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Ocupar para vencer, un nuevo espíritu de lucha
Con la crisis económica se pueden radicalizar los métodos de lucha de los y las trabajadoras con ocupaciones que pueden extenderse a través de la solidaridad y la coordinación. [TAMBÉ EN CATALÀ]
Manel Ros (En lluita / En lucha) | La hiedra / L'heura | 3-10-2009 a las 14:18 | 1632 lecturas | 2 comentarios
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Las y los trabajadores bloqueando la entrada de Nissan este agosto para protestar contra el ERE

La clase trabajadora a nivel internacional se está enfrentando cada día a los efectos de la crisis: despidos, paro o el chantaje que supone aceptar peores condiciones de trabajo a cambio de poder trabajar. Aunque todavía nos encontramos lejos de un alto nivel de combatividad, sí que podemos afirmar que hay signos que nos indican que es más que posible que nos encontremos ante un otoño bien caliente.

La propia patronal española, la CEOE, también lo prevé. En su último informe sobre la situación socioeconómica habla de un “significativo incremento” de la conflictividad laboral. Ésta ha afectado al 56 ‘30% de las plantillas los seis primeros meses del año y prevé un aumento de la misma después del verano. La revisión de muchos convenios colectivos y su incumplimiento por parte de las empresas puede devenir en un incremento importante de las luchas.

En este momento la tónica dominante dentro de los sindicatos y la clase trabajadora en general es la de pensar que ante una amenaza de despido lo mejor es coger el dinero que te ofrece la empresa —cada vez menos— y correr cada uno por su lado. O si no, tragarse el chantaje patronal y aceptar las condiciones que impone la empresa bajo la amenaza de perder el puesto de trabajo. Eso sin duda va limando cada vez más la confianza de los y las trabajadoras en sus propias posibilidades de lucha. Sin embargo, aunque de forma espontánea y aislada, pequeñas luchas están mostrando cómo es posible resistir.

Y es que en situaciones radicales como ésta son necesarias formas de lucha radicales. Y eso lo están entendiendo muy bien los y las trabajadoras. Históricamente, una de estas formas de lucha ha sido la ocupación o el bloqueo de los puestos de trabajo. Allí se muestra el conflicto claramente entre capital y trabajo. Como decía Trotski: “La ocupación temporal de empresas golpea al ídolo, la propiedad capitalista. Toda (...) ocupación plantea en la práctica la cuestión de saber quién es el amo de la fábrica: los capitalistas o los trabajadores”.

Hace falta tener claro que eso no significa una ofensiva por parte de la clase trabajadora, pero sí es necesario reconocer un cambio de tendencia y sobre todo generalizar las luchas que han supuesto un modelo de radicalización y de organización.

Extender el ejemplo

La primera tarea de cualquier persona comprometida en la lucha contra los efectos de la crisis es apoyar activamente todas las luchas que surjan, sobre todo en el caso de las ocupaciones de fábricas. Extender la solidaridad, aunque a veces puede parecer que no cambie nada, es clave ya que da confianza a aquéllos y aquéllas que luchan y les hace ver que no están solas. Al mismo tiempo si somos trabajadores y trabajadoras es necesario implicarse en los procesos de lucha para que la resistencia tome formas combativas y radicales. Si eso no pasa, los elementos más regresivos en el movimiento obrero tomarán la palabra y arrastrarán las luchas a los despachos y hacia el pesimismo. Pero al mismo tiempo también es necesario extraer algunas lecciones de lo que ha pasado y de lo que está pasando.

Las revueltas y ocupaciones que tienen éxito pueden ser contagiosas y expandirse. La victoria de una lucha importante demuestra en la práctica que los años de derrotas se puede vencer y superar. El año pasado presenciamos a lo largo del Estado español, pero sobre todo en Barcelona, una larga lista de facultades ocupadas contra el Plan Bolonia. Aunque lo ideal hubiera sido ocupar los despachos donde se gestiona la universidad con el fin de impedir su funcionamiento, las ocupaciones mostraron a muchos y muchas trabajadoras un método —el de la ocupación— y una práctica —el de la democracia directa desde la base— que si todavía no se ha generalizado lo podría hacer en cualquier momento. La masiva muestra de solidaridad que consiguieron los y las estudiantes desalojados del Rectorado de la UB a raíz de la represión policial es algo que no se puede borrar de la memoria colectiva y que puede servir de ejemplo a seguir a medida que más y más trabajadores y trabajadoras empiecen a utilizar este método para hacer frente a la crisis.

