Víctor Ramírez, escritor y académico
En la página del libro Tamarán: los guanches de antaño y hogaño o la historia silenciada de un genocidio frustrado, del canario-venezolano Juan G. Báez leí que entre los canarios:
Y no blasfemamos porque, aun si no creemos, respetamos lo que otros creen, y discrepando podemos discrepar sin efervescentes violencias.
De ahí lo que nosotros llamamos <pachorra> y otros <aplatanamiento>: Esa capacidad de tratar de compartir sin atropellar, de discutir con el seguro puesto, de conciliar pareceres sin poner el dedo en el gatillo. ¿Cordura?".
Me vienen estas palabras a la memoria, muchachos, porque siento una taladrante vergüenza al leer o escuchar cómo se dispone tan irrespetuosamente de nuestra Patria en la planificación de la OTAN, sin contar para nada con nuestra voluntad colectiva. Para colmo, lanzan un minisatélite con propaganda periodística, propaganda nauseabunda para los que aún nos negamos a perder el orgullo de ser guanches actuales independentistas.
Incluso oí que era el primer satélite que se lanzaba desde territorio europeo, sí, <europeo>. Ese respeto al que hace referencia el señor Báez en su libro acaso existiera en otros tiempos -al menos considerando el "respeto" como una actitud igualitaria o un comportamiento voluntario, consciente, activo, y no como una respuesta inhibida, temerosa, cobardemente esterilizadora. No, no está nuestro pueblo para presumir de moralidades dignificadoras, sino todo lo contrario. (En el tono de voz del viejo Armiche temblaba la ira contenida. Entonces hablaría El Cobra).
Fíjense hasta dónde se ha hundido nuestra dignidad, amigos, que incluso se burlan públicamente del endémico paro laboral y de la irreductible degradación intelectual que padecemos. Se burlan diciendo que antes teníamos los canarios que emigrar en busca de trabajo, por la tanta pobreza que había en nuestra colonizada Patria. Y que, sin embargo, ahora vienen de fuera a trabajar aquí porque sobra el trabajo, porque hay riquezas. Que debemos estar contentos, dejarnos de quejas y no caer en la xenofobia.
Así se burlan de nuestra indefensión y cobardía los godos e hijos de godos, inclusive canarios infragodizados -lo peor que puede ser éticamente un canario, un infragodo. Por una vez que nuestra pobre Patria se convirtió en productora de riqueza económica con el auge del peligroso negocio turístico, resulta que esa riqueza es para beneficiar a otros -fuereños casi todos y algún que otro traidor oriundo- y perjudicar acaso inexorablemente al pueblo canario en su totalidad.
A nadie que tenga aquí los ojos del espíritu alertas se le esconde cómo, en la raíz, nos estamos empobreciendo todavía más, cómo va aumentando la pérdida de control sobre nuestra tierra, sobre nuestra identidad. Y ello no me extraña porque es lo consecuente en toda situación colonial. La única salida es acabar con esta situación, es recuperar la soberanía. Por ello quiero leerles, amigos, estas palabras del cura independentista mexicano José María Morelos a los criollos que seguían defendiendo la “españolidad” de México allá por 1813.
"Ya no hay España porque el francés está apoderado de ella. Ya no hay Fernando VII porque, o él se quiso ir a su casa de Borbón a Francia y entonces no estamos obligados a reconocerlo por rey, o lo llevaron a la fuerza y entonces ya no existe.
Y aunque estuviera, a un reino conquistado le es lícito reconquistarse y a un reino obediente le es lícito no obedecer a su rey cuando es gravoso en sus leyes, que se hacen insoportables, como las que de día en día nos iban recargando en este reino los malditos gachupines".
Los independentistas mexicanos, como casi todos los independentistas del mundo, tuvieron que recurrir a las armas, a una cruel guerra civil -como todas las guerras. El cura Morelos, el cura Hidalgo y el cura Matamoros y otros tantos criollos dieron la vida por reconquistar su Patria -patria en que no existirían Juan Rulfo, Carlos Fuentes... y todos sus escritores, artistas, científicos... si siguiera siendo colonia.
"Acaso no consigamos la independencia porque no podemos montarle guerra a la metrópoli" -insinuó en voz baja un sobrino de Miranda. "Los mexicanos, según tengo entendido, consiguieron la independencia porque curas, militares, intelectuales, hacendados, bastantes ricos, que se consideraban españoles pocos años antes, lucharon por ella, arriesgando haciendas y vida ¿Creen ustedes que haya canarios así entre nosotros?" Ninguno de los contertulios respondió.
25-abril-1997
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