Casi para dar las tres de la tarde de ese caluroso día, el 25 de Noviembre, nos aproximábamos al zócalo de la Verde Antequera y un ruido que nos era muy familiar nos alertó: “sí, algo hay”, nos dijimos entre nosotr@s. Y ciertamente, entre más nos acercábamos más certeza teníamos sobre lo que suponíamos que podíamos encontrar: algún evento relacionado a lo que sucedió ese día, el 25 de Noviembre, pero hace tres años. En efecto, se trataba de un Foro de Denuncia que, después de una de las manifestaciones de ese día, instaló el Comité de Familiares y Amigos de los Desaparecidos, Asesinados y Presos Políticos de Oaxaca (COFADAPPO), a fin de insistir en la falta de justicia que sigue reinando después de la brutal represión que desataron los gobiernos contra el pueblo oaxaqueño, quien digno decidió por fin levantarse en contra de la tiranía y en contra del modo de vida que nos han impuesto por siglos (el del “desarrollo”, claro).
Eran la cuatro de la tarde cuando much@s de los allí reunid@s comenzaron a inquietarse, ya que la segunda marcha estaba anunciada para iniciar a esa hora y no se la querían perder. Se anunció entonces la suspensión temporal del evento, el cual reiniciaría luego del mitin. Nosotr@s también nos apresuramos y nos movimos a la anunciada marcha. Caminamos un poco para luego abordar “el urbano” y aproximarnos lo más posible al lugar de la cita (el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, IEEPO). Llegamos hasta las instalaciones del Telmex, despuesito del llamado Columpio, allí nos bajamos, pues la marcha estaba en pie. Cruzábamos del otro lado de la Avenida y uno de los vehículos que encabezaban la manifestación nos atrapó: “Ulises asesino, ¡Culpable!: SCJN”, “U.R.O., rata, asesina. Atte. APPO”, etc., entre otras, eran las palabras que vestían al chistoso bochito, y lo hacían ver como una rata grande, grande, quien hasta la cumbre daba asiento a uno de los santitos que nació del 2006 oaxaqueño, el “Santo Niño APPO”, quien además de su ya tradicional resortera, bazuca y cohetones, lucía un negro pasamontañas y una tapa de olla como escudo, lanzando así un mensaje subliminal: “los guerreros de la noche y de las barricadas no nos hemos rendido, jamás nos rendiremos, aquí estamos”.
Las dos resistencias más trascendentes de nuestra historia contemporánea, unidas en un símbolo religioso trasgresor. [Entre paréntesis, la jerarquía católica está molesta por la aparición y veneración de símbolos como éste, cuya sola aparición implica un serio cuestionamiento a la Iglesia Católica: “sus santos no son nuestros santos, pues si así fuera, estarían del lado nuestro, no del lado de los poderosos”]. El neozapatismo y el 2006 oaxaqueño, dos rebeliones, unidas simbólicamente en ese Santo Niño APPO, han cambiado el curso de la historia mexicana, comparten su vocación pacifista al estilo ghandiano y son preludio de algo más grande que se avecina. No se sabe qué, pero algunos lo esperamos con esperanza, otros con miedo y pavor,… como dice un proverbio popular: “cada quien sabe lo que carga en su morral”.
II
Después de robar unos pequeñísimos instantes a esas construcciones alegóricas y simbólicas en su movimiento sin fin (la foto, claro), nos incorporamos a la marcha. ¿Cuál fue nuestra sorpresa? Nos encontramos allí a un viejo y gran amigo. Vestía de negro y se distinguía de la multitud por su altura, su robustez, su tez blanca y su pelo canoso, no por nada alguien por allí lo re-bautizo (de cariño) como el mono de nieve. Era el seguidor más distinguido del teórico estadounidense del análisis del sistema mundo, Immanuel Wallerstein y uno de los pocos defensores (críticos), que aún quedan, del legado de Carlos Marx; se trata de un investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien orgullosamente –como él mismo lo presume y como much@s otr@s estudios@s- es adherente a La Otra Campaña del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). De Carlos A. Aguirre Rojas hablamos.
Decimos que fue sorpresa, pues su visita estaba programada para el 26 y 27 de los presentes. Ya regocijados con el encuentro, nos confeso que al tener información de la realización de las actividades del 25 de Noviembre y de la importancia de la fecha para el pueblo oaxaqueño, no resistió la tentación de adelantar su viaje para ser partícipe del evento. La sorpresa nuestra fue doble, ya que no sólo se trató del rompimiento con lo que mentalmente estaba programado (en nosotr@s) para el día siguiente, sino del rompimiento de la imagen convencional de un intelectual de escritorio.
Y aunque se supondría que para nosotros no debía ser esa una sorpresa, pues conocemos a Carlos de hace rato, nos fue grato –al mismo tiempo que inesperado- volver a constatar una característica (cualidad) muy poco vista en la generalidad de académicos e intelectuales que conocemos. Carlos Antonio, a pesar y más allá de tener títulos de Doctorado y Post-Doctorado en Universidades nacionales y extranjeras, y de viajar a cada rato a distintos lugares del planeta, es una persona que no encuentra ninguna dificultad para entablar una conversación amena con cualquier otra persona. No solo no tiene conflictos “existenciales” con encuentros de esa índole –como seguramente la mayoría de l@s que se consideran intelectuales los tiene-, sino que busca esos encuentros, busca siempre bajar y estar allí, reflexionar desde allí. No le importa si la plática es (o ese “estar”) con un campesino, un estudiante de secundaria, un universitario, una “ama de casa”, un niño de la calle; no siente perder el tiempo, al contrario, lo disfruta.