Un ejemplo claro de cómo se podría extender eso es la empresa Visteon. Visteon es una empresa con sede en varios países que produce complementos para coches, por ejemplo para Nissan. Los y las trabajadoras de Visteon de Igualada, Barcelona, bloquearon la entrada de la fábrica al verse amenazados por un Expediente de Regulación de Empleo (ERE). Pero lo que es interesante de la historia, es que los y las trabajadoras de Visteon Igualada se inspiraron en la ocupación de sus compañeros y compañeras en Inglaterra e Irlanda. Allí se llevó a cabo una lucha a través de la ocupación de la fábrica de Visteon que acabó en victoria y que mostró el camino a seguir si se quiere hacer frente a los abusos de la empresa.

Pero no es el único ejemplo. En Miranda del Ebro, Burgos, los y las trabajadoras de Rottneros, una papelera, decidieron ocupar la fábrica para reclamar su derecho a trabajar. En Alcalà de Guadaria, Sevilla, la plantilla de la fábrica Roca, bloqueó la puerta de la planta impidiendo la entrada y la salida de camiones para luchar contra el ERE que supone el despido del 50% de la plantilla. En Bucarest, Rumania, mil trabajadores y trabajadoras ocuparon la fábrica de helicópteros IAR Ghimbav para protestar contra los despidos que conllevará la privatización de la empresa y exigieron aumentos salariales. Los trabajadores y trabajadoras declararon que estaban “decididos a quedarnos dentro de la fábrica con los brazos cruzados por tiempo indefinido”. Incluso en Pontonx-sur-l’Adour, Francia, los trabajadoras y trabajadoras de Sony secuestraron a los directivos, bloqueando con tres camiones el acceso a la planta.

Y no es casualidad que la táctica de la ocupación vuelva a aparecer en momentos como éste. Esta táctica pasó a un primer plano durante la última Gran Depresión en los años 30. Fue en aquella época, ante los ataques de la clase dirigente y las condiciones de vida de los y las trabajadoras, que la ocupación pasó a ser una herramienta de lucha importante. La lucha ejemplar fue la de los trabajadores norteamericanos de General Motors en la ciudad de Flint. Esta lucha, que sirvió de ejemplo para que se extendieran las ocupaciones de fábricas, se acabó ganando después de una larga batalla. Los y las trabajadoras formaron barricadas en las entradas para impedir la entrada en la fábrica y organizaron un método para echar a la policía a través de la colocación de pistolas de pintura en los alrededores de la planta. La asamblea era el órgano decisorio absoluto, pero al mismo tiempo existían comités que se encargaban de gestionar —siempre bajo el control de la asamblea— la comida, la entrada y salida de la fábrica o las negociaciones.
Pero las ocupaciones no pasan de forma puramente espontánea. Es cierto que la espontaneidad tiene un papel a jugar, pero la preparación de las ocupaciones y una buena táctica para que éstas funcionen también son necesarias. Un ejemplo claro de esto son las ocupaciones que han llevado a cabo los miembros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT). Aunque éstas no han sido ocupaciones de puestos de trabajo, sí que han dado problemas a la policía y a la administración andaluza. En los últimos meses han ocupado varias sucursales bancarias, oficinas de empleo, las vías del AVE, el aeropuerto de Málaga o los estudios de la televisión andaluza de Canal Sur. Muchas de estas acciones no hubieran sido posibles sin una organización previa y sin la solidaridad de muchas personas que, más allá del sindicato, apoyaban estas acciones. La planificación de las acciones ha sido clave, con tácticas para despistar a la policía y hacerles ir donde no habría ninguna acción, mientras que el resto de personas se dirigían hacia donde tendría lugar la ocupación real, como fue el caso de los estudios de Canal Sur. Estas acciones no hubieran tenido lugar sin una planificación y una táctica concreta de cómo llevarlas a la práctica. Pero tampoco hubieran tenido ningún efecto sin la participación de activistas de base, tanto del sindicato como de no afiliados.

