Bajo los escombros de esta crisis del capitalismo, dejados tras la quiebra, con demanda de reflote a cargo del dinero público, de buena parte de los buques insignia del sistema (Lehman Brothers, Citibank, Citigroup, CTI Group, General Motors, Nortel Networks,...) quedan ocultas las realidades cuya escala es la humana, la que afecta a los trabajadores y sus familias y que, por ese motivo, no ocupa cabeceras de los periódicos, no aparece en las páginas salmón de las secciones y prensa de negocios, ni abre informativos.
Sólo en contados casos, y de modo marginal, aparece en los medios informativos del poder político y económico algunas noticias que hablan de la resistencia y la dignidad de algunos colectivos de trabajadores frente a la crisis.
Para quienes siguen sosteniendo la definición de los trabajadores como “la clase en ascenso” y su carácter central en las luchas contra el sistema en las sociedades de capitalismo avanzado (esto, es en el centro del sistema), junto con su denuncia del “reformismo” y carácter burgués de otras luchas (las de los movimientos sociales), en vez de verlas como nuevos espacios de protesta y rebeldía, la falta de respuesta combativa a esta crisis ha de haberlos dejado un tanto desorientados. No estaría de más una reflexión de cómo la dependencia de los trabajadores “del reino de la necesidad” se ha extendido, en los países del centro del sistema, hasta su complicidad y seducción ideológica, integrándoles como bloque social sostenedor del mismo sistema.
Y sin embargo, los trabajadores, autoorganizados, sin dirigismos que no nazcan de ellos mismos, en ocasiones han saltado a la actualidad por respuestas diversas pero, en dichos casos, no pasivas ante la agresión que la crisis capitalista supone para sus vidas.
Cierto es que se ha tratado de acciones aisladas, fragmentarias, no globales, sin posiciones de avance sino de resistencia pero que expresan la voluntad de no resignarse.
Me refiero a algunas noticias de las que nos hablan los medios de comunicación con cuentagotas.
Ni el secuestro de directivos y empresarios ni las cooperativas son un fenómeno específico y exclusivo de esta crisis sistémica del capitalismo. Son tan antiguos como las expresiones de autoorganización y lucha de la clase trabajadora pero sí demuestran que el espacio de la empresa, del centro de producción, sigue siendo un elemento en que se expresan las aspiraciones, reivindicaciones y relaciones de producción. De lo que se configure dentro de dicho ámbito dependerá, de un modo decisivo, la forma que tendrá la sociedad futura, continúe siendo esta capitalista o socialista, entendida como propiedad social y no simplemente estatal (capitalismo de Estado) de los medios de producción y, cada vez más, de distribución.
Sabido es que los tiempos de las crisis económicas y de las crisis sociales tienendistintos calendarios y ritmos. No existe un automatismo entre ambos. Desde que estalla una crisis en sus indicadores macroeconómicos hasta que se expresa en sus índices sociales (descenso de los niveles de vida de la población, subconsumo, embargos por endeudamiento, paro,...) y se acompaña de una “vivencia subjetiva de la crisis”, puede pasar un mediano-largo plazo que, en ocasiones, se estima incluso en años.
Ello no conlleva tampoco una inmediata respuesta sindical y política ya que influyen, entre otros muchos, factores como los niveles de conciencia de clase, la existencia o no de actores sindicales y políticos que den dirección a las crisis sociales, llamen a la movilización y encaucen las luchas y la percepción entre los sectores socialmente afectados de que hay posibilidades de rentabilidad y éxito en los conflictos –es la expresión conocida como “la huelga paga”- y de que estos están bien dirigidos y con un proyecto claro.
De todas las condiciones expresadas hoy no se da ninguna de ellas. Pérdida de conciencia e identidad de clase, despolitización, desmovilización, resignación y pasividad entre los trabajadores, sindicalismo reformista de pacto y conciliación, ausencia de actor político que eleve el nivel de las luchas, carencia de proyecto... Este es el perfil resultante de la expresión de la crisis económica en lo social.
