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Una nueva igualdad después de la crisis
Fragmento de la conferencia del historiador Eric Hobsbawm en el Word Political Forum.
Eric Hobsbawm | Sin Permiso | 2-11-2009 a las 8:21 | 939 lecturas | 4 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/nueva-igualdad-despues-crisis
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El “Siglo breve”, o XX, fue un período marcado por un conflicto religioso entre ideologías laicas. Por razones más históricas que lógicas, fue dominado por la contraposición de dos modelos económicos –e incluso dos modelos excluyentes entre sí–: el “Socialismo”, identificados con economías centralmente planificadas de tipo soviético, y el “Capitalismo”, que cubría todo el resto.

  Esa contraposición, aparentemente fundamental, entre un sistema que ambiciona sacar del medio del camino a las empresas privadas interesadas en las ganancias (el mercado, por ejemplo) y uno que pretendía liberar al mercado de toda restricción oficial o de otro tipo, nunca fue realista. Todas las economías modernas deben combinar público y privado de varios modos y en varios grados, y de hecho hacen eso. Ambas tentativas de vivir a la altura de esa lógica totalmente binaria, de esas definiciones de “capitalismo” y “socialismo”, fallaron. Las economías de tipo soviético y las organizaciones y gestiones estatales no sobrevivieron a los años ´80. El “fundamentalismo de mercado” anglo-norteamericano quebró en 2008, en el momento de su apogeo. El siglo XXI tendrá que reconsiderar, por lo tanto, sus propios problemas en términos mucho más realistas.

¿Cómo influyó todo eso sobre los países que en el pasado eran devotos del modelo “socialista”? Bajo el socialismo, se encontraron con la imposibilidad de reformar sus sistemas administrativos de planeamiento estatal, incluso cuando sus técnicos y sus economistas fueran plenamente conscientes de sus principales carencias. Los sistemas –no competitivos a nivel internacional– fueron capaces de sobrevivir hasta que quedaron completamente aislados del resto de la economía mundial.

Ese aislamiento, por lo tanto, no pudo ser mantenido en el tiempo, y cuando el socialismo fue abandonado –sea inmediatamente de la caída de los regímenes políticos como en Europa Oriental, sea por el propio régimen, como en China o en Vietnam– sin ningún preaviso, ellos se encontraron inmersos en aquello que para muchos parecía ser la única alternativa disponible: el capitalismo globalizado, en su forma entonces predominante de capitalismo de libre mercado.

Las consecuencias directas en Europa fueron catastróficas. Los países de la ex Unión Soviética todavía no han superado sus repercusiones. China, para su suerte, escogió un modelo capitalista diferente al del neoliberalismo anglo-norteamericano, prefiriendo el modelo mucho más dirigista de las “economías tigres” o de asalto de Asia oriental, pero abrió el camino para su “gigantesco salto hacia adelante” con muy poca preocupación y consideración por las implicaciones sociales y humanas.

Ese período está casi a nuestras espaldas, así como el del predominio global del liberalismo económico extremo de matriz anglonorteamericana, incluso cuando no sepamos cuales cambios implicará la crisis mundial en curso –la más grave desde los años 30- cuando los impresionantes acontecimientos de los últimos dos años consiguieran superarse. Una cosa, en efecto, es desde ya muy clara: está en curso una alternancia de enormes proporciones de las viejas economías del Atlántico Norte al Sur del planeta y principalmente al Asia oriental.

En estas circunstancias, los ex Estados soviéticos (incluyendo aquellos todavía gobernados por partidos comunistas) están teniendo que enfrentar problemas y perspectivas muy diferentes. Excluyendo de entrada las divergencias de alineamiento político, diré solamente que la mayor parte de ellos continúan relativamente frágiles. En Europa, algunos están asimilando el modelo social capitalista de Europa occidental, aunque tengan una renta media per cápita considerablemente inferior. En la Unión Europea, también es probable prever el surgimiento de una doble economía. Rusia, recuperada en cierta medida de la catástrofe de los años 90, está casi reducida a un país exportador, poderoso pero vulnerable, de productos primarios y de energías y fue hasta ahora incapaz de reconstruir una base económica mejor equilibrada.

Las reacciones contras los excesos de la era neoliberal llevaron a un retorno, parcial, a formas de capitalismo estatal acompañadas por una especie de regresión a algunos aspectos de la herencia soviética. Claramente, la simple “imitación de Occidente” dejó de ser una opción posible. Ese fenómeno todavía es más evidente en China, que desenvolvió con considerable éxito un capitalismo poscomunista propio, a tal punto que, en el futuro, puede también ocurrir que los historiadores puedan ver en ese país el verdadero salvador de la economía capitalista mundial en la crisis en la que nos encontramos actualmente. En síntesis, no es más posible creer en una única forma global de capitalismo o de poscapitalismo.