Estas ocupaciones, como la de Visteon o la del SAT, están poniendo sobre la mesa cuestiones políticas muy importantes, que van más allá de las puramente económicas. Todas estas ocupaciones se basan en el hecho de que los y las trabajadoras rehúsan aceptar que la clase trabajadora es la que tiene que pagar la crisis. Las ocupaciones de puestos de trabajo no sólo muestran que existe la posibilidad de rebelarse contra el chantaje de las empresas sino que muestran las contradicciones del sistema.

Tomar la iniciativa

Aunque muchas personas dentro de la izquierda radical no lo quieren aceptar, el liderazgo dentro de estas luchas es muy importante. Y cuando hablamos de liderazgo no nos referimos a tener un único líder ni a nada autoritario, donde una persona o varias mandan sobre las otras. Cuando hablamos de liderazgo hablamos de la iniciativa de un grupo de personas en sacar adelante una lucha y tomar la determinación de que es posible luchar y no aceptar simplemente lo que la empresa te ofrece. A veces, nos guste o no, una minoría de trabajadores o trabajadoras tiene que tomar esta iniciativa. No siempre es posible tener asambleas masivas con todos los y las trabajadoras para decidir una estrategia y votar democráticamente una ocupación. A veces un grupo más reducido de personas tiene que actuar. A veces es necesario que una minoría actúe para que la mayoría se dé cuenta del potencial de lucha que existe. El ejemplo más claro de esto fue la ocupación del Rectorado de la UB, pero también las acciones del SAT. A través de una acción decidida la idea es animar a los demás. No estamos diciendo que una lucha la pueda ganar una minoría. Y de hecho estas acciones tienen un peligro muy claro, que es el de quedar aisladas del resto de personas dispuestas a luchar. Las ocupaciones, sean de facultades o de puestos de trabajo, sólo podrán tener éxito si tienen el apoyo activo de la mayoría y si al mismo tiempo nuevos activistas se suman a la lucha.

Pero no hay ninguna ocupación que pueda mantenerse en el tiempo sin la solidaridad activa desde fuera. La solidaridad en este tipo de acciones es esencial y hace falta que los y las trabajadoras la busquen desde el primer día. Hasta una ocupación tan importante como la que se dio hace poco en la planta de Ssangyong en Corea del Sur, donde miles de trabajadores ocuparon la fábrica durante 77 días, no es una garantía de éxito. El estado, que sabía que la lucha no estaba recibiendo mucho apoyo desde el exterior, ni por parte del resto de sindicatos ni por parte de los movimientos de base, fue capaz de movilizar a miles de policías antidisturbios, helicópteros y matones de la empresa para acabar con la ocupación.

Pero no sólo la solidaridad es importante, conectar las luchas entre empresas también es algo necesario. Precisamente Visteon tiene entre sus principales clientes a Nissan, que también ha presentado un ERE para despedir a 581 trabajadores y trabajadoras de las plantas de la Zona Franca y Montcada i Reixac en Barcelona. Conectar las luchas entre los y las trabajadoras de Visteon y Nissan, como fue el caso entre sus compañeros y compañeras de Visteon y Ford en Inglaterra e Irlanda, hubiera sido un paso adelante importantísimo en la lucha.

Este otoño y durante el año que viene tendremos que cambiar el chip y entender que las luchas deben adoptar formas más radicales si queremos derrotar los efectos de la crisis. No podemos luchar durante el 2009 y el 2010 como lo hacíamos durante el 2007 o el 2008. Hoy en día en una situación de crisis hay que ir más allá, porque muchos trabajadores y trabajadoras estarán dispuestos a ir más allá.