Las pocas luchas que se dan como respuesta a la crisis capitalista son de tipo local, fragmentario, de fábrica o, como mucho, de conjunto de plantas de producción, apenas de rama, sin otros objetivos que la resistenciaa perder el empleo y la reivindicación del mismo o, en el mejor de los casos, de logro de mejores condiciones del despido. Esto ya lo conocimos durante los años 80 en España, con el proceso de desindustrialización, también llamado eufemísticamente “reconversión”.
¿Seguirán las cosas de este modo a medida que se incremente el número de parados, se agoten las prestaciones por desempleo, aumente el número de desahucios en las viviendas, se reduzcan los gastos, ya escasos, sociales y rebrote la crisis de subconsumo de nuevo sobre lo financiero y lo productivo, completándose así el círculo? No tenemos bola de cristal a mano para responder a esa cuestión. En todo caso, lo cierto es que la realidad no es estática y que bajo la aparente calma de las aguas puede que se estén formando corrientes que puedan llegar a dinamizar el escenario de aparente calma, eso sí con crispación social.
Y sin embargo, tomen los hechos la dirección que tomen, sea por efecto de espontaneismo (sentido negativo) o de recuperación y dirección de las movilizaciones (sentido positivo), todo nos devuelve al espacio productivo de la empresa. La recuperación de la centralidad del espacio productivo es una condición “sine qua non” de una vuelta a la expresión organizada y política de la lucha de clases y del avance hacia el cambio de unas relaciones sociales de producción capitalistas por otras de tipo societario (cooperativismo) o socialistas (consejismo).
A riesgo de que suene lejano, quimérico incluso, iluso o simplemente desconocidomerece la pena refrescar algunas nociones de lo que significó en su día la teoría y práctica del consejismo.
El movimiento de consejos obreros o consejismo fue una de las corrientes de la izquierda revolucionaria. Nos referiremos aquí a los consejos de fábrica, dejando de lado, por necesidades de acotación, los consejos de granjas o los de soldados.
Toma su fuerza inicial en la revolución soviética de 1917, aunque tuvo sus precedentes en el “Consejo de Diputados Obreros de San Petesburgo” de la revolución, menos conocida, de 1905. De hecho, el nombre “soviet” se traduce en español como consejo. La revolución soviética desmontó en sus inicios el aparato burocrático zarista para sustituirlo por diferentes tipos de consejos (de escuelas, de fábricas, de soldados, de granjas,...).
El consejo, por su naturaleza, es una organización de base, de tipo horizontal, en el que la asamblea es la soberana de las decisiones de sus miembros o consejistas. En el caso de las empresas, ello implica el control y propiedad colectiva por parte de todos los trabajadores de la fábrica.
La soberanía de la asamblea implica que los delegados pueden ser revocados en cualquier momento y que el mandato de la asamblea es imperativo; esto es, el delegado carece de un poder deliberativo especial, representa la voz y el mandato de su asamblea en otras reuniones a las que acude como representante y no puede, por tanto, tomar decisiones distintas a las de la asamblea que lo ha elegido. Del mismo modo, en su papel de “gestor” en la empresa está sujeto a lo aprobado en la asamblea.
El consejo es por tanto una forma de democracia directa, opuesta a la representativa y a las formas burocráticas del poder político. Es la base de la autogestión que se dan a sí mismos un conjunto de individuos libremente asociados y unidos por un principio comunitarista de solidaridad y apoyo mutuo.
Los consejos se estructuran, en consecuencia, como bases de un nuevo modelo de sociedad. Son formas incipientes de la nueva organización social y no están concebidas como un modo definitivo en sentido histórico sino inicial en la etapa de transición al socialismo. En palabras de Pannekoek “los Consejos Obreros son la forma de organización durante el período de transición en el cual la clase trabajadora está luchando por el predominio, está destruyendo al capitalismo y organizando la producción social” (3).
