Ibrahim Asvat. Abogado. Socio de la firma Patton, Moreno & Asvat. Ex- Director de la Policía Nacional.Director de el periódico El Siglo.
Los "Yes, Sir" que nos des-gobiernan, insultan a la Intelectualidad Panameña y pretenden seguir falsificando la Historia.
BITÁCORA del PRESIDENTE.
Ebrahim Asvat
easvat@elsiglo.com
Si el discurso pronunciado el 2 de Noviembre de 2009 en el Cementerio de Amador fuera pronunciado por Roberto Eisenmann o Carlos Bolívar Pedreschi, estoy seguro de que la reacción no hubiese sido tan ácida como la que produjo el canciller de la República.
Leí el discurso del profesor Julio Yao. Salvo sus referencias relacionadas con la invasión de 1989 y la suerte de las dictaduras de Torrijos y Noriega, personalmente no vi nada en especial que motivara una observación negativa.
Panamá es un país sin ejército desde 1990 de facto y desde 1994 de "jure".
También ha firmado un Tratado de Neutralidad Permanente sobre el Canal de Panamá que fue adherido por una gran proporción de países del mundo. Es lógico que cualquier acuerdo bilateral sobre temas de seguridad entre Estados Unidos y Panamá produzca suspicacia.
Las operaciones Panamax no se justifican a la luz de un país sin ejércitos.
Tampoco la presencia en las embajadas extranjeras acreditadas en Panamá de Agregados de Defensa.
La posibilidad de que nuestro suelo, mar y espacio territorial sea utilizado por fuerzas armadas extranjeras genera todo tipo de suspicacias, si no se determinan las causas particulares para su autorización.
Fueron las propias autoridades nacionales las que luego de una visita a los Estados Unidos anunciaron la instalación de bases aeronavales en distintos puntos del país.
Es lógico que la suspicacia sobre los propósitos de esas instalaciones sea objeto de escrutinio por parte de la ciudadanía panameña.
El profesor Julio Yao podrá ser de izquierda y tendrá, como muchos otros, una apreciación distinta de la invasión de 1989 y las razones de la muerte de Torrijos o la condena del General Noriega en los Estados Unidos; pero nada de ello debe impedir que refleje su opinión personal. Todos tenemos derecho a una opinión o perspectiva de la realidad nacional y de los hechos políticos.
Nada de eso constituye una falta de respeto al lugar y al momento. De ser así, es preferible que se solicite a bufones y cortesanos a que pronuncien discursos en actos públicos de relevancia.
La tolerancia falló y se le faltó respeto al invitado.
El 2 de Noviembre en el Cementerio Amador, las autoridades nacionales insultaron la intelectualidad panameña.
Hicieron mofa de ella y además la plomearon de epítetos descalificadores.
El comportamiento fue similar a las bandas que pululan por nuestra ciudad.
En esta ocasión no fue Bagdad, Pentágono, Toca y Muere o Los Chukys. Fueron los que amparados en los cargos públicos que temporalmente ejercen, son incapaces de escuchar o atender los reclamos o las observaciones de quienes discrepan con su calidad de pensamiento.
Que se diga que Panamá carece de una política exterior es un secreto a voces.
Basta con ver la caterva de familiares y amigotes nombrados en los puestos diplomáticos para saber que en este tema lo que importa son los privilegios, las prebendas de los negocios marítimos y el pasaporte diplomático. Nada más.
Que Tío Sam diga lo que quiere y así será.
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