivos propios, amenazar la soberanía e integridad de cualquier nación suramericana y en consecuencia la paz y seguridad de la región.
4. Instruir a sus Ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa a celebrar una reunión extraordinaria, durante la primera quincena de septiembre próximo, para que en pos de una mayor transparencia diseñen medidas de fomento de la confianza y de la seguridad de manera complementaria a los instrumentos existentes en el marco de la OEA, incluyendo mecanismos concretos de implementación y garantías para todos los países aplicables a los acuerdos existentes con países de la región y extrarregionales; así como al tráfico ilegal de armas, al narcotráfico y al terrorismo de conformidad con la legislación de cada país. Estos mecanismos deberán contemplar los principios de irrestricto respeto a la soberanía, integridad e inviolabilidad territorial y no injerencia en los asuntos internos de los Estados.
5. Instruir al Consejo Suramericano de Defensa, para que analice el texto sobre “Estrategia Suramericana. Libro Blanco, Comando de Movilidad Aérea (AMC)” y realice una verificación de la situación en las fronteras y eleve los estudios resultantes al Consejo de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno, a fin de considerar cursos de acción a seguir [las negritas son mías, para llamar la atención del punto que considero clave].
6. Instruir al Consejo Suramericano de Lucha contra el Narcotráfico que elabore en forma urgente su Estatuto y un Plan de Acción con el objeto de definir una estrategia suramericana de lucha contra el tráfico ilícito de drogas y de fortalecimiento de la cooperación entre los organismos especializados de nuestros países”.
Esos párrafos permiten inferir que si bien UNASUR no condenó explícitamente al Plan Colombia, al leer entre líneas sí aparece un cuestionamiento a la alianza Washington-Bogotá y un reconocimiento a la necesidad que tiene Nuestra América de estar alerta frente a las amenazas del “Norte revuelto y brutal que la desprecia”.
Así, el mandatario Uribe quedó aislado, la Administración norteamericana en la picota pública y se fortaleció la unidad Suramericana -sin lugar a dudas, lo más significativo e importante.
En perspectiva, la pregunta es: ¿Qué va a acontecer en la citada reunión extraordinaria de los Ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de UNASUR?
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