Cada estructura base de empresa o consejo obrero y asambleario decide tanto la parte creativa (¿qué producir?) como la productiva (la organización del trabajo, su desjerarquización y las relaciones salariales y de producción).
Dicha estructura se coordina federándose con otras a través de consejos de carácter superior (de rama productiva, de región, nacional, internacional). Esta forma en el mundo productivo, y del mismo modo en otras áreas de la sociedad (enseñanza, organización territorial,...), es la base del nuevo Estado de los trabajadores.
Algunos autores, lo definirán por tanto como un socialismo “desde abajo” (Pannekoek, Otto Rühle, Paul Mattick, Rosa Luxemburgo...entre los marxistas. Las aportaciones de algunos pensadores de corrientes libertarias y situacionistas merecerían capítulo específico).
Esta concepción horizontal, de democracia directa, autogestionaria (aún cuando no siempre la teorizaran de esta última forma), antiburocrática y antiautoritaria acabaría porenfrentarse con dos modelos de intervención, uno de organización societaria (sindical) y otro de tipo político (el modelo leninista de organización social).
La centralización del poder que representó el proceso de asentamiento de la revolución soviética, cuyas tendencias autoritarias fueron favorecidas por la guerra civil con los rusos blancos zaristas y la necesidad de controlar tendencias que parecían escapar al control del nuevo estado (caos del proceso, revueltas campesinas y “eseristas”, entre otras) se manifestó incluso antes del asentamiento de Stalin como gran director de escena tras la muerte de Lenin.
A lo que se oponían los consejistas puros (Pannekoek, Rühle,...) era al dirigismo del partido vanguardia, cooptando a los delegados, vaciando el carácter soberano de la asamblea, reduciendo su carácter de democracia de base. Para ellos el comunismo no debía actuar como partido que dirigiese a la clase trabajadora sino poner al servicio de ésta su experiencia de lucha y su formación teórica y política para estimular su autoorganización y emancipación como “clase para sí”. Se trata del concepto de “autonomía obrera”.
Esa crítica al dirigismo de los partidos la extenderían también a los sindicatos, entendiendo que estos reproducían, con los partidos de la clase obrera (incluían también su crítica a los socialdemócratas), en un proceso revolucionario la vuelta al viejo orden, al restaurar formas de representación indirectas e impedir la autoemancipación de la clase obrera: “El fin no puede ser derribar, aniquilar el coloso con pies de barro de las centrales sindicales con sus 7 millones de miembros, para reconstruirlas después bajo otra forma (...)El fin es apoderarse de las palancas de mando en las empresas preponderantes en la industria, en el proceso de producción social y, por ahí mismo, tomar la decisión en el combate revolucionario. Apoderarse de la palanca que puede poner patas arriba al capitalismo en ramas y en regiones industriales enteras” (4)
Los años posteriores a la revolución soviética conocerían distintas experiencias, cierto que siempre fracasadas, de intentos de “consejismo”.
Los consejos obreros tuvieron mucho de espontaneismo en sus génesis, también de voluntarismo y de la ingenuidad de creer que podía organizarse la producción, y hasta la sociedad, de otro modo, sin que el proceso no degenerase bien en cierto grado de caos, bien de burocratismo o simplemente no fuesen aplastados por poner patas arriba al viejo/nuevo orden.
Pero en sus experimentos se demuestra su facticidad, la posibilidad de crear un nuevo orden, realmente democrático y “desde abajo”, en el que los trabajadores fueran los dueños REALES de los medios de producción y organizasen ésta de acuerdo a sus decisiones.
(1)2008-2009: Caterpillar, SONY, 3M, Scapa, empresa de transporte aéreo Serviciar, Michelin, papelera SWM, componentes para el automóvil Faurecia, multinacional USA Moles, Conforama
(2) “La crisis económica resucita la toma de fábricas en España”. Diario “PÚBLICO”. 25 de Octubre de 2009.