Ocupar per vèncer, un nou esperit de lluita

La classe treballadora a nivell internacional s’està enfrontant cada dia als efectes de la crisi: acomiadaments, atur o el xantatge que suposa acceptar pitjors condicions de feina a canvi de poder treballar. Malgrat que encara ens trobem lluny d’una alt nivell de combativitat, si que podem afirmar que hi ha signes que ens indiquen que és més que possible que ens trobem davant d’una tardor ben calenta.

La pròpia patronal espanyola, la CEOE, també ho preveu. En el seu últim informe sobre la situació socioeconòmica parla d’un “significatiu increment” de la conflictivitat laboral. Aquesta ha afectat al 56’30% de les plantilles els sis primers mesos de l’any i preveu un augment d’aquesta després de l’estiu. La revisió de molts convenis col·lectius i el seu incompliment per part de les empreses pot esdevenir en un increment important de les lluites.

En aquest moments la tònica dominant dins els sindicats i la classe treballadora, en general, és la de pensar que davant d’una amenaça d’acomiadament el millor és agafar els diners que et dona l’empresa –cada cop menys– i córrer cadascú per la seva banda. O sinó empassar-se el xantatge patronal i acceptar les condicions que imposa l’empresa sota l’amenaça de perdre el lloc de treball. Això, sens dubte, va llimant cada cop més la confiança dels i les treballadores en les seves pròpies possibilitats de lluita. Però, encara que de forma espontània i aïllada, petites lluites estan mostrant com és possible resistir.

I és que en situacions radicals com aquesta són necessàries formes de lluita radicals. I això ho estan entenent molt bé els i les treballadores. Històricament, una d’aquestes formes de lluita ha estat l’ocupació o el bloqueig dels llocs de treball. Allà es mostra el conflicte clarament entre capital i treball. Com deia Trotski: “L’ocupació temporal d’empreses colpeja a l’ídol, la propietat capitalista. Tota (...) ocupació planteja a la pràctica la qüestió de saber qui és l’amo de la fàbrica: els capitalistes o els treballadors”.

Cal tenir clar que això no significa una ofensiva per part de la classe treballadora, però si que cal reconèixer un canvi de tendència i sobretot generalitzar les lluites que han suposat un model de radicalització i d’organització.

Estendre l’exemple

La primera tasca de qualsevol persona compromesa en la lluita contra els efectes de la crisi és donar suport actiu a totes les lluites que sorgeixin, sobretot en el cas de les ocupacions de fàbriques. Estendre la solidaritat, encara que a vegades pot semblar que no canviï res, és clau alhora de donar confiança a aquells i aquelles que lluiten i fer-li veure que no estan soles. Alhora si som treballadors i treballadores és necessari implicar-se en els processos de lluita perquè la resistència prengui formes combatives i radicals. Si això no passa, els elements més regressius en el moviment obrer prendran la paraula i arrossegaran les lluites als despatxos i cap al pessimisme. Però alhora també es necessari extreure algunes lliçons del que ha passat i del que està passant.

Les revoltes i ocupacions que tenen èxit poden ser contagioses i expandir-se. La victòria d’una lluita important demostra a la pràctica que els anys de derrotes poden ser vençuts i superats. L’any passat vam presenciar al llarg de l’Estat espanyol, però sobretot a Barcelona, una llarga llista de facultats ocupades contra el Pla Bolonya. Malgrat que l’ideal hagués estat ocupar els despatxos on es gestiona i des d’on funciona la universitat per tal d’impedir el seu funcionament, les ocupacions van mostrar a molts i moltes treballadores un mètode –el de l’ocupació– i una pràctica –el de la democràcia directa des de la base– que si encara no s’ha generalitzat ho podria fer en qualsevol moment. La massiva mostra de solidaritat que van aconseguir els i les estudiants desallotjats del Rectorat de la UB arran de la repressió policial és quelcom que no es pot esborrar de la memòria col·lectiva i que pot servir d’exemple a seguir a mesura que més i més treballadors i treballadores comencin a utilitzar aquest mètode per fer front a la crisi.

