Me gusta la autoexigencia de la izquierda. Me gusta que el electorado de izquierda sea inflexible. Y cuando me refiero al votante de izquierda no me refiero, faltaría más, al fiel de estas o aquellas siglas, sino al que es capaz de votar a unos y, si estos le desengañan, a la siguiente oportunidad le da el voto a aquellos otros; y a la otra, a los de más allá. Me gusta que sea un electorado que no olvide ni perdone, aunque eso suponga que acaben ganando los de más a la derecha, porque es un electorado que no negocia a la baja, no traga con eso de “vótame a mí aunque haga concesiones, que los otros son peores”. Me gusta eso, sin duda.
Y esa cualidad de los votantes de izquierda es una de las explicaciones -no la única- más sólidas para explicar el éxito del Partido Popular en nuestras tierras durante más de tres lustros, un éxito basado en parte en la incapacidad de los partidos situados a la izquierda del partido conservador de satisfacer la exigencia de ese electorado. ¿Cómo si no se explicaría que, a las puertas del 2010, tras un año en el que el PP autóctono ha sido salpicado por la sombra de la corrupción hasta sus más altas esferas, no parezca haber sufrido mella en sus expectativas para revalidar el mando en el Consell? ¿Cómo que el PSPV mantenga inamovibles, sin indicios que apunten al alza, sus expectativas de voto?
Sin duda porque el voto desencantado, el que hace años huyó de las urnas y sigue esperando a que le vuelvan a convencer de que ha de ir a hacerlo, es el de esa izquierda; y es por ese flanco, por donde hay que tratar de seducirlos. Cuento todo esto porque, como es lógico, comparto que los partidos de oposición progresista al PP valenciano aún no han despertado la ilusión necesaria para realizar el vuelco electoral, pero ya me empiezo a hartar de escuchar a muchos de los que lo dicen, que la izquierda “no ha sabido construir un discurso ilusionante como el PP”. Porque eso es totalmente falso. El discurso del PP será más sencillo, digerible, efectivo, pero no es “ilusionante”. Lo que es, y a la vista está en el estado en que se encuentra la Comunitat, es una patraña. Así que sí, que la oposición trate de construir un discurso más sencillo y digerible, que igual seduce a algún despistado. Pero si desean sacar a los desencantados de casa, háganlo también por la izquierda. Si no, no habrá manera.
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