En todo caso, delinear la economía del mañana es tal vez la parte menos relevante de nuestras preocupaciones futuras. La diferencia crucial entre los sistemas económicos no reside en su estructura, sino más bien en sus prioridades sociales y morales, y éstas deberían ilustrar dos de sus aspectos de fundamental importancia a ese propósito.

Lo primero es que el fin del comunismo comportó la desaparición repentina de valores, hábitos y prácticas sociales que habían marcado la vida de generaciones enteras, no sólo en los regímenes comunistas en sentido estricto, sino también los del pasado pre comunista que, bajo esos regímenes, en buena parte se habían protegido. Debemos reconocer cuán profundos y graves fueron el shock y la desgracia en términos humanos que fueron padecidos como consecuencia de ese brusco e inesperado terremoto social. Inevitablemente, serán necesarias varias décadas antes de que las sociedades poscomunistas encuentren en la nueva era una estabilidad en su modus vivendi, y algunas consecuencias de esa desagregación social, de la corrupción, de la criminalidad institucionalizada podrían exigir todavía mucho más tiempo para ser derrotadas.

El segundo aspecto es que tanto la política occidental del neoliberalismo, como las políticas poscomunistas que ella inspiró, subordinaron propositivamente el bienestar y la justicia social a la tiranía del Producto Interior Bruto (PIB): el mayor crecimiento económico posible, deliberadamente inequitativo. Haciendo esto, ellos minaron –y en los ex países comunistas hasta destruyeron– los sistemas de asistencia social, de bienestar, los valores y las finalidades de los servicios públicos. Todo ello no constituye una premisa de la cual partir, sea para el “capitalismo europeo con rostro humano” de las décadas posteriores a 1945, sea para satisfactorios sistemas mixtos poscomunistas.

El objetivo de una economía no es el beneficio, sino el bienestar de toda la población. El crecimiento económico no es un fin, sino un medio para dar vida a las sociedades buenas, humanas y justas. No importa como llamamos a los regímenes que buscan esa finalidad. Importa únicamente cómo y con qué prioridades podremos combinar las potencialidades del sector público y del sector privado en nuestras economías mixtas. Esa es la prioridad política más importarte del siglo XXI.

Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003.

Traducción para www.sinpermiso.info : Carlos Abel Suárez

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2872
 
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Comentarios (4)

#1.- Lúcido análisis

02-11-2009 10:29

Me han parecido muy interesantes dos    frases (aunque hay mucho más que decir de este trabajo) que me han parecido fundamentales: "La diferencia crucial en los sistemas económicos no reside en su estructura, sino más bien   en sus prioridades sociales y morales"...
Y más abajo: "El objetivo de una economía no es el beneficio, sino el bienestar de toda la población".
Excelentes y claras como toda verdad.
´(Tengo la sospecha de que  Hobsbawm no va a recibir el Nobel de economía si quienes lo deciden son los mismos que dan el de la Paz a Obama).

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#2.- "Jobsvom" quién te ha visto quién te ve. ¿Qué credibilidad tienes?

02-11-2009 11:25

Las volteretas que se da en la vida. El intelectualismo es así.
Durante la década de 1980 colaboró con la modernización de Neil Kinnock del Partido Laborista Británico.

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#3.- El futuro humano no es economía mixta o capitalismo ligth

madab|02-11-2009 14:36

Entiendo que desde un formato de conferencia, como este texto de Hosbswaum, lo que se dice está ya muy compactado y resulta poco explicativo, para dar una visión más completa y realista de los fenómenos que analiza, critica y propone, pero, sin embargo, es suficiente el texto para poder entrever en él que presenta una visión no politizada (guerras, guerra fría, Otan, etc.) de cómo en realidad fue la relación capitalismo y socialismo. Analizarlos como entes separados, como dos formas de civilización o sociedad general, es inconsistente del todo, como inconsistente es la propuesta por la que se decanta, de una solución mixta entre sistema estatal y privado (esta no es una alternativa revolucionaria, es más de lo mismo). En realidad, esta situación mixta ha sido un proyecto coyuntural, tanto para el desarrollo del socialismo como para el capitalismo, pero para el capitalismo lo fue porque sin la revolución socialista y la URSS, sin la fortaleza de los partidos comunisitas y sindicatos en los países capitalistas, hubiera sido imposible que el capitalismo se decantara por un objetivo de ética social, justicia, etc.  Ahora, tras el fin de la URSS, es cuando se manifiesta áquel con todo su naturaleza salvaje o <barbarie>. El modelo nórdico de estado de bienestar no es un modalidad del capitalismo o una "formación social", es resultado de lo anterior (fortaleza de la izquierda en los p. capitalista).  ¿Por qué un historiador se decanta por el análisis más economicista  que socio-político?

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#4

03-11-2009 12:06

Este tipo, con razón lo publicitan tanto, es un socialdemocrata redomado, haciendo anti-comunismo todo el tiempo.

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