Un exemple clar de com es podria estendre això és l’empresa Visteon. Visteon és una empresa amb seu a varis països que produeix complements per cotxes, per exemple per Nissan. Els i les treballadores de Visteon d’Igualada, van bloquejar l’entrada de la fàbrica al veure’s amenaçats per un Expedient de Regulació d’Ocupació (ERO). Però el que és interessant de l’historia, és que els i les treballadores de Visteon d’Igualada es van inspirar en l’ocupació de seus companys i companyes a Anglaterra i Irlanda. Els i les treballadores de Visteon d’allà van dur a terme una lluita a través de l’ocupació de la fàbrica que va acabar en victòria i que va mostrar el camí a seguir si es vol fer front als abusos de l’empresa.

Però no és l’únic exemple. A Miranda del Ebro, Burgos, els i les treballadores de Rottneros, una paperera, van decidir ocupar la fàbrica per reclamar el seu dret a treballar. A Alcalà de Guadaria, Sevilla, els i les treballadores de la fàbrica Roca, van bloquejar la porta de la planta impedint l’entrada i la sortida de camions per lluitar contra el ERO que suposa l’acomiadament del 50% de la plantilla. A Bucarest, Rumania, mil treballadors i treballadores van ocupar la fàbrica d’helicòpters IAR Ghimbav per protestar contra els acomiadaments que comportarà la privatització de l’empresa i exigir augments salarials. Els treballadors i treballadores van declarar que estaven “decidits a quedar-nos dins la fàbrica amb els braços creuats per temps indefinit”. Fins i tot a Pontonx-sur-l’Adour, França, els treballadores i treballadores de Sony van segrestar als directius, bloquejant amb tres camions l’accés a la planta.

I no es casualitat que la tàctica de l’ocupació torni a aparèixer en moments com aquest. Aquesta tàctica va passar a un primer pla durant l’última Gran Depressió als anys 30. Va ser en aquella època davant dels atacs de la classe dirigent a les condicions de vida dels i les treballadores que l’ocupació va passar a ser una eina de lluita important. La lluita exemplar va ser la dels treballadors nord-americans de General Motors a la ciutat de Flint. Aquesta lluita, que va servir d’exemple perquè s’estenguessin les ocupacions de fàbriques, es va acabar guanyant després d’una llarga batalla. Els i les treballadores van formar barricades a les entrades per impedir l’entrada a la fàbrica i van organitzar un mètode per fer fora la policia a través de la col·locació de pistoles de pintura als voltants de la planta. L’assemblea era l’òrgan decisori absolut, però alhora existien comitès que s’encarregaven de gestionar –sempre sota el control de l’assemblea– el menjar, l’entrada i sortida de la fàbrica o les negociacions.

Però les ocupacions no passen de forma purament espontània. És cert que l’espontaneïtat i té un paper ha jugar, però la preparació de les ocupacions i una bona tàctica perquè aquestes funcionin també son necessàries. Un exemple clar d’això son les ocupacions que han dut a terme els membres del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT). Malgrat que aquestes no han estat ocupacions de llocs de treball si que han posat en problemes a la policia i a l’administració andalusa. En els últims mesos han ocupat varies sucursals bancàries, oficines d’atur, les vies de l’AVE, l’aeroport de Màlaga o els estudis de la televisió andalusa de Canal Sur. Moltes d’aquestes accions no haguessin estat possibles sense una organització prèvia i sense la solidaritat de moltes persones, que més enllà del sindicat, donaven suport a aquestes accions. Fins hi tot la planificació de les accions ha estat clau, amb tàctiques per despistar a la policia i fer-los anar on no hi havia d’haver cap acció, mentre que la resta de persones es dirigien cap on anava tindre lloc l’ocupació real, com va ser el cas dels estudis de Canal Sur. Aquestes accions no haguessin tingut lloc sense una planificació i una tàctica concreta de com dur-los a la pràctica. Però tampoc haguessin tingut cap efecte sense la participació de activistes de base, tan del sindicat com de no afiliats.