La convencional academia ha subido tanto, tanto, su castillo de cristal, que muy pronto, con cualquier soplo de los Vientos del Sur se derribará; igual que “la política”. Carlos Antonio, al igual que otr@s, no están en ese Castillo, o por lo menos están trabajando para bajarse, y no porque quieran salvarse, sino porque sencillamente el mundo y la vida están acá, abajo y a la izquierda. Por esa, y no por otra razón, se encuentra hoy en Oaxaca compartiendo saberes y experiencias en las actividades convocadas por l@s investigador@s Descalz@s, CASOTA y otros espacios organizativos e iniciativas de construcción.
Pero, ¿por qué nos alejamos de la marcha? No, nos alejamos aquí vamos… La marcha continuó su paso, y nosotr@s, con nuestro apreciable amigo, nos dejamos llevar por aquel ambiente cargado de rabia y dignidad, entre consignas y más consignas, entre pequeños, muchos y diversos diálogos, entre el asombro de volver a ver a las gentes, muchas gentes, por las calles refrendando su compromiso con la justicia y la memoria;… el ¡olvido sigue teniendo memoria! –, y salud por eso.
III
El Diplomado de Investigador@s Descalz@s comenzó hace más de un año. Se trata de una iniciativa impulsada por jóven@s que participan en espacios organizativos como Voces Oaxaqueñas Construyendo Autonomía y Libertad (VOCAL) y en esfuerzos por construir una “otra” educación, como la Universidad de la Tierra. Tal Diplomado se propuso, entre varios otros, comenzar a “des-alambrar” la ciencia y la teoría, es decir, a romper con la idea falsa de que reflexionar es asunto de “unos cuántos”, y en el mejor de los casos, de los que “tienen escuela”. En esa sintonía, entre las varias actividades que realizan, se encuentra la de abrir espacios de diálogo y reflexión con estudiosos que han comprometido su hacer con los movimientos sociales. Así, se abre una grieta en los templos del saber, pues la gente común, la que está en movimiento re-aprende a reflexionar-se, reflexionar en la acción.
El día 26, dos sesiones tuvieron lugar en la Verde Antequera. Una con universitari@s y otra con gente que se reunió en Crespo 408, CASOTA. En ambos casos Carlos fue provocador, en el buen sentido del término, al lanzar hipótesis e interrogantes a fin de despertar reacciones y producir la reflexión colectiva. En “la Casa de Cristal” (la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, UABJO), por ejemplo, después de escuchar dos interesantes presentaciones “académicas” del libro de Immanuel Wallerstein sobre el futuro de los movimientos anti-sistémicos, Carlos cuestionó a aquellos académicos por no intentar una reflexión sobre el 2006 a partir de la propuesta analítica de Wallerstein, y limitarse casi exclusivamente a describir sintéticamente lo planteado en la dicha obra; “De eso se trata ¿no?, o ¿de qué nos sirven planteamientos teóricos abstractos muy bien elaborados si no los confrontamos permanentemente con la realidad, los ponemos a prueba y vemos si nos son de alguna utilidad para comprender nuestro entorno?”
Para Carlos Antonio, por el contrario, y como al mismo tiempo lo confesó, el texto de Wallerstein fue solo un pretexto para provocar la reflexión colectiva, y en ese marco, para proponer y argumentar –en su caso-, a partir de una mirada crítica, una interpretación problematizadora de lo que fue el 2006 oaxaqueño.
El modo de compartir los saberes, las experiencias y sus interpretaciones, atrapó al público y lo animó al debate. “Si alguien viene y les habla del empoderamiento de la mujer como forma para superar el problema de la desigualdad de géneros y las relaciones de poder que las atraviesa, aléjense inmediatamente de él (o ella) y cuéntenselo a quine más confianza le tengan”, fue uno de sus estribillos más gustados y disfrutados. El lenguaje sencillo, ameno, rico y sarcástico que usa logró ese efecto.
En la sesión de CASOTA, por la tarde, el debate tomó mucho más sabor, ya que Carlos Antonio planteó una lectura comparativa entre el 2006 oaxaqueño y el neozapatismo y propuso cuestionamientos, en el mejor sentido de los términos, a conceptos que mucho se usan acá -sobre todo en el sector que tiene por horizonte la autonomía-, como el de la comunalidad y la convivialidad.
Bueno –añadió al concluir esa sesión-, antes de cerrar yo si quisiera decirles que les agradezco realmente a todos los compañeros, (…) más allá de los desacuerdos que yo creo que son muy claros y que son evidentes pero a la vez importantes, yo si les agradezco a todos ustedes todos sus comentarios, todos los esclarecimientos que me hicieron de la situación que se está viviendo en Oaxaca, y bueno espero que en algo les pueda ser útil mi serie de provocaciones (…), en el mejor de los sentidos, [pues se trataba] de retarlos para que entre todos juntos tratemos de avanzar en entender lo que fue la experiencia de Oaxaca en el 2006, lo que es, ha sido y sigue siendo el neozapatismo y lo que efectivamente va a pasar con nuestro país.
El clímax de la reflexión se logró, creemos, en la sesión de ayer 27, en la librería-restaurant La Jícara. Allí Carlos Antonio enfatizó en la necesidad de re-escribir y reconstruir la historia, nuestras historias, en repensar los modos en que “enseñamos historia”, para comprender lo que vivimos y lo que se avecina, al mismo tiempo que para hacerle frente con astucia y firmeza. Lanzó el planteamiento que él tiene de lo que se avecina alrededor del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución, y argumentó sus tesis.
En los tres casos, la activa participación de quienes conformamos esos espacios de reflexión desbordó en y con mucho los tiempos previstos para las actividades. Una buena señal de que este proceso de reflexión en la acción, que felizmente no es el único, va por buen camino.
IV
Oaxaca está en movimiento, ¿alguien lo duda?
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