(3) “Los consejos obreros”. Pannekoek
(4) “La revolución no es un asunto de partido”. Rühle, Otto
(5) “Los trabajadores y la revolución en Irán”. Assef Bayat
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#1
06-11-2009 14:19
Enhorabuena por el artículo. Es importante no perder la memoria de las luchas
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#2
Libertario|06-11-2009 14:24
La transformación revolucionaria de la sociedad, el cambio de las relaciones sociales de producción serán desde abajo, antiautoritarias, democráticas de base o no serán
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#3
Clar|06-11-2009 14:28
Paul Mattick tiene una obra excepcional como material divulgativo y de formación llamada "El comunismo de consejos". Merece la pena leerla
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#4
Tomshek|06-11-2009 14:42
Esta noticia tiene análisis, contenido y profundidad. A cabecera de columna central
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#5
Fernando García|06-11-2009 15:06
Yo también me sumo, por el interés de la noticia, a pedir que sea subida a portada.
Quisiera añadir que hay algunas obras de interés fundamental que recomendaría en relación con el artículo, junto a las ya citadas en él, y por el comentario anterior:
En primer lugar, el artículo de Pepe Gutierrez en Sin permiso, titulado: "Hace cincuenta años: 1956, el octubre húngaro de los consejos obreros". En segundo lugar, los "preliminares sobre los consejos y la organización consejista" de René Riesel. En tercer lugar "El comunismo de consejos y la crítica del bolchevismo" de Cajo Brendel
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#6
Insumiso|06-11-2009 15:21
Con el poder en los centros de trabajo no hay poder que se imponga sobre los trabajadores que valga, ni sindical adormecido, ni dirigista político
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#7
06-11-2009 15:47
"Llevamos un mundo nuevo en nuestras entrañas"
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#8
Martín|06-11-2009 16:34
Muchas gracias por el artículo. No conocía nada sobre los consejos obreros y me ha resultado una introducción al tema muy útil. ¿Por qué nos contarán tanta basura sobre otras cosas y no sobre temas como este? Está claro. Prefieren que sigamos siendo rebaño para pastores
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#9.- CONSEJOS a tener en cuenta
Mikel|06-11-2009 18:20
Buen trabajo el del autor y las aportaciones de los lectores. De agradecer.
Excelente espíritu en el enfoque, método didáctico y contenido que posibilita un conocimiento básico de interés general sobre el tema. Una pena la permanente 'vigilancia de la autenticidad o error de línea de trabajo y reflexión de la parte de algún que otro zopilote (en este caso) libertario, (otras veces, frente a otros artículos, cotillean y se reclaman o son leninistas); personajes en busca de cinco minutos de exposición al sol de la lectura ajena, que se afirma con catecismo doctrinario a la vista sin aportar nada de nada. El movimiento de CONSEJOS forma parte fundamental de la historia del movimiento obrero y ciudadano por su emancipación y es un puente entre culturas socialistas que deberá ser tenido en cuenta y transitado una y mil veces en estos tiempos de despiste y división desmovilizadora.
De un consejísta comunista libertario bien a gusto en la heterodoxia.
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#10.- BUEN VIDEO película-documenteal, Zeitgeist Adendum
columna durruti|06-11-2009 18:51
  Fragmento película-documenteal, Zeitgeist Adendum , recomendable verla y difundirla en blogs y enlaces de web,  buen analisis con un testimonio claro  conciso y corto rapido 16 minutos.
http://www.dailymotion.com/video/x8r8y1_las-estrategias-de-expansion
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#12.- fallastes!
08-11-2009 12:30
no es ninguna heterodoxia: Son los soviets de obrreros, campesinos y soldados de la revolución bolchevique de 1917............El trotkismo (nunca rehabilitado)  se apropió dell término consejos de la rehabilitada Rosa Luxemburgo.
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