Aquestes ocupacions, com la de Visteon o la del SAT, estan posant sobre la taula qüestions polítiques molt importants, que van més enllà de les purament econòmiques. Totes aquestes ocupacions es basen en el fet que els i les treballadores refusen acceptar que la classe treballadora és la que ha de pagar la crisi. Les ocupacions de llocs de treball no només mostren que hi ha la possibilitat de revelar -se contra el xantatge de les empreses sinó que mostren les contradiccions del sistema.

Prendre la iniciativa

Malgrat que moltes persones dins l’esquerra radical no ho volen acceptar, el lideratge dins aquestes lluites és molt important. I quan parlem de lideratge no ens referim a tenir un únic líder ni quelcom autoritari, on una persona o varies manen sobre les altres. Quan parlem de lideratge parlem de la iniciativa d’un grup de persones en tirar endavant una lluita i prendre la determinació de que és possible lluitar i no acceptar simplement el que l’empresa t’ofereix. A vegades, ens agradi o no, una minoria de treballadors o treballadores ha de prendre aquesta iniciativa. No sempre és possible tenir assemblees massives amb tots els i les treballadores per decidir una estratègia i votar democràticament una ocupació. A vegades un grup més reduït de persones ha d’actuar. A vegades és necessari que una minoria actuï perquè la majoria s’adoni del potencial de lluita que existeix. L’exemple més clar d’això va ser l’ocupació del Rectorat de la UB, però també les accions del SAT. A través d’una acció decidida la idea és animar als altres. No estem dient que una lluita la pugui guanyar una minoria. I de fet aquestes accions tenen un perill molt clar que és el de quedar aïllades de la resta de persones disposades a lluitar. Les ocupacions, siguin de facultats o de llocs de treball, només podran tenir èxit si tenen el suport actiu de la majoria i si alhora nous activistes es sumen a la lluita.

Però no hi ha cap ocupació que pugui mantenir-se en el temps sense la solidaritat activa des de fora. La solidaritat en aquesta mena d’accions és essencial i cal que els i les treballadores la busquin des del primer dia. Fins hi tot una ocupació tan important com la que es va donar fa poc a la planta de Ssangyong a Corea del Sud, on milers de treballadors van ocupar la fàbrica durant 77 dies, no és una garantia d’èxit. L’estat, que sabia que la lluita no estava rebent molt de suport des de l’exterior, ni per part de la resta de sindicats ni per part dels moviments de base, va ser capaç de mobilitzar a milers de policies antidisturbis, helicòpters i matons de l’empresa per acabar amb l’ocupació.

Però no només la solidaritat és important, connectar les lluites entre empreses també és quelcom necessari. Precisament Visteon té entre els seus principals clients a Nissan, que també ha presentat un ERO per acomiadar a 581 treballadors i treballadores de les plantes de la Zona Franca i Montcada i Reixac. Connectar les lluites entre els i les treballadores de Visteon i Nissan, com va ser el cas entre els seus companys i companyes de Visteon i Ford a Anglaterra i Irlanda, hagués estat un pas endavant importantissim en la lluita.

Aquesta tardor i durant l’any que ve haurem de canviar el xip i entendre que les lluites han d’adoptar formes més radicals si volem derrotar els efectes de la crisi. No podem lluitar durant el 2009 i el 2010 com ho fèiem durant el 2007 o el 2008. Avui en dia en una situació de crisi cal anar més enllà, perquè mols treballadors i treballadores estaran disposats a anar més enllà.

  http://www.enlucha.org/?q=heura

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Comentarios (2)

#1.- Soluciones ante tanto despido

04-10-2009 13:27

Se deberia dictar una ley que obligara a los empresarios a prejubilar con pocentajes razonable.
De esta manera el empresario solo despedira por necesidad, conservando los puestos de los mas jovenes y no fastidiaria a los que se tienen de jubilar a los pocos años.
Y aunque la prejubilación no deja de ser un despido es menos traumatico para todas las economias

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#2

novelista|05-10-2009 12:06

Para frenar el paro  y conservar los puestos de trabajo prejubilaciones

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